3. LA PLANIFICACIÓN INSTITUCIONAL SOSTENIDA DE LA CIUDAD
La cartografía urbana tiene la misión de representar una ciudad. Es un modelo que puede ser prefigurado mediante un plano como sistema iconográfico. La conquista española en América trazó planos reticulares de damero y el Centro Histórico de Cuenca responde a este tipo de ciudad fundacional con manzanas de 150 varas castellanas.
No se conocen planos de Cuenca de la época colonial, esos dibujos que muestran las ciudades en perspectiva al estilo de las pinturas de Giotto, descriptivos, taxonómicos y composicionales. Solo conocemos planos que reconstruyen la traza colonial dibujados en base a las actas de fundación, como el de Octavio Cordero Palacios de comienzos del siglo 20.
La notación de los planos se multiplicó en el siglo 19. Modelos iconográficos que representan a la ciudad existente precisa y abstraída.
Existen planos de la primera mitad del siglo 20 que son una fuente gráfica para el estudio histórico.
El año de 1942 es un hito urbanístico porque se da el salto de la elaboración de planos de la ciudad representada, tal como es, a la propuesta iconográfica de la ciudad imaginada. El segundo plano imaginado corresponde al proyecto “Cuenca en unfuturo de 50 años” del año 1947, realizado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral. Mientras que el tercer plan imaginado se elaboró en 1971.
El Plan del Área Metropolitana de Cuenca de 1982 es el cuarto esfuerzo institucional sostenido y el primero de carácter multidisciplinario. En los siguientes lustros se publican varias ordenanzas para el uso y ocupación del área periurbana y el suelo rural. Y en este año se elabora el plano actualizado de la ciudad que contiene las cabeceras urbano parroquiales, la zonificación, los equipamientos públicos y sitios de interés arqueológico y paisajístico.
Ponencia presentada en la CUMBRE DE ARQUITECTURA, PATRIMONIO Y DESARROLLO URBANO E INMOBILIARIO: CUENCA, 2025.
La ponencia consta de 8 partes que se entregan de forma periódica.
2. La ciudad
Cuatro ríos fluyen por la ciudad que han impregnado el carácter de singularidad del ser y del quehacer del cuencano. El ciudadano y el entorno natural, de igual manera que las líneas de la mano, han marcado la unidad ontológica entre hombre y paisaje. Porque el cuencano no vive en el paisaje, sino que lo vive, como lo hace el gusano en el caracol.
Se completa el escenario natural de la ciudad heredada con los distintos paisajes culturales que rodean la urbe. La mayoría erosionados y yermos, debido a la persistencia necia del huracán histórico de la emigración.
La ciudad ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas: la aborigen cañari e inca, la colonial renacentista que trazó la ciudad reticular,la republicana,la cosmopolita premoderna de influencia francesa,la moderna con la introducción del estilo internacional y la contemporánea.
Las cinco culturas han tejido tres ciudades con sus características propias, pero guardando un mismo sentido de unidad: la ciudad primigenia correspondiente al Centro Histórico, la “ciudad jardín” moderna que ahora mismo está siendo transformada con la presencia de la ciudad vertical, la ciudad periférica de expansión y las cabeceras urbano parroquiales.
Este es el ámbito natural, histórico y cultural sobre el cual debemos imaginarnos la ciudad del futuro.
Ponencia presentada en la CUMBRE DE ARQUITECTURA, PATRIMONIO Y DESARROLLO URBANO E INMOBILIARIO: CUENCA, 2025.
La ponencia consta de 8 partes que se entregarán de forma periódica.
SU GEOGRAFIA
“Montañas. Compacta sortija de montañas. Donde quiera que se dirija la mirada, las montañas salen al encuentro, nítidas a pesar de la lejanía, solemnes en su grandiosa austeridad. El cielo se adhiere a sus cimas como una inmensa telaraña azul… Este cinturón de collados apacigua la violencia telúrica de los Andes, dulcifica la orografía y da al valle aspecto de huerto, apariencia apacible de vergel”.
De esta manera Efraín Jara Idrovo, en un motivo de celebración poética, describe las cualidades tectónicas de la “Geografía Sagrada” de las culturas Cañari Inca que enmarca el valle de Cuenca: el Guagualzhumi, Curitaqui, Pacchamama, Turi, Icto Cruz, Monjas, Minas, Barabón, Boca de Pescado, El Boquerón, El Calvario, Cabogana, Caushin, entre otros.
Cuenca ha sido bendecida con el regalo natural de las montañas donde llegan los ríos abriéndose paso por las rocas occidentales, hasta llegar a la vaguada, en cuyo centro se asienta la ciudad. Desde cualquier punto de la urbe la perspectiva se dirige hacia las variadas moles de la cordillera que se funden en los confines del horizonte comarcano. Predominan los colores azul ferruginoso, verde azulado y en algunos flancos colinas ocres desolladas por las garras de la erosión y la fiebre urbanizadora.
Cuidemos el futuro preservando la belleza telúrica de nuestras montañas, su frágil ecosistema, su diversidad ecológica, los valores y los modos de vida de las culturas locales. Las Naciones Unidas y la FAO, con motivo del “Día Internacional de las Montañas 2017” (11 de diciembre), reivindican la necesidad de que su estrategia de desarrollo sostenible se integre en la Agenda 2030, frente al lema “Montañas bajo presión: clima, hambre, migración”.
Inspirador lema que motiva pensar sobre el cuidado y manejo sustentable del paisaje de montaña que enmarca el valle de Cuenca.
Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025. Octava y última entrega.
8. COP16 – Colombia y la “Paz con la naturaleza”: Un paisaje humano y físico megadiverso.
El valor agregado de la COP16 de Cali (21 octubre-noviembre 2024) órgano rector del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), el tratado internacional adoptado en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, radicó en la visión de “Paz con la naturaleza “y en reconocer que la verdadera lucha del siglo 21 es por la vida. Para lograrlo es necesario transformar nuestra relación con la naturaleza, así como las prácticas de producción y consumo.
Y la conservación de la diversidad biológica atraviesa la vida de todas las formas: conservación de las especies que permite que podamos comer, tener agua, energía y desarrollar medicamentos, entre otros muchos factores. La biodiversidad con la mirada holística es también el eje de la economía, entendida no solo para salvar plantas, animales o el paisaje, sino para garantizar un estilo de vida digno y bello para cada humano que habita la Tierra.
Y esa “Paz con la naturaleza”, la paz con la misma Tierra, con todos los territorios, implica no solo advertir el compromiso de los “Derechos de la Naturaleza” en los órdenes de su respeto, resiliencia y financiación para la protección, más allá de lo estrictamente legal, sino que además se debe pensar la naturaleza como “sujeto de derechos” en relación con los “derechos humanos”, la política local y global, la democracia, la justicia social, lo cotidiano de la vida, las organizaciones sociales, los pueblos originarios y la “democracia de la tierra”. La “Paz con la naturaleza” implicará en este sentido la construcción indefinida de paisajes humanos y físicos megadiversos.
Epílogo
La relación entre el hombre y la naturaleza en la historia de la humanidad, tanto en los diversos tiempos como en los territorios, ha sido diversa y compleja. Y si seguimos a Thomas Kuhn partimos de la hipótesis de que las visiones históricas globales del mundo y el universo vinculan a las demás ciencias y el pensamiento extra científico, incluyendo el modo de cómo se relaciona el hombre con la naturaleza de toda una época.
Este ensayo intenta interpretar la relación del hombre con la naturaleza en determinados tiempos y territorios que consideramos relevantes en la historia de la humanidad. Sin duda, habrá otras relaciones, de igual modo importantes, que deberán interpretarse.
