Valentina: la mano que mira la Torre de Gaudí

La protagonista fue Valentina Sánchez, una niña ciega de 13 años. Durante la visita del Papa León XIV a Barcelona utilizó una maqueta táctil para explicarle al Papa cómo es la nueva Torre de Jesucristo diseñada por Antonio Gaudí. Lo hizo guiándose por el tacto y describiendo con sutileza sus detalles arquitectónicos.

Entre los detalles que explicó Valentina destacó que la torre tiene 12 ventanas alrededor y 12 pilares, un número con fuerte simbolismo cristiano; que el arquitecto utilizó cristales de botellas de vino para ornamentar algunos escudos; la forma de la torre cambia al ascender, pasando de una estructura de cuatro lados a otra de ocho lados; la cruz de la cima tiene cuatro brazos y un quinto que apunta al cielo; los extremos de la cruz terminan en vidrio porque Gaudí imaginó que de ellos saldrían rayos de luz, formando una especie de “paraguas protector” sobre Barcelona, símbolo de la protección de Dios sobre la ciudad.

Valentina demostró que las personas ciegas pueden construir imágenes mentales mediante el tacto, y entregó al Papa un dibujo de cómo ella entiende la torre al tocarla. Su descripción nos permite varias reflexiones.

La imaginación es una forma de conocimiento: cuando un niño describe la obra de Gaudí, no se limita a decir qué es, sino qué le parece o qué le hace sentir. Los objetos, en este sentido, no solo se describen, sino que se evocan. Una torre puede convertirse en un castillo, una montaña o un ser vivo. Desde un enfoque epistemológico se puede afirmar que la realidad no es solo lo que vemos, sino lo que interpretamos.

La belleza antes que los conceptos: un niño no conoce abstracciones o detalles arquitectónicos; percibe formas, colores y emociones. Esta línea de pensamiento sugiere que la experiencia estética es anterior al conocimiento técnico. Primero sentimos la belleza y después la explicamos.

La creatividad y la mirada infantil: la obra de Gaudí se inspira en las formas de la naturaleza para despertar interpretaciones libres. La afinidad entre su arquitectura y la imaginación infantil escapan a las líneas rígidas y buscan formas vivas y sorprendentes.

El asombro como forma de conocimiento:  desde la Filosofía, como Aristóteles, se afirma que el conocimiento comienza con el asombro. La descripción de Valentina puede verse como un ejemplo de esa actitud originaria ante algo bello y extraordinario.

Ver el mundo como si fuera nuevo: los adultos observamos la arquitectura a través de datos y explicaciones. Los niños la descubren como si aparecieran por primera vez. Esa mirada renovada nos invita a preguntarnos si realmente seguimos mirando el mundo con curiosidad o simplemente lo reconocemos.

El episodio de Valentina con el Papa muestra cómo una obra puede convertirse en una experiencia compartida entre generaciones: el niño aporta imaginación y espontaneidad; el padre, atención y escucha. El resultado es un encuentro en el que ambas generaciones descubren algo nuevo sobre la torre y la manera de mirar el mundo.

La mano infantil que miró la Torre de Gaudí, siguiendo a Martín Heidegger, se vincula directamente con la capacidad humana de pensar y sentir: “La esencia de la mano nunca puede determinarse o explicarse por el hecho de ser un órgano que pueda agarrar […] Cada movimiento de la mano en cada uno de sus trabajos lleva consigo el elemento del pensamiento, cada porte se soporta dentro de este elemento”.

Gastón Bachelard se refiere a la imaginación de la mano en estos términos: “Incluso la mano tiene sus sueños y supuestos. Nos ayuda a entender la esencia más íntima de la materia. Es por ello que también nos ayuda a imaginar [ formas de] materia”.

Y José Saramago en la novela “La caverna” escribe, de manera metafórica, que los dedos tienen pequeños cerebros que se forman con la experiencia y el tacto. Las manos aprenden, descubren, exploran, crean y conocen el mundo de una manera que precede al pensamiento abstracto. “Son los dedos y sus pequeños cerebros quienes revelan lo oculto”.

La mano de Valentina demostró la esencia de la mano y su papel crucial en la evolución de las destrezas, la inteligencia y las capacidades del ser humano. Por esta razón la mano no es solo un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades propias.

Referencias:

  • Juhani Pallasmaa; “La mano que piensa: sabiduría existencial y corporal en la arquitectura”, 2012.
  • Martin Heidegger; “Qué significa pensar”, 2005.
  • Gaston Bachelard; “El agua y los sueños: ensayo sobre la imaginación de la materia”, 1978.
  • IA y varias páginas de Internet.
Screenshot

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar