La buena arquitectura: diálogo con la comunidad, la naturaleza y el paisaje.

Hablar de arquitectura en términos exclusivamente de gustos, como” feo” o “bonito” no ayuda a formar un juicio crítico. En arquitectura, como cualquier artefacto creativo, debería calificarse en términos de “bueno”, “malo” y el gradiente que hay en medio. ¿Pero cómo distinguirlos? Primero, entender que diferenciar la buena de la mala arquitectura requiere de un sólido criterio que se forma en mucho tiempo.   

Y el sólido criterio arquitectónico llevará a encontrar la diferencia entre dos parejas de adjetivos que parecen sinónimos pero que, en realidad, son antónimos en el juicio arquitectónico: sencillo y simple, complejo y complicado.

La distancia cualitativa entre la pareja de adjetivos de lo simple y lo sencillo es radical en arquitectura. Se evidencia con certeza y rotundidad. El castellano permite diferenciar entre lo simple y lo sencillo y aclara que lo simple es llano, fácil, falto de profundidad; en cambio, lo sencillo es certero, esencial, preciso, sobrio, escueto, claro y que puede ser, también, modesto.

De manera similar la pareja de adjetivos de lo complejo y lo complicado en arquitectura. Lo complejo significa responder a un análisis profundo de las necesidades funcionales, del contexto urbano y social y de los problemas preexistentes, resolviéndolos con una miríada de matices. Lo complicado, en cambio, prioriza el impacto visual sobre la belleza y la funcionalidad, responde a caprichos, modas, e incluso a intereses comerciales. Así, los problemas superan a las ventajas y son costosos de resolver.

Este sólido criterio de distinción de las parejas de adjetivos llevará también a la categoría estética de la belleza, para discriminar lo genuino de lo superficial, y de entender que tolo lo que se hace en una buena arquitectura, en una creación, es algo bello. Cuando un alumno le increpó al profesor de Estética, Juan Miguel Hernández, que de gustos no hay nada escrito, el maestro sentenció: “sobre gustos se han escrito miles de libros, lo que pasa es que usted no ha leído ninguno”.

Por fortuna, el catálogo de los adjetivos de la sencilla y compleja arquitectura, con sus detalles, es interminable. Aunemos la teoría y la práctica en la siguiente lista:

  • La fachada de la Catedral Nueva de Cuenca, despojada de mármoles.
  • Las casas conventuales, especialmente, sus portones inmensos y sus ventanas protegidas con puertas de madera, que las vuelven infranqueables, incluso a las miradas, pero no a la imaginación.
  • Los rincones que siempre nos hace sentir bien y a menudo no reparamos en ello.
  • Casi todos los patios de las antiguas casas, con sus “no me olvides” y su “amores constantes” perennes, desafiando el tiempo y a la mal entendida modernidad.
  • Las recreaciones libres de la tradición en la nueva arquitectura, como lo hace el grupo Shalalá, de Marie Combette, premiado en la XIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo.
  • La arquitectura vernácula que, de la mano de arquitectos, se esfuerza por escuchar el lugar y limitar el presupuesto. Con humildad, actualiza y abre la esperanza ante el problema de la vivienda en el mundo urbanizado. Si para construir el planeta lo hemos estado destrozando, puede que haya llegado el momento de, por lo menos, escuchar otras posibilidades.
  • La casa de Barragán con rincones que buscan la luz, el patio que la deja entrar y los colores que la subrayan.
  • Las huellas del encofrado de ramas que Peter Zumthor quemó para construir su capilla del hermano Klaus.
  • La idea de un cementerio enterrado de Miralles y Pinós.
  • Un tatami japonés y el edificio River de Kazuyo Sejima.
  • El pensamiento arquitectónico de Yvonne Farrell y McNamara, cofundadoras de Grafton Architects, las primeras mujeres en ser reconocidas en conjunto por el Premio Pritzker 2020: “… la arquitectura es la estructura de la vida y, para que podamos crear nuestras estructuras, necesitamos encontrar formas de traducir la experiencia sensorial de la vida en arquitectura”.
  • La estrategia arquitectónica de los laureados Pritzker, 2021, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal: “Para materializar esta delicada operación arquitectónica la oficina materializa las llamadas 4R de la sustentabilidad: repensar, reducir, reutilizar y reciclar. Repensar para crear nuevas arquitecturas, reducir significativamente el impacto de sus construcciones en una industria que genera enormes cantidades de residuos, reutilizar estructuras explorando su potencial, y reciclar materiales siempre que sea posible”.
  • La buena arquitectura de Francis Kéré, de Burkina Faso, en África Occidental, también Pritzker 2022, que trabaja desde la sustentabilidad, el diseño participativo, con el reencanto de técnicas tradicionales, la integración cultural y el enfoque en la educación y la comunidad, es un recordatorio inspirador de que la arquitectura sencilla tiene el poder de cambiar vidas y crear un mundo mejor.
  • Y también la arquitectura de Liu Jiakun, el nuevo ganador del Pritzker 2025, que ha utilizado los escombros de los terremotos en sus proyectos, y que diseña sus obras con la idea de rescatar la memoria como riqueza y como advertencia, con una actitud vital que conecta la arquitectura con la filosofía, la escritura y, sobre todo, con una humanidad que la modernidad pareció descuidar….

Amable lector: por fortuna, el catálogo de los adjetivos de la sencilla y compleja arquitectura es interminable. La lista puede continuar con usted….

Referencias:

  • El País, “Porque las Torres KIO son un ejemplo de mala arquitectura: así se distingue un buen edificio de uno malo”, 19-03-2025.
  • IBID, Anatxu Zabalbeascoa; “El Premio Pritzker 2025 reconoce la arquitectura humanista de Liu Jiakun”, 04-03-2025.
  • Jaramillo Carlos; varios artículos de CLARABOYA.
  • La imagen que se acompaña es una obra de Liu Jiakun, Pritzker, 2025.

Orden Ejecutiva: la «arquitectura civil bonita» de Donald Trump

El magnate hace pocas semanas firmó una Orden Ejecutiva, a más de las ya conocidas mundialmente, titulada: “Promover una arquitectura cívica federal bonita”.

En principio la Orden parecería muy pertinente para elogiar la grandeza de la cultura americana. Pero, ¡ojo! Habrá que sospechar, como en todo lo que se relaciona con Trump, qué querrá significar con este lema arquitectónico. De hecho, la palabra clave no será ni arquitectura ni federal, sino el adjetivo engañosamente ambiguo: bonita.

Ya sabemos que su gusto de lo bonito arquitectónico tiene un largo historial. Su concepto de belleza, en cuanto a edificios se refiere, se forjó entre los dorados excesos de los casinos de Atlantic City, los lobbies de mármol de las Trump Tower y, sobre todo, en su mansión Mar-A-Lago de Miami, residencia estrambótica, kitsch y presuntuosa, catalogada, a pesar de su exquisito mal gusto, como patrimonio arquitectónico por el Gobierno Federal de Estados Unidos.

