Planos de Cuenca

La  cartografía urbana tiene la misión de representar una ciudad. Es un modelo que puede ser prefigurado mediante un plano como sistema iconográfico. La conquista española en América trazó planos reticulares de damero y el centro histórico de Cuenca responde a este tipo de ciudad fundacional con manzanas de 150 varas castellanas.

No se conocen planos de Cuenca de la época colonial, esos dibujos que muestran las ciudades en perspectiva al estilo de las pinturas de Giotto, descriptivos, taxonómicos y composicionales. Solo conocemos planos que reconstruyen la traza colonial dibujados en base a las actas de fundación, como el de Octavio Cordero Palacios de comienzos del siglo 20.

La notación de los planos se multiplicó en el siglo 19. Modelos iconográficos que representan a la ciudad existente precisa y abstraída. Los planos de Alejandro Vélez de 1816, Salvador Mora de 1878 y Tomás Rodil  de 1889, son ejemplos de la cartografía modernista.

Existen planos de la primera mitad del  siglo 20 que son una fuente gráfica para el estudio histórico: de 1910 realizado por Antonio Farfán, 1920 del teniente Julio Landázuri, 1930 de Enrique Arízaga, 1938 de Froilán Holguín, y varios planos elaborados en 1942, 1946 y 1947 en la alcaldía de Luis Moreno Mora.

El año de 1942 es un hito en la historia urbanística de la ciudad, porque se da el salto de la elaboración de planos de la ciudad representada, tal como es, a la propuesta iconográfica de la ciudad imaginada y de posible realización en el futuro. El segundo plano imaginado corresponde al proyecto “Cuenca en un futuro de 50 años” del año 1947 realizado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral. Mientras que el tercer plan imaginado se elaboró en 1970 en la alcaldía de Ricardo Muñoz Chávez.

El Plan del Área Metropolitana de Cuenca desarrollado en la administración de Pedro Córdova Álvarez, es el cuarto esfuerzo intelectual y el primero de carácter multidisciplinario en la planificación de la ciudad. En el año de 1995 en la alcaldía de Xavier Muñoz Chávez se publica un plano con las líneas generales de la ciudad del futuro.  No se conocen planos que se hayan publicado en el presente siglo.

Cuenca en su historia ha sido representada e imaginada de muchas maneras, un de ellas mediante el sistema iconográfico de planos. Planos que han aludido a las propiedades de la ciudad real dada, y que han tratado de aludir las propiedades de la ciudad virtual del futuro que debe ser.

Carlos Jaramillo Medina

Mujeres Artistas

Umberto Eco en El nombre de la Rosa narra cómo las joyas de los manuscritos iluminados del Medioevo eran ornamentados pictóricamente y protegidos con celo por los monjes de aquella época. Pero no solo había obras ornamentadas de carácter religiosos como biblias, libros de horas, etc.,  sino también cancioneros y copias de libros del mundo antiguo como la Ética de Aristóteles.

En el Medioevo en toda Europa hubo destacadas escuelas de maestros iluminadores en las que primero se copiaba el texto y luego se pintaba el pergamino. Se destacan en estas obras de arte las miniaturas que usaban diversos pigmentos a veces extraídos de algunos minerales codiciados como el lapislázuli de color azul marino para pintar especialmente  los mantos de las vírgenes. Este material provenía desde el actual Afganistán y otros pigmentos se traían de la India para completar la paleta de colores, sobre todo, el rojo, el negro o el blanco.

Hace meses un equipo científico femenino europeo que realiza investigaciones arqueológicas, por casualidad observó un raro pigmento en la placa dental de una monja enterrada en un pequeño convento alemán del siglo 11. Luego de usar sofisticadas tecnologías las investigadoras han identificado entre la placa dental partículas del pigmento más codiciado y raro de aquella época: el azul de ultramar obtenido del lapislázuli, la piedra energética con mezcla de minerales y con predominio de la pirita.  

¿Cómo llegó hasta la boca de aquella monja ese preciado material? Las científicas argumentan que se adhirió a su dentadura mientras afinaba el pincel con el que ornamentaba los libros sagrados. De este modo se descubrió en el sarro de la monja el maravilloso pigmento azul, y además, que las mujeres también han sido artistas desde la antigüedad. 

Carlos Jaramillo Medina

CAMINAR Y VIVIR POÉTICAMENTE EL CENTRO HISTÓRICO DE CUENCA

EN SU MAYORIA DE EDAD COMO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD  

¿En los 20 años de declaratoria como Patrimonio de la Humanidad existe un Centro Histórico de Cuenca (CHC) que ha sido verdaderamente imaginado? Porque para que esto suceda debe formar parte de los imaginarios de sus habitantes y visitantes y que no solo es suficiente que exista físicamente.

¿Ha existido una pedagogía para experimentar y decodificar sensaciones, -olores, pálpitos, oídos,  miradas-, y significaciones del CHC? Los mensajes urbanos no se imponen de forma vertical, porque  son símbolos legibles que brindan la posibilidad de experimentar y decodificar la arquitectura de la ciudad a través de la estrategia más simple: caminar el CHC.

