El primero y único arquitecto que ingresó como miembro de la Real Academia Española (RAE) para ocupar la silla “o” falleció en Madrid este 7 mayo a los 96 años. Su misión en la RAE, desde que tomó posesión el 12 de marzo de 2006, fue “intentar llevar la voz de la ciudad al lugar donde se crean las palabras”. Se distinguió como uno de los arquitectos españoles de mayor calado de la segunda mitad del siglo pasado y comienzos del presente.
Nació en la ciudad universitaria de Salamanca y se tituló de arquitecto en 1957. Como académico de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid dictó la emblemática cátedra de Elementos de Composición y asignaturas en las Enseñanzas del Doctorado. Recibió además las distinciones de profesor emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, doctor honoris causa por las universidades de Valladolid, Alcalá de Henares y la Politécnica de Cartagena.
Recibió varios galardones en su aquilatada vida profesional y académica, entre los que se destacan: Premio Nacional de Arquitectura en 1963, Premio Nacional de Restauración en 1981 y la Medalla de Oro de Arquitectura de 2002 por la “excelencia constructiva de su obra y su constante compromiso”.
Perteneció a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, director del Patronato del Museo Español de Arte Contemporáneo, director del Instituto de Conservación y Restauración del Patrimonio Artístico y formó parte del Patronato del Museo del Prado. Desde estos espacios del más alto prestigio intelectual “intentó incorporar la modernidad a la época oscura de los cincuenta y los sesenta en España”.
Entre sus obras más relevantes se destacan varios edificios institucionales y obras de restauración. El Convento del Rollo de Salamanca, premio Nacional de Arquitectura; el Observatorio Astronómico Nacional, que le hizo merecedor al premio Nacional de Restauración; la recuperación del Antiguo Hospital San Carlos, para su transformación en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia; autor de la restauración de la Plaza Mayor de Salamanca; la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; el Centro de Investigaciones Biológicas; la Casa de la Cultura de Vitoria y el Edificio Politécnico del Campus Universitario de Ciudad Real.
Coherente con su práctica democrática y fiel a su pensamiento como un “hijo de la razón”, escribió varios textos académicos e innumerables ensayos de enorme influencia y actualidad en el mundo del arte, la arquitectura y el urbanismo. También ejerció la crítica en una treintena de artículos que publicó en el diario EL PAIS, de extraordinaria densidad y originalidad, en los que se ocupó de la obra de Gaudí, la teoría del arte, la planificación urbana y la poética del espacio.
Para la academia y especialmente para sus estudiantes de arquitectura, con quienes tenía una fluida relación horizontal maestro – alumno, publicó “El diseño entre la teoría y la praxis” (1971), “De varia restauratione: intervenciones en el patrimonio arquitectónico” (1999), “La ciudad herida” (2001) “El Escorial, metáfora en piedra” ((2004), “En el umbral de la palabra” (2016), “Azules de otoño cerrado” (2021), “Cantos rodados” (2022) y “Quiebran albores” (2023).
Sus textos sobre “La enseñanza de la arquitectura” escritos con la colaboración de su esposa, una destacada pedagoga española, se constituyeron en consulta obligada de la academia. Tuvimos el privilegio y el honor de asistir a sus clases magistrales de esa asignatura en el programa del Doctorado de la Universidad Politécnica de Madrid, a mediados de la década de los 70 del siglo pasado.
Cuando tomó posesión en la RAE leyó su discurso de incorporación titulado “Palabras sobre la ciudad que nace”, para “intentar llevar la voz de la ciudad al lugar donde se crean las palabras”. En esta ocasión describió de modo patético el fenómeno urbano de comienzos del siglo 21: “Somos testigos, en la ciudad de la información… de un conjunto creciente de signos, de artefactos efímeros, historias fugaces y precipitadas memorias de la lógica narcisista del consumo en una compulsión neutralizadora, en una esquizofrenia mediática que escinde la propia subjetividad…”
Fernández Alba fue un emancipador, un promotor ideal de una visión humanista que correspondió a los planteamientos más lúcidos para entender el accidentado presente y nuestro esperado, esperanzado porvenir.
Llevó con sabiduría la voz de la casa grande de la ciudad a la casa donde se crean las palabras: la Real Academia Española.
Referencias:
- Diario EL PAÍS, Cultura, Manuel Morales; “Muere el arquitecto y académico de la RAE Antonio Fernández Alba a los 96 años”, 07-05-2024.
- Antonio Fernández Alba; “En el umbral de la palabra. Entorno urbano, espacios y lugares de la sede de la Real Academia Española”, 2016. Edición dedicada al edificio institucional de clara inspiración en la arquitectura griega, pero con una interpretación ecléctica, diseñado por el arquitecto Miguel Aguado de la Sierra e inaugurado en 1894.
- Fernández Alba; “Palabras sobre la ciudad que nace”, Discurso leído el día 12 de marzo de 2006 en su recepción pública como miembro de la Real Academia Española y contestación del Excmo. Sr. Don Emilio Lledó Íñigo, Madrid, 2006.
- Varias páginas de Internet.

