Que Dios y la OMS no lo permitan

La pandemia ha movilizado de un modo sin precedentes a un sector cuyo papel es clave en esta crisis: la investigación científica internacional. La Revista Nature calculaba que solo hasta el 12 de marzo se habían realizado 900 estudios sobre el virus que tres meses antes ni siquiera se conocía.

La ciencia está en una carrera para encontrar una vacuna y los tratamientos que permitan neutralizar los efectos sanitarios de la pandemia. Y es aquí donde los esfuerzos conjuntos se tornan fundamentales. La OMS coordina a toda la comunidad científica para determinar las prioridades en materia de investigación y acelerar los avances.

En esta frenética carrera se estudian las moléculas o mecanismos de infección del SARS-CoV-2 que pueden constituir dianas terapéuticas de interés. Entre ellas se destaca la proteína “S”, que le permite al virus acoplarse y fijarse a la superficie de las células que ataca.

Cuando la vacuna esté lista las preguntas clave serán: ¿Quiénes deben recibirla de manera prioritaria? ¿Cuál debe ser la estrategia de asignación de la vacuna?

Es seguro que la gestión política de los gobiernos ricos ejecuten el proteccionismo de las vacunas para asegurarse sus dosis de los fármacos anti-virus y el acaparamiento será un fenómeno del que se hablará en los próximos años. China ofrece “generosamente” un crédito de 1.000 millones de dólares para que los países  de América Latina y el Caribe “cuenten con la vacuna como un bien público de acceso universal”.

La Casa Blanca financia con mucho capital a las multinacionales farmacéuticas la urgente elaboración del fármaco a cambio de un trato preferente de su entrega. La Unión Europea también está en líneas similares, en una espiral de sálvese quien pueda. Se habrá inaugurado de este modo una suerte de nacionalismo vacunal.

Este nuevo nacionalismo beneficiará  a su propia población aun a costa de la salud de los países pobres. Y este tipo de egoísmo no sirve en una pandemia, que es por definición propia un fenómeno mundial. El supuesto beneficio parcial solo protegerá a una minoría pues el virus probablemente contraataque con la fuerza redoblada del tiempo y la evolución viral.

En el caso del coronavirus la globalización en la venta y distribución de los medicamentos contra el  virus resultan insuficientes, injustos e inhumanos. ¿Sufriremos en el inmediato futuro los efectos del nacionalismo vacunal? Que Dios y la OMS no lo permitan.

La globalización y lo cosmopolita

La globalización nos hizo creer que éramos ciudadanos del mundo pero la pandemia ha cerrado las fronteras entre continentes, naciones, provincias, cantones e inclusive entre parroquias. De ser ciudadanos de la aldea global ahora nos hemos  convertido en ciudadanos enclaustrados en nosotros mismos y en nuestro pequeño mundo.

La globalización puso en marcha la aspiración de una lengua universal, – las matemáticas y el inglés científico-, para que una sola cultura hegemónica no dependiera de los rasgos constitutivos de las culturas particulares, sino que fuera algo común a todas ellas, sobre todo para imponer sus significados más allá de sus fronteras, hasta extender sus dominios, si fuera posible, a toda la humanidad.

 La globalización bajo la máscara del progreso, la democracia y la libertad, propagó una única moneda, una sola lengua y un único modo de vida basado en el consumismo y el viaje placentero.

Sin embargo, el mundo cosmopolita es diferente al de la globalización. Nació como vacuna contra el nacionalismo y el universalismo y con una clara vocación errante: “la patria en las sandalias”. Se dice que el cínico griego Diógenes inventó el término cuando le preguntaron de dónde procedía: “soy ciudadano del cosmos” respondió. Para él, como para los antiguos, el mundo era complejo y tenía diversos planos de existencia que podían visitarse en sueños y a través de la meditación.

