Cabo Verde: la revelación africana del Mundial 2026

El Mundial de Futbol más hiperbólico de la historia, con récords de todo tipo, 48 selecciones y 104 partidos, tres países sedes, 289 futbolistas de un total de 1248 (el 23.3%) que representan a un país diferente del que nacieron, con héroes jugadores que ganan millones en sus clubes, con pausas de hidratación para la propaganda millonaria a favor de la FIFA, y con el mayor número de aficionados asistiendo a estadios de arquitectura fantástica a pesar de los precios disparados… tuvo la inesperada presencia de un país desconocido: el increíble Cabo Verde.

Un país insular, formado por un archipiélago de 10 islas volcánicas y varios islotes, situado en el océano Atlántico, frente a la costa de África, con una población de 600.000 habitantes, de economía sustentada en el turismo, los servicios, la pesca y las remesas enviadas por los caboverdianos que viven en el extranjero.

La increíble selección de Cabo Verde es el resultado de su enorme diáspora: más de la mitad de los jugadores nacieron fuera del país. Al frente del equipo está Pedro Leitao Brito (56 años), nombrado seleccionador en 2020 tras haber sido jugador de Cabo Verde, capitán, entrenador de clubes de la modesta Liga Local y técnico asistente en el equipo nacional.

La clasificación para el Mundial le valió el premio de entrenador africano de 2025. Su sobrenombre: Bubista, significa Boa Vista, su isla, que estos días se convirtió en la voz de los pobres en el futbol.

El entrenador desde que su equipo comenzó a brillar en el Mundial no ha dejado de reivindicar sus orígenes, los valores de los equipos modestos y el futbol de los pobres. “Espero que seamos referencia para otros países pequeños y pobres como nosotros. Si nosotros superamos las dificultades y estamos aquí, cualquiera puede. El futbol pertenece a todos, no solo a los más ricos”, declaró en nombre de su continente África, honrando a su país y a su pueblo desde la humildad de la que hace gala.

Un reportaje de la BBC aseguraba que la federación caboverdiana cuenta con solo siete empleados a tiempo completo y que las entradas para los partidos internacionales se venden también en panaderías y gasolineras. Mientras que un conocido aficionado local afirmaba en estos días: “No se trata solo de futbol que practicamos, sino de nuestra cultura, nuestra afición. Espero que esto atraiga inversiones. A veces somos un poco tímidos”.

El avance de Bubista también llegó a Vozinha (abuelita en portugués), el portero que hizo la vida imposible a España con una actuación espectacular. Antes de alcanzar notoriedad internacional como arquero y para ganarse la vida, desempeñó distintos trabajos, entre ellos el de electricista. Su carrera de futbolista fue la de un auténtico “jugador de oficio”: comenzó relativamente tarde en el futbol profesional, luego en clubes de Cabo Verde y en la Liga Portuguesa, hasta convertirse en el histórico portero de la selección caboverdiana.  

Los libros de la historia de los mundiales guardarán la emocionante actuación de la increíble Cabo Verde, que ni España, ni Uruguay, ni Arabia Saudita, ni todavía menos Argentina le ganó en los 90 minutos. La rebelión de un equipo al que nadie le podrá negar la gloria en su camino en el Mundial 2026. Por esto mismo Scaloni dijo sin vacilar: “Este es de los partidos que más me han marcado como entrenador”.

La revolución africana de Cabo Verde fue una ola gigante en el Mundial. Nadie dio crédito a lo que sucedió. Quizá esta escena puede evidenciar, de una manera patética, su brillante actuación: El “cholo” Simeone había pasado de bailar en la previa a que su esposa se puso a rezar en el descanso de la prórroga. Por fortuna para los argentinos solo un gol en contra a los 111 minutos impidió que el actual campeón del mundo tenga que disputar una tanda de penales.

Cabo Verde se despide de pie y vuelve a casa con el orgullo intacto. Su participación en este Mundial puede ser el puntapié de una historia prometedora, el primer toque de un sueño que recién empieza a rodar.         

Referencias:

  • ESPN, “¿Quién es Vozinha, el arquero que sorprende en el Mundial 2026?”, 3-07-2026.
  • CNN, Deportes; “Argentina sufrió, pero le ganó a Cabo Verde con un gol en contra y enfrentará a Egipto en octavos del Mundial 2026”, 3-07-2026.
  • El País, Mundial 2026, Lorenzo Calonge; “Bubista, el seleccionador de Cabo Verde, la voz de los pobres en el fútbol”, 02-07-2026.
  • IBID, Andrés Burgo / Patricia San Juan Flores; “El Mundial más hiperbólico: los récords, los héroes, las polémicas y las injusticias de la primera ronda”, 27-06-2026.
  • ID, Lorenzo Calonge; “Un partido para recordar: la increíble Cabo Verde angustia a Argentina, que solo puede ganar en la prórroga”, 03-06-2026.
  • IA y varias páginas de Internet.
  • La imagen que se acompaña muestra a la selección de fútbol de Cabo Verde que basa su dieta en el alto consumo de proteínas y carbohidratos complejos, destacando el uso de ingredientes tradicionales. Su “pócima” secreta y símbolo de identidad nacional es la cachupa, un guiso contundente de maíz, alubias, carnes y embutidos que consumen antes de los partidos para recargar energías. 
CAIRO, EGYPT – SEPTEMBER 6:Cape Verde national team players before the AFCON Morocco 2025 qualifier match between Egypt and Cape Verde at the Cairo International Stadium on September 6, 2024 in Cairo, Egypt. (Photo by Ahmad Hasaballah/Getty Images)

Valentina: la mano que mira la Torre de Gaudí

La protagonista fue Valentina Sánchez, una niña ciega de 13 años. Durante la visita del Papa León XIV a Barcelona utilizó una maqueta táctil para explicarle al Papa cómo es la nueva Torre de Jesucristo diseñada por Antonio Gaudí. Lo hizo guiándose por el tacto y describiendo con sutileza sus detalles arquitectónicos.