Sin embargo, esta relación en el siglo 21 enfrenta un punto de inflexión irreversible. La ciencia ha demostrado que el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente en la Tierra en los últimos 200 años ha provocado el calentamiento global de origen antropogénico. Estas acciones han provocado, entre otras consecuencias, cambios en el ciclo del agua, desequilibrios y destrucciones en los ecosistemas marinos y terrestres, el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, la acidificación de los océanos o la desaparición de los bosques y el cambio climático. El consenso científico acerca del papel decisivo de las actividades humanas en el cambio climático que se acelera es absoluto.
¿Cómo devolver la ética a una sociedad en la que predomina un consumismo irresponsable que destruye la Tierra? ¿Cómo crear ilusiones en sociedades en las que prevalecen las normas egoístas y no las convicciones colectivas? ¿Cómo dotar de contenido moral a la libertad para huir del libertinaje?
Los paradigmas de la Pacha Mama o Madre Tierra, la visión morfológica, la filosofía posmoderna y el activismo ecológico, los “derechos de la naturaleza”, Laudato Si y los diferentes tratados internacionales adoptados, incluyendo el de Cali de este año, denominado “Paz con la naturaleza”, han realizado rotundos llamados contra lo difuso y vano del mundo consumista depredador capitalista globalizado, con la honesta pretensión de restituir el pensamiento del sentido común a su cauce natural.
En este sentido la verdadera lucha del siglo 21 debe ser por la vida. Y la frágil belleza de la Tierra debe cuidarse con la creación de un medio ambiente armonioso, que reconcilie el pensamiento con la materia y el tiempo, y la comunidad con el mundo.
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Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025.
7.Los “derechos de la naturaleza” en la Constitución del Ecuador y Laudato Si
La Constitución del Ecuador representa la propuesta más avanzada del nuevo constitucionalismo de los territorios latinoamericanos en lo que tiene que ver con el reconocimiento de los “derechos de la naturaleza” y su encuentro con la teoría y la práctica de los “derechos humanos”. De esta manera se rompe con el modelo antropocéntrico, convirtiendo a la naturaleza, o Pachamama, en titular de derechos a una entidad que no es humana ni es elaboración de los humanos. Este nuevo paradigma abre la posibilidad de nuevos debates filosóficos que cuestionan el racionalismo instrumental de la modernidad, que es el motor ideológico que acelera la depredación provocada por el predominio del capital sobre el equilibrio en relación de lo social con lo natural.
El reconocimiento de la naturaleza, o Pachamama, como sujeto de derechos se encuentra vinculado indivisiblemente con la ética del Buen vivir o Sumak Kawsay y con la definición del estado plurinacional. Y el régimen del Buen Vivir consagrado en la Constitución se refiere a los siguientes principios ambientales: naturaleza y ambiente sustentables y respetuosos de la diversidad cultural; biodiversidad soberana cuya administración y gestión se debe realizar con responsabilidad intergeneracional; patrimonio natural y ecosistemas para su protección, conservación, recuperación y promoción; recursos naturales no renovables inalienables, imprescriptibles e inembargables; manejo del agua con un enfoque ecosistémico; y, el manejo de la eficiencia energética, el desarrollo y uso de prácticas y tecnologías ambientalmente limpias y sanas, para no poner en riesgo los ecosistemas ni el derecho al agua.
Laudato Si (2025)del Papa Francisco, es un llamado magisterial, pastoral y espiritual a todo el mundo, a la Tierra como reunión de todos los territorios, para proteger nuestra casa común por el bien de todos, abordando de forma equitativa la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la sostenibilidad ecológica. La Encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco que es el Cántico de las creaturas que recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”.
La Encíclica se desarrolla en torno al concepto de ecología integral, como paradigma capaz de articular las relaciones de las personas con Dios, consigo misma, con los demás seres humanos y con la “creación divina”, retomando todos los textos bíblicos y la elaboración teológica basada en ellos. Asimila los recientes conocimientos científicos disponibles para dar una respuesta concreta a la crisis ecológica. Con esta visión la ciencia es vista como un instrumento privilegiado para escuchar el grito de la tierra que se encuentra herida por la acción depredadora del hombre.