El cosmopolitismo considera a todos los hombres de la tierra conciudadanos y connacionales. El moralismo y las costumbres provincianas arruinan el goce del cosmopolita cuyo sentido es más bien la apertura inteligente al mundo, la asimilación con pertinencia de las culturas de los otros y la fidelidad a las vidas de las historias antiguas y modernas.

Se puede ser cosmopolita en estos tiempos de confinamiento  o provinciano siendo defensor de la globalización. El primero se recrea con la diversidad, intuye la naturaleza errante de la condición humana, se realiza en la investigación, la crítica y en el genio de las culturas extrajeras; mientras que el segundo, a pesar de haber viajado constantemente y hoy disponer de datos de Internet, lo que cree saber y conocer es puro esnobismo.

Hume, Leibniz y Spinoza fueron grandes  cosmopolitas  de la Ilustración que apenas salieron unos pocos kilómetros de su terruño.  Es más, Kant nunca abandonó su pequeño pueblo natal de Koenigsberg   llevando una vida sencilla, espartana y silenciosa, pero alcanzó un conocimiento profundo y extenso de la naturaleza humana, las experiencias del mundo, el arte y la geografía. Entre los filósofos modernos fue el más talentoso pensador por su fuerza de penetración y profundidad con las que influyó en toda Europa y en la filosofía universal.

Saquemos una lección de lo expuesto: seamos cosmopolitas con los filósofos y no globalizados como ciertos modernos esnobs.

«Damnatio memoriae» y arte público de las estatuas

“Damnatio memoriae” es una locución latina que significa “condena de la memoria”. Fue una práctica romana que consistía en condenar el recuerdo de un enemigo del Estado tras su muerte. Calígula, Nerón y Cómodo son los emperadores condenados más conocidos.

El Senado lo decretaba de manera oficial y se procedía con diligencia a eliminar o echar al olvido todo cuanto haya hecho o que podría recordar al condenado: arcos, columnas, puentes, acueductos, coliseos, teatros, termas, conquistas, leyes, e incluso se prohibía nombrarlo de manera pública. Y cuando el sucesor deseaba imponer una visión negativa del fallecido, ordenaba al Senado para que se cumpla el estricto decreto de la “Damnatio memoriae”, para que el legado del perjudicado fuese borrado de monumentos, pinturas, monedas,  etc., acto denominado “abolitio nominis” que significa borrar su nombre de las inscripciones.

Y para no dejar rastro del condenado, sus estatuas se destruían y sus leyes eran anuladas. Igual suerte corrían las obras edificadas que si se escapaban de su destrucción o estigmatización se consideraban erigidas por su sucesor.

Pero la maldita “Damnatio memoriae” no cumplía sus fines a cabalidad cuando el legado de un emperador  había sido importante y por ello no podía ser borrado de la memoria del pueblo. La “Damnatio” era todo lo contrario de la “Apoteosis” cuyo significado consistía en que el emperador fallecido obtenía la divinización ascendiendo al olimpo de los dioses.

Desde la antigüedad las estatuas han sido representativas de los héroes nacionales y de los valores de los pueblos: las estatuas de los Guerreros de Terracota del emperador Qin Shi Huang, Constantino, Napoleón, Wellington y Bolívar son claros exponentes  de lo mencionado.

La rebelión contra las estatuas glorificadas y perpetuadas por los imperios que representan sus símbolos fundacionales, que hoy se caen ante el peso de las protestas antirracistas por la muerte de George Floyd, exige que los espacios públicos se liberen de las figuras cuyo legado se construyó sobre el racismo, la esclavitud  y el colonialismo.  ¿Se repite después de 2.000 años la “Damnatio memoriae”?   ¿La rebelión contra las estatuas justifica la “condena de la memoria” y los actos de vandalismo?  ¿Deben esas estatuas permanecer erigidas a pesar de que sus figuras representen un turbio legado?

