Hay que vivir para edificar la casa y no edificar la casa para vivir en ella. La casa crece a la medida de su dueño porque es una maravilla del universo y no una simple construcción material hecha como símbolo de una tecnología.
La cueva de la casa tiene poderes de nido y por tanto una espacialidad redonda. Es un rincón curvo, una geometría habitada para el amor, el reposo y la imaginación. El casillero del ser es la casa. La casa es el armario de los recuerdos.
Es también calor tibio inicial primitivo. Espacio útero, iluminado e iluminador. La sucesión de buhardillas y rincones son los sitios mágicos de la casa.
El cuarto con chimenea es uno de esos rincones donde nos proyectamos, el lugar para la meditación y para poner la mente en blanco. El rincón para agazaparnos encogiendo el cuerpo contra la tierra para regresar a lo telúrico.
El alma vive este rincón. Lo recorre en circulo y al mismo tiempo se inmoviliza para comprenderlo mejor.
El fuego de la chimenea invita además a levitar el alma. El cuerpo se inmoviliza, pero el alma se desliza lentamente. Esto solo es posible frente al hogar. Solo frente al hogar se crea más lugar y crece nuestro mundo.
El fuego pertenece por su naturaleza a las formas que se elevan en contraposición al mundo descendente del agua.
Cuando el fuego se eleva fuerte induce al movimiento, a la dinamia y repetición. Invita a respirar cósmicamente para olvidarnos, aunque sea por un momento, de nuestras agonías humanas. También se produce en nosotros una actitud hipnótica, contemplativa, que agranda el ser.
Etimológicamente la palabra fuego tiene un alma latina: focus, que se refería al sitio donde se prendía la lumbre para cocinar y calentar la casa. De ahí las palabras foco y enfocar. El cambio de focus a fuego, nos recuerda que la -o-tónica en latín se diptonga en -ue-en castellano patrimonial. El cambio de cus a go final se encuentra en otras palabras, por ejemplo: luego (de locus), juego (iocus) y mago (magicus). Por lo general la f inicial del latín se pierde en castellano. Por ello la palabra fuego dio lugar a hogar y hoguera.
Los merodeos descritos se asientan en una remota arqueología humana. El fuego era sagrado en el comienzo del mundo. Los antiguos hombres vivieron los fuegos sagrados para dominarlo. El fuego así se adhirió a lo sagrado. Fuego y mundo nacieron originariamente en forma indisoluble.
Casa y fuego, fuego y hogar. El hogar es la casa del fuego, el lugar poético para la tertulia, donde el proceso de combustión se combina poéticamente con el oxígeno del aire doméstico de la casa.
Referencias:
Diccionario RAE y ASALE, 2023.
Margarite Yourcenar; «El tiempo gran escultor», 1983.
Antes que los humanos poblaran nuestro planeta existía solo la omnipresencia de los animales gigantes: en la tierra la megafauna, como los mamuts, mastodontes, elefantes antiguos y otras especies raras, recorría grandes distancias, consumía ingentes cantidades de alimentos y defecaba mucho; mientras que, en el agua, millones de enormes ballenas recorrían los mares e igualmente cagaban en cantidades industriales.
Todos esos excrementos ricos en nutrientes alimentaban una cinta transportadora global de nutrientes que fertilizaba la biosfera desde las profundidades del océano hasta la cima de las montañas. Un estudio de la revista PNAS publicó una interesante conclusión: que, tras la extinción de la megafauna, al final de la última Edad del Hielo, y además por la continua caza de ballenas y la destrucción del mundo natural, aquella bomba de reciclaje de nutrientes, impulsada por esos animales gigantes, ahora funciona a solo el 6% de su antigua capacidad, privando de nutrientes vitales a los ecosistemas, como la selva amazónica, haciéndolas más vulnerables al cambio climático.
En el mundo actual, en el que la megafauna ha desaparecido casi por completo y el hábitat natural está en franco deterioro, los nutrientes presentes en los excrementos de los humanos y los animales, así como en los abonos químicos que se utilizan en la agricultura de modo indiscriminado y utilitarista, no se devuelven a los ecosistemas naturales.
Los sistemas naturales, igualmente, se ven afectados por las aguas residuales que se vierten a ríos, lagos y mares. También la escorrentía agrícola desencadena floraciones y algas nocivas que agotan el oxígeno y matan peces a gran escala.
Mientras que en nuestra corta historia de la humanidad no hemos aprendido a reciclar los nutrientes, la naturaleza lleva millones de años haciéndolo con eficacia gracias en parte a las criaturas más grandes de la Tierra: las ballenas.
El científico americano Joe Roman en su libro que lleva el sugerente título: “Comer, hacer caca, morir: cómo los animales hacen nuestro mundo”; llama “bomba de las ballenas”, al sistema por el cual sus deyecciones ayudan a regular el clima y el flujo de nutrientes en el océano. Las ballenas hacen sus necesidades cerca de la superficie porque la presión de las profundidades dificulta la defecación.
Las ballenas influyen en los ecosistemas marinos “buceando, alimentándose y tomando los nutrientes de las profundidades oceánicas, saliendo a la superficie y liberando estas plumas fecales”. Desempeñan un papel clave en el bombeo de nutrientes de las profundidades oceánicas a través de su alimentación y defecación, lo que se traduce en más vida marina y un ecosistema más rico.
Y qué decir de las ballenas jorobadas que en los tiempos marinos de cada año inician su travesía de 7.000 km. desde la Antártida hacia las cálidas aguas del Pacífico ecuatoriano. Adicionalmente a su rol clave en el bombeo de nutrientes se convierten en el epicentro del amor, pues, entre los meses de junio a octubre escogen al “País de los Cuatro Mundos” para dar a luz a sus crías.
La caca de las ballenas y su orina son además ricas en hierro, nitrógeno y fósforo. Fertilizan el fitoplancton ayudando de este modo a enfriar el planeta. También realizan el proceso de fotosíntesis para producir oxígeno en el aire, al tiempo que absorben carbono para mitigar el cambio climático.
