La ciudad europea del siglo 18 con sus grandes avenidas radiales herederas del urbanismo barroco y su arquitectura estrictamente uniformada, siguiendo la estética neoclásica, constituye uno de los antecedentes de la ciudad burguesa monumental.
Washington D.C. recoge y transforma este legado en un proyecto urbano americano: una capital planificada, axial y monumental, concebida para representar el poder de la nueva república. Su trazado, inspirado en la tradición barroca europea y desarrollado bajo ideales neoclásicos, convierte el espacio urbano en un escenario de representación política.
El modelo fue concebido a finales del siglo 18 por el arquitecto francés Pierre Charles L´ Enfant, quien elaboró en 1791 el plan urbano de la nueva capital de Estados Unidos. Su propuesta combina:
_ La tradición barroca europea expresada en grandes avenidas diagonales y ejes radiales que conectan los principales espacios de la ciudad;
_ La tradición clásica y neoclásica presente en la monumentalidad, la simetría y la composición axial de sus edificios y espacios públicos;
_ La planificación racional mediante una retícula superpuesta al sistema de diagonales que organza el crecimiento urbano;
_ Unas perspectivas urbanas donde los grandes ejes visuales articulan los principales símbolos políticos de la nueva nación; y,
_ Una representación del poder republicano al convertir plazas, avenidas, monumentos y edificios públicos en un gran escenario cívico.
La idea central del modelo era que Washington no fuera solamente una ciudad funcional sino también la escenografía de la nueva República. Su trazado urbano y su arquitectura fueron concebidos para representar el poder político participando en la construcción de la identidad nacional.
Una pregunta contemporánea se vuelve inevitable: ¿qué ocurre cuando una tradición monumental, concebida originalmente para representar el poder de una república vuelve a utilizarse para expresar el poder de un individuo?
Donald Trump pretende transformar el paisaje monumental de Washington con un arco triunfal destinado a dejar una huella perdurable en la historia de la capital. El proyecto, de unos 76 metros de altura, fue planteado inicialmente como un monumento conmemorativo inspirado en la tradición de los grandes arcos triunfales europeos. Sin embargo, el 20 de septiembre Trump anunció que la estructura sería convertida también en un «Military Complex / Triumphal Arch” con drones y francotiradores.
La idea del monumento, plasmada en bocetos elaborados por el arquitecto Nicolas Leo Charbonneau, socio de la firma Harrison Design, contempla una inscripción: “UNA NACIÓN BAJO DIOS”. El arco concebido para conmemorar el 250° aniversario de Estados Unidos estaría emplazado en el Memorial Circle, junto al río Potomac, entre el monumento a Lincoln y el Cementerio Nacional de Arlington.
El arco estaría coronado por una estatua alada de la Dama de la Libertad y flanqueado en su base por cuatro leones dorados. Todo ello configuraría una suerte de síntesis arquitectónica de exquisito mal gusto: una acumulación de símbolos de poder, grandilocuencia y ostentación concebida para satisfacer los caprichos del mandatario del país más poderoso de la Tierra.
“No existirá ninguna instalación igual en todo el mundo. De entre las 59 principales ciudades y capitales, Washinton D.C ES LA UNICA QUE NO CUENTA CON UN ARCO DEL TRIUNFO; pero ahora tendrá uno que será, con diferencia, ¡el más grandioso de toldos!”, ha escrito Trump. El proyecto, sin embargo, ha suscitado la oposición de grupos de veteranos, organizaciones civiles, especialistas en conservación histórica y arquitectos que cuestionan el impacto sobre el paisaje monumental de Washington. El propio análisis del Servicio de Parques Nacionales reconoce que el arco alteraría importantes relaciones visuales y simbólicas cuidadosamente articuladas desde el plan de P. C. L´Enfant.
Los arcos triunfales tienen su origen en la tradición romana, como arquitecturas conmemorativas destinadas a hacer visible la victoria y convertir la memoria del poder en una experiencia urbana. Con el tiempo, este modelo trascendió su origen imperial y se transformó en un símbolo colectivo, asociado no solo a un gobernante, sino también a la memoria y a la identidad de una nación. El caso del Arco de Triunfo de Paris representa una de esas transformaciones: un monumento concebido para conmemorar las victorias militares francesas y convertir la memoria histórica en un hito permanente del paisaje urbano.
Pero aquí aparece una cuestión particularmente interesante para Washington: ¿qué representa un nuevo arco del triunfo cuando su escala, su leguaje monumental y su carga simbólica pueden asociarse también con quién ejerce el poder? La cuestión deja de ser únicamente qué conmemora el monumento para preguntarse también a quién pertenece la memoria que la arquitectura hace visible.
La verdadera cuestión no es que Trump construya un arco triunfal, sino qué ocurre cuando el poder político utiliza la arquitectura para convertirse en historia antes de haber dejado de ser presente. La arquitectura, que tradicionalmente conmemora aquello que el tiempo ya convirtió en memoria, sería utilizada aquí para anticipar esa memoria.
Referencias:
- El País, Luis Doncel; “Trump anuncia que el gigantesco arco del triunfo de Washington será un complejo militar con drones y francotiradores”, 20-09-2026.
- Washington Post; el 23 de marzo y el 10 de abril de 2026 se publican artículos que cuestionan el carácter simbólico del “Triumphal Arch” y su relación con el plan urbano, la escala monumental, las visuales y la tradición arquitectónica de Washington.
- Gustavo Munizaga Vigil; “Las ciudades y su historia”, Cap. 12: “La nueva capital federal de los EE.UU. de América”, 1999.
- Fernando Chueca Goitia; “Breve historia del urbanismo”, Lección 7: “La ciudad barroca”, 1979.
- IA y varias páginas de Internet.