En este contexto cabria anotar que los hechos históricos del pasado no se pueden juzgar desde la mirada contemporánea porque en aquellas épocas existían otras razones y valores. Pero sí se puede considerar legítimo que la sociedad  demande acciones reparatorias cuando se hayan cometido abusos a la humanidad.

Y para concluir, una reflexión sobre la estética y significado de los monumentos estatuarios. En el arte público de las estatuas de calidad, la forma corpórea surge de un contenido ideológico,  – que no ideologizado -, se carga de él y luego vuelve hacia el contenido para aprehenderse en su totalidad. Existe por tanto una unidad esencial entre la forma sensible que se expresa por el contenido ideológico de la estatua que le otorga sentido.

En nuestras ciudades se han erigido estatuas  que podrían clasificarse de esta manera:

  1. Con buena forma y legado histórico, para valorar.
  2. Con forma sin calidad y turbio legado, para retirar.
  3. Con buena forma y turbio legado, para cuestionar, o trasladar a un museo.
  4. Con forma sin calidad y legado histórico, para mejorar.

La corrupción: reflexiones y aforismos

El profesor español Jorge Wagensberg advierte que no es lo mismo acceder al estatus de corrupto que mantenerse en él, porque cuando ya lo ha conseguido, trastoca con todo descaro el significado de uno de los grandes valores del ser humano: la moral.

Con lo primero se favorece el privilegio de llegar al  poder con la finalidad de atracar los recursos públicos y con lo segundo, “aprovechar” esta circunstancia, que no durará mucho tiempo, para alejar a los “competidores” y dificultar que nadie más lo haga.

Huyamos de cualquiera de las formas de corrupción que solo busca la ganancia rápida y fácil y destruye los ideales honrados y estéticos del hombre y la sociedad.

El cáncer de esas formas de corrupción bien puede expresarse de modo conciso y en pocas palabras. En este sentido, el aforismo puede ser una estrategia útil para sentar un principio de manera coherente, en apariencia cerrada y por tanto con rotundidez:

  1. La persona corrompida se acostumbra a las malas prácticas, hasta el punto de crear una segunda naturaleza y pensar que la corrupción es cosa de todos y de nadie.
  2. El corrupto que medra en un cargo público dice: si me enriquezco en esta posición soy un listo y si no lo hago, soy un  tonto.
  3. Al corrupto se lo intuye en su discurso porque repite todo el tiempo: lealtad, inocencia, luchar contra la corrupción.
  4. La democracia plena, iniciativa pública para beneficio público; la iniciativa pública para beneficio privado, ¡corrupción!
  5. El corrupto, el corruptor privado y la sociedad corrompida se funden y confunden.
  6. El corrupto es un amoral, su conciencia no le acusa del mal que comete y por tanto su arrepentimiento es casi imposible.
  7. La patria del corrupto es su paraíso fiscal. Por lo tanto, eliminarlos.
  8.  Las formas intrínseca y encadenada de la corrupción permiten articular una jerarquía y una trama que necesita de mucho tiempo para ser desenrolladas.
  9. Todos los mortales somos propensos a la corrupción. Sin embargo, el hombre de bien debe preguntarse siempre si está escuchando o no la voz de su conciencia.
  10. La corrupción que los ciudadanos de un país admitan, esa pervivirá.

Cachivaches

El mercado de alquileres de inmuebles en Suiza es una verdadera odisea por lo que cuesta muelas conseguir una casa o departamento a precios razonables. Por supuesto, como en todas partes del mundo capitalista, los precios son variables de acuerdo a la zona de ubicación, el tamaño, la calidad constructiva y los servicios adicionales que brinda el inmueble. Además, los precios varían de cantón en cantón, siendo los más elevados en las ciudades importantes como Zurich o Ginebra en donde, según las estadísticas nacionales, los precios medios del alquiler mensual  de una casa de aproximadamente 200 m2 están entre los 5200 y 5600 euros.

