Por qué la IA nunca debería recibir un premio de arquitectura

Desde el lanzamiento del ChatGPT y la inteligencia artificial (IA) generativa a finales de 2022, vivimos un giro histórico porque la técnica ha invadido el territorio del lenguaje, núcleo de la experiencia intelectual y creativa. Los analistas hablan de que la IA ha descubierto, la IA ha creado, la IA ha diseñado, etc. Pero esas afirmaciones encierran una peligrosa ilusión: la de atribuir a la IA, por ejemplo, en arquitectura, no solo inteligencia, sino conciencia humana donde no las hay.

Los comentarios de los especialistas pueden parecer provocadores, incluso inspiradores, pero en el fondo encierra un error filosófico y ético profundo: una IA no es una persona, no es un agente moral y, por tanto, no puede asumir responsabilidad por sus actos. En el acto poético de la creatividad en arquitectura la autoría y el reconocimiento público, por ejemplo, el premio Bienal de Quito, no se otorgan únicamente por producir resultados, sino por rendir cuentas de ellos. Firmar un diseño o aceptar un premio implica responder por el partido adoptado, el método empleado, por las decisiones tomadas y por las consecuencias derivadas de la propuesta. Un arquitecto debe explicar por qué hizo lo que hizo, aceptar la crítica constructiva, defender su interpretación, etc. Una IA en arquitectura, en cambio, no entiende lo que hace, no tiene intención ni conciencia, su producto no tiene sentido, solo genera resultados gráficos que nosotros interpretamos como significativos.

Los miembros de un comité de un premio no solo deben actuar con sentido común, sino también con sentido ético. Deben distinguir entre el poder instrumental y la responsabilidad intelectual. Una máquina no puede recibir un premio de arquitectura por la misma razón que no puede ser juzgada ni absuelta: porque no es un agente ético.

Como lo dijo Kant y nos recordó Hannah Arendt, un agente ético no se define por lo que hace, sino por la conciencia con la que actúa. Y esa conciencia, la capacidad de deliberar, de asumir consecuencias, de distinguir entre lo bueno y lo malo, es lo que la IA no tiene y nunca tendrá. Cuando un arquitecto sustenta un diseño responde ante un tribunal y ante la sociedad. Cuando una IA presenta una propuesta, lo hace sin intención y no responde a nadie.

Confundir el funcionamiento de la IA con la verdadera inteligencia, la inteligencia natural, es el signo de nuestros tiempos. La herramienta de la IA no es inteligente, sino un sistema de cálculo capaz de producir un pseudolenguaje sin comprensión ni subjetividad. Tal vez nos seduce la idea de que las máquinas piensan, crean y deciden porque estamos cansados de pensar nosotros y nos eximen del peso de la responsabilidad.

Premiar a una IA en arquitectura sería llevar esa delegación hasta el extremo de abdicar de la autoría humana. Sería convertir la inteligencia en una función automática, desligada del juicio, de la experiencia, del riesgo. La inteligencia natural humana es lo contrario: un ejercicio de duda, un acto de coraje intelectual y responsabilidad.

Otorgar un premio de arquitectura a una IA sería confundir el instrumento con el autor, el resultado con el sentido, el poder de cálculo con el pensamiento. No sería el triunfo de la ciencia, sino una derrota de la razón y la intuición.

Referencia:

Diario El País, Ramón López de Mántaras; “Por qué una IA nunca debería recibir un premio Nobel”, 10, oct 2025. Este artículo, centrado en la relación entre la ciencia y la IA, puede extrapolarse al estudio de la relación entre la arquitectura y la IA. Algunos párrafos han sido transcritos literalmente.     

Cuenca: la necesidad de tender puentes

Su configuración geográfica está formada con tres terrazas, cada una con características y funciones propias dentro del paisaje: la superior, conocida como Loma de Cullca; la intermedia, el Centro Histórico; y la baja, El Ejido. Entre estas dos últimas se encuentran el Barranco y el Río; el primer río, y los otros tres discurren a distancia ritmadas por la planicie de Guapondélig: “llanura amplia como el cielo”, la llamaron los cañaris, primeros pobladores de los que se tiene noticia por las antiguas crónicas. La llanura se enmarca al sur y al oeste con el gran precinto verde azulado de las montañas, limite virtual, visual y afectivo.

Esta es la posesión de la ciudad en su entorno. Su historia urbana en este paisaje ha sido un acto de invención, de vicisitudes y de intimidades con los ríos. Desde antes de la fundación los viejos asentamientos indígenas y luego el español vivieron junto a los ríos vivificadores. La ciudad actual sigue indisolublemente asomada a sus riberas.