El documento presenta un diagnóstico, “lo que está pasando a nuestra casa común” en los ámbitos de la contaminación y cambio climático, la cuestión del agua, la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de la calidad de vida humana y decadencia social, la inequidad planetaria, la debilidad de las reacciones y la diversidad de opiniones. Luego, se refiere al “evangelio de la creación” que proviene de la tradición judeo-cristiana y la responsabilidad del ser humano respecto a la creación divina.
En tercer capítulo presenta las causas más profundas de las crisis ecológicas, en diálogo con la filosofía y las ciencias humanas: la tecnología y el poder, la globalización del paradigma tecnológico y las crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno.
El cuarto capitulo se refiere a “una ecología integral” como un nuevo paradigmade justicia, en el sentido de que los problemas ambientales son inseparables de los contextos humanos, familiares, laborales y urbanos. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. De ahí que el concepto de integralidad debe abarcar: la ecología ambiental, económica y social; la ecología cultural; la ecología de la vida cotidiana; el principio del bien común; y, la justicia entre las generaciones.
La Encíclica termina con recomendaciones para algunas líneas de orientación de acción política y la educación y espiritualidad ecológica.
Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025.
En la década de los años 60 del siglo 20 los temas ambientales, en América y luego en Europa, se afianzan como un ámbito de amplia preocupación social que ejercerán gran influencia sobre los posteriores movimientos ecologistas. La bióloga marina americana Rachel Carson publicó el libro “Primavera silenciosa” (1962) en el que denunciaba la contaminación y la degradación del medio ambiente provocado por el uso masivo de plaguicidas altamente tóxicos como insecticidas clorados, entre ellos el popular DDT.
De esta preocupación y conciencia surgirán pensadores en una suerte de combinación de movimientos filosóficos y una plataforma de activismo ecológico. Citaremos unos pocos nombres de este movimiento ecofilosófico que plantea principios normativos y prescriptivos que superan la pura descripción y la predicción científica.
La filosofía de la ecología del noruego Arne Naess (1973) suele ser resumida con el lema “piensa como una montaña” que recuerda los proverbios budistas. La sensibilidad y la visión de las relaciones del ser humano con la naturaleza de Leopold y Carson fueron sus fuentes de inspiración de su filosofía ambiental. Propuso los conceptos del “yoecológico”, la “ecosofía” y “ecología profunda” para referirse al autoreconocimiento de vernos no como simples individuos, sino como parte de una red de seres vivos y formas de expresión de la naturaleza, como viven desde tiempos inmemoriales los pueblos amerindios y animistas.
El filósofo noruego Naess con George Sessions elabora en 1984 una nueva versión holística de los principios del movimiento de la “ecología profunda” con una clara visión biométrica, o más bien ecocéntrica, que resulta atractiva para los seguidores de la “Teoría Gaia” del inglés James Lovelock, que considera a la Tierra como un sistema autorregulado e interconectado. Subrayan además el carácter sociopolítico del movimiento, apuestan por un cambio del sistema consumista, un uso distinto de la ciencia y la tecnología y cuestionan el progreso entendido como crecimiento económico.
El francés Michel Serres (1990) conmina a expresar la belleza del Mundo, el frágil esplendor de la totalidad de la Tierra más que como una gloria antigua del paisaje romántico. La sociedad posmoderna ha hecho que hemos devenido actores globales y en esta medida se pregunta: ¿Cómo responde la Tierra a nuestros actos? En este punto el filósofo propone prever un contrato. Una esperanza de una vida en común para vivir un contrato con la naturaleza. Y una vez más se pregunta: ¿Cómo expresar la frágil belleza de la Tierra?