Pero la Orden Ejecutiva no solo se queda en el adjetivo engañoso y ambiguo de bonita. Aclara que, para alcanzar la belleza, los edificios federales y públicos de los estados deben ser “Neoclásicos, regionales o tradicionales”.

Si nos atenemos a la categoría de Neoclásico, hay que referirse a columnas, arquitrabes, frontones triangulares y mármoles relucientes, al fiel estilo de la Casa Blanca, del Capitolio, de la mayoría de los edificios estatales y los bancos privados del siglo 19. En este sentido, el argumento de la Orden Ejecutiva pretende que los nuevos edificios deben “respetar el patrimonio arquitectónico”.

Recordemos, sin embargo, que el Neoclásico Americano es en esencia una imitación arquitectónica consciente, una reverencia al pasado estilo inglés, que Estados Unidos, en teoría, rechazó al independizarse. La Catedral de San Pablo de Londres, obra del Arquitecto Wren, cien años antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, es la referencia directa del Capitolio de Washington.

Pero estas imposiciones de estética tradicionalista no son propias de países democráticos, sino de regímenes totalitarios. Recordemos, tan solo, la Italia fascista de Mussolini, la Alemania nazi de Hitler, a la antigua Unión Soviética de Stalin y a los primeros años de Franco en España, que soñaron y construyeron edificios neoclásicos monumentales y de estilo “imperial”, que se emplazaron en sitios estratégicos de la traza urbana para ser vistos desde todos los ángulos de la ciudad. Estos regímenes entendían que la arquitectura no es solo una simple construcción material, sino también, un símbolo potente de dominación ideológica, un modo sutil de transmitir poder, control y una narrativa histórica bien pensada y fabricada.

Trump, al igual que los “arquitectos” de los regímenes totalitarios, tiene la misma pulsión. Reducir la democracia y la diversidad arquitectónica a una única tradición selectiva, en este caso, el “Neoclásico Trumpista”, es un acto antidemocrático que contiene este claro mensaje: ¡Somos potencia mundial! ¡Mírennos porque somos tan imperiales como los antiguos romanos! Aunque los nuevos edificios que se vayan a construir en pleno siglo 21, ya sea un aeropuerto, o un cuartel, contengan frontones griegos, columnas corintias o capiteles jónicos, eso significa la reafirmación de nuestro poderío.

Estados Unidos no necesita de columnas ni frontones para ser grande. Ya lo fue, al menos en arquitectura, en el siglo anterior. Cuando Frank Lloyd Wrigth construyó la Casa de la Cascada (1935), como un poema de integración entre naturaleza y arquitectura; cuando el edificio Seagram de Mies van der Rohe (1958), desnudaba su estructura desafiando lo que debería ser un rascacielos; o cuando Louis Kahn diseñó el Instituto Salk (1965), mirando al océano Pacifico con la canaleta de agua en el centro de la plaza, enfatizando la relación entre el hombre, la ciencia y la naturaleza. 

La grandeza no está en imitar el pasado, sino en reinterpretarlo. La grandeza reside, más bien, en saber que lo que se hace hoy puede formar parte de la posteridad. No es así cómo se hace América grande otra vez. “No es esto, no es esto” (Ortega y Gasset).         

Referencias:

  • El País; Pedro Torrijos; ¨Las trampas de la arquitectura civil bonita´ que promueve Donald Trump”, 24-02-2025.
  • Claraboya, Carlos Jaramillo; “Mar-A-Lago: exquisito mal gusto, Trump, Musk y Bolsonaro”, 15-01-2025.
  • ChatGPT.
  • Varias páginas de Internet.
  • Algunas correcciones de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina. 
  • La imagen que se acompaña corresponde a: “President-elect Trump in the living room of his three-story penthouse on the 66th of Trump Tower in New York City on nov. 28”. 

Mujeres artistas invisibilizadas

Umberto Eco en El nombre de la Rosa narra cómo las joyas de los manuscritos iluminados del Medioevo eran ornamentados pictóricamente y protegidos con celo por los monjes de aquella época. Pero no solo había obras ornamentadas de carácter religioso como biblias, libros de horas, etc., sino también cancioneros y copias de libros del mundo antiguo como la Ética de Aristóteles.

En el Medioevo en toda Europa hubo destacadas escuelas de maestros iluminadores en las que primero se copiaba el texto y luego se pintaba el pergamino. Se destacan en estas obras de arte las miniaturas que usaban diversos pigmentos a veces extraídos de algunos minerales codiciados como el lapislázuli de color azul marino para pintar especialmente los mantos de las vírgenes. Este material provenía desde el actual Afganistán y otros pigmentos se traían de la India para completar la paleta de colores, sobre todo, el rojo, el negro o el blanco.

Hace meses un equipo científico femenino europeo que realiza investigaciones arqueológicas por casualidad observó un raro pigmento en la placa dental de una monja enterrada en un pequeño convento alemán del siglo 11. Luego de usar sofisticadas tecnologías las investigadoras han identificado entre la placa dental partículas del pigmento más codiciado y raro de aquella época: el azul de ultramar obtenido del lapislázuli, la piedra energética con mezcla de minerales y con predominio de la pirita.  

¿Cómo llegó hasta la boca de aquella monja ese preciado material? Las científicas argumentan que se adhirió a su dentadura mientras afinaba el pincel con el que ornamentaba los libros sagrados. De este modo se descubrió en el sarro de la monja el maravilloso pigmento azul y, además, que las mujeres también han sido artistas desde la antigüedad, a pesar de la discriminación a lo largo de la historia por varias razones, principalmente debido a estructuras patriarcales en la sociedad, la cultura y el sistema del arte.

No obstante, muchas mujeres, como la monja del medioevo, desafiaron estas normas y han dejado un legado significativo en la historia del arte. Hoy se han reivindicado sus contribuciones, pero todavía queda trabajo por hacer para alcanzar una verdadera equidad.

Como una pequeña muestra, menciono a tres mujeres artistas invisibilizadas que fueron ignoradas o minimizadas en la historia del arte:  Hilma af Klint (1862-1944), pionera del arte abstracto antes que Kandinsky, pero su trabajo fue ignorado durante décadas; Lilly Reich (1885-1947), colaboradora principal de Mies van der Rohe, coautora del Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona (1929) y diseñadora principal en la concepción de las Silla Barcelona, contribuciones eclipsadas por el reconocimiento al Maestro de la Arquitectura Moderna; y Lina Bo Bardi (1914-1992), diseñadora y activista ítalo-brasileña, su obra combinó lo moderno con tradiciones locales brasileñas, promoviendo la integración entre arquitectura , el arte y la comunidad.

Mar-A-Lago: exquisito mal gusto, Trump, Musk y Bolsonaro

Después de 20 años de pleitos con el aeropuerto de Palm Beach (Florida) el magnate decidió retirar una demanda de 100 millones de dólares por la contaminación auditiva y atmosférica que ocasionaban los vuelos de los aviones que surcaban el cielo de su mansión Mar-A-Lago.

