En busca del espacio perdido…

En “busca del tiempo perdido”, la influyente obra de la literatura del siglo 20 escrita por el francés Marcel Proust, describe el célebre episodio de la magdalena, en el que el sabor de un pequeño pastel despierta recuerdos de la infancia, convirtiéndose en un símbolo fundamental de la memoria involuntaria. El narrador prueba una magdalena mojada en té y, de pronto, un recuerdo completo de su infancia reaparece de manera involuntaria.

En ese instante se condensa la gran idea de la obra: el pasado no desaparece, sino que permanece oculto, esperando regresar de manera inesperada. Allí también surge una pregunta tan simple como inmensa: ¿Cómo recuperamos lo vivido?

Evocando a Proust, surge la idea de que existe algo perdido que todavía puede ser recuperado. Esa intuición constituye la imagen perfecta de una carencia: el tiempo, en la obra del escritor francés; el espacio, en el modelo de la ciudad moderna gris en expansión.

En la búsqueda del espacio perdido se distinguen dos estrategias fundamentales. La primera remite a los lugares del pasado, aquellos espacios que se nos invita a valorar y experimentar nuevamente, es decir, a vivenciar. La segunda, plantea su rescate a través de la reinterpretación, como una forma de devolver humanidad a la ciudad.

La plaza, el parque y los patios de las casas, son espléndidos claustros; auténticos recintos urbanos que recrean los orígenes y organizan tiempos, actitudes, acontecimientos y cotidianidades. Su relación con el tejido urbano y con la calle ha sido tradicionalmente orgánica, constituyéndose en puntos nodales que conforman la manzana, el barrio y la ciudad.

La manzana- tejido es la célula básica de la ciudad, un módulo geométrico compuesto según reglas de grado múltiple a descubrir. El estudio de la sincronía y la diacronía de la manzana será la historia de la traza y el rostro de la ciudad y, por tanto, permitirá reconocer los elementos constitutivos profundos de la poética del espacio urbano. Históricamente, en su interior existían patios y huertas que acercaban el campo a la vida urbana, aportando naturaleza y sustento; una manera de traer el campo a la ciudad, de sentir cerca la tierra.       

El barrio tradicional se construye a partir de las relaciones de vecindad y de las actividades compartidas por sus vecinos. Necesidades colectivas cíclicas, ayudas, fiestas, aspiraciones y reivindicaciones generan lazos que fortalecen la vida colectiva. Así, el barrio tradicional se convierte en una gran vitrina en tanto escenario teatralizado de la cotidianidad urbana, donde se expresan miradas, deseos y múltiples formas de comunicación entre vecinos.   

Evocando a Proust, la búsqueda del espacio perdido es también la recuperación de aquellos lugares donde la ciudad era encuentro y memoria: la plaza, el parque, los patios, la manzana – tejido y el barrio tradicional. Reinterpretarlos hoy no significa copiar el pasado, sino rescatar sus valores esenciales, – la proximidad, la convivencia y la vida colectiva -, para diseñar nuevos patrones urbanos capaces de devolver humanidad a la ciudad contemporánea.

La reestructuración parcelaria o reajuste de terrenos es una herramienta de planificación urbana que permite reorganizar las parcelas para garantizar un uso racional y adecuado del suelo, cumplir con estándares urbanísticos y ambientales, y distribuir equitativamente las cargas y beneficios entre los propietarios.  

 Referencias:

  • Carlos Jaramillo Medina; “CONAR y la arquitectura moderna apropiada”, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca, 06-2016.
  • Carlos Jaramillo Medina; “Ciudad: historia y utopía, el enfoque epistemológico poético, una ventana privilegiada para mirar la ciudad”, Documentos Docentes, N°. 4, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca, 07-2001.
  • German Samper; “RECINTO URBANO: La humanización de la ciudad”, 10-1997.
  • Suzanne Keller; “El vecindario urbano, una perspectiva sociológica”, 1975.
  • IA y varias páginas de Internet.
  • La imagen adjunta pertenece al libro citado de German Samper, p. 41.

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