El francés Félix Guattari (1996) profundiza en la noción de “ecosofía” de Naess en una perspectiva ético-política que reclama una participación urgente de la humanidad en su conjunto y un involucramiento activo como responsable del devenir futuro de la naturaleza, las sociedades y las culturas. El filósofo propone tres niveles de la “ecosofía”: mental, social y medioambiental, para que la ciencia y la técnica se reorienten de modo radical en sus fines en direcciones más humanas.
Bruno Latour (2019), el filósofo francés de la ecología contribuyó a difundir conceptos como “zonas a defender”,“modos de existencia”,“actantes”,“zonacrítica” o “teoría del actor-red”. En una entrevista recordó un momento iluminador para su trabajo sobre el medioambiente y la crisis climática mientras sobrevolaba el mar de Baffin, hacia Canadá: “Al estar en el avión yo ya no asistía a un espectáculo, sino que estaba modificando el espectáculo puesto que el CO2 que emite el avión influye en la placa de hielo. Antes, este espectáculo, el de la placa de hielo vista desde el avión, habría tenido un espectáculo sublime. Ahora es complicado sentirlo así. Si a usted le dicen que es responsable de lo que ve, el sentimiento es distinto, es una forma de angustia”. Es esta angustia del ser humano que modifica el medio ambiente donde habita la que debe hacer pensar para aterrizar en la reconciliación de la economía, el derecho y la identidad con el mundo real del que se depende.
Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025.
La revolución copernicana ofrece una oportunidad ideal para descubrir cómo y con qué consecuencias los conceptos pertenecientes a diversos campos del conocimiento se mezclaron para formar un solo cañamazo. Los cambios acaecidos en la Edad Media superaron la antigua filosofía mística, dilatando los horizontes del hombre renacentista para crear una nueva relación del hombre con Dios, una nueva física, otra concepción del espacio y otra relación del hombre con la naturaleza que le rodea.
Más tarde, con la creación del nuevo universo newtoniano mecanicista, de exacta compensación entre la fuerza de inercia y la atracción gravitacional, se derivará una lectura exclusivamente matemática y mercantilista de la naturaleza. La Primera Revolución (1750-1840) y la Segunda Revolución Industrial en los territorios europeos (1880-1914), en el marco del desarrollo del capitalismo monopolista, trajeron aparejada los primeros impactos y consecuencias ambientales graves, entre otros: descubrimiento, uso y explotación de combustibles fósiles y recursos minerales de la tierra, agotamiento de recursos energéticos y biológicos, contaminación de aguas, de la atmósfera y los suelos.
Y durante el siglo 20 y el actual, todas las fijaciones ideológicas y naciones del primer mundo han contribuido, igualmente, a marcar la pauta de la historia ambiental. Bajo el tutelaje del economicismo e inspirados por intereses propios, los estados y las empresas transnacionales han buscado un crecimiento económico continuo y autosostenido y unas ganancias extraordinarias. Para la obtención de esos objetivos, consideran al mundo natural como un ilimitado almacén de materias primas sin ningún valor inherente, solamente como una mercancía más.
El discurso del presidente de Argentina, en el Foro de Davos de enero de este año, dibujó con claridad los términos de una brutal batalla ideológica que los lideres de ultraderecha internacional, acompañados por “oligarcas tecnológicos”, convencidos por ideas o por intereses, libran en los últimos tiempos. El objetivo es demoler consensos científicos sobre el cambio climático acelerado por las actividades humanas. Milei dijo: “cuando uno argumenta que la Tierra ha tenido ya cinco ciclos de cambio brusco de temperatura y que en cuatro de ellos el hombre no existía nos tildan de terraplanistas para desacreditar nuestra idea sin importar que la ciencia y los datos estén de nuestro lado”.
La ciencia ha demostrado que el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente en la Tierra en los últimos 200 años ha provocado el calentamiento global de origen antropogénico. Estas acciones provocan, entre otras consecuencias, cambios en el ciclo del agua, desequilibrios y destrucciones en los ecosistemas marinos y terrestres, el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, la acidificación de los océanos o la desaparición de los bosques y el cambio climático.
El concepto de fuerza ya fue avizorado por los filósofos europeos Herder y Schelling en los siglos 18 y 19. El simple pensamiento analítico, disgregador, ha de poseer, por encima de él, un principio de unidad que dé sentido de totalidad a nuestras consideraciones analíticas. Tiene que haber en contrapartida una dialéctica, que relacione y ensamble. Y en los fenómenos de la naturaleza se debe entender que será el resultado de múltiples conexiones de fuerzas. La naturaleza es contemplada como una totalidad orgánica, una natura naturans que por medio de la polaridad de fuerzas opuestas va dando lugar a distintos estadios de un desarrollo progresivo que son otros tantos jalones en la emergencia, en la conciencia humana del “espíritu latente”.
Desde Alemania Goethe mira a la naturaleza como un orden no estático de formas que, en la pluralidad de sus expresiones particulares, manifiesta una “protoforma”, ya sea animal o vegetal. La noción acuñada por el filósofo de “morfología” es precisamente el estudio de las formas orgánicas y sus transformaciones en virtud de su libre dinámica interna.
Esta perspectiva de la concepción de la naturaleza que superó el materialismo mecanicista francés, de una lectura exclusivamente matemática, así como el rechazo de toda concepción trascendentalista de la divinidad y del teologismo ingenuo, abrió un fecundo camino no solo para las ciencias de la naturaleza, sino también para las ciencias históricas.
Por estas nuevas razones, la naturaleza ya no es interpretada como algo mecánico, es decir, como una “res extensa”, sometida por completo a la ley de la inercia. La naturaleza es mirada como un organismo vivo y animado en un incesante movimiento de emergencia y desaparición de formas particulares, una pluralidad espacio-temporal que, sin embargo, constituye una unidad eterna que es la divinidad misma.
Y Humboldt unió el estudio de la naturaleza física con una consideración moral de la misma. Una suerte de síntesis del estudio científico con el morfológico., con una mirada de la naturaleza como “cosmos” para su goce espontáneo y desinteresado del espíritu. “Si al borde de la selva virgen escuchamos atentamente los tonos más débiles en medio de este aparente silencio de la naturaleza, percibimos un sordo murmullo… en cada arbusto, en la corteza estriada del árbol, en la tierra blanda poblada de himenópteros, se mueve perceptiblemente la vida…”
La expresión artística de la pintura europea, con visión romántica de signo impresionista del siglo 19, afín a la espiritual estética reclamada por Ruskin, toma sus argumentos en contra del primer industrialismo y el mercantilismo económico de la época. Por ejemplo, los paisajes de Turner, Blake, Delacroix y Friedrich, muestran énfasis en las emociones, el individualismo, la imaginación, lo impredecible, lo subjetivo y la naturaleza. Los paisajes representan la flora y fauna de una manera idealizada utilizando pinceladas audaces y colores vibrantes para transmitir la intensidad de la experiencia.
El poeta portugués Pessoa a inicios del siglo 20 sigue el concepto de fuerza de los filósofos Herder y Schelling para referirse a las bellas formas naturales: “Uno puede formular una estética basada no en la noción de belleza sino en aquella de la fuerza”. Precisamente por esa fuerza telúrica la impresión que causa la naturaleza se eleva a la categoría espiritual más elevada. Se trata de una impresión cuyos elementos se sitúan tanto más acá como más allá de la simple forma estética de la naturaleza. Lo telúrico se nos muestra en estado puro en su fuerza.
Nota: La imagen corresponde a la obra destacada que representa la fuerza de la naturaleza en el siglo 19; «El caminante sobre el mar de niebla» de Caspar David Friedrich.
Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025.
