El Hermano Juan Bautista Stiehle

El diseñador y constructor de iglesias, escuelas, casas, puentes y acueductos, además de extraordinario artesano, escultor, jardinero y dibujante llegó a Cuenca en 1874. El religioso redentorista alemán, nacido en 1829, recreó una y otra vez en la ciudad la cultura y la arquitectura neoclásica europea. Sus vastos conocimientos los aplicó en una urbe todavía pequeña, de corazón colonial pero que quería despertar a la modernidad cosmopolita.

Su inmenso aporte a la historia cuencana de finales del siglo 19 tiene tres dimensiones: arquitectónica, técnica y artesanal.

Su propuesta de nueva arquitectura de fines del siglo 19 contribuye a concebir la ciudad como vista, como panorama, como teatralidad pública de múltiples rostros que dan relevancia a la representación.  

Es una simbiosis de la arquitectura de la casa tradicional de patio interior con las fachadas neoclásicas y románticas rítmicamente compuestas y ornamentadas. A este estilo arquitectónico corresponden sus obras de carácter civil. Entre las más importantes se pueden citar: la antigua Gobernación, la Casa de Temperancia, la Escuela Central de la Inmaculada y de los Hermanos Cristianos, el antiguo Hospital y el Colegio de las religiosas de Santo Domingo de Gualaceo, el Colegio de las Madres de la Providencia de Azogues, y varias viviendas particulares ubicadas en el Centro Histórico de Cuenca.

El aporte más importante es su obra religiosa: las iglesias de San Alfonso y el Cenáculo, el Seminario Diocesano con sus dos claustros y la fachada hacia la calle Bolívar, la Capilla del Hospital San Vicente de Paúl, el Monasterio de las religiosas del Buen Pastor, la Capilla de los Sagrados Corazones, – demolida en 1978 -, y la Catedral de la Inmaculada Concepción diseñada en 1885 cuya supervisión realizó hasta su muerte. Esta obra, la más conocida, es un crisol arquitectónico porque reúne en una síntesis equilibrada el románico de su contextura, el gótico de la escala, el renacentista de la espacialidad y el barroco de la escenografía.

Luego del fuerte sismo del 29 de junio de 1887 que destruyó una tercera parte de las modestas viviendas de la ciudad inspeccionó la tragedia durante una semana y cuando terminó el trabajo expresó: “confrontado con tanta miseria me puse enfermo, al final tuve una hepatitis, – los médicos ven como causa de esta enfermedad el susto -, y casi todos en Cuenca la tenían al mismo tiempo”. Desde entonces se lo conoció como “el médico de casas”.

La escuela arquitectónica y artesanal que dejó a sus sucesores es la más importante contribución a la cultura cuencana. La producción arquitectónica de finales del siglo 19 y de comienzos del 20 y que se encuentra catalogada como Patrimonio de la Humanidad corresponde a su estilo clásico. El maestro Luis Lupercio es su epígono más brillante.

Los alumnos de su taller de escultura trabajaron con los cánones del maestro alemán. Sobresalieron Filoromo Idrovo, Manual Quipisaca, José María Figueroa y Miguel Vélez. Una leyenda religiosa cuenta que Vélez esculpió el Cristo de la Congregación después de crucificarse una semana frente a un espejo. De este modo quiso representar el Cuerpo de Cristo con una teatralidad absoluta para facilitar en el creyente la comprensión de la pasión en la imaginación y su recomposición en la memoria.

Desde el silencio del claustro el extraordinario artesano dialogó además con la madera, el mármol fino, el granito, el bronce, la plata y el oro. Sus estudios morfológicos realizados con dibujos hechos a mano forman una colección incomparable que permitió la elaboración de elementos ornamentales para embellecer sus obras de arquitectura religiosa. Son modelos vegetales de la Región y del Ecuador para tapices, capiteles, cenefas, cornisas y canecillos; apliques para paredes, muebles para relojes, comulgatorios, confesionarios y retablos; bordados religiosos y alfabetos; artesanías religiosas, escultura y pintura; cruces y pedestales; puertas, ventanas y vidrieras…           

Esta ciudad de corazón colonial, tecnología mestiza y de piel clásica-romántica, ha sido construida en su momento más sobresaliente por el hermano redentorista y sus discípulos. Aplicó sus conocimientos con sabiduría en Cuenca, en la Región y además en algunos países de América Latina. Se destaca la Basílica Menor del Señor de los Milagros en la ciudad colombiana de Buga.

Se hizo cuencano de corazón. En una carta enviada a su hermano Chriosostomus le confesó: “Cuenca ya significa para mi tanta patria que no tengo otro deseo más que morirme aquí”. Fallece el 20 de enero de 1899, a los 70 años de edad, en medio de la consternación de la ciudad.

Referencias:

  • Algunos datos históricos han sido proporcionados gentilmente por el arquitecto restaurador Gustavo Lloret Orellana.
  • Varias recomendaciones y la revisión de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina.
  • Claudio Carvajal, Carlos Jaramillo y Marcelo Zúñiga; “Estudios de Restauración y Adaptación a Nuevo Uso del Inmueble de la Escuela Central”, 2006.
  • Pedro Espinoza y María Isabel Calle; “La Cité Cuencana”, Tesis Profesional de Arquitectura, Universidad de Cuenca, 2000.
  • Gonzalo Cobos Merchán; “Hermano Juan B. Stiehle C. Ss. R. Arquitecto Redentorista. Su vida y obra en Ecuador y Sud América”, 1998.
  • Carlos E. Fernández de Córdova; “Cuerpo, visión e imagen en la religiosidad barroca”, s/f.
  • La imagen que acompaña al texto corresponde a la “Escuela Central de Niñas de la Parroquia El Sagrario” diseñada por Juan Bautista Stiehle. Las obras comenzaron en 1892.

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