Pero el efecto del fitoplancton fertilizado desencadena además el milagro de la cadena alimentaria de la naturaleza: sirve de alimento a los peces forrajeros (anchoas y sardinas) que se convierten en presas de depredadores de aves y mamíferos marinos transfiriendo nutrientes de las profundidades oceánicas. Y esas aves, con su enigmático vuelo programado de formación en “v”, regresan a la costa cargados de nutrientes y ascienden por la cadena alimentaria hasta acabar en los excrementos de los buitres encaramados en las regiones montañosas. Al llover, los nutrientes contenidos en las heces se disuelven en el agua y descienden por las laderas, esteros y esterillos, – como el Oloncito, ubicado en la comuna de Olón de la Provincia de Santa Elena, en la Ruta del Spondylus -, llegando finalmente al océano y completando el milenario ciclo de nutrientes que sustenta la biosfera.
Y en esos territorios de amplios horizontes, ricos en nutrientes de varios tipos, a medio camino entre los mundos del océano y del continente, en la costa, habita el manglar y otras especies vegetales como los árboles de algarrobo, balsa, cedro y jaboncillo. El manglar es un árbol acuático con largas raíces aéreas que flotan al compás del mar permitiendo la respiración de la planta ante la carencia casi absoluta de oxígeno.
En el Ecuador los bosques de manglar han desarrollado adaptaciones estructurales y funcionales que los convierten en un recurso ambiental para disminuir riesgos producidos por el incremento del mar e inclusive sunamis. Su gran valor medioambiental radica en captar carbono de la atmósfera hasta cuatro veces más dióxido de carbono que otros ecosistemas boscosos. Igualmente es rica la diversidad de especies acuáticas y aéreas que también participan del banquete de la cadena alimentaria: la anchoa, pinchagua, concha prieta, ostión e iguana verde; y en cuanto a aves, los cormoranes, pato aguja, garza blanca y Martín pescador, entre otros.
Si los peces, animales y las aves ayudan al sistema circulatorio del planeta, transportando y reciclando nutrientes, la “bomba de las ballenas”, según el estudio de Joe Roman, debe ser su corazón porque proporciona el primer impulso que inicia el ciclo. Y como el corazón también es la encarnación del amor, por esa misma razón, las ballenas jorobadas lo practican con danzas aéreas en los tiempos marinos de cada año en las cálidas aguas de las costas de Esmeraldas, Santa Elena y Manabí.
Referencias:
PRIMICIAS; “Caso Olón: ¿Qué tipo de flora y fauna tiene el Esterillo Oloncito?, 17-05-2024.
Radio Pichincha, Ramio Ávila; “El caso Olón fue una franca y abierta vulneración a los derechos de la naturaleza…”, 16-05-2024.
BBVA, Ciencia – Biociencias; “La huella de los excrementos en la salud del planeta”, 20-04-2024.
Joe Roman, “Comer, hacer caca, morir: cómo los animales hacen nuestro mundo”; 2023.
WWF, Eddy Silva; “El manglar, un árbol aéreo”, 26-07-2017.
EcoDebate; “Investigación publicada en la revista PNAS prevé una extinción masiva de plantas y animales”, 13-07-2017.
El primero y único arquitecto que ingresó como miembro de la Real Academia Española (RAE) para ocupar la silla “o” falleció en Madrid este 7 mayo a los 96 años. Su misión en la RAE, desde que tomó posesión el 12 de marzo de 2006, fue “intentar llevar la voz de la ciudad al lugar donde se crean las palabras”. Se distinguió como uno de los arquitectos españoles de mayor calado de la segunda mitad del siglo pasado y comienzos del presente.
Nació en la ciudad universitaria de Salamanca y se tituló de arquitecto en 1957. Como académico de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid dictó la emblemática cátedra de Elementos deComposición y asignaturas en las Enseñanzas del Doctorado. Recibió además las distinciones de profesor emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, doctor honoris causa por las universidades de Valladolid, Alcalá de Henares y la Politécnica de Cartagena.
Recibió varios galardones en su aquilatada vida profesional y académica, entre los que se destacan: Premio Nacional de Arquitectura en 1963, Premio Nacional de Restauración en 1981 y la Medalla de Oro de Arquitectura de 2002 por la “excelencia constructiva de su obra y su constante compromiso”.
Perteneció a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, director del Patronato del Museo Español de Arte Contemporáneo, director del Instituto de Conservación y Restauración del Patrimonio Artístico y formó parte del Patronato del Museo del Prado. Desde estos espacios del más alto prestigio intelectual “intentó incorporar la modernidad a la época oscura de los cincuenta y los sesenta en España”.
Entre sus obras más relevantes se destacan varios edificios institucionales y obras de restauración. El Convento del Rollo de Salamanca, premio Nacional de Arquitectura; el Observatorio Astronómico Nacional, que le hizo merecedor al premio Nacional de Restauración; la recuperación del Antiguo Hospital San Carlos, para su transformación en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia; autor de la restauración de la Plaza Mayor de Salamanca; la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; el Centro de Investigaciones Biológicas; la Casa de la Cultura de Vitoria y el Edificio Politécnico del Campus Universitario de Ciudad Real.
Coherente con su práctica democrática y fiel a su pensamiento como un “hijo de la razón”, escribió varios textos académicos e innumerables ensayos de enorme influencia y actualidad en el mundo del arte, la arquitectura y el urbanismo. También ejerció la crítica en una treintena de artículos que publicó en el diario EL PAIS, de extraordinaria densidad y originalidad, en los que se ocupó de la obra de Gaudí, la teoría del arte, la planificación urbana y la poética del espacio.
Para la academia y especialmente para sus estudiantes de arquitectura, con quienes tenía una fluida relación horizontal maestro – alumno, publicó “El diseño entre la teoría y la praxis” (1971), “Devaria restauratione: intervenciones en el patrimonio arquitectónico” (1999), “La ciudad herida” (2001) “El Escorial, metáfora en piedra” ((2004), “En el umbral de la palabra” (2016), “Azules de otoño cerrado” (2021), “Cantos rodados” (2022) y “Quiebran albores” (2023).
Sus textos sobre “Laenseñanza de la arquitectura” escritos con la colaboración de su esposa, una destacada pedagoga española, se constituyeron en consulta obligada de la academia. Tuvimos el privilegio y el honor de asistir a sus clases magistrales de esa asignatura en el programa del Doctorado de la Universidad Politécnica de Madrid, a mediados de la década de los 70 del siglo pasado.