3.Patinir, “el inventor del paisaje”
La representación de la realidad en la historia del arte tiene continuidad en el tiempo, entendiéndose la representación de la realidad no solo como el dibujo de la apariencia de las cosas tal como son, sino como una representación más amplia a través del dibujo simbólico.
En el mundo clásico ya se trató de representar la naturaleza. Plinio el Joven hace referencia al entorno, la profundidad del espacio y los detalles. También se pueden observar paisajes en los muros de la ciudad de Pompeya. En el Medioevo en cambio se pierde el interés por representar la realidad tal como se ve, el aquí y el ahora, porque se concibe al mundo material solo como de tránsito, o algo pasajero, hacia el mundo del más allá.
En los siglos 14 y 15 se retoma, de modo tenue todavía, la representación de la naturaleza y de lo real. Petrarca (1304-1374), el precursor del humanismo, describe en sus cartas que la naturaleza que lo rodea influye para entender el mundo de lo real. La Escuela Renacentista de Amberes con influencias de Van der Weyden (1400-1464) y el Bosco (1450-1516) se pone de moda: pintar las escenas naturales de los territorios europeos como fondos de los cuadros es sinónimo de ser modernos en la pintura.
En el siglo 16 la percepción artística cambia. Los pintores conocen y representan la naturaleza a través del dibujo como un instrumento del pensamiento proto-racionalista científico. Aparecen la “tecnología de la observación”, los estudios sistemáticos botánicos y los dibujos de las plantas cuyo fin es conocer la naturaleza. A todo esto se añade el avance extraordinario del estudio de la perspectiva aplicada a la composición del cuadro. Durero (1471-1528) en los escritos teóricos y sus acuarelas representa el campo, y Leonardo da Vinci (1452-1519) indaga los principios de la hidráulica a través del dibujo detallado del agua en la naturaleza.
En ese ambiente cultural y de clima intelectual humanista europeo aparece el pintor flamenco Joachim Patinir. Se le cataloga como el primer romántico que deja fluir los sentimientos y las emociones del observador. Se le llama también “el inventor de paisajes” y es considerado el precursor del paisajismo como género independiente.
Sus obras ofrecen una mirada telescópica que va mucho más allá de las llamadas leyes de la primera perspectiva lineal renacentista: la línea de horizonte suele estar situada en la zona más alta del cuadro, – “horizonte alto” -, se elimina el único punto de fuga percibiéndose de esta manera la profundidad de modo diferente. El ojo por este motivo puede moverse con toda libertad por el espacio de la escena.
Su marca estará presente en la pintura paisajística temprana de finales del siglo 16 de la Escuela de Amberes, en la que se introdujo un punto de vista más natural en lugar del paisaje universal popularizado por Patinir. De igual modo su influencia alcanzará a los grandes maestros flamencos de la pintura barroca del 17, hogar de destacados artistas como Rubens, van Dyck y Jordaens.
Nota: la imagen corresponde a la obra de Patinir, Paisaje con San Jerónimo
Ensayo presentado en el VIII Workshop RIDOT, Red Interamericana de Observación Territorial; y el XIV Simposio SNDU/PT, Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial. Junio de 2025.
2. Pachamama o Madre Tierra
La observación del cielo y las estrellas en los territorios de las culturas aborígenes andinas forma parte integrante del medio ambiente inmediato y cotidiano y los cuerpos celestes tienen como función universal medir el tiempo y velar por el calendario. Observando en periodos largos y regularmente el cielo nocturno se agrupó mentalmente las estrellas en constelaciones, conjuntos que podían ser reconocidos gracias a sus posiciones relativas invariantes. Un gran número de las constelaciones toman sus nombres de figuras mitológicas o geométricas.
