LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA según el Papa Francisco: muy pertinente para la formación del arquitecto

La misión del profesor/a no es solamente enseñar cosas. Los maestros deben formar alumnos que desarrollen los tres lenguajes humanos: el de la cabeza, del corazón y de la mano, de tal manera que aprendan a pensar lo que sienten y lo que hacen, a sentir lo que hacen y lo que piensan, y hacer lo que sienten y lo que piensan. Esta síntesis virtuosa es la armonía de los tres lenguajes humanos.

Si solo se forma el lenguaje de la cabeza no se forman profesionales sino macrocéfalos, que no son humanos. Tampoco se debe crear eruditos, porque la erudición es parte de un camino de formación que solo produce momias, no personas.

Los tres lenguajes juntos en su armonía es el desafío de la formación universitaria. Formar es más que informar, es dar al alumno una cultura para que después no se olvide lo que aprendió. Sólo así será creativo ante los desafíos y la realidad.

En la antigua Roma la advertencia común “cave canem”, traducida al castellano “cuidado con el perro”, era colocada en la entrada de algunas casas para alertar a los visitantes sobre un perro guardián. En cambio, “canis amicus”, literalmente significa “perro amigo”, “Dieguito”, el fiel guardián de la Casona de la Universidad de Cuenca.

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