Cuando tomó posesión en la RAE leyó su discurso de incorporación titulado “Palabras sobre la ciudad que nace”, para “intentar llevar la voz de la ciudad al lugar donde se crean las palabras”. En esta ocasión describió de modo patético el fenómeno urbano de comienzos del siglo 21: “Somos testigos, en la ciudad de la información… de un conjunto creciente de signos, de artefactos efímeros, historias fugaces y precipitadas memorias de la lógica narcisista del consumo en una compulsión neutralizadora, en una esquizofrenia mediática que escinde la propia subjetividad…”
Fernández Alba fue un emancipador, un promotor ideal de una visión humanista que correspondió a los planteamientos más lúcidos para entender el accidentado presente y nuestro esperado, esperanzado porvenir.
Llevó con sabiduría la voz de la casa grande de la ciudad a la casa donde se crean las palabras: la Real Academia Española.
Referencias:
Diario EL PAÍS, Cultura, Manuel Morales; “Muere el arquitecto y académico de la RAE Antonio Fernández Alba a los 96 años”, 07-05-2024.
Antonio Fernández Alba; “En el umbral de la palabra. Entorno urbano, espacios y lugares de la sede de la Real Academia Española”, 2016. Edición dedicada al edificio institucional de clara inspiración en la arquitectura griega, pero con una interpretación ecléctica, diseñado por el arquitecto Miguel Aguado de la Sierra e inaugurado en 1894.
Fernández Alba; “Palabras sobre la ciudad que nace”, Discurso leído el día 12 de marzo de 2006 en su recepción pública como miembro de la Real Academia Española y contestación del Excmo. Sr. Don Emilio Lledó Íñigo, Madrid, 2006.
Existe en arquitectura una dictadura de la vista sobre el tacto, el olfato, el oído y lo háptico. Pero podemos felizmente descubrir que andar, pasear, entrar, salir, refugiarse en una buhardilla, etc. son relaciones corporales más ricas que la simple perspectiva.
La arquitectura por ello no es solamente un espacio que se distribuye con los ojos, sino que se recorre con el cuerpo. La arquitectura es el mundo de múltiples sensibilidades que pueden ser vividas intensamente a través de las metáforas.
La metáfora es el recurso predilecto de la poesía para liberarse de las restricciones de la causalidad convencional y establecer relaciones transformadoras basadas en los aspectos de la estructura analógica. Por ejemplo, en Jorge Carrera Andrade, la metáfora conecta dos cosas aparentemente irreconciliables: el moscardón y la uva de la siguiente manera:
Moscardón: uva con alas
Con tu mosto de silencio
El corazón se emborracha.
Pero este recurso retórico debe tener un conocimiento de la esencia de las cosas, (la uva y el moscardón en el ejemplo de JCA) que permite, a la manera de un resorte, potenciar las limitadas cualidades reales de los objetos a proporciones líricas muy atractivas.
Para construir metafóricas es necesario conocer las características sustantivas de las cosas. En el caso de la piel se debe saber lo siguiente:
Que viene del latín pellis, que se refiere al cuero, corteza, epidermis, pellejo, tegumento, membrana. Los romanos se referían con este vocablo a la tienda de campaña y solían decir “Speciosus pelle decora” a quienes engañan con bellas apariencias.
La piel es el cuero curtido para la industria, la corteza como parte exterior del árbol o de las frutas, la epidermis como la capa más superficial de los seres vivos, el pellejo que cubre la carne de los animales, el tegumento como membrana que cubre el tejido de algunas partes de las plantas, y la membrana como piel delgada o túnica a modo de tejido, flexible, elástica, que en los seres orgánicos cubre vísceras, absorbe y segrega humores.
Que la sensibilidad cutánea es el conjunto de sensaciones que es capaz de percibir la piel. El sentido del tacto despliega las sensaciones táctiles, térmicas y dolorosas con sus receptores y glándulas distribuidos en forma diferencial por toda la piel.
Que las funciones de la piel cumplen roles de frontera, líneas de defensa, protección, relación con el exterior, ajuste de secreción y excreción y regulación del medio ambiente del individuo mediante el control térmico e hidrosalino.
Que la piel tiene anexos indispensables que penetran en la dermis y que están constituidos por el pelo y las uñas. No podemos concebir un bello cuerpo sin pelo ni vello, – exceptuando las estatuas de mármol clásicas -, esos filamentos cilíndricos, sutiles que nacen y crecen entre los poros de la piel. O también unas generosas manos sin uñas que crecen unos cuantos centímetros al año, curiosamente al mismo ritmo del movimiento de las placas tectónicas litosféricas ubicadas a 100 kilómetros de profundidad de la tierra.
Y también se debe saber que la piel es proclive a las inflamaciones, infecciones, enfermedades sistémicas y otras afecciones cutáneas. Así como a regeneraciones naturales, cicatrices, injertos y cambios por cirugías de diversos tipos.
Pero la palabra piel o similares pueden no solo servir para dar simples definiciones sino también para construir significaciones metafóricas. Por ejemplo, “ese político tiene piel de hipopótamo”, “hay quesacar los cueros al sol”, “no vale la pena ahora estar en cueros”, “ese cuerazo”, “perder el pellejo”, “estar en el pellejo del otro”, “es un lobo con piel de cordero”, etc.
Con mucha creatividad la metáfora de las pieles en la arquitectura puede ser un recurso poético para superar el mundo árido de la razón, entrar en el fértil territorio de las sensaciones y asociaciones, halagar los sentidos, buscar la sorpresa sensitiva, la fulguración repentina y la lucidez de los espacios.
Por supuesto que la metáfora de las pieles de ninguna manera quiere decir que la arquitectura va a estar revestida con la cáscara de una fruta, el cuero de un borrego, el pellejo de una gallina, o el tegumento de los óvulos y las semillas. Metaforizar no significa en ningún caso trasponer literalmente los elementos y las cualidades de una cosa a otra, sino más bien conectar mediante saltos conceptuales figurativos e intuitivos sus esencias para obtener nuevos mundos y sentidos.
La metáfora de las pieles en arquitectura ha sido trabajada recurrentemente desde el momento en que Le Corbusier proclamó la liberación de la fachada respecto al dominio tiránico que para él ejercían la planta y la estructura. La consecuencia de esta emancipación fue el aporte de la tecnología mediante la invención del muro cortina de vidrio y en las próximas décadas se incorporaron la piedra, mármol, cerámica, cristal y nuevos materiales elaborados como el titanio y otros de origen orgánico, con finas láminas que envuelven los edificios, muy eficientes desde el punto de vista técnico, para reconciliar pasado y presente a través de la Arquitectura Contextual en los paisajes urbanos.