Parafraseando a Humberto Maturana, se podría decir que el CHC es un lugar para caminar. Y este caminar, implica reinventar la ciudad. ¿Hemos caminado y vivido poéticamente el CHC?

Pero este caminar no puede ser un acto de comunicación unilateral. Es ante todo un hecho decodificador que involucra al viandante con su experiencia vital. Ningún mensaje urbano permanece impermeable a la lectura de su receptor.

Y la historia de los recorridos del CHC debe comenzar en el suelo, con los pasos, que permiten una representación háptica y de apropiación cinética de su arquitectura.

La experiencia caminante del CHC debe traducirse de este modo en la elaboración de mapas mentales para transcribir sus huellas y sus trayectorias. Deben ser imágenes transitivas, caligrafías móviles antes que simples representaciones frías de una ciudad funcionalista. Y esta caligrafía urbana debe registrar los tres valores fundamentales del  CHC: su sensibilidad, su deontología, y su epistemología. Es decir, sus sensaciones, sus éticas, y sus verdades profundas.

Más allá de la puramente funcional y pragmático del andar por el CHC, una retórica caminante permitirá seleccionar y escoger lo más significativo y existencial de la ciudad; o si se prefiere decir en clave literaria, se deberá ejercitar un asíndeton urbano.

El CHC no es un cuadro renacentista que debe ser visto desde una sola perspectiva. Más bien, es un collage espacial compuesto de reliquias arquitectónicas, historias yuxtapuestas, tiempos amontonados, textos rotos, fragmentos, cronotopos, fenotopos…..  donde sus relaciones son móviles y forman, por eso,  un conjunto simbólico de alta significación.

De este modo el CHC estará presente como un relato a la espera, como un  jeroglífico urbano listo a ser reinventado y ricamente imaginado por sus habitantes y visitantes.

Esta tarea es sin lugar a dudas un desafío para vivir una experiencia en libertad, basada en la vivencia directa, imaginativa, fenomenológica, libre del lenguaje de sus ataduras convencionales para acercarse a la poética arquitectónica, a un diálogo de altura, entre los sentimientos expresados en la arquitectura de la ciudad y de quienes experimentan un lugar tan especial.  

Alberto Saldarriaga manifiesta que en los recorridos de la ciudad se presenta una actitud activa y creativa, porque se producen encuentros y desencuentros, pérdidas y descubrimientos, desconciertos y excitaciones. Las características de la actividad creativa están presentes con fuerza en la vivencia de la arquitectura y el espacio urbano. Absorberse en el presente del lugar, sentir sus cualidades, fascinarse en su recorrido o en su contemplación, todo ello califica creativamente las vivencias del recorrido. La excitación del lugar aviva los sentidos y dispone la mente para recordar, imaginar, explorar, indagar, preguntar, dudar, reconocer, detallar, o simplemente, sentir. Cuando se dan estas condiciones materiales y subjetivas, una mayor vitalidad y poética se experimentará.

Existen diferentes experiencias poéticas del CHC. El sentido poético es indisociable de sus lugares y de sus  circunstancias. La experiencia de lugares altamente simbólicos como sus iglesias o plazas  se intensifica, y sucede de modo diferente con la poética de lo sencillo, que al ser mirado poéticamente, depara incontables momentos de otro goce estético. Por este motivo, la dignidad de las  obras arquitectónicas del CHC no depende de la importancia ni del tamaño. Un rincón cualquiera, un recinto humilde, una pequeña casa de un barrio tradicional con su patio que recibe los rayos del sol o el agua lluvia de invierno, todo ello y otros detalles, es también fuente de  experiencias poéticas.

Siempre, el habitante o el visitante que está dispuesto a vivir poéticamente el CHC, experimentarán esas diferencias y lo sentirán plenamente. En todo caso, la poética de la arquitectura se revelará cuando la materia trasciende lo prosaico y lo puramente utilitario, y se ilumine, por así decirlo, con destellos de sensibilidad, unas veces intuitivas, otras deliberadas, unas veces circunstanciales, otras permanentes.

También las experiencias poéticas tienen una relación directa con la temporalidad del CHC. El pasado es una de ellas, porque posee su propia pátina y evoca vivencias especiales. Y estas experiencias del pasado son más rotundas cuando se confrontan con la fuerza de lo nuevo propio de la contemporaneidad. En el CHC cohabitan como hojaldres urbanos varios estilos arquitectónicos que han esculpido lentamente la forma de la ciudad: aborigen, colonial, republicano, moderno y contemporáneo.

No olvidemos que  las cualidades del CHC no radican únicamente en sus  formas arquitectónicas o en sus materiales. Radica también en aquello que favorece la vida cotidiana de sus habitantes y visitantes: el derecho a la ciudad para disfrutar de un hábitat seguro y saludable, la vivienda digna, los espacios públicos y equipamientos comunales, los lugares para la cultura y la participación democrática plena de los ciudadanos.