En Suiza es muy habitual que los departamentos y las casas se arrienden sin amoblar, lo que implica que usted puede encontrar la vivienda sin los casquillos para colocar las bombillas, sin cortinas, falta de nevera e incluso el lavavajillas. Por este motivo, el casero le puede ofrecer como mucho el servicio de lavandería común ubicada en el sótano del edificio.

De todos modos,  si ha decidido vivir en el bello país de Suiza, es necesario que prepare el bolsillo porque amoblar un departamento o una casa será sumamente costoso. Y si ha sido muy afortunado por el destino, inclusive podrá vivir en una mansión de más de 200 m2 con jardín y amoblarla con cualquiera de las famosas tiendas Suizas que ofrecen colecciones clásicas de excelente gusto y muy funcionales para las exigentes necesidades del nuevo hogar, tales como: armoires, bibliotheques, vitrines, tables de chevet, coffres, commodes, consoles, etc.

Además, le recomiendo a usted  con mucho respeto no recibir y embodegar en su nueva casa muebles de viejos amigos porque estos cachivaches pueden ocasionarle después muchos problemas….

Letr INA

Si usted es de estómago débil  le recomiendo que no lea este artículo, pero si se anima no puede hacerlo justo antes o después de comer.  De todos modos, no me responsabilizo de cualquier desaguisado que le pueda causar por esta brevísima historia de cómo la gente se limpiaba,  – y se limpia todavía – , el trasero después de ir a las letrinas.

La historia de la letrina tuvo su apogeo en Roma, cuyos habitantes  se distinguían, entre otras cosas, por su afición a las termas y a los baños. Los arqueólogos nos han permitido conocer sus costumbres a través de las ruinas de Roma y de las provincias del Imperio, en donde los ciudadanos aprovechaban para defecar, socializar y conspirar.

Sus instalaciones eran públicas y una vez dentro, las necesidades fisiológicas de senadores, soldados, comerciantes y artesanos se hacían en grupo y a la vista de todos los presentes, sin pudor y sin tabiques separadores entre los WC. Súmese a esto el método del limpiado del trasero, que a falta de papel inventado por los chinos, el instrumento en cuestión era una vara de madera con una esponja marina atada a un extremo, la “spongia mediterranea”  que se recolectaba en algunas islas griegas. Para ellos esta íntima actividad no era más que la combinación de una necesidad fisiológica con sus actividades sociales y políticas.

La letrina romana después se popularizó en todo el mundo para evitar los brotes de cólera que fueron causados  por unos deficientes sistemas de retirada de los excrementos. Con el tiempo esta instalación ha sido desarrollada para ser usada de modo estrictamente personal, – ahora con mayor razón en estos tiempos del coronavirus -, cumpliendo normas que deben ser respetadas para maximizar su eficiencia, sobre todo en las áreas rurales.

Gracias estimado lector por el interés mostrado en este corto texto que narra una de las necesidades  indelegables del hombre. Como queda descrito, el uso de la letrina tiene una larga vida en la historia de la humanidad.

Y en nuestro atribulado Ecuador, la utilización de la letr INA también tiene su propia historia fétida que por oscuros intereses no se ha contado todavía. Ojalá pronto se conozca este intríngulis que revele sus inmundicias.

Pedro Franco Dávila

El Fantasma del Gabinete

Juan Pimentel en “Fantasmas de la ciencia española” (2020), encuentra una metáfora perfecta para la historia de la ciencia española. Describe que en gran medida es una historia de fantasmas, un catálogo de aparecidos y desaparecidos, un museo quimérico en que muchos muros y salas enteras están vacías, se detectan presencias abolidas, sombras errantes que no tienen descanso porque no recibieron la adecuada sepultura y que el paso del tiempo no ha extinguido las consecuencias de la desgracia que las fulminó.

Las historias de fantasmas, las imágenes y los relatos que más nos fascinan son las que no pueden verse o los hechos que por oscuros intereses no se han contado. También nos interesa la parte de la historia sobre la que se escribe con mayor erudición y apasionamiento porque seguramente nunca llegó a suceder.

