¿Cuáles han sido los síntomas visuales de la pandemia? Calles y plazas desiertas, el Papa oficiando la misa del Domingo de Ramos ante una plaza de San Pedro vacía, la naturaleza volviendo a entrar en las ciudades, confinamientos, individuos anonimizados por la mascarilla, hospitales abigarrados, cadáveres abandonados en las calles de Guayaquil, personal sanitario y policial extenuado recibiendo aplausos de gratitud desde balcones, enfermos recuperados, infografías de la propagación, y de una manera novedosa, políticos que aparecen todos los días estupefactos ante una pantalla partida con los distintos rostros de su equipo a través de Skype, Zoom, StarLeaf…
La pantalla partida es una técnica antigua del montaje cinematográfico para mostrar una presentación simultánea dividiendo gráficos y/o textos en múltiples áreas rectangulares. Ahora, mediante el uso de herramientas informáticas, se accede desde computadoras, teléfonos inteligentes y tablets, para relacionar acciones que transcurren en diferentes espacios físicos. Cada participante está en su casa. Habrá en este sentido, tantos espacios rectangulares como actores.
Gracias a la pantalla partida estamos juntos pero separados, conectados pero aislados, unidos a distancia prudencial. Se ha convertido en la múltiple puerta de acceso al mundo, como si una pantalla única ya no fuera suficiente para reflejar toda la complejidad del presente. R. Roy, jefe del departamento de cine del MoMA de Nueva York, califica a la pantalla partida como un “nuevo cubismo” porque logra superponer en un mismo plano múltiples puntos de vista.
La pantalla vacía se ha convertido en el ágora contemporánea para comunicarnos, crear y para consumir cultura. Por ejemplo, en el mundo de la música, su poder es enorme, tiene la capacidad para hacernos mejores, relajarnos, soñar y hasta para curarnos. Los artistas nos regalan sus canciones en forma de concierto durante sus confinamientos. Llegan incluso a componer himnos, o modifican las letras de sus éxitos para concienciar a la población o para animar.
Fraguar la realidad compleja de la forma del concierto en modo virtual, en el que cada uno de los músicos toca el instrumento desde su casa, ciertamente es un poema digital de la pantalla partida.