Entre los detalles que explicó Valentina destacó que la torre tiene 12 ventanas alrededor y 12 pilares, un número con fuerte simbolismo cristiano; que el arquitecto utilizó cristales de botellas de vino para ornamentar algunos escudos; la forma de la torre cambia al ascender, pasando de una estructura de cuatro lados a otra de ocho lados; la cruz de la cima tiene cuatro brazos y un quinto que apunta al cielo; los extremos de la cruz terminan en vidrio porque Gaudí imaginó que de ellos saldrían rayos de luz, formando una especie de “paraguas protector” sobre Barcelona, símbolo de la protección de Dios sobre la ciudad.

Valentina demostró que las personas ciegas pueden construir imágenes mentales mediante el tacto, y entregó al Papa un dibujo de cómo ella entiende la torre al tocarla. Su descripción nos permite varias reflexiones.

La imaginación es una forma de conocimiento: cuando un niño describe la obra de Gaudí, no se limita a decir qué es, sino qué le parece o qué le hace sentir. Los objetos, en este sentido, no solo se describen, sino que se evocan. Una torre puede convertirse en un castillo, una montaña o un ser vivo. Desde un enfoque epistemológico se puede afirmar que la realidad no es solo lo que vemos, sino lo que interpretamos.

La belleza antes que los conceptos: un niño no conoce abstracciones o detalles arquitectónicos; percibe formas, colores y emociones. Esta línea de pensamiento sugiere que la experiencia estética es anterior al conocimiento técnico. Primero sentimos la belleza y después la explicamos.

La creatividad y la mirada infantil: la obra de Gaudí se inspira en las formas de la naturaleza para despertar interpretaciones libres. La afinidad entre su arquitectura y la imaginación infantil escapan a las líneas rígidas y buscan formas vivas y sorprendentes.

El asombro como forma de conocimiento:  desde la Filosofía, como Aristóteles, se afirma que el conocimiento comienza con el asombro. La descripción de Valentina puede verse como un ejemplo de esa actitud originaria ante algo bello y extraordinario.

Ver el mundo como si fuera nuevo: los adultos observamos la arquitectura a través de datos y explicaciones. Los niños la descubren como si aparecieran por primera vez. Esa mirada renovada nos invita a preguntarnos si realmente seguimos mirando el mundo con curiosidad o simplemente lo reconocemos.

El episodio de Valentina con el Papa muestra cómo una obra puede convertirse en una experiencia compartida entre generaciones: el niño aporta imaginación y espontaneidad; el padre, atención y escucha. El resultado es un encuentro en el que ambas generaciones descubren algo nuevo sobre la torre y la manera de mirar el mundo.

La mano infantil que miró la Torre de Gaudí, siguiendo a Martín Heidegger, se vincula directamente con la capacidad humana de pensar y sentir: “La esencia de la mano nunca puede determinarse o explicarse por el hecho de ser un órgano que pueda agarrar […] Cada movimiento de la mano en cada uno de sus trabajos lleva consigo el elemento del pensamiento, cada porte se soporta dentro de este elemento”.

Gastón Bachelard se refiere a la imaginación de la mano en estos términos: “Incluso la mano tiene sus sueños y supuestos. Nos ayuda a entender la esencia más íntima de la materia. Es por ello que también nos ayuda a imaginar [ formas de] materia”.

Y José Saramago en la novela “La caverna” escribe, de manera metafórica, que los dedos tienen pequeños cerebros que se forman con la experiencia y el tacto. Las manos aprenden, descubren, exploran, crean y conocen el mundo de una manera que precede al pensamiento abstracto. “Son los dedos y sus pequeños cerebros quienes revelan lo oculto”.

La mano de Valentina demostró la esencia de la mano y su papel crucial en la evolución de las destrezas, la inteligencia y las capacidades del ser humano. Por esta razón la mano no es solo un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades propias.

Referencias:

  • Juhani Pallasmaa; “La mano que piensa: sabiduría existencial y corporal en la arquitectura”, 2012.
  • Martin Heidegger; “Qué significa pensar”, 2005.
  • Gaston Bachelard; “El agua y los sueños: ensayo sobre la imaginación de la materia”, 1978.
  • IA y varias páginas de Internet.
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«Estudios Botánicos» de Luis Cordero

Durante el siglo 19 la Botánica experimentó una transformación profunda. Pasó de ser una disciplina descriptiva a convertirse en una ciencia experimental y sistemática, apoyada en la observación rigurosa, la exploración global y el desarrollo de nuevas teorías científicas.

Entre los principales aportes de los investigadores de esa época destacan: la clasificación científica de miles de especies vegetales, el desarrollo de sistemas de taxonomía, el impulso de la fisiología vegetal y el fortalecimiento de jardines botánicos y sociedades científicas como centros de investigación y conservación.

Diversos científicos de los siglos 18 y 19 realizaron importantes expediciones e investigaciones en América que contribuyeron al desarrollo de la Botánica moderna. Entre ellos destacan Humboldt, Mendel, Darwin, Schleiden, De Candolle, Mutis, Caldas y Sodiro.

