Es el ganador número 52 del premio fundado en 1979 por “abrazar lo preexistente, diseñando e interviniendo en diálogo con el tiempo y el lugar” mientras crea “estructuras capaces de perdurar, física y culturalmente” y por su enfoque “sutil pero poderoso, discreto pero elegante […] con austeridad, evitando movimientos innecesarios, tendencias y modas”. El comunicado oficial explica de este modo la motivación del Premio que le será concedido en Atenas, este mayo de 2023.
“…Tomo este Premio como un estímulo para continuar dirigiendo mi atención no solo a la esencia de la arquitectura y su significado, sino también a la contribución que podemos hacer como arquitectos para abordar los desafíos existenciales del cambio climático y la desigualdad social”, ha manifestado al conocer tan alta distinción.
Nació en 1953 en una granja rural en Devon, al suroeste de Inglaterra. Su primera impresión sobre la arquitectura estuvo signada por el entorno de graneros y dependencias. En 1976 se graduó en Kingston y más tarde en Londres. Ha dictado cátedra en varias universidades de prestigio mundial y ha sido reconocido con innumerables premios y reconocimientos internacionales por sus notables servicios a la arquitectura. Entre ellos se encuentran el Premio RIBA Stirling de Alemania, el Premio Mies van der Rohe de la Unión Europea de Arquitectura Contemporánea y el Deutscher Architekturpreis de Berlin.
Dejó de trabajar para Richard Rogers y Norman Foster, también Premios Pritzker, los adalides del High Tech en sus dos versiones colorista y elegante, para fundar su propia firma en Londres (1985) y luego abrir oficinas en Berlín (1998), Shanghai (2005), Milán (2006) y Santiago de Compostela (2022), aunque unidas globalmente por objetivos y visiones comunes.
Anatxu Zabalbeascoa mira de esta manera su obra de intervención en algunos excepcionales edificios patrimoniales europeos: estamos ante un diseñador que entiende el patrimonio como algo material e inmaterial y que por eso trata con humildad y conocimiento la historia y la cultura y, desde esa posición de autoridad, las rescata. Son las capas de una historia actualizada las que dialogan en sus proyectos de restauración, sin pastiches, sin trauma, sin ruptura, como reparación del pasado y como argamasa para la convivencia futura. Por ejemplo, ahí está la intervención de los edificios renacentistas que enmarcan el lado norte de la Plaza de San Marcos de Venecia, la remodelación y ampliación del Museo Arqueológico Nacional de Atenas y el Neues Museum de Berlín, la Nationalgalerie de Mies van der Rohe.
Pero saber traer el pasado al presente en sus obras de restauración no significa que Chipperfield no sepa dar a la arquitectura nueva una fuerza plástica inusitada para conseguir que la tecnología se humanice con luz, espacio y control exquisito de los materiales. Alcanza plasticidad, raigambre, lugar y materialidad. Lo ha demostrado de este modo, entre otros muchos proyectos, en el River Rowing Museum, (Reino Unido, 1997), inspirado en los graneros de Oxfordshire; en la Isla de Museos de Berlín (1998), que con el rigor del proyecto aseguró un lugar en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999; en el Hepworth Wakefield, (West Yorkshire, 2011), que presenta una conexión de 10 volúmenes trapezoidales como quien levanta una montaña de piedras; en el Veles e Vents´ (Valencia, 2006), que proyecta sobre el puerto y los veleros una secuencia de bandejas en voladizo de exacta regularidad y blancura mediterránea, hoy convertido, – luego de los arreglos a las fallas constructivas por la premura en su construcción -, en un multiespacio gastronómico y cultural; en el Museo Jumex de Arte Contemporáneo, (México, 2013), con obras de Koons, Hirst y Warhol, enchapado con mármol autóctono Xalapa; en la Ciudad de la Justicia barcelonesa y las viviendas sociales en el barrio madrileño de Villaverde; en las tiendas de Valentino por el mundo, sublimando materiales denostados, como el terrazo, como una piel fresca y renovada en las boutiques del diseñador italiano…
“Hoy, con la escasez de recursos, tenemos que construir menos pero mejor. El buen diseño incluye ideas, materiales, comprensión del lugar y dedicación de tiempo… yo no construyo bien porque sea un genio, justo porque no lo soy me he dedicado a excavar en los lugares para entenderlos y sacar de ahí el proyecto que encierran”.