Y ya no fue necesario el pleito porque como presidente de Estados Unidos, desde enero de 2017 a enero de 2021, el Servicio Secreto ordenó al aeropuerto que los aviones no podían perturbar la tranquilidad de su residencia, que está ubicada a cuatro kilómetros de las pistas.

La mansión, por las razones del destino electoral, tiene un ambiente de tranquilidad que siempre quiso tener, a pesar de que Trump con total incoherencia tuiteó en campaña de ese entonces que “todos los eventos climáticos son utilizados por los mentirosos climáticos para justificar mayores impuestos”.

El magnate compró la finca de 7 hectáreas con una casa edificada en los años 20 del siglo pasado por una dama de la alta sociedad americana. El inmueble fue diseñado por arquitectos americanos y europeos que concibieron un conjunto de inspiración mediterránea para emplazarlo en la costa Atlántica con tejas de Cuba y miles de azulejos españoles. La estrambótica obra está catalogada, a pesar de su exquisito mal gusto, como patrimonio arquitectónico por el Gobierno Federal de Estados Unidos.

En su testamento la dama ordenó que Mar-A-Lago pase a ser una residencia de invierno para los presidentes de Estados Unidos, deseo que nunca se cumplió. Sus herederos terminaron más bien vendiendo la propiedad a Trump, persuadido por su esposa de aquel tiempo, Mrs. Ivana.

En estos años la mansión, aparte de servir como residencia de los Trump cuando pasan en Florida, ha prestado el servicio de club privado exclusivo, uso de suelo que ha motivado el encono de sus vecinos, los patricios anglosajones. El magnate no hizo el más mínimo caso a estos quejosos pelucones. Levantó en la medianería una bandera yanqui de un alto de 24 metros.

En los últimos tiempos el presidente electo se ha permitido convertir a la mansión como si del Despacho Oval se tratara. Ha recibido a políticos, empresarios y mandatarios extranjeros antes de su posesión. Además, según algunas versiones de la prensa rosa, también se han dado discretos flirteos a no pocas féminas de la farándula americana.

Mar-A-Lago continúa siendo la residencia de descanso del presidente reelecto de Estados Unidos. Sus invitados pueden conocer parte de las 126 lujosas habitaciones. En una de ellas, además, pueden admirar un retrato suyo, en traje de tenis con un tempestuoso ocaso de fondo “Florida style”. 

Trump, a comienzos del mes de noviembre del año pasado celebró los resultados de su triunfo electoral en su residencia de Mar-A-Lago, rodeado de miles de seguidores y de aliados, entre ellos Elon Musk (el hombre más rico del mundo) y Eduardo Bolsonaro (hijo del expresidente de Brasil) , en un ambiente festivo, de victoria y de promesas de “restaurar la grandeza de Estados Unidos”.  

Esta vez, una arquitectura estrambótica, kitsch, presuntuosa, que replica estilos refinados, pero que solo consigue falsas imitaciones para el consumo masivo, fue el escenario que marcó un hito electoral para una nueva etapa del partido conservador norteamericano. 

    

Docentes eméritos: regresar a la academia para volver a aprender y a enseñar

La Señora Rectora ha tenido la gentileza de otorgarme la palabra en esta Sesión Solemne del Consejo Universitario en representación de los cuatro profesores jubilados que hoy recibimos la designación como docentes eméritos de la Universidad de Cuenca. Cualquiera de mis tres sabios colegas podrían haber cumplido con el encargo con mayor brillantez y más emotividad. Aun así, estoy delante de ustedes para cumplir con ello en la medida de mi modesta capacidad.

Gracias es la primera palabra que quiero pronunciar en nombre de los compañeros Marco Valencia Orellana, Marco Salamea Córdova y Fernando Carvajal Aguirre al regresar a esta nuestra casa común. No por repetida menos bella y verdadera: GRACIAS al Consejo Universitario, a la Señora Rectora María Augusta Hermida y a los Consejos Directivos de las Facultades de Ciencias Económicas y Administrativas y Arquitectura y Urbanismo, por darnos la oportunidad y el honor de continuar el vínculo con la Universidad y con ello compartir los conocimientos adquiridos en nuestra trayectoria profesional y académica.  En mi caso, ha coincidido con los 50 años de graduado en mi querida Facultad.

Marco Valencia, brillante economista y un apreciado amigo desde la época del Colegio de la Salle Hermano Miguel, en la lejana década de los años 60. A Fernando Carvajal y Marco Salamea, referentes nacionales y regionales de las Ciencias Sociales y la Teoría Política, tuve el privilegio de conocerlos a inicios de los 90, cuando fuimos alumnos de la primera cohorte de la Maestría en Docencia Universitaria e Investigación Educativa. En varias ocasiones, los dos sociólogos y el arquitecto trabajamos juntos, en una suerte de grupo interdisciplinario, en las extenuantes tareas que demandaba el exigente cuerpo docente. Jamás olvidaré una de ellas: las lecturas comprensivas de los esotéricos textos de Epistemología del Racionalismo Crítico de la Escuela de Viena (Popper, Carnap), de la Nueva Filosofía de la Ciencia (Kuhn, Feyerabend, Lakatos, Toulmin) y de la Historia Arqueológica-Genealógica (Foucault).            

El retorno en la vida es posible en ocasiones. Bien sea porque los lugares parecen esperarte, bien sea porque el que espera anhela volver a ese lugar. Y en mi caso las dos circunstancias se cumplen: nunca perdí de vista, y es literal, esta querida casa. Me basta extender la mirada desde las ventanas de mi hogar, – vecino del inmueble de la Empresa Pública de la Universidad de Cuenca -, y a tiro de piedra miro los edificios familiares, los árboles conocidos, el campus tantas veces recorrido. No sabía que mi deseo íntimo de volver se cumpliría y estaría hoy delante de ustedes lleno de emoción y agradecimiento sincero.

Con los sentimientos presentes y los futuros llenos de optimismo y esperanza regresamos a nuestra casa de estudio.  Nos imaginamos que habrá cuatro regresos en nuestra calidad de docentes eméritos: el regreso al lugar de trabajo; el encuentro con los colegas profesores; el reencuentro de corazón con nuestros estudiantes; y el regreso a pensar cómo investigar, enseñar y aprender en estos tiempos de crisis multidimensional.

El regreso al campus querido para recorrer otra vez los vestíbulos, escaleras, aulas, sin olvidar los entrañables bares de doña Rosita, donde tantos tintos con chumales consumimos. El espacio y la luz volverán a estar en nuestro campo de visión y al alcance de nuestro cuerpo. Vista y experiencia táctil multisensorial, la “arquitectura de los sentidos” como lo llama Pallasmaa. Las dimensiones cruciales en nuestra disciplina.     

El encuentro con los compañeros profesores y el recuerdo de los que ya no están. Compartiremos con ustedes, brillantes profesionales, la gran tarea de la investigación, la docencia, la gestión, la extensión universitaria. Y disfrutaremos otra vez de su leal amistad.   