La configuración geográfica de la ciudad, marcada por la presencia de sus ríos que fragmentaban el territorio, condicionó profundamente el desarrollo urbano. A medida que la urbe comenzó a expandirse hacia el sur, esta topografía no solo definió los limites naturales de la ocupación humana, sino que exigieron soluciones permanentes. Fue así como la necesidad de articular el espacio urbano y garantizar la continuidad del crecimiento llevó a la construcción de puentes estables, – a veces, por infortunio de las crecientes del Tomebamba, colapsaban dejando rotas las relaciones entre las terrazas de la ciudad -, concebidos no solo como obras de ingeniería, sino como hitos clave para la integración y cohesión social de la ciudad.

Los puentes de la ciudad se tendieron ligeros y fuertes, por encima de las corrientes. No solo juntaban dos orillas ya existentes, sino que coligaban, y coligan, la ciudad como paisaje en torno a la corriente. Los puentes dejan a la corriente su curso y al mismo tiempo garantizan a los habitantes su camino, para que vayan de una terraza a otra, a pie, en bicicleta o en coche. Han acompañado, y acompañan, de un lado para el otro los pasos vacilantes y apresurados de los ciudadanos para que lleguen a la otra orilla.

Los puentes de la ciudad no han sido simples estructuras destinadas a conectar dos orillas. Con el tiempo, se han transformado en nodos o “puertas urbanas” significativas, lugares a los que se ingresa y de las cuales se parte o se continua hacia otras zonas de la ciudad, funcionando como referencias que organizan la percepción del entorno y orientan al transeúnte dentro del entramado urbano. Kevin Lynch define a los nodos como puntos estratégicos de convergencia de caminos y momentos de transición. Estos nodos se convierten, así, en el foco y el epitome de los barrios.

Los puentes del Centro Histórico de El Vado, El Centenario, Mariano Moreno (De la Escalinata), Todos Santos (Puente Roto) y El Vergel, irradian su influencia y se yerguen como auténticos símbolos urbanos. Más que simples estructuras para cruzar el Río, son arterias que conectan historia, cultura y vida cotidiana. Cada arco cuenta historias de generaciones que han transitado por ellos. Cada puente es un abrazo entre barrios, uniendo historias que laten sobre el Río.  

El puente de El Vado fue construido por el ingeniero italiano Martin Pietri e inaugurado en 1813. El material más empleado, el calicanto, provenía de Oña y fue trabajado por los indígenas de El Ejido y por presos, a quienes se les concedió la libertad únicamente para participar en tan importante obra. Durante la creciente del 3 de abril de 1950, el puente quedó destruido, y la imperiosa necesidad de contar con uno nuevo obligó a iniciar su reconstrucción con rapidez.

El puente El Centenario se construyó a partir de los planos realizados por el ingeniero checo Gerosiao Jizba, con el propósito de conmemorar los 100 años de Independencia y sustituir el antiguo puente de madera denominado “Virgen del Río”. Se trata de una estructura de ladrillo unida con argamasa y conformada con tres arcos menores apoyados en un arco superior. Estos arcos, ubicados tanto en el arranque como en el final del puente, permiten distribuir y soportar mejor las cargas, otorgándole al conjunto una especial ligereza. Resistió al gran creciente del Río, consolidándose como un testimonio de resiliencia y continuidad histórica.

El puente de piedra Mariano Moreno (De la Escalinata), con mortero de argamasa, alta balaustrada, seis pináculos y cuatro farolas, con tajamares en el centro de sus bases, puntas de piedra para frenar y dividir el ímpetu de las aguas, fue construido por el ingeniero municipal Sergio Orejuela. Al presidente del Consejo Municipal, Antonio Barzallo, le correspondió inaugurarlo el 10 de agosto de 1940. Sobrevivió a la creciente del Río. Hoy también es conocido como el “Puente: Vivas Nos Queremos”, simbólico y memoria colectiva.

El puente de Todos Santos (Puente Roto), de piedra y mármol labrado, con su balaustrada de ladrillo y arcos sucesivos que extendía el abrazo hasta la otra orilla, comenzó a levantarse en 1849, bajo la mirada del gobernador Jerónimo Carrión.  Cargado con un sentimiento de encanto, en donde los enamorados se juran amor eterno intentando parecerse a las piedras de sus estribos que no fueron arrastradas por el crecimiento de 1950. Puente que unió el pasado con el presente, la ciudad antigua con la que despierta, nacida a mediados del siglo pasado.

El “Camino Real” incaico creado por Huayna Cápac tenía en estas tierras un punto estratégico: el Puente del Inca, también llamado Ingachaca, (hoy puente El Vergel), que servía como paso para la salida hacia Quito y Cuzco. Por esta razón, quienes viajaban al norte o hacia el sur hacían herrar sus acémilas antes de continuar el trayecto. El nombre de la calle de Las Herrerías conserva la memoria de esta práctica ancestral. La historia del puente se registra así: su presencia se certifica desde 1849, fue sustituido en 1930, desaparece a causa de la creciente del Río de 1950, y la nueva estructura de hormigón se inaugura el 13 de marzo de 1973.

