A finales del segundo milenio antes de nuestra era, babilonios y egipcios ya habían efectuado observaciones sistemáticas del movimiento solar. Se sirvieron de instrumentos para medir el tiempo tomando como objetivo subdividir el día en que recorría el día solar en intervalos más pequeños, de los que derivan las unidades de tiempo modernas: la hora, el minuto y el segundo.
Los puntos cardinales y las unidades de tiempo definidas por el movimiento diario del sol proporcionan la base para describir las variaciones que se dan en dicho movimiento. El sol sale siempre por alguna parte situada en el oriente y se pone por el occidente. Desde el amanecer hasta el anochecer.
La crisis del coronavirus, por esas determinaciones insondables del destino humano, se expande de este a oeste, de igual modo que el movimiento del sol, ya observado hace milenios por las culturas más antiguas de la tierra. Asia, Oceanía, Medio Oriente, Europa, África y América, es el itinerario de la pandemia.
El coronavirus nos ha hecho comprender y constatar que la humanidad es una sola. Y que esta dura prueba nos enseñe a todos a construir un mundo más humano y solidario.