Los conceptos, significados y experiencias que se pueden interpretar en esos proyectos pueden ser:
Una nueva materialidad compleja (visible, estructural interna y asociativa simbólica) que señalan fuerzas más que materias inertes;
Intensidades más que extensiones;
Distancias más que medidas;
Variaciones continuas más que constantes;
Visiones próximas más que lejanas;
Percepciones hápticas más que ópticas, es decir experimentaciones complejas visuales-tácticas en las que la mirada acaricia los materiales; y,
Los materiales poseen una fuerza mística que debe ser descubierta y apropiada para su interpretación, en un mensaje que habla el lenguaje de la construcción de pieles y texturas.
En consecuencia, la metáfora de las pieles en arquitectura puede constituirse ambientalmente integrada y reconocible como perteneciente a su momento histórico. Y también como estrategia para establecer continuidades entre lo nuevo y lo antiguo a través de un estudio cuidadoso de los materiales a emplear y de los lugares a emplazar.
Recordemos que las cicatrices se forman para sanar las heridas de la piel. Y en la intervención de los edificios patrimoniales sus cicatrices y original materialidad son parte de su historia… Cualidades que deben ser respetadas. ya que“…la pátina en arquitectura, es signo del tiempo y testimonio de la vida y de la autenticidad de la obra; en definitiva, como señal de civilización, aunque, por encima de todo es belleza: Es en esa dorada pátina del tiempo donde debemos buscar la verdadera luz, color y preciosidad de la arquitectura” (John Ruskin).
Referencias:
Otra arquitectura es posible, Reflexiones sobre un clasicismo contemporáneo; “Pieles y envolventes arquitectónicas: Alberto Campo Baeza y la Catedral de Zamora”, 22-07-2011.
Juhani Pallasmaa; “La mano que piensa”, 2022.
IDEM; “Los ojos de la piel”, 1996.
Francisco de Gracia; “Construir en lo construido”, 2001.
Deleuze / Guattari; “Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia”, 1980.
Joaquín Guzmán, culturaplaza; “La fascinante huella del tiempo”, 27-09-2015.
La analogía de las cicatrices es ideada por la Arquitecta Gabriela Torres Balarezo.
La revisión de estilo y varias precisiones conceptuales corresponden a Olga Jaramillo Medina.
Jorge Carrera Andrade; “Microgramas”, 1926.
Varias páginas de Internet.
La imagen que acompaña el texto corresponde al edificio “Parque Biblioteca España” (2007), Medellín, Colombia, diseñado por el arquitecto barranquillero Giancarlo Mazzanti. Su piel está conformada por una membrana metálica articulada que se auto soporta y arma con paneles ligeros enchapados en pizarra.
Al igual que la luna el artista de la cerámica tiene una cara oculta: su vena de buen arquitecto para ornamentar espacios con significación (A su retorno de los años de estudio en Madrid y Londres se incorporó a la oficina de arquitectos CONAR para colaborar en trabajos de interiorismo). Y ese lado oculto se revela sutilmente en sus obras de dos y tres dimensiones, respectivamente: el mural y el gigante conjunto escultórico. Mural como perteneciente o relativo al muro significativo; y escultura, como el arte tridimensional, así advertido por Baudelaire, porque el observador da vueltas en torno a estas obras.
Vega (Cuenca, Ecuador, 1938) ha creado murales en la arquitectura y esculturas en el paisaje urbano de muchas ciudades con arcilla cocida de rústica firmeza, como lienzos de trazos y colores para el presente, el futuro y la memoria. Son formas cargadas de profundidad indígena, paisajismo y figurativismo andino y un mundo mágico de color para plasmar conceptos.
Sus murales y esculturas son álgebra infinita de fragmentos, con placas de colores terrígenos exacerbando los relieves. La quema que actúa a modo de pátina se liga al muro y a la escultura para formar no solo una simple decoración, sino un solo cuerpo. Agréguese el lenguaje simbólico con un alto valor sígnico que hace que las obras se identifiquen con nuestra realidad mestiza.
Se puede ensayar una arqueología del color. Por ejemplo, el carmesí es el tinte conseguido a partir de la kermesse lidia, el púrpura se obtiene machacando cefalópodos fenicios. O averiguar la evolución de sus nombres y significados: el amarillo se identifica con la medicina clásica, el azul y oro fueron el símbolo de las cruzadas cristianas en contraposición con el mundo islámico de verdes y azules. No hay colores puros, hay vicisitudes de colores porque cada uno tiene su historia que contar. Los colores industriales, en cambio, tienen un uso puramente técnico y mercantilista, ofrecen una paleta de miles de tonalidades, tales como el amarillo Kodak, el verde Fuji, o el rosado Barbie.
Vega en sus murales y esculturas otorga significado a los colores, cuenta nuestra historia y da forma al color ferruginoso. Crea una ontología de color. El ferruginoso es su contenido y el café telúrico su identidad lograda universalizando lo que somos. Pone enfrente el sentido trascendental de lo prehispánico. Resucita esencias pérdidas para alcanzar un carácter propio con diversidad y unidad.
Su constancia se sintetiza en un amalgama de módulos texturados que sustancian una rica dialéctica: lo antiguo aborigen y lo nuevo creado. Arranca de lo primero la mismidad sagrada y de lo segundo la fuerza poética. Son temporalidades matéricas que conviven comprometidas con la verdad andina. Son obras que transfiguran valores, que muestran el ente andino en su patencia.
Su propuesta pública corresponde al arte urbano de esculturas gigantes de hormigón denominadas Tótems: “Pilares cósmicos” o puntales que sostienen el cielo, que a su vez enlazan la comunicación entre el cosmos y la tierra. Sobre estos “menhires megalíticos” se adhiere, a manera de mosaico, placas esmaltadas de cerámica con formas abstractas que evocan figuras andinas. Se emplazan en sitios estratégicos de las ciudades como piropos estéticos en la cotidianidad urbana para estimular el pensamiento, la imaginación y la sensibilidad de los ciudadanos. (*).
“Todo pueblo – explica el artista – desea trascender lo humano…. Me causan fascinación los tótems de madera que aún encontramos en las culturas de los indígenas (Inuit) del Canadá. Me inspiré en ellos”.
Vega también brilla en la cerámica artística con finísimas piezas de uso cotidiano: bandejas, placas, azulejos, salpicaderos, mosaicos (superficies planas), jarros, tazas, vasos, copas, floreros, macetas, lavamanos (superficies convexas) y una variedad inimaginable de figuras zoomorfas (pequeñas esculturas) con ricas ornamentaciones.
Su inspiración para la elaboración de las piezas está en los coloridos tesoros de la naturaleza, como plantas, animales, bosques, ríos y montañas. Y su habilidad para trabajar la cerámica radica en el sutil manejo de la plasticidad del material. Para Vega el beneficio de trabajar con cerámica consiste en aprovechar la plasticidad del barro para crear una pieza tridimensional, lo cual no ocurre cuando solo se dibuja o pinta.
Sus piezas hechas a mano, con el procedimiento técnico propio de su Hogar / Galería / Taller artesanal de cerámica ubicado en el mirador de Turi (moldear, tornear y hornear), han alcanzado tal grado de estilización y canon estético, que difieren de los objetos utilitarios anclados en la pura funcionalidad y que regularmente son fabricados en serie. Por ejemplo, “el ritual del café es una experiencia que sabe mejor en una taza de Vega…o encontrar la colección de Retamas la cual cuenta con distintas piezas para completar tus espacios”.
Vega siempre ha insistido en la naturaleza manual de su obra: “Las ideas salen de la cabeza para ir a la mano, que toma el lápiz para realizar el diseño. Así que los visitantes se topan con piezas que no vienen de la industria, sino del artesano, son arte”. Y desde el inicio de su labor artística, hace más de 50 años, se ha lucido creando piezas de uso cotidiano y presentando murales y esculturas en diversos escenarios del mundo.
La Insignia “Santa Ana de los Ríos de Cuenca” que entregará la Municipalidad de Cuenca al gran maestro de la cerámica ecuatoriana este 12 de abril, es el gesto simbólico de reconocimiento más alto por su labor trascendental artística y por las múltiples actividades culturales, políticas y empresariales de las que se ha ocupado en su calidad de pionero de las artes y de la industria cerámica en el País (Artesa Cía. Ltda.) Ha sido además cofundador de “Acción Cívica” (una suerte de veeduría ciudadana para valorar el patrimonio material e inmaterial de la cual fue su primer presidente); gestor cultural (como los sueños compartidos con su compañera Alexandra Kennedy en la Fundación Paúl Rivet, la ONG cultural más importante del Ecuador en los años 80 y 90); primer director del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural para el Austro, concejal y vicealcalde de Cuenca.
Amables lectores, brindemos un buen vino servido en copas de “Cerámica Vega” con acabados en colores muted aqua, descubriendo la elegancia en cada sorbo, por la entrega de la mayor insignia al gran maestro de la cerámica ecuatoriana.
Salud, salud…
(*)
Recordemos que antiguamente el piropo era una variedad de granete de color rojo fuego, muy apreciada como piedra fina. Tanto Calderón como Quevedo la usaron figuradamente como metáfora de decir palabras bonitas y con este significado pasó al diccionario en 1843. Después, el verbo piropear fue admitido en 1925.
Referencias:
Vega Galería / Taller; 23-10-2023.
EL COMERCIO; “Eduardo Vega: toda la vida fui un observador de la naturaleza”, 08- 06-2021.
BASILISCO, Revista de materialismo filosófico, N° 55, pp. 23-33, Tomás García López; “Filosofíade la Cerámica: cuatro apuntes sobre Estética y Filosofía del Arte”, 02-10-2020.
EL UNIVERSO; “El arte de los Vega brilla en la cerámica”, 16-06-2019.
Alexandra Kennedy – Cristóbal Zapata; “el alma de la tierra”, Eduardo Vega y la cerámica en el Ecuador, 2012.
Varias páginas Internet.
La imagen que acompaña al texto corresponde a “Los tótems”, conjunto escultórico en hormigón y cerámica esmaltada, 1991, Avs. Remigio Crespo y Unidad Nacional, Cuenca. Imagen tomada del libro “el alma de la Tierra”.
El universo es su origen, su matriz, su lugar de nacimiento y el destino insondable. Su apellido es Estrella. Su vida fue una peregrinación que la marcó con ética y poética. Con el cultivo exterior de los sentidos y el sentido interior del cultivo. Con una sencilla ejemplaridad y dignidad.
Siguiendo al filósofo Javier Gomá, la ejemplaridad de una persona como Simón merece este contundente axioma: vivió de tal forma que su muerte temprana resultó injusta.
Y su dignidad, en clave socrática, se conducía en favor de lo bello, de lo bueno y de lo justo.
En torno a la dignidad y la injusticia humana, Kant decía que existen cosas que tienen dignidad y otras que tienen precio. Lo propio de la dignidad es lo humano y lo propio del precio es el objeto. Simón siempre con sabiduría sostenía con entereza que el peor delito que puede existir en una persona, o en la profesión de la arquitectura, es la cosificación y la mercantilización de la dignidad.
Siguió con pasión el lema Valeryano del molusco: “uno debería vivir para construir su casa, y no su casa para vivir en ella”. Se refería al pensamiento de la construcción humana permanente en todos los sentidos – incluida la arquitectura – teniendo como referencia la aproximación asintótica, utópica, del concepto griego de entelequia, de la siempre inalcanzable meta de la perfección del ser personal y colectivo.
Como académico crítico investigaba la dura realidad de la vida y sin embargo, pese a todo, siempre no dejaba de soñar con sus alumnos con ideales mayores. Por eso mismo, a más de ser inteligente, porque conocía bien los medios para conseguir los fines, fue además sabio, porque conocía los fines que merecían la pena.
¿Cómo perdurará nuestro querido compañero Simón? Su sencilla ejemplaridad merece ser recordada. Y su arte de cómo vivió con ética y poética será su memoria.
Del Parque Arqueológico que había sido un importante complejo ceremonial arquitectónico ahora no queda más que unos cuantos cimientos -ruinas monumentales que no se pueden tocar. No es tanto la arquitectura lo que hace el monumento, es el paisaje natural, la tectónica como belleza, su sublime ubicación, el promontorio aterrazado que remata el extremo del flanco Este del Barranco del Río Tomebamba.