Luis Cordero, político, escritor, poeta, lingüista y presidente del Ecuador entre 1892 y 1895, desarrolló importantes conocimientos sobre la flora ecuatoriana, especialmente de las provincias del Azuay y Cañar, gracias a su amplia formación humanística y a su constante lectura de obras de Botánica moderna.  

Cordero pasó su juventud entre prados y florestas del occidente andino del Ecuador. Allí desarrolló un profundo contacto con la naturaleza y con las comunidades de la región. Conoció muchos de los nombres que los indígenas daban a cada árbol, a cada yerba, en su lengua quichua que conservaban todavía, como “el único patrimonio que les ha quedado de sus mayores”.

Su libro “ENUMERACIÓN BOTÁNICA de las Principales plantas, así útiles como nocivas, indígenas ó aclimatadas, que se dan en las provincias del Azuay y Cañar de la REPÚBLICA DEL ECUADOR”, fue publicado por la Imprenta de la Universidad de Cuenca el 21 de junio de 1911.  

El opúsculo dirige un mensaje a los jóvenes, particularmente a los estudiantes de Medicina. Los anima a emprender el estudio de la Botánica, motivados tanto por la curiosidad científica como por las exigencias de su futura profesión.

En la obra botánica de Cordero se registran más de cien familias del reino vegetal. En ella, el autor presenta diversos géneros y especies de plantas identificándolas no solo con sus nombres científicos, sino también con los nombres populares o vulgares utilizados por el pueblo, especialmente por las comunidades indígenas. Las especies descritas corresponden principalmente a las provincias de Azuay y Cañar, así como a plantas cultivadas o naturalizadas en la región andina del Ecuador.

La clasificación descrita en el “Resumen” organiza las plantas según usos y aplicaciones en la vida cotidiana. Entre ellas menciona: plantas alimenticias por su follaje, tallos o pencas, por sus granos o semillas, por sus calabazas o cápsulas, por sus cabezuelas, por sus raíces y por sus tubérculos o rizomas; aromáticas, condimenticias, forrajeras, frutales, maderas útiles, medicinales, ornamentales, saponáceas, textiles, tintóreas y varias otras industriales.           

A manera de ejemplo, enumeramos, tan solo, una media docena de descripciones de plantas identificadas tanto por su nombre científico como por el nombre popular. Este método permitía relacionar el conocimiento académico con el saber tradicional.

  • BIxa Orellana / achiote. Planta de nuestros climas cálidos. La pulpa de sus pequeñas semillas se usa como materia colorante, en la preparación de algunas viandas. El pueblo la reconoce como medicamento eficaz contra la epilepsia.
  • Spartium junceum L. / retama. Procedente del Mediterráneo, pero propagada en nuestras comarcas. Sus aromáticas flores dan un bello tinte amarillo y sus semillas en dosis moderadas, son eméticas y purgantes, y se usan, a veces, contra la hidropesía.
  • Opuntia tuna Mill / tuna. De localidades secas y pedregosas. Se conocen tres variedades: la blanca, la amarilla y la roja. La tuna o nopal es planta americana, que abunda desde California hasta el sur de Chile.
  • Persea gratissima / aguacate.  Llamado por los nativos palta. Árbol americano con una variedad de frutos, pero más abultado en parajes calientes como en Yunguilla, y la de frutos menores, en localidades menos cálidas, como Paute y Gualaceo.
  • Canna edulis Ker / achira. Apreciada por los servicios que presta: con sus hojas en ciertas preparaciones culinarias, en aplicaciones medicinales y, finalmente, con sus tubérculos alimenticios que suministran fécula. La más acreditada como comestible es la de las tierras de Girón.
  • Guzmania, var. esp / huicundu. Las hay muchas y hermosas. Son epifitas, es decir, se posan sobre otro vegetal, sin mantenerse a costa de él. Tienen la magia de guardar, en su hermoso receptáculo de un imbricado follaje, fresca y pura, el agua que ha extraído de la atmósfera o que ha recibido de las lluvias.

La dilatada trayectoria investigativa de Cordero fue reconocida por el benemérito padre jesuita italiano Luis Sodiro, destacado naturalista que llegó a Ecuador en 1870 junto con otros científicos durante el gobierno de García Moreno, con el propósito de impulsar la educación y la investigación científica.

Como homenaje a Cordero el padre Sodiro bautizó con su nombre una nueva especie de helecho descubierta en las orillas del río Peripa, en Santo Domingo de los Colorados. La planta recibió el nombre científico Aspleniun Cordero (ver la imagen que se acompaña al texto).

Luis Cordero recopiló y organizó de modo magistral el conocimiento sobre la naturaleza y los usos de las plantas de su época, integrando saber científico, tradición popular y vocabulario indígena. La Universidad Católica de Cuenca publicó recientemente una nueva edición, al cumplirse 115 años de su primera versión. Esta reedición ofrece una lectura accesible, ilustrada y actualizada. Se trata de una edición cuidadosa y valiosa que, al igual que en tiempos de Cordero, invita a apreciar, proteger y conservar las plantas como parte esencial del patrimonio natural de nuestro pequeño y diverso terruño andino.    