El reencuentro con los alumnos, siempre jóvenes en contraste con nosotros envejeciendo. Aun así, somos complementarios y ellos son nuestra razón de ser.  Por eso trataremos de inculcar el conocimiento y los valores de nuestras disciplinas. A ellos corresponde asimilarlos porque tienen creatividad para hacerlo, como lo hace el artista escultor del mármol, que no solo se ejercita en la habilidad de usar instrumentos, que no pasa de ser una actividad vacía, sino que tiene una relación íntima con la cantera; sabe los secretos del proceso de corte; estudia la veta que contiene las marcas, líneas, color, textura y patrones debido a su origen geológico, cualidades que hacen a cada pieza de cantera única e irrepetible; lleva a cabo su labor con creatividad, paciencia, perseverancia, habilidad, atención al detalle, amor por su oficio, ética y conexión con la cultura y la tradición para liberar las bellas formas que allí duermen.       

Y por último el regreso al mundo académico para, entre otros objetivos, evaluar y actualizar los Planes de Estudios. Si trabajamos entre todos con mística, la excelencia académica que ha caracterizado a nuestra Universidad se elevará aún más.

Las diferentes perspectivas del vocablo regreso nos ha permitido explorar lo que de verdad es relevante para nosotros en este momento. Nuestro regreso es sencillamente a vivir con ilusión, a trabajar en cooperación y aprender más, aprender siempre y aprender juntos.  

Como el maestro, siguiendo el método socrático de la mayéutica y la ironía, extrae de la mente del discípulo un destello de la verdad del mundo perfecto de las ideas, así nosotros, docentes de esta querida Universidad, al igual que el hábil escultor, que con cada golpe del cincel, engendra la figura que parece cobrar vida, desearíamos alumbrar la inteligencia de nuestros alumnos, dándoles un rayo de luz en forma de conocimiento y de belleza. Tarea cada vez más necesaria en estos tiempos de oscuridad y de tinieblas. 

Cuenca, 5 diciembre 2024.

(*) En la imagen que se acompaña se aprecia, de izquierda a derecha, a Marco Salamea; Carlos Jaramillo; María Augusta Hermida, Rectora de la Universidad; Fernando Carvajal y Marco Valencia.     

Notre Dame: fe, belleza y poder

Víctor Hugo, el gran escritor francés del siglo 19, en la novela Nuestra señora de París (1831), narra el lamentable estado en que se encontraba entonces la Catedral, desvencijada y con aspecto de caerse en cualquier momento. Ni el Gótico ni la Edad Media habían sido redescubiertos, ni tampoco existía todavía la idea de que los monumentos del pasado debían ser conservados. Cuanto antes estos mamotretos se derrumbasen, aún mejor para suplantarlos por modelos neoclasicistas y románticos.

El novelista en cambio reivindica el arte medieval y la arquitectura gótica, acusando a las autoridades de ser responsables de su degradación y también por intentar imponer gustos extraños. “Las modas han hecho más daño que las revoluciones” señala en una frase, que todavía puede aplicarse a ciertas actuaciones inconsultas que hoy mismo se ejecutan.

Sin embargo, la Catedral con su inconmensurable belleza, su rotunda presencia en la orilla del rio Sena en la Isla de la Cité, sobrevivió a la Revolución Francesa que la convirtió en un templo pagano dedicado a la diosa Razón, aunque sus arcos ojivales y arbotantes ya estaban a punto de caerse por la dejadez.  En esta joya gótica Napoleón se coronó emperador en 1804, una escena inmortalizada por el pintor Jacques-Louis-David. Se salvó de morir de la quema de París tras la derrota de la Comuna de 1871 y sobrevivió a los bombardeos de la II Guerra Mundial.   

La monumental catedral gótica, cuyas torres y rosetón son tan reconocibles como la Torre Eiffel, gracias al impulso de Viollet-le-Duc, un arquitecto también fascinado y pionero en la reinvención del Medioevo, pudo ser intervenida en la segunda mitad del siglo 19. Construyó la flecha de 93 metros, con un gallo en la punta, inspirada en una ornamentación similar que se había perdido dos siglos antes y además incorporó al edificio las 54 famosas quimeras, que se convirtieron en verdaderos símbolos de la Catedral. El estudioso del monumento Didier Rykner ha definido la intervención de le-Duc en estos términos. “Trató de comprenderlo y devolver la catedral al Medioevo: dejar el monumento no en el estado en el que se encontraba en la Edad Media, sino a como debería de haber estado en esa época”. 

El irresistible encanto de Paris, el interminable interés por su Edad Media y la fascinación por Notre Dame es un movimiento cultural que germinó en el siglo 19 con Nuestra Señora de Paris de Víctor Hugo. Continuó este interés en la novela histórica de tema medieval y se reflejó en la música en la ópera de Wagner. Y aún sigue con fuerza hasta alcanzar fenómenos culturales masivos, como el éxito de El nombre de la rosa de Umberto Eco, el Señor de los Anillos y las series El Juego de Tronos y Vikingos.    

La compleja restauración de la Catedral, después del incendio que la arrasó en la Semana Santa de 2019, utilizó técnicas ancestrales con “un criterio conservador” (un presupuesto de 700 millones de euros y el concurso de más de 2000 trabajadores) y el apoyo interdisciplinario de 175 científicos de varias instituciones que aportaron la información necesaria del origen, las funciones estructurales  y las propiedades mecánicas de los materiales dañados, para recuperar la materialidad original del monumento y el despertar del órgano y las ocho campanas que sufrieron averías por el calor de las llamas.

Las puertas de la Catedral se abrieron este 7 de diciembre para recordarnos que los vitrales de los muros de la Arquitectura Gótica se hicieron para que la luz entrara a bañar el espacio profundo de las cinco naves cubiertas con plementerías, arcos apuntados, nervaduras y el gigantesco armazón de roble, de la zona de París, que se construyó a partir del año 1163. Y además para experimentar el espacio vertical gótico, una antítesis con la escala humana, que causa en el ánimo del visitante un impulso de desequilibrio, afectos y solicitaciones contradictorias.

La espectacular ceremonia de reapertura de la Catedral, que reunió a algunos de los principales lideres mundiales, dispuestos a no perderse uno de los grandes acontecimientos del año y a constatar en vivo y en directo la idea de que Europa solo puede ser considerada cristiana, a pesar de que la realidad es diferente, era la ocasión propicia para la explotación de la alta política conservadora de los mil largos años del Medioevo. El historiador Florian Mazel sostiene que los movimientos conservadores nacionalistas y populistas reivindican el período medieval como el momento fundacional de la nación cultural, religiosa o incluso étnica que pretenden protegerse de la globalización y el multiculturalismo.     

Y en ese espectáculo mundial, Donald Trump, como “diablo en botella”, fue el gran protagonista, la estrella de la televisión, el hombre a quien todos querían saludar, como si ya fuese presidente en el poder de los EEUU.