Quizá por lo narrado Cuenca se define como por esa voluntad silenciosa de unir lo que la geografía separa. En cada estructura suspendida late una convicción humana: que ninguna distancia es definitiva si sus habitantes deciden caminar hacia el otro lado del río.

Referencias:

  • Martin Heidegger; “Construir, habitar, pensar”, 1951.
  • Klever Rodríguez, Eduardo Peñafiel y Carlos Jaramillo; “Barrio El Vergel, Planificación Urbana”, Tesis Profesional de Arquitectura, Universidad de Cuenca, 1974.
  • Kevin Lynch; “La imagen de la Ciudad”, 1984.
  • Hernán Crespo Toral; “Las señas de Identidad”, en “Cuenca de los Andes”, enero, 1998.
  • Karla Zeas Guzmán; “Los Puentes del Centro Histórico de Cuenca”, Tesis Profesional de Arquitectura, Universidad de Cuenca, 2013.       

CUENCA DE LOS ANDES: naturaleza, tradición y modernidad (última entrega)

Por encontrarse periférica y mediterránea se caracteriza por su originalidad, por la selección de razones profundas que alentaron a su pueblo y por su cultura campesina, tan próxima y entrañable.

El poeta Jara Idrovo describe su ecohidrología: “a manera de las líneas de la mano, los ríos surcan el verde aterciopelado de la llanura. Ríos, signos de la vida, señales del ser, símbolos del designio de este paraje: Tomebamba, línea enérgica y dilatada de la vida; Tarqui, corriente sosegada del pensamiento; Yanuncay, nervioso y vehemente, como el curso de la afectividad; Machángara, precipitado e imprevisible como el destino. Igual que las líneas de la palma de la mano, los ríos de Cuenca marcan con su sonora urdimbre la singularidad de nuestro ser y quehacer”.Los ríos prístinos del paisaje cuencano no deben ser contaminados, pues en sus aguas claras se refleja la identidad profunda de nuestra ciudad que vive entre la historia, la naturaleza y la palabra.

Sus cuencas hídricas albergan bosques y represas destinadas al almacenamiento y regulación del fujo hídrico; cuentan con un plan maestro de agua potable y saneamiento vigente hasta el año 2050 para descontaminar ríos y quebradas y tratar las aguas residuales mediante lagunas de estabilización y lodos activados; y dispone de un eficiente sistema de recolección de desechos sólidos, un relleno sanitario con generación de energía y tratamiento de desechos biológicos.        

Cuenca de los Andes, polo regional económico y de servicios del Austro, universitaria, artesanal, turística y nuevo hogar de miles de jubilados del mundo, da la posibilidad de conocer esas dos dimensiones de la cultura morlaca: la tangible, con sus tesoros naturales y culturales visibles; y la intangible, con la herencia enriquecida con los aportes generacionales de sus habitantes, que cargaron de alma a nuestra ciudad.

La arquitectura y el urbanismo, como ciencia y arte entrelazados, están llamados a desempeñar un papel decisivo en el porvenir de la ciudad: mirar más allá del cálculo frio del negocio y la rentabilidad, y tejer un coloquio vibrante entre la naturaleza, la tradición y la modernidad.

Nota:   El autor la imagen adjunta es el arquitecto Carlos Palacios P.

CUENCA DE LOS ANDES: naturaleza, tradición y modernidad

7. CUENCA MÁS ACÁ Y MÁS ALLÁ DE LA ARQUITECTURA (Penúltima entrega)

    El cortometraje de ficción de Elías León Siminiani titulado “Arquitectura emocional 1959”, (Espiga de Oro y candidata a los Goyas de este año) nos interpela de una forma originalísima sobre el Madrid de los años 60 con una dosis de amor y urbanismo. Relata una historia de dos chicos universitarios de distinta clase social nacidos en la posguerra paseando por la capital de hoy y protegidos por los edificios de entonces.

    La película muestra la relación de los chicos ligando a la arquitectura a los espacios urbanos, a las vistas desde ventanales, a las calles que frecuentaron y que han sobrevivido durante más de medio siglo. “El corto pretende ser un grano de arena en la divulgación del patrimonio, en la conciencia respecto al impacto emocional de la arquitectura”.

    La interpelación de Siminiani llega en este sentido: hay lugares vividos con intensidad e imposibles de interpretar bajo otra luz que no sea la nuestra, la más personal e íntima. Lugares que no salen indemnes de nuestras vidas y que por su resplandor y resonancia tienen atributos espaciales.