Referencias:

  • Luis Cordero; “ENUMERACIÓN BOTÁNICA de las Principales plantas, así útiles como nocivas, indígenas ó aclimatadas que se dan en las provincias de Azuay y Cañar de la REPÚBLICA DEL ECUADOR”, 21-06-1911.
  • Luis Cordero Crespo; “Enumeración Botánica”, Tercera Edición Ilustrada y Nomenclatura Actualizada”, Tomo 1, Universidad Católica de Cuenca, Ecuador, 2026.
  • IA y varias páginas de Internet.
  • El padre jesuita Luis Sodiro, el 27 de junio de 1883, honró a Luis Cordero con la generosa dedicatoria de una nueva planta: un helecho hallado por él en las orillas del río Peripa, en Santo Domingo de los Colorados. Este helecho, desconocido hasta entonces por los botánicos, figura en su obra con el nombre de Aspleniun Cordero.    

En busca del espacio perdido…

En “busca del tiempo perdido”, la influyente obra de la literatura del siglo 20 escrita por el francés Marcel Proust, describe el célebre episodio de la magdalena, en el que el sabor de un pequeño pastel despierta recuerdos de la infancia, convirtiéndose en un símbolo fundamental de la memoria involuntaria. El narrador prueba una magdalena mojada en té y, de pronto, un recuerdo completo de su infancia reaparece de manera involuntaria.

En ese instante se condensa la gran idea de la obra: el pasado no desaparece, sino que permanece oculto, esperando regresar de manera inesperada. Allí también surge una pregunta tan simple como inmensa: ¿Cómo recuperamos lo vivido?

Evocando a Proust, surge la idea de que existe algo perdido que todavía puede ser recuperado. Esa intuición constituye la imagen perfecta de una carencia: el tiempo, en la obra del escritor francés; el espacio, en el modelo de la ciudad moderna gris en expansión.

En la búsqueda del espacio perdido se distinguen dos estrategias fundamentales. La primera remite a los lugares del pasado, aquellos espacios que se nos invita a valorar y experimentar nuevamente, es decir, a vivenciar. La segunda, plantea su rescate a través de la reinterpretación, como una forma de devolver humanidad a la ciudad.

La plaza, el parque y los patios de las casas, son espléndidos claustros; auténticos recintos urbanos que recrean los orígenes y organizan tiempos, actitudes, acontecimientos y cotidianidades. Su relación con el tejido urbano y con la calle ha sido tradicionalmente orgánica, constituyéndose en puntos nodales que conforman la manzana, el barrio y la ciudad.

La manzana- tejido es la célula básica de la ciudad, un módulo geométrico compuesto según reglas de grado múltiple a descubrir. El estudio de la sincronía y la diacronía de la manzana será la historia de la traza y el rostro de la ciudad y, por tanto, permitirá reconocer los elementos constitutivos profundos de la poética del espacio urbano. Históricamente, en su interior existían patios y huertas que acercaban el campo a la vida urbana, aportando naturaleza y sustento; una manera de traer el campo a la ciudad, de sentir cerca la tierra.       

El barrio tradicional se construye a partir de las relaciones de vecindad y de las actividades compartidas por sus vecinos. Necesidades colectivas cíclicas, ayudas, fiestas, aspiraciones y reivindicaciones generan lazos que fortalecen la vida colectiva. Así, el barrio tradicional se convierte en una gran vitrina en tanto escenario teatralizado de la cotidianidad urbana, donde se expresan miradas, deseos y múltiples formas de comunicación entre vecinos.   

Evocando a Proust, la búsqueda del espacio perdido es también la recuperación de aquellos lugares donde la ciudad era encuentro y memoria: la plaza, el parque, los patios, la manzana – tejido y el barrio tradicional. Reinterpretarlos hoy no significa copiar el pasado, sino rescatar sus valores esenciales, – la proximidad, la convivencia y la vida colectiva -, para diseñar nuevos patrones urbanos capaces de devolver humanidad a la ciudad contemporánea.

La reestructuración parcelaria o reajuste de terrenos es una herramienta de planificación urbana que permite reorganizar las parcelas para garantizar un uso racional y adecuado del suelo, cumplir con estándares urbanísticos y ambientales, y distribuir equitativamente las cargas y beneficios entre los propietarios.  

 Referencias:

  • Carlos Jaramillo Medina; “CONAR y la arquitectura moderna apropiada”, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca, 06-2016.
  • Carlos Jaramillo Medina; “Ciudad: historia y utopía, el enfoque epistemológico poético, una ventana privilegiada para mirar la ciudad”, Documentos Docentes, N°. 4, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca, 07-2001.
  • German Samper; “RECINTO URBANO: La humanización de la ciudad”, 10-1997.
  • Suzanne Keller; “El vecindario urbano, una perspectiva sociológica”, 1975.
  • IA y varias páginas de Internet.
  • La imagen adjunta pertenece al libro citado de German Samper, p. 41.

El pequeño jardín de mi casa y la ciudad gris en expansión…

El arupo en flor dura un suspiro en el tiempo, el sauco con carga simbólica y usos tradicionales para infusiones y remedios, el cedrón guarda aromas que el viento no se lleva, el limón da su brillo como pequeña estrella, el terciopelo viste hojas que parecen abrazos del cielo.

La achira, de hojas grandes y con rizomas, guarda fuerza y alimento; las eugenias forman setos que protegen, y en cada rama hay un susurro escondido que nos habla de vida y sentido; el escancel, humilde entre hojas y sol, guarda en su color lacre la memoria de la cura; los chorritos de luz, son pequeños destellos donde alguna abeja curiosa se acerca como quien visita un secreto.

La rosa tradicional de Castilla, con sus racimos de tono rosado y rica fragancia, flor del ayer, resiste el tiempo sin nunca caer. Los geranios encienden su fuego en la ventana y las hortensias parecen retener la luz… y el tiempo se vuelve más lento. Las hierbas aromáticas como la menta, el toronjil, la esencia de rosas, la malva olorosa y el romero tienen propiedades expectorantes para combatir infecciones respiratorias y exhalan pasiones diversas y evocativas.

Y las manchas de coral, a la luz del día, invitan al vuelo del frágil cuerpecito del colibrí, maestro del canario y del gorrión, mis incondicionales aliados naturales.

La ruda y el floripondio ocupan un lugar especial en mi jardín, como dos presencias que dialogan entre lo terrenal y lo misterioso. El olor de la ruda no pasa desapercibido: es intenso, penetrante. No huele para agradar… huele para recordar, como una memoria antigua que se queda suspendida en el aire.

Y el floripondio, al caer la tarde, de sus flores emerge una fragancia casi hipnótica, suave y envolvente, que se desliza en el aire como un velo invisible… invitando a detenerse, a respirar profundo, a escuchar el silencio.        

No hay mejor lugar para descansar, contemplar, pensar y soñar que un jardín. Es un remedio silencioso para los conflictos, un espacio donde el ego se aquieta y la conciencia se renueva. Aquí cada hoja, cada flor, cada aroma tiene su lugar y su tiempo.

Salir al jardín no es un simple gesto romántico; es entrar en nosotros mismos para, desde ahí, abrirnos a los demás. Es una pausa fértil, un regreso a lo esencial. Entre las plantas encontramos algo que no se compra ni se eleva en cemento: silencio, raíz, sentido. Aquí respiramos, pensamos, soñamos…aquí vivimos.

En estos tiempos de incertidumbre, de cambio climático y de la constante herida sobre la naturaleza, pensar el jardín – y ajardinar las utopías – se vuelve un acto necesario. Porque en este gesto sembramos, también en nuestros paisajes interiores, la posibilidad de sueños realizables.

No deseo perder el pequeño jardín de mi casa, ubicada en El Ejido, un barrio concebido como “Ciudad Jardín” bajo los principios de planificación de Gatto Sobral, donde la relación entre vivienda y naturaleza forma parte esencial de la calidad de vida.

Hoy, ese modelo urbano está siendo progresivamente desplazado por una creciente presión inmobiliaria que privilegia la densificación acelerada, la construcción de edificios sin los retiros adecuados y la rentabilidad inmediata por encima de la habitabilidad y la calidad de los espacios construidos.

En este modelo de ciudad gris en expansión promovido por la autoridad municipal, con calles encañonadas donde la luz solar entra de forma limitada, los espacios verdes desaparecen progresivamente, siendo sustituidos por cemento y hierro. Con ello se pierde el paisaje, las hermosas vistas hacia las montañas que rodean la ciudad, la identidad del barrio y el equilibrio ambiental.

El dibujo del número 8 de la misión Artemis II

El número 8 usado como “forma de retorno infinito” tiene un sentido más simbólico que matemático formal, pero conecta con ideas muy profundas.

El 8 sugiere que todo proceso no es lineal, sino circular o espiralado, que siempre vuelve, pero no es exactamente igual (F. Nietzsche).

Cuando se gira el 8 horizontalmente se obtiene el símbolo de infinito. Este símbolo representa un bucle continuo sin principio ni fin, los ciclos eternos, donde el movimiento no se detiene.

Cuando se ve el 8 en vertical puede interpretarse como dos ciclos conectados, como si fueran dos mundos o etapas que se retroalimentan.

En ambos sentidos el 8 es una forma que sugiere la idea de retorno cíclico, y al girarlo se transforma directamente en el símbolo matemático del infinito (lemniscata), que expresa la continuidad sin fin.

Como idea central este número articula tres niveles: el simbólico (ciclos de vida, destino), el cultural (tiempo que se repite en tradiciones como la hindú, budista, inca), y el físico (sistemas que oscilan o se curvan indefinidamente).

La banda de Möbius puede entenderse como su evolución: es una cinta con forma de 8 retorcida con media vuelta. Es un objeto que deja de tener dos lados y se convierte en una sola superficie continua. En el mundo del psicoanálisis, Jacques Lacan toma esta figura de la topología para pensar la estructura de la mente humana.

Curiosamente, la trayectoria de la Misión Artemis II dibuja en el mapa espacial un camino en forma de 8: una “forma de retorno infinito” con un lazo abrazando la Luna y la Tierra, resultado del preciso equilibrio entre las fuerzas de gravedad que ejercen sobre la nave ambos cuerpos celestes. Es un milagro de la ingeniería de última generación que sostiene este 8 estelar.

Este símbolo del retorno infinito, enlazando la Tierra con nuestro satélite, – siguiendo a Sara García Alonso, investigadora científica española y miembro de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea -, nos enseña que el conocimiento no es una línea recta, sino un retorno constante a las preguntas fundamentales de nuestra existencia. Y también esta figura representa la innata curiosidad humana: un ciclo que nos empuja a explorar más allá de los límites y que siempre nos devuelve a casa, pero profundamente empequeñecidos y transformados.

Artemis II deja en su recorrido una figura en forma de 8 en el espacio: un lazo simbólico sin fin entre la Tierra y el cosmos, conectando nuestro mundo con lo desconocido.  

Referencias:

  • El País, Sara García Alonso; “El lazo de Artemis 2”, 11-04-2026.
  • Varias páginas de Internet e IA.

Proyectos inmobiliarios: la promesa de una vida serena, práctica, elegante…

“Vive la serenidad”. “Vive práctico”. “Vive elegante”. “Vistas espectaculares panorámicas”.

Suena bonito… pero también suena a promesa empaquetada.

Esos letreros no están describiendo la vida, están vendiendo una idea de vida. Reducen algo complejo, lleno de contradicciones, a promesas simples y aspiracionales:

La “serenidad” no viene del edificio; lo “práctico” no siempre es lo que más se anuncia; lo “elegante” rara vez depende de los acabados; y las “vistas espectaculares panorámicas” no describen una realidad sino una posibilidad condicionada. La serenidad no se compra, se construye a golpes y paciencia; lo práctico se aprende a adaptar y no tener todo resuelto; la elegancia no se alcanza comprándola, sino depurándola; y las mejores vistas solo se alcanzan como un atributo real del inmueble.       

El sentido de estas frases, – tan comunes en letreros y discursos inmobiliarios -, puede leerse, en la línea de Byung-Chul Han, como parte de una estética del rendimiento que disfraza el bienestar. Como si fuera una cualidad del objeto, convierten lo práctico en espectáculo y se reduce la elegancia a superficie. Pero al desmontarlas, se revela su vacio: no describen experiencias reales, sino que producen una ilusión de vida lograda, perfectamente vendible y constantemente exigible.

“Vivir la serenidad” no viene del edificio, porque el bienestar no puede comprarse o diseñarse externamente. En la sociedad del cansancio se vive en una cultura de rendimiento donde todo se optimiza, incluso el descanso. La serenidad no es un producto arquitectónico ni un lujo inmobiliario: es un estado interior que no depende del entorno material, de modo mecánico, sino de la relación que tenemos con el tiempo, el silencio y nosotros mismos.

“Vivir lo práctico” no siempre es lo que más se anuncia. Han diría que vivimos en una sociedad de la positividad, donde todo debe mostrarse como eficiente, atractivo y vendible. Lo práctico, útil o auténtico queda subordinado a lo visible. La funcionalidad real pierde frente a la narrativa comercial.    

“Vivir elegante” se conecta con la idea de la pérdida de profundidad en favor de la superficie. La verdadera elegancia no está en el brillo ni en el detalle arquitectónico superficial, sino en una cierta sobriedad con sentido, incluso en lo imperfecto.

“Vistas espectaculares panorámicas” deja de operar únicamente como atributo físico del inmueble y se convierte en un activo simbólico cuya valoración depende de expectativas urbanas futuras. En términos de David Harvey, esto implica una producción del espacio orientada a la captura anticipada de renta. Así, la “vista” se incorpora al precio como valor inmaterial no garantizado, configurando una forma de valoración especulativa y, por tanto, intrínsicamente riesgosa: su realización depende de condiciones externas que pueden revertirse, como la eventual obstrucción de las vistas por nuevas edificaciones.   

Frente a los mensajes cada vez más comunes en letreros y discursos inmobiliarios, es necesario cuestionar un modelo que, como advierte Harvey, ya no se limita a construir arquitectura, sino a producir expectativas espacializadas. En este contexto, la vivienda deja de ser un lugar para habitar y se convierte en un soporte de promesas: vivir con serenidad, ser práctico, elegante, tener buenas vistas, plusvalías, futuros posibles…

Sin embargo, el verdadero habitar no consiste en consumir una promesa, sino sostener una presencia. Allí en donde termina la apariencia, comienza la vida. La serenidad no se ofrece como un atributo de mercado: se cultiva en el silencio. Y el vivir bien no se compra, se aprende, lentamente, en la experiencia concreta de habitar. 

Referencias:

  • Byung-Chul Han; “La sociedad del cansancio”, 2010.
  • David Harvey; “Ciudades rebeldes”, 2012.
  • Internet e IA.   
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Dubái, distopía y el dron iraní

Fragmentos de un dron iraní interceptado cayeron sombre Palm Jumeirah, la isla artificial con forma de palmera en Dubái, causando daños y explosiones en la zona.

Dubái es una de las ciudades más importantes de los Emiratos Árabes Unidos, donde viven muchos millonarios y empresarios internacionales. Es un centro financiero y turístico global, donde el estilo de vida mezcla lujo, negocios y ocio, dando la impresión de que muchos trabajan mientras viven como si estuvieran de vacaciones.   

Desde que se fundó en medio del desierto, con veranos que pueden rondar los 45-48° C, ha mostrado su condición distópica gracias a los petrodólares de jeques e inversionistas multimillonarios del mundo entero.

Dispone de cadenas de hoteles – residencias con suites y ventanas que dan a acuarios con tiburones que pasan literalmente al otro lado del cristal, pistas de esquí interiores con colonias de pingüinos y otras muchas amenidades raras. Algunos ejemplos reales que encajan con lo dicho:  el hotel Atlantis, el centro comercial Mall of the Emirates, el Burj Khalifa, o las islas artificiales tipo Palm Jumeirah, que reflejan un urbanismo orientado al espectáculo y al consumo.

En esta condición de pastiche posmoderno, el skyline de Dubái es un catálogo de caprichos a escala colosal, con torres para todos los gustos y colores, que dibujan una amalgama de estilos arquitectónicos a la vez y ninguno al mismo tiempo. Un pastiche posmoderno elevado a doctrina urbanística, en paralelo con las Vegas, tal como lo plantearon Robert Venturi, Denise Scott y Steven Izenour, en su influyente libro “Aprendiendo de las Vegas” (1972), para entenderse no solo como un espacio funcional, sino como un sistema de signos y comunicación.