La obra de restauración arquitectónica del emblema del París medieval, que fue un nuevo alarde de la grandeur francesa, nos ha enseñado dos rotundas verdades: que lo que tarda siglos en construirse puede destruirse en apenas unas pocas horas; y, la más importante, que la belleza, a pesar de todo, en contraste con lo feo de su manejo político, siempre perdura.   

Referencias:

  • El País, Javier Sampedro; “Lecciones científicas de Notre Dame”, 10-12-2024.
  • IBID, Diego Garrocho; “Notre Dame o la belleza”, 08-12-2024.
  • ID, Felipe Larach; “Restaurar o innovar: el debate que surge en reconstrucciones como la de Notre Dame”, 08-12-2024.
  • ID, Macarena Vidal Liy; “Donald Trump, presidente de EEUU por anticipado”, 07-12-2024.
  • ID, Sara González; “Más de 2000 trabajadores y 700 millones: Notre Dame reabre cinco años después del incendio”, 07-12-2024.
  • ID, Guillermo Altares; “Notre Dame, la catedral que se inventó la Edad Media”, 5-12-2025.
  • Bruno Zevi; “Saber ver la arquitectura”, 1951.
  • Algunos datos históricos han sido ajustados por Olga Jaramillo Medina.

Exquisito mal gusto… en Cuenca

En el fabuloso mundo de la naturaleza los entes feos cumplen, a su modo, una tarea bella, y la araña, la lombriz, el moscardón, los grillos, el ratón, la lagartija… son otras tantas cifras de la clave del universo.

Jorge Carrera Andrade confiesa haber descubierto cualidades especiales en estos seres que no son incompatibles con los bonitos, porque todo en la naturaleza tiene su razón de ser y un valor trascendental. Con el estilo del micrograma, del texto breve, condensado y profundo, el poeta transmite la imagen con gran significado de estos seres feos de la naturaleza.

La araña:Araña del suelo / charretera / caída del hombro del tiempo.

La lombriz: Sin cesar traza en la tierra / el rasgo largo, inconcluso / de una enigmática letra.

El moscardón: uva con alas / con tu mosto de silencio / el corazón se emborracha.

Los grillos: clavan su bandera azul los grillos / en el tope de la tarde / con martillitos de vidrio.

El ratón: oficial de taller / se pasa fabricando / virutas de papel / Pst… la S señorial / y la i de los libros /le gusta deletrear.

La lagartija: amuleto de plata / o diablillo con bocio / criatura del alba / memoria de las ruinas / fugaz mina animada / calofrío del campo / lagartija misántropa”.   

En contraste, las obras feas realizadas por los hombres en la ciudad, lo no hecho por la naturaleza, tienen un carácter de mal gusto, kitsch, con falta de sensibilidad o baja calidad. Pretenden ser obras artísticas, replicando estilos refinados, pero solo consiguen falsas imitaciones para el consumo masivo.  

Paúl Valéry, filósofo y poeta en la obra “Eupalinos o el Arquitecto” (1921), aborda los temas relacionados con la calidad de las obras bellas, intrascendentes y feas de la ciudad, a través de un diálogo de forma platónica entre Fedro y Sócrates después de muertos. El primero, poeta y amante de la arquitectura; el segundo, filósofo y amante de las ideas eternas, concuerdan que al igual que las condiciones de trabajo del texto literario se deben cumplir, lo mismo debe ocurrir con las obras arquitectónicas. “La mayor libertad nace del mayor rigor”, y necesitan ser honestas, justas y bellas.

Bajo estas consideraciones, el poeta y el filósofo clasifican por su mensaje a las obras humanas de las ciudades de este modo: las que cantan, las que hablan y las feas de mal gusto. Las primeras, son bellas; las segundas, pasan desapercibidas; y las últimas, son impertinentes, chillan o cantan descompasadas.

El fantasma de “Eupalinos o el Arquitecto” se ha presentado en el exquisito mal gusto de nuestra ciudad. Intentemos interpretar a manera de microgramas tres ejemplos:           

Cuenca: “destino turístico navideño”: ciudad de la parafernalia y del sinsentido / maquillaje de la realidad / cortocircuito en tiempos de sequía y apagones / el número de luces, la cantidad de adornos y armatostes de aluminio, protagonizan el campeonato mundial para adorar al Niño Dios Recién Nacido / ¿No sería más sencillo y estético retomar la tradicional conexión de la Navidad con la naturaleza, el ser humano y el cielo? 

La escalinata del Parque de la Madre: pecado capital a las normas elementales de la restauración / propuesta descabellada que ha instalado un aparatoso conjunto mecánico simulando a los posmodernos centros comerciales / “una bofetada al flujo del Río Tomebamba y la memoria de Huayna Cápac”. (*)

Turi parque temático: parque temático exceso de luz / colores de chiringuito costero / pero en el fondo mucha ignorancia / mucha ambición y poca sensibilidad para entender los valores de Turi, no como mirador, sino mirándose a sí mismo…”. (**)

Si en el fabuloso mundo de la naturaleza los entes feos tienen la posibilidad de la convivencia con los seres bellos, por ejemplo, la araña peluda viuda negra con el colibrí prisma de colores volador con GPS; en cambio, en la ciudad las obras de exquisito mal gusto, junto a las bellas, son banales, de consumo masivo, vulgares, ordinarias, presuntuosas, impertinentes, chillan o cantan desafinadas.  

Referencias:

  • Elisa Sánchez Almansa; “Esto no es lo que era: lo feo en la arquitectura”, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, Universidad Politécnica de Madrid, s/f.
  • Gabriela Eljuri; Del muro, 21-11-2024.
  • Álvaro Malo; post, 25-02-2024. (*)
  • Fausto Cardoso; post, 27-01-2024. (**)
  • Jorge Carrera Andrade; “Obra poética”, 2000.
  • Paúl Valéry; “Eupalinos o el arquitecto; el alma y la danza”, traductor, José Luis Arántegui, 2000.
  • José Hernán Córdova; “Itinerario poético de Jorge Carrera Andrade”, 1986.
  • La revisión de estilo y algunas precisiones conceptuales son de Olga Jaramillo Medina.
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«Filosofía mundana y transparente» en tiempos de consumismo y crisis climática

El pensamiento del filósofo español Javier Gomá es interpretado por Luis Fernando Moreno como una propuesta de hacer “filosofía mundana y transparente», como un pensamiento para el presente con pretensión de universalidad. Si filosofar fue en su origen asombro frente al hecho de que exista algo y no más bien nada, Gomá revela de maravilla su emotiva curiosidad por la vida humana, sometida a la finitud y la caducidad, a las alegrías y penas, así como una genuina fascinación por la tarea que compete a todo hombre de aceptar sus avatares. Como decía Martín Heidegger, “ser en el mundo”.

