Relación entre el hombre y la naturaleza: tiempos y territorios

Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025.   

2. Pachamama o Madre Tierra

La observación del cielo y las estrellas en los territorios de las culturas aborígenes andinas forma parte integrante del medio ambiente inmediato y cotidiano y los cuerpos celestes tienen como función universal medir el tiempo y velar por el calendario. Observando en periodos largos y regularmente el cielo nocturno se agrupó mentalmente las estrellas en constelaciones, conjuntos que podían ser reconocidos gracias a sus posiciones relativas invariantes. Un gran número de las constelaciones toman sus nombres de figuras mitológicas o geométricas.  

En el mundo aborigen andino la concepción del universo físico está determinada por eventos terrestres y el cielo se dibuja como una envoltura de nuestro planeta poblado de seres míticos que se ocupan de darle movimiento. En la cultura incaica, la “Cruz del Sur” del macrocosmos, se reproduce en el microcosmos de la “Pacha Mama”, a través del urbanismo y su traza urbana corresponde a consideraciones hidrológicas, astronómicas y topográficas. La “chacana” representa la cosmovisión de los pueblos andinos y sus cuatro lados suelen simbolizar las divisiones fundamentales del universo, tales como los elementos naturales: tierra, agua, aire y fuego, reflejando el vínculo con la naturaleza y el entorno. Y el triple manejo de los pisos ecológicos y de su paisaje expresan la cosmovisión andina: el “hanan”, es lo alto y lo sobrenatural; el “urin”, lo bajo y lo natural; y el “chaupi”, lo intermedio y la intermediación entre sí.

El agua, fuente de vida y de la religiosidad forma parte sustancial del territorio simbolizando energía y purificación. Y los “jardines incaicos” que existieron en diversos lugares del Tawantinsuyu, en los que se observaba el principio natural del bosque andino con la presencia de una variedad de plantas interrelacionadas y en convivencia armónica, no eran solo espacios de recreo, sino fundamentalmente, en el plano ideológico, la reproducción del universo físico andino. Jaime Idrovo Urigüen cita al Inca Garcilaso de la Vega cuando se refiriere específicamente al Cusco: “Del jardín De oro y Otras riquezas del Templo, a Cuya Semejanza Había Otros Muchos En Aquel Imperio”. 

En la primera mitad del siglo 20 los poetas interpretan el paisaje andino reconociéndole un sentido y una razón de ser. Leer “Catedral salvaje” de César Dávila es asistir a un prodigioso espectáculo neobarroco de la naturaleza. Su intimidad se objetiviza y se vierte por un lenguaje que refleja la visión geológica, imaginativa, casi mística, de un trópico atravesado por la cordillera de los Andes. La naturaleza es más espacio que tiempo, más geografía que historia:

“Y la historia es imposible: la geografía la asfixia:

hombres, estatuas, estandartes, se empinan sólo un instante

en el vertiginoso lecho de esta estrella en orgasmo.

 ¡Luego los borra una delgada cerradura de légamo!”. (vs. 85-89).

Y el diálogo entre el hombre y la naturaleza andina en Jorge Carrera Andrade es más que romántico; se remonta al antiguo concepto cristiano del Liber naturae, cuyos símbolos contienen la clave del universo: (Fuego de la rosa, XVI, 96):

“Soy hombre, mineral y planta a un tiempo,

relieve del planeta, pez del aire, un ser terrestre en suma…

Árbol del amazonas mis arterias…

mi raíz en el suelo equinoccial,

nutriéndose del agua de los ríos

y de la sangre verde que circula

por el frágil, alado cuerpecillo

del loro, profesor de ortología

del saltamontes y del colibrí,

mis íntimos aliados naturales”.

Mientras que la expresión artística de la pintura de los paisajes andinos de alta montaña, y en menor medida la selva, de los siglos 19 y comienzos del 20, debe ser entendida desde los postulados de la estética romántica, con su gusto por lo exótico, lo descomunal, lo misterioso.

La preceptiva formalización clasicista, con su correlato representacional basado en la pintura religiosa y de retratos, se desplazará por el nuevo género de la pintura de paisaje. Rafael Salas se constituyó, según Hernán Rodríguez Castelo, en el fundador de la pintura paisajística en nuestro país. Y el joven pintor ibarreño, Rafael Troya, captó artísticamente, con estupendas imágenes, los relatos científicos de los paisajes que tanto deslumbraron a los viajeros extranjeros Reiss y Stübel.

Y a este invento del paisaje nuestro se sumó Joaquín Pinto, Luis A. Martínez y los Mera, y el cuencano Honorato Vásquez. 

      

Inca Cross Chakana, Inti Raymi Ecuador, Peru emblematic symbol of an ancestral and cultural celebration of the Andean peoples for the winter solstice. Ethnic folk image. Tribe motif. Tribal. Pachamama

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