Patinir: «El inventor del Paisaje»

La representación de la realidad en la historia del arte tiene continuidad en el tiempo, entendiéndose la representación de la realidad no solo como el dibujo de la apariencia de las cosas tal como son, sino como una representación más amplia a través del dibujo simbólico.

En el mundo clásico ya se trató de representar la naturaleza. Plinio el Joven hace referencia al entorno, la profundidad del espacio y los detalles. También se pueden observar paisajes en los muros de la ciudad de Pompeya. En el Medioevo en cambio se pierde el interés por representar la realidad tal como se ve, el aquí y el ahora, porque se concibe al mundo material solo como de tránsito, o algo pasajero, hacia el mundo del más allá.

En los siglos 14 y 15 se retoma, de modo tenue todavía, la representación de la naturaleza y de lo real. Petrarca (1304-1374), el precursor del humanismo, describe en sus cartas que la naturaleza que lo rodea influye para entender el mundo de lo real. La Escuela Renacentista de Amberes con influencias de Van der Weyden (1400-1464) y el Bosco (1450-1516) se pone de moda: pintar las escenas naturales como fondos de los cuadros es sinónimo de ser modernos en la pintura.

En el siglo 16 la percepción artística cambia. Los pintores conocen y representan la naturaleza  a través del dibujo como un instrumento del pensamiento proto-racionalista científico. Aparecen la “tecnología de la observación”, los estudios sistemáticos botánicos y los dibujos de las plantas cuyo fin es conocer la naturaleza. Todo lo anterior, con el avance extraordinario  del estudio de la perspectiva aplicada a la composición del cuadro. Durero (1471-1528) en los escritos teóricos y sus acuarelas representa el campo, y Leonardo da Vinci (1452-1519) indaga los principios de la hidráulica a través del dibujo detallado del agua en la naturaleza.

En ese ambiente cultural y de clima intelectual humanista aparece el pintor flamenco Joachim Patinir. Contemporáneo, entre otros, de Rafael, Miguel Ángel, Martín Lutero, el Papa Julio II y Carlos V. Posteriormente Felipe II adquirió obras del artista para llevarlas a sus colecciones particulares que formarían  el núcleo del Museo del Prado y la colección del Escorial. Nace en 1480 junto al río Mosa en la zona Sur de la actual Bélgica, tierra de parajes con ríos y formaciones calcáreas y muere en Amberes en 1524.  Pintó poco, tal vez por su condición económica holgada y/o por su corta vida.

En 1515 ingresa al Taller de Pintura de Amberes que ya se había constituido en potencia artística y exportadora de obras de arte, muy diferente a la práctica pictórica del resto de Europa en donde el arte se trabajaba por “comisiones” o encargos al servicio del señor o la iglesia. Su influencia fue tan importante que Italia solicitaba obras con las figuras de sus santos pero con fondos de paisajes flamencos.

En la visita del célebre artista Durero a Amberes en 1521 acompañó a la boda de la hija de Patinir, conoció su obra y la calificó como “El buen pintor de paisajes”, acuñando de esta manera un neologismo que, traducido más tarde al francés, alumbraría el término Paisajista.

Se le cataloga como el primer romántico que deja fluir los sentimientos y las emociones del observador. Se le llama también “el inventor de paisajes” y es considerado el precursor del paisajismo como género independiente.

Paradójicamente sus cuadros han sido poco conocidos pero en los últimos años se han descubierto en sus obras perlas exquisitas: perspectiva aérea, simbolismo, emoción, color y detalle. Son composiciones de horizonte alto, mapas o cartografías que permiten descubrir la simbología que está detrás. Sus inmensas vistas combinan observación del detalle naturalista con la fantasía lírica.

Las obras ofrecen una mirada telescópica que va mucho más allá de las llamadas leyes de la primera perspectiva lineal renacentista: la línea de horizonte suele estar situada en la zona más alta del cuadro,  – “horizonte alto” – , se elimina el único punto de fuga percibiéndose de esta manera la profundidad de modo diferente.  El ojo por este motivo puede moverse con toda libertad por el espacio de la escena.

Los elementos un tanto ocultos, que hay que descubrirlos con esmero, se distribuyen estratégicamente en los cuadros. Es el trabajo de un artista que registra en actas pictóricas lo que existe en el mundo. Son pequeñas figuras del mundo grecorromano y cristiano, una dicotomía que el pintor intenta aunar en una visión simbólica entre lo pagano y lo religioso, la tensión entre lo real y lo simbólico, que están dispuestas en el “Paisaje del Mundo” como se califica a las obras de Patinir.

El uso progresivo de los colores se gradúan siguiendo la disposición de los planos. Esto permite acentuar la sensación de distancia. En el primer plano predominan el marrón y el pardo, luego el verde y en las zonas más lejanas el azul.  Por encima de la línea del horizonte se pinta parte del cielo con un blanco brillante que hace intuir que el espacio prosigue detrás sugiriendo la curvatura de la Tierra.

Las plantas del “Paraíso y del Infierno”, según las etapas de las cuatro estaciones, están presentes con un grado increíble de detalle.  Árboles de su comarca natal y de otros países: robles, abedules, cipreses y fresnos. Arbustos como los gordolobos, celidonias, fresas, azucenas, arándonos verdes, llantén menor, cardo común, retama negra, diente de león, violetas, lirio amarillo y azul, flor de lis, parras, rosales, rosa de boticario y escaramujos. Y zonas acuáticas con el saúco, sauce, carrizo, algas verdes filamentosas y cancel de las ninfas.

No faltan los animales, aves, ángeles y las tentaciones de demonios y diablas. Un personaje especial agachado, que hay que buscarlo con lupa en la obra Paisaje con San Cristóbal (1524), podría ser un precedente de lo que hoy se conoce como la figura caganer. (*)

Casi siempre están presentes las representaciones de las inmensas rocas de su tierra natal, como una suerte de identidad de su comarca de nacimiento. Según los eruditos son representaciones evocadoras de los peñascos que Patinir pudo conocer en su infancia y juventud.

Se le han atribuido muchas obras, pero sólo existen 5 cuadros firmados por el artista: Paisaje con San Jerónimo (1515, Museo del Prado); El Bautismo de Cristo (1515, Museo de Historia del Arte de Viena), Paisaje con Huida a Egipto (1524, Museo del Hermitage, San Petersburgo), Paisaje con San Cristóbal (1524, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial)  y Las tentaciones de San Antonio Abad (1520, Museo del Prado).La obra más reconocida, no firmada, pero unánimemente considerada suya, es El paso de la laguna Estigia (1520, Museo del Prado).

Para resumir la visión el arte de Patinir lo condensaríamos en este decálogo pictórico.

  1. El paisaje se presenta como un género independiente en la pintura.
  2. Existe una visión estereoscópica con una línea de horizonte al nivel de vista del observador.
  3. El paisaje es el protagonista de la obra mientras que las figuras tienen escalas menores.
  4. Se narra siempre una historia religiosa.
  5. Hay aportaciones  al  estudio del campo y a la nueva ciencia de la botánica.
  6. Coexisten las referencias simbólicas antagónicas: la lucha entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, los ángeles y los demonios.
  7. El “realismo de los detalles” reinventa los paisajes naturales.
  8. Algunas obras representan la tectónica de los parajes de origen del artista.
  9. Los colores se gradúan según los planos: pardos, verdes, “azules Patinir” y al final los fogonazos de blanco representan el mundo del más allá.
  10. La síntesis de la obra se traduce en un nivel más elevado de la realidad que no copia la naturaleza tal como se ve. En el taller el artista compone y combina libremente los elementos que configuran su obra.   

Su marca estará presente en la pintura paisajística temprana de finales del siglo 16 de la Escuela de Amberes, en la que se introdujo un punto de vista más natural en lugar del paisaje universal popularizado por Patinir. De igual modo su influencia alcanzará a los grandes maestros flamencos de la pintura barroca del 17, hogar de destacados artistas como Rubens, van Dyck y Jordaens.

(*)         El caganer fue conocido en los gremios durante los siglos 16, 17 y 18.  Hoy es una de las figuras que caracteriza a los belenes de Cataluña. Es el agricultor que usa una barretina (gorro), fuma una pipa o un cigarrillo mientras cumple con su deber natural. A veces tiene un trozo de papel o un diario abierto en la mano para animar la tarea de leer y usarlo para su posterior limpieza. Su representación confirma la esperanza que el  excretar fertilizará el suelo para obtener una buena cosecha el próximo año.

Referencias:

  • El tema, algunas precisiones conceptuales e históricas son de Olga Jaramillo Medina.
  • Museo Nacional del Prado; “La realidad trascendente de Patinir”, (2015)
  • Ibíd.; “Paisaje con San Jerónimo de Patinir”, (2014)
  • Id; “Patinir y la invención del paisaje”, marzo, (2010)
  • Wikipedia; Joachim Patinir, varias páginas.
  • Edward Hall; “La dimensión oculta, Enfoque antropológico del uso del espacio”, (1973)
HT18PP Landscape with Saint Christopher, ca 1524. Artist: Patinir, Joachim (ca. 1480-1524)

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar