El gran poeta Goethe, que también fue naturalista y crítico de la arquitectura, escribió esta elocuente definición acerca de la naturaleza:
“Estamos rodeados por ella, abrazados por ella, siendo nosotros incapaces de penetrarla profundamente. Ella crea eternamente nuevas formas. Lo que existió no vuelve otra vez a existir. Todo es nuevo y, sin embargo, viejo. Vivimos en medio de la naturaleza y somos ajenos a ella. Nos habla constantemente pero no nos revela su secreto… Siempre está construyendo y siempre está destruyendo y su taller es inaccesible para nosotros…”
Teilhard de Chardin sentenciaba: “cuanto más uno mira, más uno ve, y cuando más uno ve, mejor sabe hacia dónde mirar”. Y los maravillosos apuntes de los códices de Leonardo no dejaron tema de la naturaleza sin investigar y documentar.
La naturaleza es una fuente inagotable de sabiduría y quien aprende a leerla encontrará siempre respuestas a casi todos los problemas que tienen que ver con la creatividad. Es menester acercarse y estudiarla con humildad, inteligencia y pasión, sin apuros ni prejuicios. En el gran libro de la naturaleza encontraremos la verdad que servirá para el diseño y la consecución de una obra humana lógica, sencilla y bella.
Los seres de todos los reinos naturales por estar sujetos a las leyes de las fuerzas externas, – gravedad, presiones del viento y acciones del clima -, satisfacen a un principio general mecánico sin el cual no sería posible su estabilidad y resistencia: el principio de la estructura. Asegura Félix Candela, uno de los más destacados arquitectos modernos, que “Una buena estructura – sea natural o construida por el hombre – es aquella que emplea la mínima cantidad de materia haciéndola trabajar al máximo de sus posibilidades y en forma uniforme o uniformemente repartida”.
Existe una estructura natural que es su paradigma: nos referimos a la telaraña. Las arañas tienen en su abdomen varios pares de protuberancias, verdaderas toberas, por donde expelen el hilo de seda que tiene variados espesores y calidades. Comenzarán su trabajo arrojando con fuerza un chorro de seda, que impulsado por el viento encontrará el primer apoyo donde se adherirá y construirá el primer punto fijo de la estructura.
Asegurado el primer punto fijo caminarán sobre el chorro de seda comiendo lo que tienen por delante para avanzar dejando tras de sí un nuevo cordón más fuerte. Elaborarán luego el marco de la construcción y más tarde unirán los hilos radiales que determinan el centro de la tela, sitio donde las arañas se dispondrán a esperar a sus víctimas.
Pero las arañas carecen de oído y la mayoría no tienen buena visión. Debido a estos impedimentos los pequeños animales notan la presencia de insectos a través de unos sensores conocidos como tricobotrios, que se encuentran principalmente en las patas, para captar las vibraciones de la tela. Estas vibraciones son imperceptibles para los humanos porque solo percibimos las ondas que van desde los 20 hasta los 20.000 hercios.
Las vibraciones que producen los hilos de la telaraña varían en función del tamaño y la elasticidad, lo que permite a los arácnidos interpretar qué ocurre en la telaraña. Por ejemplo, pueden determinar en qué parte de la telaraña se está produciendo la vibración y los machos enviar un mensaje a las dueñas de las telarañas para que sepan que no son comida.
Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha desarrollado recientemente un sistema de realidad virtual que permite transformar las ondas que produce cada hilo de la telaraña en notas y sonidos similares al que emite un arpa y que pueden ser reconocidos por el oído humano. Inclusive, utilizando imágenes láser ha construido un mapa 3D de la telaraña de una Cyrtophora citricola al mismo tiempo que se estaba tejiendo. De esta forma la ciencia ha podido explorar a través del sonido la secuencia temporal de cómo se construye la telaraña.
El siguiente paso de los investigadores es dar la vuelta al experimento: interpretar las vibraciones de las arañas que producen en la tela para clasificarlas en función de la actividad que estén realizando para determinar qué significa cada mensaje. Se intenta de este modo generar señales sintéticas para hablar el lenguaje de las arañas. ¿Será posible en un futuro próximo influir en lo que hacen y comunicarnos con ellas?
Adicionalmente estos experimentos arácnidos musicales pueden mejorar la imagen que los humanos tenemos de las arañas. Oír cantar a las ballenas ha despertado la empatía de todos y que las arañas sean capaces de percibir música mediante sus telas puede cambiar nuestra percepción negativa de ellas, superar la aracnofobia que muchos padecen y convertirlas en seres amigables.
Lo pequeño no es incompatible con lo grande, ni lo feo con lo bello porque todo en la naturaleza tiene un valor trascendental. Los seres feos cumplen también, a su modo, una bella tarea: el sapo, el moscardón, el gusano o la araña, son otros tantos seres de la clave del universo.
Referencias:
- Diario EL PAÍS; Alberto Quero, 23 Abril 2021.
- Manuel Ignacio Net, “La Naturaleza y el Diseño”, Centro de Documentación, Biblioteca de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de Buenos Aires, 2004.
- Hernán Córdova; “Itinerario Poético de Jorge Carrera Andrade”, 1986.