La figura de Pedro Franco Dávila, nacido en Guayaquil en 1711, entonces Virreinato del Perú,  muerto en Madrid en 1786, de padre español y madre criolla, formado en la prestigiosa Universidad de San Marcos de Lima, bien puede ser descrita como la historia de un fantasma criollo.  Su presencia en la historia del Ecuador ha sido abolida por el poder central de Quito. Ventajosamente  hay una historia alternativa que siguió su luminosa sombra errante para impedir la extinción de su inmenso aporte a la historia de la ciencia y el arte de España y Europa.  

Como rico comerciante explotó con su padre sus haciendas agropecuarias en Guayas, especialmente el cacao y maderas semielaboradas. Y como propietario de astilleros, aduanas y  negocios marítimos, le permitió viajar haciendo negocios por América y Europa.

En Europa su insaciable curiosidad científica estuvo marcada por el prodigioso Siglo de la Luces.  Autodidacta, los descubrimientos ejercieron sobre él una secreta fascinación para coleccionar las maravillas de los mundos humano, natural, vegetal y mineral. La influencia de la Filosofía de la Ilustración de Herder, Goethe y Humboldt, entre otros, debió ser clave para mirar el mundo de una manera especial.

En su residencia de más de 14 años en París se vinculó con la Ilustración.  Asistía a conferencias, tejió una intensa red de contactos y de reciprocidades intelectuales.  Tenía además correspondencia e intercambio de piezas con grandes coleccionistas particulares y de centros europeos. Por ejemplo, con el conde de Saceda o el Infante don Luis de Borbón (hermano del Rey Carlos III), la Royal Society, el Gabinete Imperial de Viena y con la monarquía española. Franco Dávila realizó un análisis minucioso de las piezas, valoró y documentó de acuerdo a la clasificación establecida en la época.

Compró especímenes botánicos, zoológicos y geológicos, invertebrados marinos, bronces antiguos, piedras preciosas, trajes, armas, lacas, libros, raras estampas europeas, retratos de hombres ilustres en guerra, cartas hidrográficas y topográficas, curiosidades del arte, piezas etnográficas, mapas del mundo  y planos de ciudades.  Además,colecciones de corales, peces y esponjas de las islas Baleares y del  Caribe; una remesa de azufre cristalizado de Cádiz; minerales y fósiles de Chile, Perú y Río de la Plata; el meteorito de Sena, caído en 1773; la colección iconográfica de Van Berkheij; el célebre megaterio que llegó en 1788 proveniente del Río Luján, Argentina, que fue la primera reconstrucción y montaje que se hizo de un vertebrado fósil. Y por otra parte diversos objetos de las culturas precolombinas y piezas de arte chino enviadas desde Filipinas.

También creó una biblioteca compuesta por más de 2.000 ejemplares originales de los temas más diversos. En palabras del botánico francés Michel Adanson, “verosímilmente lo más rico que ningún particular haya formado”.

En 1767 había publicado una obra en tres volúmenes en la que describía sus colecciones con la precisión y acierto de sus clasificaciones, la descripción detallada de muchos de los ejemplares y la definición científica de sus piezas.

Por su aporte al mundo de la ciencia y de su incomparable colección, obtuvo más títulos académicos que cualquier ecuatoriano hubiera querido alcanzar. Fue miembro de la Academia de Berlín, la Royal Society de Londres, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, la Real Academia de la Historia  y la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo.

Viaja a España y tras varias ofertas de venta rechazadas por Carlos III, el monarca urbanista del Madrid Neoclásico,  acepta su magnífica colección en donación para constituir un Real Gabinete de Historia Natural de Madrid, con la única condición de que Franco Dávila sea nombrado como director y con el sueldo  que el  monarca estimase oportuno.  Se acepta la oferta y se crea el Gabinete por Decreto en 1771 y el propio Rey ilustrado dona muchos de los animales recibidos como regalo, entre ellos un elefante indio. Además el Tesoro del Delfín dona una gran colección de piezas, alhajas, cristales y tallados, de una herencia recibida de su abuelo el Gran Delfín de Francia.