    Por ejemplo, para la ciudad de Cuenca: de los colores como la Plaza de las Flores la Feria Libre y, en general, todos los mercados populares. Hay en ellos el perfume de las margaritas, la modestia de las violetas, la perenne florescencia de las primaveras, el acholo de los geranios. Y las pirámides de frutas de la Costa, las trincheras de verduras frescas de la Sierra, el crujir del cuerito reventado entre los dientes. En fuentes de agua helada se muestran los cangrejos, los camarones, el pulpo y los calamares. Acá están los cocos y los verdes; allá las plantas medicinales como la uña de gato, la manzanilla, el cedrón y el tomillo; y más allá las hierbas aromáticas como la albahaca, el perejil, el laurel, el romero, la hierbabuena; incluso el orégano y el ajo, – que tienen propiedades expectorantes para combatir infecciones respiratorias -, y que exhalan pasiones diversas y evocativas.

    De los olores, como el barrio de Todos Santos, cuando por la tarde sale el pan de los pocos hornos de leña que quedan y se bautiza con nombres tan deliciosos como: las costras, las rodillas de Cristo, los mestizos, las guaguas de pan…

    Conventuales, como las casas del Centro Histórico con esos portones inmensos y ventanas protegidas con doble hoja que los vuelven infranqueables a las inquisidoras miradas, pero no a la imaginación. ¿Quiénes las habitarían? ¿De qué hablarían en sus largas tertulias cuando los arreboles del poniente incendiaban sus largas tardes esperando la caída del día?

    Acogedores, como casi todos los patios de las viviendas republicanas y las poquísimas huertas que han desafiado al tiempo y a la falsa modernidad. Pero sobre todo el patio de la “Casa de las Palomas” ahora sede del Instituto de Patrimonio Cultural Zonal 6, ornamentado con el exuberante acanto de hojas recortadas de verde intenso y de un brillo único. Cuenta la leyenda que Calímaco, el escultor griego, fue el inventor del capitel corintio en el siglo V AC, cuando al visitar la sepultura de una niña en primavera vio como las hojas de acanto crecían alrededor de su canasta con muñecas. Esa imagen le dio la idea para crear un capitel que recreara lo visto. Por su belleza y por su historia el acanto se extendió por Occidente al salir del Mediterráneo para escalar por las columnas y convertirse en piedra para ornamentar los edificios de todo el mundo.

    Que congelan la historia, como casi todos los conventos y museos de la ciudad que huelen a naftalina, humedad y pasado. Ahí está desafiando a las polillas y a la memoria colectiva el abandonado Museo de Arte Religioso de la Concepción que ocupa parte del Convento de Clausura fundado en 1599. El silencio se hace carne en el Monasterio. Sus desolados ángeles arcabuceros nos increpan y sus ángeles de la guarda nos imploran que los salvemos de su desamparo.

    Lugares para caminar, detenerse, de nostalgia y de romance. ¿Porqué por ahí y no por otro lugar? ¿Existirán referencias cósmicas que se mimetizan en la tierra y en los lugares? En el Paseo del Barranco y los Parques Lineales los caminantes están convencidos que hacer ejercicio, charlar y contemplar, como a la vieja usanza de los habitantes de esta ciudad, es mejor que chatear.

    Lugares para detenerse a beber “agua de pitina” en la Plazoleta de la Flores o comer una quesadilla de las Conceptas, que se deslíe en la boca, es una forma de cesar el ritmo del tráfago incesante y de silenciar el torbellino del ruido. El Puente Roto, lugar cargado con un sentimiento de encanto, en donde los enamorados se juran amor eterno intentando parecerse a las piedras de sus estribos que no fueron arrastradas por la creciente de 1950, conectó el pasado con el presente, la ciudad antigua con la nueva, lo alto con lo bajo, el Parque Calderón con El Ejido, símbolo de la nueva ciudad que nació el siglo pasado.

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    6. LA CIUDAD Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

    A medida que las sociedades enfrentan desafíos como el cambio climático, la globalización, la urbanización rápida y la evolución tecnológica, la ciudad es tanto el espejo de estas dinámicas como una brújula que apunta hacia el futuro sostenible e inclusivo. No se debe soslayar que la industria de la construcción es, en la actualidad, uno de los sectores que más contribuye al cambio climático: la operación de los edificios representa un 28%, y los procesos de construcción y producción de materiales un 10%.

    En este sentido, la ciudad tiene la capacidad única de moldear un futuro mejor abordando desafíos globales mientras honre la sostenibilidad, el tornadizo tiempo, la diversidad cultural, la memoria histórica, el paisaje, el lugar y la ingeniosidad del diseño. 

    Esta visión permite entender que lo material, lo social, lo ecológico y lo político son inseparables y que la acción climática tiene que coordinar esos frentes de transformación. Esta corriente de pensamiento ha hecho que la Arquitectura y el Urbanismo estén en estos años en el centro de la acción ambiental. Y que estas disciplinas deben responder no solo a las circunstancias más inmediatas de un encargo sino a la acción planetaria.

    Desde este enfoque, la arquitectura se convierte en un elemento clave para ayudar a la sociedad a adaptarse a los cambios derivados del calentamiento global. La disciplina arquitectónica contribuye a responder a un planeta en constante transformación, promoviendo prácticas más sostenibles y fomentando el paso de estrategias centradas únicamente en la mitigación hacia un enfoque orientado a la adaptación.

    Desde esta perspectiva, la arquitectura, el diseño urbano, el urbanismo y la planificación territorial en Cuenca se conciben como estrategias estrechamente vinculadas al medio ambiente y a la ecología. En una ciudad en la que conviven naturaleza, tradición y modernidad, estas disciplinas se transforman en agentes políticos de desarrollo, orientados a minimizar el impacto ambiental y a impulsar procesos efectivos de reparación ecológica que fortalezcan la sostenibilidad del territorio cuencano.    

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    5. CONSTRUIR EN LO CONSTRUIDO

    Es necesario pensar y actuar con las mejores propuestas arquitectónicas en la ciudad y el cantón y no sólo en el área declarada Patrimonio de la Humanidad. Construir una relación armónica entre permanencias y nueva arquitectura: “construir en lo construido”, según la propuesta de Francisco de Gracia (2011). Por esta razón, se debe construir colectivamente la ciudad con ética y estética determinando los siguientes patrones urbanos:

    • Equilibrio entre el espacio público y el espacio privado;
    • Visualidades;
    • Derecho al sol;  
    • Usos equilibrados, siguiendo el modelo urbano de los “15 minutos”;
    • Tipologías edificatorias sustentables; y, 
    • El arquitecto operará con el diseño arquitectónico con creatividad en base a los patrones previamente ajustados.

    De este modo se construirá sobre lo construido estableciendo continuidades entre lo nuevo y lo existente. Se coincide así con el objetivo de esta Cumbre Internacional que busca “generar propuestas integrales que concilien el crecimiento urbano, la innovación arquitectónica y la conservación del patrimonio construido y la identidad cultural”.

    Proponemos un decálogo de ideas básicas y otro de estrategias que pueden guiar el pensamiento y la acción del futuro de nuestra ciudad frente a los desafíos contemporáneos.  

    Un decálogo de ideas básicas: 

    Para el estudio y la imaginación de la ciudad del ayer, del presente y del futuro proponemos este decálogo de ideas básicas:

    1. Entender la ciudad como archivo de la historia y del alma ciudadana, siempre la misma y nunca lo mismo, como lo pensó Spengler.
    2. Asimilar la idea de que la ciudad no es simple soporte de funciones urbanas, sino que también tiene una relación y representación cósmica, por lo que su geografía y paisaje se han transmutado en locus, patria chica, como lo entendieron La Blanche, Bergson, Ortega y Gasset, Heidegger y Chueca Goitia.
    3. No olvidar que es centro condensador de economías, como lo advirtió Pirenne.
    4. Que es un hecho político como lo pensó Aristóteles.
    5. Que la ciudad es la forma y el símbolo de una relación social integrada, como lo describió Munford.
    6. Que la grandeza de la arquitectura está unida al espacio público y la solidez de las instituciones se suele medir por la solidez de los muros que las cobijan, como narró Alberti.
    7. Que hay que disfrutarla como escenario de obras literarias, leyendo los escritos de Balzac para París, Galdós para Madrid, Pamuk para Estambul y Jara Idrovo para Cuenca.
    8. Tener presente que es una construcción simbólica, continua y poética, como lo han intuido bellamente Rossi y Saldarriaga.
    9. No descuidar que la ciudad es un hecho estructural, en tanto sistema constituido por objetos y relaciones urbanas, muchas veces contradictorias, como lo han estudiado Lefebvre y Castells.
    10. Que la ciudad no es más que una parte del conjunto económico, social y político que constituye la región y el país, ya advertido por Le Corbusier en la Carta de Atenas redactada por Le Corbusier.

    Estas ideas fuerza impulsarán la imaginación para construir colectivamente ciudades alternativas y más bellas para los hombres, mujeres, niños, ancianos, discapacitados y para los distintitos grupos étnicos.

    Las ciudades humanas y bellas más que simples construcciones físicas serán también construcciones simbólicas, lugares de uso e interiorización de los espacios, de comunicación e intersubjetividad de los ciudadanos, escenarios para la comunicación, las evocaciones y sueños, de imágenes e imaginarios, de infinitas lecturas y escrituras.

    De esta manera se podría decir que las ciudades buenas, justas y bellas han sido, son y serán imágenes de mundo y también su contrario, mundos de imágenes que histórica y colectivamente se van planificando, constituyendo y volviendo a construir, incesantemente.

    Las ciudades bajo esta perspectiva serán acontecimientos culturales y escenarios de los efectos imaginarios. Nos imaginamos como era la ciudad, cómo es ahora, y cómo debe cambiar para ser la ciudad del futuro.

    Pero esas imaginaciones deben tener referencias físicas. Por ejemplo, para el caso de Cuenca, las montañas de Turi, el Cabogana y el Cajas, a más de su impetuosa presencia telúrica, marcan recuerdos, referencias, evocaciones y emociones.

    También esos imaginarios de la ciudad pueden jugar con las analogías y por tanto entrar en el mundo mágico de la poesía y la pintura. Cuando los visitantes llegan a Cuenca en avión y miran los tejados de las casas del Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad, les evoca el colorido de las obras de arte donde el rojo y el verde musgo son predominantes.

    ¿Qué ciudad queremos a la luz del recorrido histórico que ha vivido Cuenca? ¿Qué tipo de relación con su entorno natural único bañado por sus cuatro ríos que marcan el carácter del ser y del hacer morlaco? ¿Cómo Cuenca debe insertarse en la realidad nacional y mundial en el contexto de la globalización que tanta incidencia tiene en la grandeza o decadencia de las ciudades del presente siglo? Estas son las preguntas que permitirán plantear los fundamentos para una Cuenca justa, democrática, inclusiva, planificada, sostenible y territorialmente ordenada.

    Y un decálogo de estrategias que aseguren las respuestas correctas podría ser:

    1. Reinventar el Centro Histórico como un bien simbólico-cultural-ambiental y económico-social, fruto de una manifestación histórica concreta, con la dosificación equilibrada de los usos urbanos de vivienda (evitando la gentrificación), equipamientos y servicios.   
    2. Recuperar le geografía actuando en una dimensión amplia del concepto espacial (microescala – macroescala – megaescala) desde la localización focal y el paisaje.
    3. Pensar estéticamente la ciudad en busca de una real calidad de vida que haga de la planificación un sueño de múltiples órdenes, respeto a identidades y diversidad, alcanzando una dimensión ambiental, urbanística, arquitectónica y social bien resueltas.
    4. El límite urbano actual dispone de un número considerable de lotes vacantes con todos los servicios básicos que deben asimilar el futuro crecimiento (por lo menos hasta el año 2035) sin hacer uso extensivo de su territorio periurbano y rural.
    5. Incrementar la oferta de vivienda de manera especial para los más pobres mediante procesos de renovación urbana que incluyan responsablemente la reparcelación.
    6. Con estudios de ingenierías, impactos urbanos, morfología y visualidades, permitir alturas mayores de edificación para garantizar un menor costo de suelo por familia. Se propiciará de este modo un adecuado y justo reparto de cargas y beneficios y que las familias accedan a nuevas viviendas individuales o multifamiliares.
    7. En el área rural impedir la afectación, por cualquier concepto, de las zonas de recarga hídrica; fomentar la soberanía alimentaria; regular las áreas de valor ambiental y agrícola; cuidar las montañas protectoras de la ciudad; establecer tamaños apropiados de parcelas y tipos de construcción pertinentes con el paisaje y la cultura rural; y, reforzar los 21 centros parroquiales como núcleos autosuficientes.
    8. Contar con un sistema vial y de transporte de carácter interno, que canalice el transporte de paso, como de nivel regional y nacional.
    9. Ni el patrimonio natural y cultural heredado, ni la importancia política y los medios financieros que el Estado atribuya a la ciudad serán suficientes si no se produce la movilización de sus propias fuerzas. Se requiere que Cuenca disponga de una fuerte identidad socio-cultural y de un liderazgo político autónomo y representativo.
    10. La planificación participativa y democrática será un proceso continuo que acompañe a la ciudad en su desarrollo sustentable como una forma de ejercicio de poder ciudadano.

    Nota: El autor de la imagen adjunta es el Arquitecto Carlos Palacios P.

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    4. CUENCA EN SU MAYORIA DE EDAD COMO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD 

    Parafraseando a Humberto Maturana se podría decir que el Centro Histórico de Cuenca (CHC) es un lugar para caminar. Y este caminar implica reinventar la ciudad.

    Pero este caminar no puede ser un acto de comunicación unilateral. Es ante todo un hecho decodificador que involucra al viandante con su experiencia vital. Ningún mensaje urbano permanece impermeable a la lectura de su receptor.

    Y la historia de los recorridos del CHC debe comenzar en el suelo, con los pasos, que permiten una representación háptica y de apropiación cinética de su arquitectura.

    La experiencia caminante del CHC debe traducirse de este modo en la elaboración de mapas mentales para transcribir sus huellas y sus trayectorias. Deben ser imágenes transitivas, caligrafías móviles antes que simples representaciones frías de una ciudad funcionalista. Y esta caligrafía urbana debe registrar los tres valores fundamentales del CHC: su sensibilidad, su deontología, y su epistemología. Es decir, sus sensaciones, sus éticas y sus verdades profundas.