Más allá de posturas románticas que hoy parece mantener a nuestras sociedades del siglo 21 inmersas en un egotismo sin límites, Gomá propone, con Goethe, que «hay que limitarse para extenderse»; y en una cultura contemporánea cuyos signos distintivos son la finitud, el anonimato, la burocratización, el consumismo, la crisis climática y la anomia en las vidas privadas, la Filosofía debe proponer algo nuevo a fin de animar a la sociedad a que sea más sana, ética y democrática.

Gomá dice que, superando relativismos y dogmas, la Filosofía debe volver a interpretar la vida presente, con una firme mirada transparente para ocuparse de las cosas que de verdad importan a la sociedad y proporcionar ideas interesantes, pues «sólo las ideas interesantes son verdaderas». El filósofo con su amplitud de visión –encaramado en firmes atalayas culturales, pero no preso en ellas- no teme declinar frente a los problemas claves que presenta el ocaso de la civilización occidental, el consumismo y la crisis climática, para anhelar nuevos principios, ideales y horizontes.

La ciencia ha demostrado que el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente en la Tierra en los últimos 200 años ha provocado el calentamiento global de origen antropogénico. Estas acciones provocan, entre otras consecuencias, cambios en el ciclo del agua, desequilibrios y destrucciones en los ecosistemas marinos y terrestres, el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, la acidificación de los océanos o la desaparición de los bosques y el cambio climático.   

¿Cómo devolver la ética a una sociedad en la que predomina un consumismo irresponsable que destruye la Tierra? ¿Cómo crear ilusiones en sociedades en las que prevalecen las normas egoístas y no las convicciones colectivas? ¿Cómo dotar de contenido moral a la libertad para huir del libertinaje? En suma, dice Luis Fernando Moreno, que la obra de Gomá revela ensayos muy bien sintetizados para un presente vivo y civilizado. Lo bueno es que abre caminos y propone osadas soluciones. De ahí que sus ideas sean también un llamado pertinente contra lo difuso y vano del mundo consumista capitalista globalizado, para enfrentar el actual nihilismo del “todo vale” con la honesta pretensión de restituir el pensamiento a su cauce natural: el del servicio a la persona y a la colectividad para una vida no sólo buena, sino mejor y más sana.

En aquellos tiempos, cuando éramos estudiantes de arquitectura…

A veces el tiempo de la memoria nos invade interiormente y entonces es conveniente ser fieles a él y rescatar la fugacidad de los instantes pasados. En esta ocasión me van a permitir bucear en los recuerdos de juventud, esta vez centrados en los 70, nuestros años universitarios y de graduados, para con cierta nostalgia hablarles de una época en la que tuvieron cambios importantes en nuestra sociedad.

Años marcados por la rebelión de mayo francés de 1968 que se fraguó en el ámbito universitario y que caló en los movimientos obreros. Sus lemas fueron grafiteados profusamente en los muros de las ciudades como arte de expresión callejero que impulsaba y manifestaba los pensamientos de libertad, rechazo a la autoridad, la burguesía y las denominadas “buenas costumbres”: “Prohibido prohibir”, “Sed realistas, pedid lo imposible”, “La imaginación al poder”.

También años influenciados por el auge literario de América Latina: Borges, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Onetti, Carpentier. Latinoamérica logró una importante proyección internacional como una apuesta por la esperanza. El arte y la cultura se hermanaron con la ética y la estética, con realizaciones que afianzaron su universalidad a través de la profundización de su inconfundible identidad.   

En aquellos tiempos todavía las panaderas de los barrios tradicionales de El Vado y Todos Santos exhibían en sus inmensas y flexibles canastas las aromáticas palanquetas y guaguas de pan; pero al mismo tiempo se inauguraban nuevos mini mercados que vendían panes industriales en fundas de plástico, embutidos, conservas y chocolates finos. El cine “Candilejas”, al norte de Cuenca, poseía una mala reputación; mientras la pionera “Tele Cuenca, Canal 3” ofrecía noche a noche novelas venezolanas en blanco y negro, como en blanco y negro fue lo que sucedió en la clausura de la Universidad en1970.      

Y tan en blanco y negro fue la clausura de 7 meses que los holgazanes estudiantes, por la fuerza de las circunstancias, se dedicaron las noches a ofrecer serenatas a sus amores platónicos con la canción de moda del Trio Los Pachos: ¨Toda una vida”.

“Toda una vida estaría contigo

No me importa en que forma

Ni donde ni como, pero junto a ti.

Toda una vida te estaría mimando

Te estaría cuidando

Como cuido mi vida, que la vivo por ti.

No me cansaría de decirte siempre

Pero siempre, siempre

Que eres en mi vida ansiedad

Y angustia, desesperación.  

Las bellas Julietas abrieron, en muchas ocasiones, su generoso corazón, acogiendo en su regazo, hasta que la muerte los separe, a los ansiosos, angustiados y desesperados Romeos.           

Las festividades en la ciudad tenían un simbolismo especial. El 3 de noviembre, por la mañana, en la sesión del Concejo Cantonal el presidente de la república ofrecía el “oro y el moro” que hasta la presente fecha no se ha cumplido. Culminaban las fiestas novenbrinas, casi siempre, con torrenciales aguaceros que inundaban toda la ciudad.

En aquellos tiempos no se inventaba todavía los conceptos de “cambio climático” y “sequia hidrológica”. El pueblo nombraba a estos fenómenos de la naturaleza, muy arrepentido y con golpes de pecho, sencillamente, “castigo divino”.

Para exorcizar a la fuerza maligna de las largas sequias de agosto, septiembre y octubre, el pueblo traía en procesión y al hombro al “Señor de Girón”, una imagen de estilo Barroco Criollo de 4 clavos llamada por el pueblo creyente “Señor de las Aguas”, a la Catedral Nueva de Cuenca. Al mes siguiente, por divina coincidencia, iniciaban los crudos inviernos morlacos de noviembre porque San Pedro, heredero del Dios hacedor de la lluvia y a su única voluntad, abría generosamente las compuertas del cielo para que las aguas caigan a raudales.     

Inmersos en el devenir de la cotidianidad llegó el “boom petrolero” y en forma concomitante la debacle de buena parte del patrimonio arquitectónico del Centro Histórico. La construcción de edificios modernos en altura con fachadas “curtain wall” y elementos artesanales neocoloniales añadidos, fue el resultado de una arquitectura intrascendente y de muy poca significación.

Esta fue la época en la que se inició el difícil y complejo proceso de urbanización de la ciudad: reptil urbano, máxima cinta métrica con que mide el valle la ciudad; tugurización en el centro, urbanización excluyente en la periferia; regalías petroleras y remesas de dólares transmutadas en lomos fríos de hormigón y cristal, pero también en códigos vernaculares que querían instaurar una escritura arquitectónica regional con sentido e identidad.