En el mundo aborigen andino la concepción del universo físico está determinada por eventos terrestres y el cielo se dibuja como una envoltura de nuestro planeta poblado de seres míticos que se ocupan de darle movimiento. En la cultura incaica, la “Cruz del Sur” del macrocosmos, se reproduce en el microcosmos de la “Pacha Mama”, a través del urbanismo y su traza urbana corresponde a consideraciones hidrológicas, astronómicas y topográficas. La “chacana” representa la cosmovisión de los pueblos andinos y sus cuatro lados suelen simbolizar las divisiones fundamentales del universo, tales como los elementos naturales: tierra, agua, aire y fuego, reflejando el vínculo con la naturaleza y el entorno. Y el triple manejo de los pisos ecológicos y de su paisaje expresan la cosmovisión andina: el “hanan”, es lo alto y lo sobrenatural; el “urin”, lo bajo y lo natural; y el “chaupi”, lo intermedio y la intermediación entre sí.
El agua, fuente de vida y de la religiosidad forma parte sustancial del territorio simbolizando energía y purificación. Y los “jardines incaicos” que existieron en diversos lugares del Tawantinsuyu, en los que se observaba el principio natural del bosque andino con la presencia de una variedad de plantas interrelacionadas y en convivencia armónica, no eran solo espacios de recreo, sino fundamentalmente, en el plano ideológico, la reproducción del universo físico andino. Jaime Idrovo Urigüen cita al Inca Garcilaso de la Vega cuando se refiriere específicamente al Cusco: “Del jardín De oro y Otras riquezas del Templo, a Cuya Semejanza Había Otros Muchos En Aquel Imperio”.
En la primera mitad del siglo 20 los poetas interpretan el paisaje andino reconociéndole un sentido y una razón de ser. Leer “Catedralsalvaje” de César Dávila es asistir a un prodigioso espectáculo neobarroco de la naturaleza. Su intimidad se objetiviza y se vierte por un lenguaje que refleja la visión geológica, imaginativa, casi mística, de un trópico atravesado por la cordillera de los Andes. La naturaleza es más espacio que tiempo, más geografía que historia:
“Y la historia es imposible: la geografía la asfixia:
hombres, estatuas, estandartes, se empinan sólo un instante
en el vertiginoso lecho de esta estrella en orgasmo.
¡Luego los borra una delgada cerradura de légamo!”. (vs. 85-89).
Y el diálogo entre el hombre y la naturaleza andina en Jorge Carrera Andrade es más que romántico; se remonta al antiguo concepto cristiano del Liber naturae, cuyos símbolos contienen la clave del universo: (Fuego de la rosa, XVI, 96):
“Soy hombre, mineral y planta a un tiempo,
relieve del planeta, pez del aire, un ser terrestre en suma…
Árbol del amazonas mis arterias…
mi raíz en el suelo equinoccial,
nutriéndose del agua de los ríos
y de la sangre verde que circula
por el frágil, alado cuerpecillo
del loro, profesor de ortología
del saltamontes y del colibrí,
mis íntimos aliados naturales”.
Mientras que la expresión artística de la pintura de los paisajes andinos de alta montaña, y en menor medida la selva, de los siglos 19 y comienzos del 20, debe ser entendida desde los postulados de la estética romántica, con su gusto por lo exótico, lo descomunal, lo misterioso.
La preceptiva formalización clasicista, con su correlato representacional basado en la pintura religiosa y de retratos, se desplazará por el nuevo género de la pintura de paisaje. Rafael Salas se constituyó, según Hernán Rodríguez Castelo, en el fundador de la pintura paisajística en nuestro país. Y el joven pintor ibarreño, Rafael Troya, captó artísticamente, con estupendas imágenes, los relatos científicos de los paisajes que tanto deslumbraron a los viajeros extranjeros Reiss y Stübel.
Y a este invento del paisaje nuestro se sumó Joaquín Pinto, Luis A. Martínez y los Mera, y el cuencano Honorato Vásquez.
Inca Cross Chakana, Inti Raymi Ecuador, Peru emblematic symbol of an ancestral and cultural celebration of the Andean peoples for the winter solstice. Ethnic folk image. Tribe motif. Tribal. Pachamama