El escritor Pedro Torrijos describe a Dubái como la realización definitiva del simulacro, el lugar donde la copia ha reemplazado al original de forma tan completa que la pregunta ya no tiene sentido. No hay tradición arquitectónica local que sirva de referente válido. Lo que se ha construido es una “ciudad renders habitable”, de imágenes promocionales sin ningún filtro intermedio de historia, contexto o necesidad.

Y su construcción, donde el 90% de la población es extrajera, tuvo el matiz de explotación ecológica y laboral con el concurso de trabajadores nepalíes, indios, bangladesíes, pakistaníes, filipinos, etíopes, ugandeses y kenianos. Su misión fue construir un simulacro de ciudad donde exista una isla cuya forma de palmera sea solo visible desde el aire o desde Google Earth, para que su elegancia arquitectónica sea consumida solo como imagen antes que como un lugar para vivir.

En la guerra del Golfo Pérsico el fragmento de un dron iraní atravesó el escudo protector de la distópica burbuja urbanística de Dubái. Y su fragilidad dejó esta lección:

  • La ciudad brillaba como un espejismo en el desierto. Torres de vidrio reflejaban un cielo que ya no pertenecía a la tierra. Todo estaba contenido, controlado, climatizado. Nada debía fallar.
  • Pero debajo de la perfección, la presión aumentaba. Cada gota de agua desalinizada, cada corriente de aire artificial, cada sonrisa sostenida por el consumo… eran parte de un equilibrio imposible.
  • La burbuja no estalló de inmediato. Primero se agrietó en silencio.
  • Y cuando finalmente cedió, no fue el fragmento de un dron iraní lo que más asustó, sino su revelación: nunca fue tan fuerte como parecía, porque, en la línea de lo que plantea Jean Baudrillard, el simulacro colapsa cuando irrumpe la realidad. 

Referencias:

  • El País, Pedro Torrijos; “´Todos los estilos arquitectónicos y ninguno al mismo tiempo´: cómo Dubái se convirtió en un catálogo de caprichos a escala colosal”, 18-03-2026.
  • Varias páginas de Internet e IA.
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El Premio Pritzker 2026 para otro chileno: Smiljan Radic

Es el segundo chileno premiado con lo que es considerado coloquialmente como el Nobel de la Arquitectura. El primer chileno en recibir este premio fue Alejandro Aravena, en 2016. “Sus obras sugieren una arquitectura que permanece en sintonía con la presencia emocional y la inteligencia silenciosa de la construcción”, enuncia el comunicado del premio al presentar al nuevo galardonado.

Y los astros arquitectónicos se han alineado este año. El propio chileno Aravena, quien presidió el jurado, ha señalado que el Pritzker para su compatriota era algo “inevitable”. “La arquitectura de Smiljan Radic es de una contundencia tal, que el premio era casi inevitable. Pocas veces se encuentra una obra que arriesgue tanto, que sea tan inédita y que a la vez sea tan obvia una vez hecha”.

¿Qué hace que Chile pueda tener una presencia tan importante en el mundo de la arquitectura? La Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, sin lugar a dudas, tiene desde algunos lustros un rol clave en la formación del arquitecto. Pese a ser una universidad confesional otorga un manejo de la libertad muy particular que permite desplegar la creatividad. En esta tradición se formó una “generación dorada”, con unos liderazgos docentes admirables, que logró internacionalizar su arquitectura. Los nombres de Aravena y de Radic, como los de Sebastián Irarrázabal, Cecilia Puga y Matias Klotz, pertenecen a una misma constelación de arquitectos chilenos.

De este modo se puede entender el nivel de excelencia alcanzado por la arquitectura de Chile y de la excepcionalidad de Radic. El comunicado del premio, en este sentido, se pregunta: ¿Qué explica que el trabajo de Radic alcance ese nivel desde Chile? Y se responde:” Obviamente, un talento fuera de lo común, al que se suma una capacidad y una intensidad de trabajo feroces. Quizá también una curiosidad intelectual y, aún más, un inconformismo riguroso: esa zona de salir del confort para expandir cada vez los límites de la disciplina y del encargo”.

De origen croata, dedicó mucho tiempo a viajar, entendiendo el viaje más como un proceso de apertura mental que como una peregrinación por monumentos. Entendió, además, que la formación del arquitecto es un proceso en continua evolución, idea que se resume en la filosofía de la Fundación que creó en 2017: “Fundación de Arquitectura Frágil”. “Entre tensiones físicas, temporales y sociales, los arquitectos tratamos de crear experiencias y emociones que animen a la gente a reconsiderar el mundo y a romper la indiferencia”.

Su legado arquitectónico se construye por el mundo, de Suiza a Albania o Reino Unido, pasando por España. Ahora vive y trabaja en Santiago, en una casa donde conviven su Fundación, su vivienda y su estudio formado por un equipo pequeño, artesanal, más humano que corporativo, donde no se descartan las innovaciones tecnológicas ni la experimentación, junto con una búsqueda de originalidad que remite, – como gustaba recordar Antoni Gaudi -, a una idea básica: “la originalidad proviene del origen, tanto de actualizar como de observar el mundo”.

Enunciemos solo tres obras de Radic como haikus arquitectónicos, destacando su originalidad radical y su capacidad para crear obras que parecen frágiles, leves y etéreas, pero que están profundamente ancladas en la memoria cultural y la experimentación material.   

  • Serpiente Pavillon (Londres, 2014): nube suspendida / sobre rocas silenciosas / la luz respira.
  • Restaurante Mestizo (Santiago, 2016): techo en el paisaje / la montaña entra al salón / come el silencio.
  • Casa Pite (Papudo, Chile, 2005): casa sobre roca / el mar golpea la noche / duerme el horizonte.