En este vasto océano político y cultural, a finales de la década de los 60, nos atrevimos a bucear en las tormentosas aguas del aprendizaje de la arquitectura. Aquí cabe traer a colación el sabio refrán: “en casa de herrero cuchillo de palo”. La Facultad, en ese entonces, no tenía casa propia. Las clases las recibíamos en las aulas prestadas de las facultades de Ingeniería, Química, Filosofía y Derecho. Por esta sui generis circunstancia: La República del Ecuador y en su nombre y por autoridad de la Ley, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca, nos confería el título de “Arquitecto Transdisciplinario”, por haber cumplido con todos los requisitos legales y reglamentarios. Dado en Cuenca, al año 1974. 

Nuestro actual bello hogar, de monumentalidad enigmática, construcción reflexiva de los espacios, simpleza y pulcritud del hormigón visto y del bermejo ladrillo artesanal, diseñado por Álvaro Malo, abrió sus puertas recién en 1976.   

La Escuela había sido creada en1958 por los arquitectos Jorge Roura Cevallos (primer director y luego decano), César Burbano Moscoso y Gastón Ramírez Salcedo. Hasta el año de nuestra graduación ya se habían incorporado 80 arquitectos varones y solo una mujer: Lupita Ibarra. Y para el año 1999 el número de graduados se había incrementado a 1025, con 847 varones (83%) y 178 mujeres (17%).    

El dato actualizado al 31 de octubre de 2023, hace un año, contabiliza 2710 graduados. Y la matrícula del año anterior, con 772 alumnos registrados, se distribuye entre 398 mujeres (51.55%) y 374 hombres (48.45%). Clara estadística que sugiere la perspectiva de una profesión igualitaria y con enfoque de género.           

En el letargo de las noches cuencanas batallábamos hasta la madrugada para trasfigurar el maldito blanco de las láminas de dibujo a los proyectos arquitectónicos apropiados. Si a esas horas se veían luces prendidas, cuando el lucero y las últimas estrellas ya se habían apagado en el cielo, seguramente correspondían a los estudios de los compañeros que se quemaban las pestañas dibujando sus proyectos sobre la mesa con paralela, escuadras, tiralíneas, rapidógrafo y tinta china. Muy a menudo, a las 5 am, caía una enorme gota de tinta en la lámina de perspectivas, que daba al traste con el titánico esfuerzo. ¡Carajo ya perdí el año! Era el grito, más santo, que reflejaba la ansiedad y angustia del exaltado prospecto de arquitecto.      

Ni el más osado de los brujos de esa época se imaginó que, después de pocas décadas, se tendría las herramientas tecnológicas digitales al alcance de la punta de los dedos de la mano: CADs, BIM, inteligencia artificial generativa, ChatGPT y el IPad, para consultar al instante todas las bibliotecas, diciplinas y los saberes del mundo.

Mientras que nuestra inteligencia artificial era la Tabla de Logaritmos patentada por Napier en 1614 y la famosa regla de cálculo, creada por Oughtred en 1622, marca Faber Castell o Aristo, que funcionaba como un computador analógico. Más tarde apareció la calculadora científica Casio, que ofrecía al instante las cuatro operaciones básicas: suma, resta, multiplicación y división. ¡Y la de última generación incorporaba la raíz cuadrada y el porcentaje!

En aquellos tiempos nuestra biblioteca de la Universidad ofrecía solo el famoso Neufert, “Arte de proyectar en Arquitectura” y unas pocas revistas descuartizadas. Los estudiantes frecuentábamos la librería ASG, única en la ciudad, especializada en “libros técnicos y complementos”, ubicada la calle Borrero entre la Bolívar y Sucre, para adquirir los útiles de última generación de las exigentes asignaturas de Dibujo Artístico y Dibujo Técnico, la esotérica Geometría Descriptiva y la caja de pandora de Diseño Arquitectónico: lápices marca Othello y Faber Castell, papel cebolla, cartulinas Canson para acuarela y dibujo técnico, portaminas, caja de matemáticas, rapidógrafos Rotring y cipatones (unos adhesivos que contenían letras y figuras tipo DIN, normalizadas en 1968 por el Comité de normas Alemanas). Y la añorada librería ofrecía, además, el servicio de Amazon de la época, solo que el libro solicitado llegaba, al menos, a los 6 meses, cuando el estudiante ya había perdido el año.       

Por fortuna, en el año de 1977 apareció la excelente revista ecuatoriana TRAMA, creada por los arquitectos Rolando Moya y Evelia Peralta, que se constituyó en la consulta obligada para los temas de arquitectura, urbanismo, diseño gráfico, historia del arte y ecología. La vivienda de la pareja, que contribuyó de manera notable a la cultura arquitectónica del Ecuador y de la Región, fue consumida por un incendio forestal provocado en los bosques del cerro Auqui, en el sector periférico de Quito. Un caso más de ecocidio que causa daños graves, extensos y duraderos al hombre y al medio ambiente.

¿La poética del diseño de la mano del arquitecto, en los próximos años, será reemplazada por el mecánico y frio diseño de la mano del computador? Un futurólogo de la tecnología manifestó recientemente: “La duda no está en si la IA puede sustituir o no al ser humano, sino en cuándo va a hacerlo. Porque va a pasar. Y esto solo es el comienzo. Cuando la IA se mezcle con la computación cuántica, apaguemos la luz y vámonos”.

Sin embargo, como lo reconocen muchos científicos, para acceder a la realidad que da sentido a nuestras vidas, necesitamos recurrir a las capacidades humanas no digitales, como la intuición, la esperanza, la emoción y la empatía, que siempre han estado guiando nuestras vidas en el arte, la arquitectura, la literatura, las tradiciones culturales y la historia. No abandonemos jamás nuestra humanidad por los fríos y mecánicos sueños digitales.  

En aquellos tiempos, hace medio siglo, en el año de 1974, nos graduamos quince jóvenes veinteañeros que queríamos revolucionar el mundo desde la arquitectura. Nuestra humana disciplina que Álvaro Siza la define “como un ejercicio de invención y de memoria, como la construcción de un deseo colectivo de belleza”.

Época que, a todos los que ya peinamos canas, somos abuelos y algunos hasta bisabuelos, nos suscita sentimientos de nostalgia.

El 2 de febrero se incorporó Eduardo Cabrera Palacios (+); el 28 de junio Mauro Montesinos Vial, Carlos Jorge Ortega y Jaime Heredia Montesinos; el 2 de agosto Lautaro Maldonado Ambrosi; el 8 de agosto Eduardo Peñafiel Andrade (+), Klever Rodríguez Zerda, Iván Gonzales Aguirre, Leopoldo Cordero Ordóñez y Carlos Jaramillo Medina; el 15 de agosto Esteban Malo Corral; el 16 de agosto Eduardo Quintero Zalamea y Enrique Terreros Messa; y el 21 de agosto Teodoro Torres Galán y Orlando Albornoz Vintimilla.

Los compañeros, que en este año cumplimos medio siglo de graduados y ejercido la profesión en sus diversas dimensiones, expresamos nuestros agradecimientos sinceros al Colegio de Arquitectos por este acto tan humano y generoso.