Es el testimonio que muestra cimientos con sistemas constructivos de las técnicas utilizadas por las culturas Cañari e Inca. Son los restos de la arquitectura “destruida mayoritariamente por el mismo Atahualpa y que durante casi tres siglos había servido de cantera para la cimentación de las edificaciones coloniales de la ciudad actual”.
Esta sagrada geografía Cañari – Inca, Gaia diosa de la tierra, aseguró creer en las fuerzas invisibles que hablan de la belleza sobrenatural del paisaje. Además, fundó un lugar hierofánico (del griego hieros = sagrado y faneia = manifestar) para llevar actos de manifestación de lo sagrado, vivir una cosmovisión andina llamada por Campo Tejedor “cualidad perspectiva” (pacha y ayllu), y observar el cielo para calcular la posición del sol (intihuatanas) y predecir los ciclos que identifiquen solsticios y equinoccios para asociar mejor las épocas de siembra y cosecha.
Siguiendo a Martin Heidegger y Georg Simmel, ciertamente existe algo extraordinariamente ambiguo en la percepción y los sentimientos que producen estos cimientos – ruinas. Su aprehensión genera a la par un juego ambivalente de presencia y ausencia, que falta algo, de presencia incompleta, de lo que queda… La filósofa española María Zambrano ha dicho que “las ruinas son lo más viviente de la historia, pues sólo vive históricamente lo que ha sobrevivido a su destrucción, lo que ha quedado en ruinas”.
Dibujan estos cimientos – ruinas una traza o una huella pétrea indeleble. Precisamente el vocablo ruina proviene el latín ruina, el que a su vez deriva del verbo ruere, desplomarse, derrumbarse, caer. Por tanto, la ruina es lo precipitado o caído. El valor poético de las ruinas reside precisamente en esta falta y en esta carencia.
La referencia al pasado aborigen de Pumapungo, a su historicidad, genera un particular sentimiento de nostalgia que lo dota de un peculiar espesor. Esta nostalgia está signada por la presencia de una ausencia y por un halo de misterio que lo rodea. Un pasado inescrutable que, sin embargo, remite a un cierto retorno, a una morada abandonada para siempre. Las ruinas que son su vestigio, su testigo que queda del pasado, relatan una parte de la identidad comarcana.
En las ruinas, afirma Simmel, existe una especie de vuelta atrás, un regreso a la “Buena Madre”. En ellas se verifica aquello según lo cual todo lo humano “procede de la tierra y a la tierra ha de volver”. De allí la sensación de paz que rodea a las ruinas. Una sensación de paz se vive en Pumapungo formando un todo unitario con el paisaje natural que lo envuelve.
Cualquier intervención arquitectónica contemporánea en la vecindad del Complejo Arqueológico debe honrar su paz. Escuchar su silencio y respetar su memoria. Estudiar la conexión con las vistas y su paisaje hierofánico. Las ruinas monumentales deben actuar como verdad y como líneas cardinales que orienten las elecciones de los nuevos diseños arquitectónicos.
Referencias:
El País, Cultura, Del tirador a la ciudad, Anatxu Zabalbeascoa; “¿Qué significa respetar un edificio?”, 19-03-2024.
SciELO, Boletín de Estética. No. 62, Buenos Aires; “LAS RUINAS: Una poética del tiempo”, 03-2023.
El Espectador, Damián Pachón Soto; “Para una filosofía de las ruinas”, 22-09-2022.
Carlos Jaramillo Medina, XIII Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial; “Maneras de pensar y mirar el Paisaje Rural Andino Ecuatoriano, del alma colonialista al giro de un nuevo paisaje rural”, 10-2022.
Alberto del Campo Tejedor; “Maneras de Pensar: del alma primitiva al giro ontológico”, 2017.
Municipalidad de Cuenca. Junta de Andalucía, Embajada de España; “Guía de Arquitectura, Ecuador”, Cuenca – Sevilla, 2007.
Muchas de las empresas de Silicon Valley nacieron en un garaje en los años 90 del siglo pasado. Los jóvenes emprendedores crearon primero un chip que permitiera el procesamiento gráfico 3D realista de ordenadores personales y consolas de videojuego. Luego, para tener imágenes cada vez mejores, aumentaron exponencialmente la potencia de los ordenadores que funcionan gracias a decenas de miles de microprocesadores con capacidades para la robótica, computación en la nube, industria aeroespacial, fabricación de armamento, biotecnología, metaverso, criptomonedas, conducción autónoma, el reconocimiento de imágenes imposible de distinguir entre ficción y realidad, y la inteligencia artificial (IA).
A partir de ahora la aceleración computacional y la IA generativa han alcanzado un punto de inflexión. El mensaje de esta nueva realidad es claro: estamos al comienzo de una nueva ola del conocimiento en la que las fortalezas de la IA son su capacidad para acumular, procesar y aprender a partir de grandes cantidades de información. A través de algoritmos y modelos se puede analizar datos a una escala que supera las capacidades humanas, identificando patrones, tendencias y relaciones complejas.
Los campus de las empresas de la IA lucen en todo su esplendor con diseños futuristas. Las instalaciones arquitectónicas parecen escenarios de película, con edificios parecidos a grandes naves espaciales bautizadas con nombres estelares que hacen un guiño a la saga de Star Trek. Las estructuras se diseñan a base de triángulos, la misma forma geométrica en que se basan los gráficos en 3D. Disponen de abundante vegetación interior, áreas de esparcimiento, enormes naves transparentes para los miles de jóvenes científicos que trabajan denodadamente, y también zonas de laboratorios cerrados donde se investigan en secreto nuevos diseños y prototipos para el futuro.
Y como el negocio va viento en popa, estas empresas ya están pensando en construir más campus con estética espacial. Pero, más allá de este rasgo superficial que salta a la vista, es posible identificar una serie de nuevos conceptos y métodos, diferentes del repertorio tanto de la arquitectura tradicional como de la moderna y posmoderna, que podría hablarse de un nuevo paradigma de la arquitectura vanguardista de la época contemporánea: el Parametricismo, término acuñado en 2008 por Patrik Schumacher, con conceptos y prácticas compartidas, repertorios formales, lógicas tectónicas y técnicas computacionales, usando los diseños, por supuesto, de la IA.
Las nuevas herramientas computacionales ofrecen un potencial extraordinario para simular entornos y formas arquitectónicas complejas. Utilizan algoritmos y programación para la construcción de edificios con geometrías que evocan a la naturaleza, nuevos materiales más eficientes y sostenibles imposibles de realizar de manera tradicional. Merced a esta revolución asistida por el ordenador se ha hecho posible lo imposible.