El Premio otorgado al chileno Radic constituye un reconocimiento al arquitecto-artista. No porque sea un “arquitecto estrella” ni porque busque deslumbrar, al modo de los diseñadores de pasarela, levantando un sello personal que lo distinga o convirtiendo su obra en espectáculo. Nada más lejos de ello. Se le reconoce, más bien, porque, como ocurre con los verdaderos artistas, posee la capacidad de anticipar el futuro y de llamar la atención sobre aquello que realmente importa en estos tiempos de incertidumbre.

PD.

Este año, el anuncio del galardón se ha retrasado unos días para hacerlo coincidir con una resolución: Tomas Pritzker, el ya expresidente del grupo hotelero Hyatt, cuyo nombre aparece en los papeles de Jeffrey Epstein, renunció a su vinculación con el premio para no descentrarlo de su interés arquitectónico. El consejo hotelero nombró a Mark Hoplamazian, para suceder a Pritzker como presidente con efecto inmediato.      

Referencias:

  • Pontificia Universidad Católica de Chile, Noticias:” Smiljan Radic ganador del Premio Pritzker de Arquitectura, 2026”, 13-03-2026.
  • El País, Pedro Schwarze; “Smiljan Radic, premio Pritzker 2026: ´No estoy conectado a las redes sociales y, gracias a ello, puedo elegir cómo perder tiempo´”, 13-03-2026.
  • Ibid., Anatxu Zabalbeascoa; “El arquitecto chileno Smiljan Radic gana el Premio Pritzker 2026”, 12-03-2026.
  • Id.; Bloomberg; “El presidente de Hyatt, Tom Pritzker, dimite por sus vínculos con Epstein”, 17-02-2026.
  • Varias páginas de Internet.  

Mediación de la arquitectura: entre el ser humano y su entorno

La arquitectura, como disciplina, ha sido históricamente mediadora entre las necesidades humanas y el entorno construido, funcionando como una suerte de barómetro del sentir de su tiempo.

La arquitectura no es solo la construcción de edificios, es, sobre todo, un método de mediación entre el ser humano y su entorno. A través del diseño del espacio la arquitectura organiza la vida cotidiana, articula relaciones sociales y refleja o cuestiona las estructuras de poder. Desde esta perspectiva, el arquitecto/a no es un mero constructor, sino un agente cultural y político, cuya labor incide, significativamente, en la sociedad.

Varias corrientes filosóficas de la arquitectura han contribuido sobre el rol mediador del espacio, la arquitectura y la ciudad en la sociedad. Se citan solo a cuatro filósofos, junto con sus aportes clave:

Martin Heidegger, en su texto “Construir, habitar, pensar” (1951), argumenta que construir no es solo levantar estructuras sino hacer habitable el mundo a través del habitar. Propone que la arquitectura media entre el ser humano y el mundo, permitiendo la experiencia de arraigo con el lugar.

Michel Foucault, en “Espacios otros: heterotopías” (1967), analiza cómo el espacio está cargado de relaciones de poder y cómo la arquitectura puede ser tanto una herramienta de control como de resistencia.

Henri Lefebvre, en su obra clave “La producción del espacio” (1974), propone una teoría critica del espacio desde la mirada marxista. El espacio no es un mero escenario o contenedor físico sino una construcción social, histórica política y simbólica, en la que se distinguen tres dimensiones interrelacionadas: el espacio percibido (físico), el concebido (representaciones), y el vivido (simbólico-imaginario). La arquitectura no es neutra, el arquitecto/a debe ser consciente que su trabajo forma parte de una red social, económica y política.     

Paúl Virilio, en “La velocidad y la política” (1977), relaciona arquitectura, tecnología y poder, mirando al espacio como un campo de batalla donde se regula el movimiento y la visibilidad. De este modo la arquitectura media entre el cuerpo y la velocidad de la vida contemporánea, con implicaciones políticas y éticas. 

Muchos arquitectos/as, guiados por las corrientes filosóficas descritas, han asumido el papel de mediadores entre la sociedad y el entorno construido, diseñando con un enfoque social, cultural y ambiental a través de sus decisiones materiales, formales y tecnológicas. Aquí algunos ejemplos destacados:

Alejandro Aravena (Chile), con sus viviendas progresivas que los habitantes pueden ampliar, empoderando a las comunidades y fomentando la equidad urbana.

Francis Kéré (Burkina Faso), trabaja con comunidades locales usando materiales vernáculos, con la participación social en el diseño y la construcción.

Anna Heringer (Alemania), usa materiales como tierra y bambú, empoderando a comunidades rurales con construcción sostenible y diseño participativo.

Giancarlo Mazzanti (Colombia), crea arquitectura como método de transformación social, especialmente en contextos de violencia y pobreza.

Zaida Muxi (Argentina/España), aboga por un urbanismo de género que pone en el centro de las experiencias cotidianas de las mujeres el cuidado, la movilidad y la seguridad en el espacio público.

En el mundo de la academia conocer a los arquitectos/as nombrados y a otros que han asumido el rol de mediadores entre la sociedad y el espacio construido, permite visualizar caminos profesionales alternativos donde el diseño arquitectónico y urbano tiene un rotundo impacto en la vida de las comunidades. De este modo la arquitectura se alejará del simple formalismo para convertirse en un método de transformación fomentando la interdisciplinariedad, la escucha activa y el trabajo comunitario.

Nota: la imagen adjunta corresponde a la Biblioteca de Medellín, Colombia, de G. Mazzanti.

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