En aquellos tiempos, cuando éramos estudiantes de Arquitectura… Muchas gracias, muchas gracias.

Nota: En la imagen que se acompaña se aprecia, de izquierda a derecha, a los siguientes arquitectos graduados en 1974: Eduardo Quintero, Antonio Malo (en representación de su hermano Esteban), Lautaro Maldonado, Carlos Jaramillo, Mauro Montesinos, Enrique Terreros, Orlando Albornoz y Klever Rodríguez.            

Naturaleza domesticada: parques, jardines, utopías.

Los parques y jardines como cuidado de la naturaleza son espacios utópicos. Mantienen el ideal de un mundo mejor como naturaleza domesticada, obra de arte viva, imagen del mundo y mundo de una imagen. Muestran además las ideas de cada etapa histórica y expresan no solo una cosmovisión y un proyecto de sociedad, sino también un ideal de vida y un modelo ético y estético.

Existe una estrecha relación entre el mundo de las ideas y el arte de atender la naturaleza y las plantas. Desde la primera escuela filosófica de la Academia de Platón hasta el jardín de Epicuro, pasando por el Liceo de Aristóteles, el saber filosófico se desarrolló en recintos perfumados vegetales.

La historia del pensamiento se ha visto algunas veces plasmada en los jardines y en los parques, sean estos públicos o privados. En Oriente (Japón y el Mundo Islámico) los filósofos, poetas y pintores fueron los artífices de sus jardines y parques sensuales y del lenguaje de las fuentes. Mientras que en Occidente (Europa) quedaron en manos de paisajistas y arquitectos, cuya vegetación retrataron la sociedad enclaustrada del medioevo o la absolutista francesa del siglo 17. Los jardines de Versalles, con la métrica, el orden y la simetría, es el nuevo edén matemático y el modelo más representativo del pensamiento racionalista.

En contraposición a esta monarquía, que tiranizó la naturaleza, los jardineros ingleses inspirados en la Ilustración y en los sentidos diseñaron parques naturalistas y espontáneos. Santiago Beruete recuerda que la sociedad capitalista tiene una romántica sensibilidad paisajística: “los aristócratas británicos involucrados en el desarrollo de la revolución industrial y en el consiguiente deterioro de la campiña inglesa, promovieron la estética paisajista que caracteriza el idílico jardín inglés, tratando de recrear la Arcadia que estaban destrozando”.

Los “parques históricos” de América Latina fueron diseñados tomando como referencia los modelos europeos. Concebidos como naturaleza a pequeña escala, era una manera de traer el campo a la ciudad, lugar de paseo para la clase en ascenso y, sobre todo, una nueva forma de ocio en las urbes. Estos parques tempranamente tenían un fuerte carácter simbólico de segregación social, con verjas perimetrales, dedicados para los conservadores ilustrados, latifundistas, los primeros banqueros prósperos y el paseo de las damas de la alta sociedad. Adicionalmente, se dispusieron con estudiada geometría caminerías y rincones para la sombra y el romance con la melodía de la fuente de agua interminable, que no se cansaba de arrullar las querencias, configurando espacios amorosos y delicados.

En el patio-jardín de la casa tradicional se vislumbraba la centralidad de la vivienda. El cielo lo cobijaba para el camino arqueado del sol, el curso de la luna y el resplandor ambulante de las estrellas. Era el pulmón aromático, cromático, sonoro y su paisaje interior se cuidaba en forma de pequeños árboles y plantas ornamentales. Muchas viviendas disponían de huerto, que dibujaba una pequeña parcela cultivable que proveía algunos aportes de sustento, una manera de traer el campo a la ciudad, de sentir cerca la ruralidad. En el microcosmos de la casa tradicional, el solar era el recurso para ese anhelado balance entre lo urbano y lo rural.   

Mientras que los pocos jardines de los conventos de las congregaciones religiosas femeninas son todavía cuidados para la meditación, contemplación, recreación y el autoabastecimiento. Naturaleza domesticada con santidad en forma de árboles nativos podados y plantas medicinales, ingrediente bendito para la elaboración del “agua de pítimas”, bebida milagrosa para curar las penas del cuerpo y del alma.   

Pero en la historia de la jardinería la naturaleza no solo ha sido controlada por el jardinero, sino que éste a su vez ha sido guiado por la naturaleza. Lo seres humanos y las plantas se han amaestrado mutuamente. ¿Quién controla a quién entre un jardín y un jardinero? Los buenos jardineros lo saben: “la única manera de controlar la naturaleza es obedecerla”. El buen jardinero sigue el sendero que indica la naturaleza para hacer un bello jardín.

Gilles Clément, paisajista francés, jardinero, filósofo, profesor y ensayista, Premio Mundial de Arquitectura Sostenible en 2022, desarrolla una teoría revolucionaria del jardín contemporáneo. Sus obras de “El jardín en movimiento”, “Jardín planetario” y “Tercer paisaje”, proponen precisamente una reconciliación del hombre con su ansia de dominar la naturaleza, incorporando la dinámica propia de la naturaleza que rediseña el jardín gracias al perpetuo movimiento de las plantas en el espacio y en el tiempo. Sostiene que todo el planeta es un único jardín limitado por la biosfera y el ser humano no es otra cosa que el jardinero a su cuidado. Su receta de buen jardinero es “hacer lo máximo posible a favor y lo mínimo posible en contra”. Y su utopía es volver a encontrar en la naturaleza una parte importante de nuestra existencia, asombro, novedad y un espacio de libertad.

No hay mejor lugar para descansar, pasear, contemplar, pensar, soñar, que un jardín o un parque. Es un remedio para los conflictos, para acallar el ego y renovar la conciencia. Salir al jardín o al parque supone, más que un simple romanticismo, entrar en nosotros mismos para abrirnos a los demás.

Jardinería y utopías restauran cada una a su manera nuestra confianza en el mundo. En estos tiempos de incertidumbre, cambio climático y destrucción de la naturaleza pensar el jardín y ajardinar las utopías permitirán sembrar en nuestros paisajes interiores sueños realizables.

Referencias:

  • El País, Carlos Risco; “Gilles Clément, el jardinero filosófico que deja a las plantas en paz”, 18-11-2023.
  • IBID, Anatxu Zabalbeascoa; “El jardín en movimiento”, 17-10-2022.
  • Santiago Beruete; “Jardinosofía: una historia filosófica de los jardines”, 06-2016.
  • Facultad de Arquitectura y Urbanismo de La Universidad de Cuenca; “CONAR y la Arquitectura Moderna Apropiada”, Carlos Jaramillo Medina, 06-2016.
  • Rafael López Guzmán, et al; “La Arquitectura del Islam Occidental”, 1995.
  • Varias páginas de Internet.
  • El autor de la imagen que ilustra el texto es el Arquitecto Álvaro Malo Cordero, graduado con honores en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca (1967).  Ha sido gentilmente cedida y corresponde al Jardín de su Casa, Arizona, EEUU.
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