En 2020, Chipperfield y su esposa abrieron un bar en la localidad costera de Corrubedo en Galicia, España, como resultado del interés por la cocina regional y además creó la Fundación RIA con el objetivo de analizar, discutir, desarrollar y promover ideas para apoyar la preservación y el avance de la economía local, la arquitectura, el urbanismo, la naturaleza y la cultura de los estuarios atlánticos de Galicia en el noroeste de España. Este singular proyecto resume la personalidad del ganador del Premio Pritzker: el arquitecto global, o mundial, pero también el arquitecto local que decidió ser. Además, en este lugar construyó su casa de verano (2002) cimentada como sus vecinas, en la roca local, austera y lujosa, abstracta y concreta, diminuta en las medidas exactas e infinita en las vistas generosas, haciendo de la relación (de protección y contemplación) con el océano una declaración: “Nuestra casa en Corrubedo es mi manifiesto de lo que entiendo por arquitectura, algo que mejora la calidad de las cosas, pero no las somete. Una intervención no minimalista, pero si precisa a la que nada le sobra y nada le falta”.
Con más de cuatro décadas y más de 100 proyectos, en Europa, Asia y América, de carácter cívico, cultural y académico, hasta viviendas y diseño de interiores, su arquitectura expresa una combinación respetuosa de elementos contemporáneos con los entornos construidos y naturales existentes. En clave de Paul Valéry podríamos afirmar que la arquitectura de Chipperfield, por su sencillez, geometría, materialidad, estudio del contexto y la cultura de cada lugar donde se levanta, te llama poderosamente la atención pero no grita.
Todas sus obras, que rechazan un estilo de arquitectura internacional en busca de un rasgo que resalte las cualidades de los contextos locales, son un ejemplo de buena arquitectura: despojada de elementos innecesarios y con una premisa que viene acompañada de un análisis exhaustivo de lo que significa la sustentabilidad y que responde con precisión a los problemas contemporáneos.
El presidente del jurado y ganador del Premio Pritzker 2016, el chileno Alejandro Aravena, en un acápite de la Declaración manifiesta: “… él responde a cada proyecto con herramientas específicas que ha seleccionado con precisión y gran cuidado. A veces requiere un gesto fuerte y monumental, mientras que otras veces, requiere que casi desaparezca. Pero sus edificios siempre resistirán la prueba del tiempo porque el objetivo final de su operación es servir al bien común…”.
Referencias:
- ArchDaily; Paula Pintos, traducido por Clara Ott; “David Chipperfield: conoce las obras del ganador del Premio Pritzker 2023”, 07-03-2023.
- IBID, Romullo Baratto, traducido por Fabian Dejtiar; ¿Quién es David Chipperfield? 17 datos sobre el Premio Pritzker de Arquitectura 2023”, 07-03-2023.
- ID, Christele Harrouk, traducido por Fabian Dejtiar; “Sir David Chipperfield, ganador del Premio de Arquitectura 2023”, 07-03-2023.
- ARQUITECTURA VIVA, Luis Fernández – Galiano; “Un corazón disciplinado”, 07-03-2023.
- AD, Cristina Giménez; “Casa de vacaciones, Corrubedo”, 07-03-2023.
- El País, Cultura; Anatxu Zabalbeascoa; “David Chipperfield gana el Premio Pritzker”, 07-03-2023.
- IBID; “David Chipperfield, Premio Pritzker 2023”, 07-03-2023.
- ARQ.CO.MEX, Noticias de Arquitectura; “Basura: así definió a una de obras el arquitecto David Chipperfield”, 16-05-2020.
- El País; Toni García; “México saca pecho en el ring del arte contemporáneo”, 22-11-2013.
- Varias páginas de Internet.
- Algunos ajustes de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina.
- La imagen que se acompaña muestra la casa de verano de los Chipperfield ubicada en el pueblo de Corrubedo, España, inspirada en las modestas viviendas de la Costa Gallega.

