CUENCA DE LOS ANDES: naturaleza, tradición y modernidad (última entrega)

Por encontrarse periférica y mediterránea se caracteriza por su originalidad, por la selección de razones profundas que alentaron a su pueblo y por su cultura campesina, tan próxima y entrañable.

El poeta Jara Idrovo describe su ecohidrología: “a manera de las líneas de la mano, los ríos surcan el verde aterciopelado de la llanura. Ríos, signos de la vida, señales del ser, símbolos del designio de este paraje: Tomebamba, línea enérgica y dilatada de la vida; Tarqui, corriente sosegada del pensamiento; Yanuncay, nervioso y vehemente, como el curso de la afectividad; Machángara, precipitado e imprevisible como el destino. Igual que las líneas de la palma de la mano, los ríos de Cuenca marcan con su sonora urdimbre la singularidad de nuestro ser y quehacer”.Los ríos prístinos del paisaje cuencano no deben ser contaminados, pues en sus aguas claras se refleja la identidad profunda de nuestra ciudad que vive entre la historia, la naturaleza y la palabra.

Sus cuencas hídricas albergan bosques y represas destinadas al almacenamiento y regulación del fujo hídrico; cuentan con un plan maestro de agua potable y saneamiento vigente hasta el año 2050 para descontaminar ríos y quebradas y tratar las aguas residuales mediante lagunas de estabilización y lodos activados; y dispone de un eficiente sistema de recolección de desechos sólidos, un relleno sanitario con generación de energía y tratamiento de desechos biológicos.        

Cuenca de los Andes, polo regional económico y de servicios del Austro, universitaria, artesanal, turística y nuevo hogar de miles de jubilados del mundo, da la posibilidad de conocer esas dos dimensiones de la cultura morlaca: la tangible, con sus tesoros naturales y culturales visibles; y la intangible, con la herencia enriquecida con los aportes generacionales de sus habitantes, que cargaron de alma a nuestra ciudad.

La arquitectura y el urbanismo, como ciencia y arte entrelazados, están llamados a desempeñar un papel decisivo en el porvenir de la ciudad: mirar más allá del cálculo frio del negocio y la rentabilidad, y tejer un coloquio vibrante entre la naturaleza, la tradición y la modernidad.

Nota:   El autor la imagen adjunta es el arquitecto Carlos Palacios P.

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