    Más allá de lo puramente funcional y pragmático del andar por el CHC, una retórica caminante permitirá seleccionar y escoger lo más significativo y existencial de la ciudad; o si se prefiere decir en clave literaria, se deberá ejercitar un asíndeton urbano.

    El CHC no es un cuadro renacentista que debe ser visto desde una sola perspectiva. Más bien, es un collage espacial compuesto de reliquias arquitectónicas, historias yuxtapuestas, tiempos amontonados, textos rotos, fragmentos, cronotopos, fenotopos….  donde sus relaciones son móviles y forman, por eso, un conjunto simbólico de alta significación.  

    De este modo el CHC estará presente como un relato a la espera, como un jeroglífico urbano listo a ser reinventado y ricamente imaginado por sus habitantes y visitantes.  

    Esta tarea es un desafío para vivir una experiencia en libertad, vivencial, imaginativa, fenomenológica, libre del lenguaje de sus ataduras convencionales para acercarse a la poética arquitectónica, a un diálogo de altura, entre los sentimientos expresados en la arquitectura de la ciudad y de quienes experimentan un lugar tan especial.   

    El habitante o el visitante que está dispuesto a vivir poéticamente el CHC, siempre experimentarán esas diferencias y lo sentirán plenamente. En todo caso, la poética de la arquitectura se revelará cuando la materia trasciende lo prosaico y lo puramente utilitario, y se ilumine, por así decirlo, con destellos de sensibilidad, unas veces intuitivas, otras deliberadas, unas veces circunstanciales, otras permanentes.

    También las experiencias poéticas tienen una relación directa con la temporalidad del CHC. El pasado es una de ellas, porque posee su propia pátina y evoca vivencias especiales. Y estas experiencias del pasado son más rotundas cuando se confrontan con la fuerza de lo nuevo propio de la contemporaneidad. En el CHC cohabitan como hojaldres urbanos varios estilos arquitectónicos que han esculpido la ciudad aborigen, colonial, republicana, moderna y contemporánea.

    No olvidemos que las cualidades del CHC no radican únicamente en sus formas arquitectónicas o en sus materiales. Radica también en aquello que favorece la vida cotidiana: el derecho a la ciudad para disfrutar de un hábitat seguro y saludable, la vivienda digna, los espacios públicos y equipamientos comunales, los lugares para la cultura y la participación democrática plena de los ciudadanos.

    El Expediente de Cuenca ante la UNESCO para su declaratoria como patrimonio mundial, el 1 de diciembre de 1999, argumenta estos criterios:  

    “Criterio (I): El genio creador del hombre es palpable en las estructuras urbanas de dos mundos que se encontraron a raíz de la conquista.

    Criterio (II): Cuenca ilustra la perfecta implementación de los principios de planificación urbana del Renacimiento en las Américas.

    Criterio (IV): La fusión exitosa de las diferentes sociedades y culturas de América Latina está simbolizada de manera sorprendente por el trazado y el paisaje urbano de Cuenca.

    Criterio (V): Cuenca es un ejemplo sobresaliente de una ciudad colonial española planeada en el interior”.

    En el Expediente de Cuenca se consigna además, con rotundidad, que la arquitectura es el repositorio material que mejor expresa el mestizaje como la más íntima y sublime expresión de la cultura de la ciudad: “El valor excepcional de la arquitectura cuencana radica, no tanto en la monumentalidad de sus construcciones, sino más bien, en esa singular capacidad de adaptación a las diversas corrientes arquitectónicas del pasado, adaptación que se concreta sin que se desintegre su esencia de ciudad colonial, que mantiene en los esquemas de sus monasterios y de su arquitectura civil su máximo soporte”.

    Nota: El autor de la imagen adjunta es el Arquitecto Carlos Palacios P.

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    3. LA PLANIFICACIÓN INSTITUCIONAL SOSTENIDA DE LA CIUDAD

    La cartografía urbana tiene la misión de representar una ciudad. Es un modelo que puede ser prefigurado mediante un plano como sistema iconográfico. La conquista española en América trazó planos reticulares de damero y el Centro Histórico de Cuenca responde a este tipo de ciudad fundacional con manzanas de 150 varas castellanas.

    No se conocen planos de Cuenca de la época colonial, esos dibujos que muestran las ciudades en perspectiva al estilo de las pinturas de Giotto, descriptivos, taxonómicos y composicionales. Solo conocemos planos que reconstruyen la traza colonial dibujados en base a las actas de fundación, como el de Octavio Cordero Palacios de comienzos del siglo 20.

    La notación de los planos se multiplicó en el siglo 19. Modelos iconográficos que representan a la ciudad existente precisa y abstraída. 

    Existen planos de la primera mitad del siglo 20 que son una fuente gráfica para el estudio histórico.  

    El año de 1942 es un hito urbanístico porque se da el salto de la elaboración de planos de la ciudad representada, tal como es, a la propuesta iconográfica de la ciudad imaginada. El segundo plano imaginado corresponde al proyecto “Cuenca en un futuro de 50 años” del año 1947, realizado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral.  Mientras que el tercer plan imaginado se elaboró en 1971.

    El Plan del Área Metropolitana de Cuenca de 1982 es el cuarto esfuerzo institucional sostenido y el primero de carácter multidisciplinario.  En los siguientes lustros se publican varias ordenanzas para el uso y ocupación del área periurbana y el suelo rural. Y en este año se elabora el plano actualizado de la ciudad que contiene las cabeceras urbano parroquiales, la zonificación, los equipamientos públicos y sitios de interés arqueológico y paisajístico.

      

    CUENCA DE LOS ANDES: NATURALEZA, TRADICIÓN Y MODERNIDAD

    Ponencia presentada en la CUMBRE DE ARQUITECTURA, PATRIMONIO Y DESARROLLO URBANO E INMOBILIARIO: CUENCA, 2025.

    La ponencia consta de 8 partes que se entregan de forma periódica. 

    2. La ciudad

    Cuatro ríos fluyen por la ciudad que han impregnado el carácter de singularidad del ser y del quehacer del cuencano. El ciudadano y el entorno natural, de igual manera que las líneas de la mano, han marcado la unidad ontológica entre hombre y paisaje. Porque el cuencano no vive en el paisaje, sino que lo vive, como lo hace el gusano en el caracol.

    Se completa el escenario natural de la ciudad heredada con los distintos paisajes culturales que rodean la urbe. La mayoría erosionados y yermos, debido a la persistencia necia del huracán histórico de la emigración.

    La ciudad ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas: la aborigen cañari e inca, la colonial renacentista que trazó la ciudad reticular, la republicana, la cosmopolita premoderna de influencia francesa, la moderna con la introducción del estilo internacional y la contemporánea.

    Las cinco culturas han tejido tres ciudades con sus características propias, pero guardando un mismo sentido de unidad: la ciudad primigenia correspondiente al Centro Histórico, la “ciudad jardín” moderna que ahora mismo está siendo transformada con la presencia de la ciudad vertical, la ciudad periférica de expansión y las cabeceras urbano parroquiales.

    Este es el ámbito natural, histórico y cultural sobre el cual debemos imaginarnos la ciudad del futuro.

    CUENCA DE LOS ANDES: NATURALEZA, TRADICIÓN Y MODERNIDAD

    Ponencia presentada en la CUMBRE DE ARQUITECTURA, PATRIMONIO Y DESARROLLO URBANO E INMOBILIARIO: CUENCA, 2025.

    La ponencia consta de 8 partes que se entregarán de forma periódica.

    1. SU GEOGRAFIA

    “Montañas. Compacta sortija de montañas. Donde quiera que se dirija la mirada, las montañas salen al encuentro, nítidas a pesar de la lejanía, solemnes en su grandiosa austeridad. El cielo se adhiere a sus cimas como una inmensa telaraña azul… Este cinturón de collados apacigua la violencia telúrica de los Andes, dulcifica la orografía y da al valle aspecto de huerto, apariencia apacible de vergel”. 

    De esta manera Efraín Jara Idrovo, en un motivo de celebración poética, describe las cualidades tectónicas de la “Geografía Sagrada” de las culturas Cañari Inca que enmarca el valle de Cuenca: el Guagualzhumi, Curitaqui, Pacchamama, Turi, Icto Cruz, Monjas, Minas, Barabón, Boca de Pescado, El Boquerón, El Calvario, Cabogana, Caushin, entre otros.

    Cuenca ha sido bendecida con el regalo natural de las montañas donde llegan los ríos abriéndose paso por las rocas occidentales, hasta llegar a la vaguada, en cuyo centro se asienta la ciudad. Desde cualquier punto de la urbe la perspectiva se dirige hacia las variadas moles de la cordillera que se funden en los confines del horizonte comarcano. Predominan los colores azul ferruginoso, verde azulado y en algunos flancos colinas ocres desolladas por las garras de la erosión y la fiebre urbanizadora.

    Cuidemos el futuro preservando la belleza telúrica de nuestras montañas, su frágil ecosistema, su diversidad ecológica, los valores y los modos de vida de las culturas locales. Las Naciones Unidas y la FAO, con motivo del “Día Internacional de las Montañas 2017” (11 de diciembre), reivindican la necesidad de que su estrategia de desarrollo sostenible se integre en la Agenda 2030, frente al lema “Montañas bajo presión: clima, hambre, migración”.

    Inspirador lema que motiva pensar sobre el cuidado y manejo sustentable del paisaje de montaña que enmarca el valle de Cuenca.               

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