Entre las ventajas de la IA en la arquitectura se pueden citar: la optimización y generación automática del diseño, la toma de decisiones informadas, simulación y visualizaciones con realidad virtual y aumentada, modelado de precisión, simulaciones estructurales, gestión inteligente de recursos y materiales, evaluación de riesgos, interacción comprensible con el usuario, etc. En síntesis, la IA en la arquitectura cambia las reglas de juego y crea soluciones sostenibles que resisten el paso del tiempo.
Algunos arquitectos que han vivido tanto el periodo analógico como el de la revolución informática y la IA han constatado que su proceso de diseño y dibujos manuales guardan una gran similitud con el diseño asistido por computador, confirmación que podría ser una especie de profecía autocumplida. Arquitectos de prestigio y grandes estudios como Zaha Hadid Architects, Foster + Partners, Bjarke Ingels Group (BIG), utilizan la IA para mejorar sus procesos de exploración del proyecto y toma de decisiones.
¡Cuidado! No se puede caer en la tentación de recibir sin beneficio de inventario la enorme información computacional y la modelación arquitectónica que facilita la IA. El partido arquitectónico que se adopte a través del dibujo a mano debe preceder al ordenador. Esta elección en los órdenes planimétrico, volumétrico y expresivo debe orientar el software de la arquitectura que genera. De este modo, con la aplicación de la IA el arquitecto puede reivindicar y reforzar la resolución apropiada y coherente de su proyecto.
Por las razones expuestas debemos estar atentos para moderar la imposición del consumo tecnológico innecesario por encima de las reales demandas de la sociedad. Los debates en torno a la aplicación de la IA en la arquitectura deben superar la simple “metodología” de diseño sin contexto por una “epistemología del proyecto” que permita otorgar sentidos culturales y creativos a la práctica proyectual.
Referencias:
El País, Economía, Miguel Jiménez; “En el museo del futuro de Nvidia”, 03-03-2024.
ZIGURAT, Blog / Disruptive Technologies; “Inteligencia Artificial en la Arquitectura: ¿Qué es y cómo se aplica?, 05-12-2023.
Diego Jaramillo; “En torno a la enseñanza de proyectos en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca (FAUC)”, 2017.
Zaha Hadid; “La explosión que reforma el espacio”, 2012.
Varias páginas de Internet.
La imagen que se acompaña corresponde al Interior de Voyager, uno de los edificios de Nvidia en Santa Clara (Silicon Valley), facilitada por la compañía al Diario El País de España, 03-03-2024.
Soy engendro, gestado y nacido en El Barranco, de caprichosa topografía con olor a tierra mojada. Mi raíz del signo Acuario se nutre del Tomebamba, de su histórica creciente de la noche del 3 de abril de 1950, cuando apenas tenía 2 meses, del flujo del agua que es la transición entre sonido y silencio, entre despertar y dormir, y de la sangre verde que circula por el frágil cuerpecillo del colibrí, profesor de vuelo del canario y el gorrión, mis incondicionales aliados naturales.
Y desde la rotundidad de mi interior lo invento como paraíso de mi infancia con imágenes oníricas para el desborde de la fantasía y la felicidad. Mis registros de impresiones merecen en esta orientación, siguiendo al filósofo Gaston Bachelard, que lo nombre como un lugar para la Topofilia. Es decir, de imágenes para el vínculo afectivo que aspira a determinar lo más profundo de la posesión y la imaginación que supera el mero espacio indiferente entregado a la medida y a la descripción del geómetra.
De antaño, de leyendas de duendes, gagones y aparecidos, la calavera de la Cruz y el cura sin cabeza. De gente sencilla, personajes populares y lavanderas. De años viejos con castillos, globos, palos encebados y juegos de ollas encantadas. De juegos de trompos, bolas, cahuitos y carros de madera. De cantinas y tiendas de media cuadra. Con olor a pan recién salido del horno de mama Delicia. Desde 1954 el buen vecino Mercado 10 de Agosto ofrece, para el disfrute de los sentidos, pirámides de frutas y trincheras de verduras frescas.
Hoy, no podría descubrir El Barranco si antes no lo hubiera engendrado y concebido en algún lugar de mis entrañas como lo hemos descrito. Resbalaría ante mis ojos, no podría reconocerlo, no podría verlo, ni escribirlo, describirlo, si antes no lo hubiera in – ventado.
Ahora, desde la vecindad de El Ejido, y luego de varias décadas, quiero recordar, “volver a pasar por elcorazón” El Barranco para capturar sus cualidades energéticas y mirar la verdadera y estética arquitectura que invita a relatar historias pasadas y el deseo de imaginar el porvenir. (*)
Y también para desdeñar la incuria en la preservación de varias edificaciones patrimoniales y la presencia de las impertinentes construcciones que se han levantado en los últimos años con la connivencia de la autoridad, en las que dominan lógicas del mercado sin un entendimiento sistémico y respeto por el lugar.
La Geografía reconocida como un campo de fuerzas, el Río como una línea enérgica y dilatada de la vida, y la arquitectura de casas colgantes que se encajan en la caprichosa topografía mirando al Ejido y a las montañas de Turi en lontananza, que hacen honor al lema de la Gestalt que “el todo es más que lasuma de las partes”, con los primeros rayos de luz del alba, crean un duende-volumen blanquecino impresionista, jaspeado de manchas verdes y amarillas.
Se inicia de esta manera la presencia del accidente natural-humano de mayor densidad y espesor de la ciudad.
Y en las distintas horas del día la brillante luz confina y define una vibrante y variante multitud de colores, sombras, volúmenes, siluetas, planos y texturas.
Ya por la tarde grises sacos de nubes se cuelan en el cielo como preámbulo de la pronta visita lúgubre del manto de la noche y súbitamente, de nuevo, se crea otro duende-volumen, pero esta vez, oscuro, hasta que su contextura desaparece.
Mientras tanto el primer lucero se ha instalado al oeste del cielo para anunciar la noche inmediata y guiar la procesión de luces artificiales tachonada por la arquitectura.
El alquímico rito iniciará el siguiente día ¿Hasta cuándo? La geografía con sus flujos ecológicos, el río de Heráclito y la luz ecuatorial siempre recrearán la vida, indefectiblemente, por lo demás, a la voluntad de sus designios….