¿Ha existido una pedagogía para experimentar y decodificar sensaciones, -olores, pálpitos, oídos,  miradas-, y significaciones para vivir poéticamente el CHC?

Varias ciudades en el mundo tienen experiencias  pedagógicas exitosas para celebrar la arquitectura, el urbanismo y la vida. Son festivales permanentes para reinventar el patrimonio edificado y también para redescubrir a su gente, sus historias y anécdotas escondidas detrás de sus muros. Festivales que bien pueden ser emulados en el CHC.

Equipos multidisciplinarios (arquitectos, antropólogos, fotógrafos, historiadores….) pueden tener esta misión: vincular la ciudad, la arquitectura y su gente, mostrar el patrimonio a través de recorridos programados en el CHC.

Dirigido a habitantes y visitantes del CHC para la apropiación transversal  del patrimonio edificado en el territorio. Además, para que cada ciudadano de cada barrio, pueda  conocer el patrimonio más cercano y el más lejano, el particular y el público, y lo sitúe  dentro de su experiencia  e historia personal para aprender a amarlo.

Son otras formas de mirar la arquitectura y la ciudad en las que se pueden ofrecer varios tipos de ricas experiencias: arte urbano, festivales culturales, recorridos guiados por expertos….

Abrir las puertas del patrimonio público y las casas de los propietarios privados en un programa bien diseñado. Conocer el hogar del vecino que abre generosamente su casa patrimonial para  escucharle cómo vive, quién diseño y construyó su casa, cómo se distribuye, disfrutar del aroma de los geranios y magnolias del patio, enamorarse del detalle constructivo…

La experiencia poética del CH no solo es un acto de conciencia presente, sino también una fuente de ideas para reinventar el pasado y construir el futuro.  Según Heidegger, construir es habitar y  sólo por medio del habitar se construye poéticamente. El habitar y el construir de este modo originan con rotundidad el sentido de pertenencia a un lugar.

En su mayoría de edad como Patrimonio de la Humanidad, construyamos una pedagogía propia para caminar y vivir poéticamente el CHC.

Carlos Jaramillo Medina

La Estadía de Einstein en España

Por invitación del matemático Rey Pastor y el físico Esteve Terradas, el científico alemán visitó España entre febrero y marzo de 1923. Una España todavía premoderna y por tanto sin una sostenida tradición científica.
En el año anterior había recibido el premio Nobel de física por la ley del efecto fotoeléctrico y además había visitado África en una expedición británica en 1919 para demostrar su revolucionaria teoría de la relatividad general. Era por tanto una celebridad mundial.
Glick, uno de los tantos biógrafos del genio, cuenta que luego de pasar por Madrid llegó a Barcelona, pero nadie fue a recibirle a la estación, porque al físico se le olvidó avisar en qué tren llegaba, así que caminó con su mujer hacia una humilde estación y allí se quedó.
Los españoles recibieron a Einstein como un héroe, pero como la gran mayoría del público no conocía nada sobre las ecuaciones del sabio, solo le interesaba el barullo de su estadía. Un periódico de la época narraba este extraño interés: “Al presentarse en público que llenaba el aula de la Facultad de Ciencias, el Sr. Einstein fue acogido con una salva de aplausos. Indudablemente, todos allí reunidos le admirábamos mucho; pero si alguien nos pregunta por qué le admirábamos nos pondrá en un apuro bastante serio”.
De todos modos el físico trató de explicar de la manera más clara su teoría de la relatividad general que sostiene que el espacio-tiempo se dispone como una lámina de caucho curvada por objetos masivos como el sol. Cualquier cosa en las proximidades de un cuerpo masivo es atraída hacia él. El físico Archibald Wheeler después de algunos años resumió esta teoría de un modo sencillo con esta frase: la materia le dice al espacio-tiempo cómo curvarse, y ese espacio curvo le dice a la materia cómo moverse. Después de 100 años, el 12 de febrero de 2016, un grupo de investigadores del observatorio LIGO de Estados Unidos, ha hecho pública la detección por primera vez de las ondas gravitacionales que curvan el tiempo-espacio y que viajan a la velocidad de la luz.
Manuel Ancede relata que los medios de aquella época dedicaron muchas viñetas al escaso conocimiento científico de los españoles. Por ejemplo, en una viñeta se explicaba: “Einstein dice que no existen líneas rectas, todas son curvas”, y un hombre le grita a una mujer: “¡Ay qué curvas! ¡Viva Einstein!”.
El físico alemán seguramente abandonó un tanto desilusionado la Madre Patria el 11 de marzo de 1923. (O)

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¿No sabes por dónde empezar? Tan solo escribe lo primero que se te ocurra. Anne Lamott, autora de un libro sobre cómo escribir que nos encanta, afirma que debemos permitirnos escribir un «primer borrador de mierda». Anne está en lo cierto: tan solo tienes que empezar a escribir, y ya te encargarás de editarlo más tarde.

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