El mar se llenó de patitos amarillos, tortugas azules, ranas verdes y castores rojos el 10 de enero de 1992. El accidente sucedió porque a un buque carguero se le cayó por la borda un contenedor con 29.000 juguetes de goma para la bañera durante una violenta tormenta en el Pacífico Norte, a medio camino entre Asia y América.
Algunos muñecos aparecieron después de años o incluso décadas en varias costas del mundo: en Alaska, Australia, Japón y unos cuantos de forma increíble atravesaron el Ártico por el norte de Canadá hasta llegar al océano Atlántico.
Al oceanógrafo americano Curtis Ebbesmeyer se le ocurrió en esos años estudiar precisamente los avistamientos de los objetos a la deriva con el propósito de aprender a predecir las corrientes marinas. ¡Menudo problema! Porque el recorrido de los fluidos según los científicos están a merced de innumerables factores, entre otros, la temperatura, la viscosidad o los tornadizos tiempos de los océanos.
El estudio del movimiento de los fluidos y los gases ya fue formulado en los siglos 18 y 19. En 1755 el matemático suizo Leonhard Euler describió el movimiento de los fluidos ideales, sin viscosidad. Además el matemático francés Claude-Louis Navier y el físico irlandés George Stokes, entre 1821 y 1845, teniendo en cuenta varios factores y la velocidad inicial de un fluido, formularon ecuaciones que permitían calcular su velocidad posterior.
Después de casi 200 años cuatro matemáticos españoles, enfrentándose a otro monumental problema, han resuelto de rebote el enigma endiabladamente complejo de la deriva de los patitos amarillos y sus compañeros flotando en los mares de alrededor de medio mundo. La investigación que se publica en la prestigiosa revista PNAS demuestra matemáticamente que es imposible predecir a qué playa podrían llegar los juguetes. Parece una conclusión frustrante, o tal vez divertida, pero se sostiene que tendrá potenciales implicaciones para la humanidad.
En efecto, los cuatro matemáticos, Robert Cardona, Eva Miranda, Daniel Peralta y Francisco Presas, miembros de un centro de investigación de excelencia de Madrid, anunciaron esta semana que han conseguido diseñar por primera vez una máquina abstracta de agua. La máquina permite demostrar que el comportamiento turbulento de los fluidos es un problema “indecidible” y que las matemáticas se quedan cortas para resolverlo porque ningún algoritmo puede afirmar que un fluido pasará por un punto en un tiempo determinado.
De modo concluyente los científicos españoles han manifestado que “somos los primeros en demostrar que no puedes encontrar los patitos de goma, suponiendo que se mueven en tres dimensiones. Es como si lanzamos al mar un mensaje de amor en una botella. Seguirá su trayectoria y al cabo de un tiempo estará en otro sitio. Lo que hemos demostrado es que no podemos predecir dónde estará, así que es mejor mandar un wasap”. El Mozart de las matemáticas, el australiano Terence Tao, aplaude el trabajo de sus cuatro colegas y explica que “más que la solución, es una evidencia de la dificultad del problema”.
Las teorías y los modelos matemáticos son todavía imprecisos para predecir el tiempo atmosférico, la subida del nivel del mar o el comportamiento de otros fluidos viscosos esenciales como la sangre humana y el petróleo. Y si los fenómenos matemáticos y físicos son impredecibles e insolubles, qué podríamos esperar de los fenómenos sociales que ocurren, para nuestro desconcierto, de una manera aleatoria y muy arbitraria.
¿En estos tiempos de incertidumbre estamos los humanos a la deriva, como los patitos amarillos y sus colegas, flotando sin rumbo en el vasto y tempestuoso mar de la vida?
Referencias:
- El texto ha tomado la información y la imagen del artículo de EL PAÍS de Manuel Ansede, “Cuatro matemáticos demuestran que era imposible predecir el destino de 29.000 patitos de goma en el mar”, 07/05/2021.
- Varias páginas de Internet.