(*) “Recordar” etimológicamente viene del latín “recordare”, formado de re (de nuevo) y cordis (corazón).Lo recordado, para los romanos, era aquello que se encontraba al volver a pasar conscientemente por el corazón, entendido no como el músculo físico, sino como el centro del ser humano.
Referencias:
BAQ Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito; “Enfoque temático BAQ2024, Convergencias. Arquitecturas paisaje”, 2024.
Álvaro Malo; “Ecologías entrelazadas”, III Bienal Iberoamericana de arquitectura académica, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Cuenca, Ecuador, 2017.
Josep García Cors; “In-ventar y des-cubrir”, Cuaderno de Arquitectura, No. 2, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Cuenca, 2014.
Jaime Astudillo; “La casa de los arcos”, Cuaderno de Arquitectura, No. 1, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Cuenca, 2012.
Gastón Bachelard; “La poética del espacio”, 1993.
Efraín Jara Idrovo; Cuenca de los Andes, “El Paisaje Cuencano: diálogo entre el hombre y la naturaleza”, 1998.
Carlos Mario Yory; “El concepto de Topofilia entendido como Teoría del Lugar”, s/f.
Municipalidad de Cuenca; “Revista 3 de Noviembre”, 1954.
Algunas analogías han sido tomadas del poeta Jorge Carrera Andrade.
Varias páginas de Internet.
El autor del Proyecto Gráfico que se acompaña es Fausto Cardoso Martínez: “Santa Ana de losRíos de Cuenca, vista desde el cielo”.La ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad en su imagen aérea del año MMVI. Primera Edición, abril de 2006: El Vado, Mercado 10 de Agosto, San Francisco, El Padrón y el Centenario. Está señalada con línea azul la casa en la que nací.
¿Qué ser humano no ha visto volar a los mosquitos alrededor de las bombillas, caminando por la noche cerca de las farolas de un parque, sentado en una vieja poltrona, o tumbado en la cama en los días de intenso calor?
Pero la pregunta del millón sería: ¿Por qué revolotean los mosquitos alrededor de las bombillas? ¿Qué tienen esos mágicos artilugios cuyo origen se debe a Humphry Davy que colocó una fina tira de carbón entre los dos polos de una pila, en 1809? (*)
Un estudio reciente ha descubierto que la iluminación artificial confunde el sistema de orientación de los insectos voladores acostumbrados a la luz solar. Sus autores sostienen “que la luz artificial afecta la capacidad de los insectos para orientarse correctamente hacia el horizonte, lo que podría explicar su cambio de comportamiento ante la iluminación humana”.
Efectivamente, los científicos de Nature Communications han observado que los animalitos frente a la presencia de la luz artificial, aproximadamente a dos metros alrededor de la fuente de luz, alteran su vuelo de “modo avión” de tal manera que su espalda queda orientada hacia la fuente de iluminación. Este trastorno aéreo, conocido como “respuesta de luz dorsal”, produce vértigo y cambios inesperados en la trayectoria del plan de vuelo, genera confusión, y lo que es peor, no se determina el arriba y el abajo. Este cambio desadaptativo provoca que se inclinen los cuerpos de los mosquitos hacia las bombillas volando en círculos.
Este orbitar sin fin, según la misma fuente científica, tiene resultados fatales: los mosquitos suelen volar hasta morir agotados, se convierten en presas fáciles para los depredadores y su muerte tiene consecuencias para el medio ambiente.
En cambio, cuando son expuestos a los rayos del sol su vuelo es constante, ordenado, sin alteraciones y no se presentan “zonas de turbulencias”. Con esta estrategia guían su viaje con un sistema de estabilización para ubicar el sol o el hemisferio más iluminado y así descifran de modo correcto su plan de vuelo (fligth plan): el lugar de salida, destino, altitud, velocidad de crucero, y todos los puntos por donde pasarán los animalitos.
Alejandro Sánchez de Miguel, astrofísico de la Universidad de Complutense de Madrid, afirma que la pérdida de hábitat debido a la contaminación lumínica es la principal causa de muerte de los insectos. Y que el alumbrado de Navidad incrementa aún más los niveles de contaminación, como lo comprobó un equipo de investigación de expertos del CSIC a través de imágenes satelitales, entre 2014 y 2019. El estudio demuestra que se produce un pico de esta polución durante la Navidad en los países donde se practica la religión cristiana, el Año Nuevo Chino, el Ramadán musulmán y el Diwali hindú.
La reciente rivalidad de las ciudades por el mejor encendido navideño, “el tamaño del árbol más grande del mundo”, el número de luces, la cantidad de adornos y armatostes de aluminio, protagonizan el campeonato mundial para adorar al Niño Dios Recién Nacido, pero la contaminación lumínica se cuela entre la magia navideña y el actual negocio posmoderno consumista. Por ejemplo, el biólogo Airam Rodríguez explica que las luces blancas y azules, típicas del decorado con iluminación LED, tienen un efecto más perjudicial en las especies (insectos, aves, mamíferos, anfibios) que la tradicional bombilla anaranjada.
¿Otra celebración de la Navidad, sin tanta parafernalia, es posible? ¿No sería más sencillo y estético retomar de alguna manera la tradicional conexión de la Navidad con la naturaleza, el ser humano y el cielo?
Sánchez de Miguel lo dice de modo sarcástico: “Si los Reyes Magos tuvieran que encontrar ahora la estrella, sería imposible”.
(*) En 1840, Warren de la Rue coloca un filamento de platino en el interior de un tubo de vacío y logra aumentar la duración de la luz, pero sus costes eran excesivos. En 1880, Thomas Edison patentó la primera bombilla incandescentes con perspectiva comercial. Tuvo que pasar más de un siglo para llegar las revolucionarias luces LED, un dispositivo semiconductor sólido que convierte una corriente eléctrica entrante de intensidad leve en una luz de consumo reducido y eficiente.
Referencias:
El País, Ciencia/Materia, Verónica M. Garrido; “El origen de una atracción fatal: por qué mosquitos y polillas revolotean alrededor de las bombillas”, 30-01-2024.
IBID, Clima y Medio Ambiente, Sara Castro; “Insectos agotados, pájaros insomnes, ranas sin sexo: así afectan las luces de Navidad a los animales”, 26,12,2023.