Lo sublime
A diferencia de lo bello, que suele ser armonioso y agradable, lo sublime desborda, sacude, intimida, pero al mismo tiempo atrae. No es solo placer, sino una mezcla sintética de fascinación y vértigo. No es una experiencia placentera de lo bello ni la búsqueda de lo perfecto sino el encuentro con aquello que nos sobrecoge y nos anuncia una realidad que trasciende la nuestra. Nos ocurre en el cuerpo y nos obliga estar presentes y a guardar silencio.
En Kant lo sublime matemático es lo inmensamente grande, como el cielo infinito. Y lo sublime dinámico son las fuerzas naturales descomunales, como las tormentas, los volcanes, las montañas… Lo sublime no está en el objeto, sino en el sujeto. El objeto es solo disparador.
En Adorno lo sublime es una experiencia tensa, negativa y atravesada por la historia. Más allá del concepto sublime sintético clásico, lo sublime está ligado a su dialéctica negativa: no hay síntesis reconciliadora, sino choque, extrañeza, incomodidad. Es el estremecimiento ante lo no idéntico, aquello que el pensamiento no logra dominar. El objeto (la naturaleza, la obra de arte…) resisten a ser dominadas por la razón. Como resultado de esta experiencia, el sujeto queda descolocado y no victorioso.
Lo sublime en Benjamin reconcilia al sujeto con la razón; es un shock histórico que interrumpe la continuidad del sentido, un impacto brusco, una interrupción de la experiencia de lo habitual, una ruptura de la continuidad del sentido, o una experiencia fragmentaria. Lo sublime es una interrupción crítica que despierta la conciencia histórica.
En Kant, eleva al sujeto; en Adorno, lo hiere; y en Benjamin, lo despierta.
Lo sublime en la ciudad
La fuerza telúrica de las montañas de la “geografía sagrada” andina que enmarca el valle, se alza hacia la cumbre más elevada del espíritu. Un paisaje trascendente que se encuentra más allá de la simple palabra y de la simple forma estética. Desde los ángulos de la urbe la perspectiva se dirige hacia las variadas moles de la cordillera que se funden en los confines del horizonte comarcano.
El Barranco con su geografía reconocida como un campo de fuerzas y su Río como una línea enérgica y dilatada de la vida, en donde la arquitectura de casas colgantes se encaja en la caprichosa topografía, mirando al Ejido y, en lontananza, a las montañas de Turi.
Las cúpulas azules que coronan la imponente masa de ladrillo de la Catedral Nueva resaltan de forma emergente sobre las otras volumetrías y siluetas de la ciudad. Sin embargo, este paisaje, que es un bien común y pertenece a todos, está siendo agredido de modo dramático por los nuevos edificios que irrumpen en el horizonte urbano.
Lo vulgar
No es una categoría estética sino un juicio de valor social y moral, algo que se percibe como común, chabacano, tosco, de mal gusto sin intención, excesivo o ausente de refinamiento según ciertos códigos culturales.
Algunos teóricos sostienen que lo vulgar aparece en relación con otras categorías: cercano a lo grotesco y en tensión con lo bello. Y otros lo diferencian con lo kitsch, que corresponde a la imitación intencional de lo bello, lo cursi, lo sentimental y fácil.
En Kant lo vulgar no es una categoría estética, no pertenece al juicio del gusto, por cuanto apela a la inmediatez, lo sensible, lo utilitario, al agrado inmediato, al cuerpo, o incluso a lo meramente grosero.
Para Bourdieu el buen gusto es un producto social y funciona como mecanismo de distinción de clase. ¿Qué es lo vulgar?: una etiqueta social, que consumen “los otros”, porque no encaja con el habitus de unas clases diferentes. Es demasiado directo, emocional, corporal o utilitario.
Lo vulgar en la ciudad
La mercantilización extrema de las plazas y espacios públicos que dejan de cumplir su función social y ciudadana para convertirse en escenarios de consumo masivo, de privatización encubierta, impulsada por una lógica económica extractiva que subordina la ciudad a las demandas del turismo de masas.
La farra y la vida nocturna costeña que “revienta el Parque Calderón” como lo dijo el Sr. Alcalde de la Ciudad.
El turismo desbordado y caótico que desnaturaliza la esencia y el simbolismo del Centro Histórico y sus espacios públicos.
El jardín botánico, lugar para cuidar la flora y entender la dinámica de los insectos de la preservación de la vida, trastocado en vitrina nocturna para el consumo masivo de turistas asombrados con las lucecitas led.
Lo sublime y lo vulgar
¿Deseamos una ciudad de postal, de pura mercancía, de gentrificación turística, de reconfiguración de los usos del suelo en detrimento de la función residencial, para ser solo mirada y consumida? ¿O exigimos el derecho a una ciudad para permanecer, participar y reconocer en el espacio urbano una extensión de la vida cotidiana, con sus conflictos, cuidados y deseos?
Cultivemos los caminos de la experiencia de lo sublime en nuestra ciudad, que históricamente ha cautivado por su armonía entre naturaleza, cultura y arquitectura. Si no lo hacemos, nos precipitaremos a una vida urbana anestesiada por el mercantilismo, el mal gusto, el consumo de la ordinariez y la pérdida de identidad.
Referencias:
- Gabriela Eljuri; “Escuchar a los trasnochados”, 25-01-2026
- El País, Babelia, Marta Peirano; “Lo sintético y lo sublime”; 23-01-2026.
- Juan Carlos López; “Cuenca, la ciudad Midas”, 16-01-2026.
- Gustavo Cardoso; “Una amenaza que pone en riesgo la esencia de Cuenca”, 16-01-2026.
- Claraboya, Carlos Jaramillo, varios artículos.