El Real Gabinete abrió sus puertas en 1776 en la sede del Palacio de Goyeneche ubicado en la madrileñacalle de Alcalá. Franco Dávila ocupó el cargo de director hasta su muerte en 1786.

 El Gabinete había estado expuesto en un principio en la Academia de San Fernando para compartir un proyecto común civilizador de conocimiento y progreso con los otros centros de la ciencia y la medicina española: la Escuela de Mineralogía, el Laboratorio de Química, la Academia de Ciencias, el Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico, la Escuela de Medicina y el Hospital San Carlos.

El Real Gabinete de Historia Natural de Madrid publicó dos tomos que contenían láminas que representaban animales y monstruos de su colección. Posteriormente apareció el Diccionario Histórico de las Artes de Pesca Nacional.

Tras la muerte de Franco Dávila, el Real Gabinete siguió con su intensa actividad, promovió y apoyó todo tipo de expediciones científicas como la de Malaspina en Bolivia y Chile y el viaje de Humboldt a América. Impulsó una Escuela de Mineralogía y la publicación entre 1799 y 1804 de 21 números de los Anales de la Historia Natural con el concurso de científicos de prestigio en las ramas de la mineralogía, botánica y química.

Del Real Gabinete de Historia Natural salieron piezas para constituir el origen de varios museos españoles que prestan su servicio en la actualidad: el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Museo Arqueológico Nacional y el Museo de América. Otras piezas están en el Museo Nacional de Artes Decorativas, el Museo Nacional de Antropología, el Museo del Prado, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Museo Naval de Madrid, el Museo del Traje, el Real Jardín Botánico y la Real Biblioteca Trujillo del Perú.

La guerra contra Napoleón provocó el cierre del Real Gabinete en 1813, al año siguiente se reabrió y en 1815 pasó a llamarse Real Museo de Ciencias Naturales. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ocupa actualmente el Palacio de Goyeneche.

Ni los siglos transcurridos ni los oscuros intereses centralistas del Ecuador han podido sepultar la estelar figura de sabio investigador y naturalista de Dávila Franco. Puede sentirse todavía su potente presencia fantasmal en las galerías españolas y europeas. Vuelve  a aparecer una y otra vez con su sombra deambulando salas de exhibición y sus manos aún clasifican con fervor maravillosas piezas y curiosidades del arte. El mobiliario original del Gabinete se utiliza para eventos culturales; en la mesa de Manila, el reloj fabricado en la época de Floridablanca, marca las horas con mayor precisión que un cronómetro suizo. Y quiero pensar que el Cuadro de la Historia Natural Civil y Geográfica del Reino del Perú, colgado en la sala principal del Palacio de Goyeneche, es su obra favorita de entre las miles del inmenso legado que el extraordinario criollo guayaquileño donó a España.

Referencias:

  • Wikipedia
  • “Museo Nacional de Ciencias Naturales: Fundación y primera época (1771-1814)”.
  • Juan Castro Velázquez (2017): “Don Pedro Franco Dávila”, Memorias Porteñas.
  • Juan Pimentel (2020): “Fantasmas de la ciencia española”.
  • Testimonios de Olga Jaramillo Medina y Juan Sanmartín Grau.

Monetizar el Espacio

Una empresa privada envía por primera vez astronautas al espacio para acoplarse a la Estación Espacial que se encuentra a 400 kilómetros de la Tierra. La misión ya no corresponde a la NASA sino a la empresa Space X de Elon Musk. El lanzamiento coincide con el pico de la pandemia del coronavirus, cuando se ha rebasado en EE UU la cifra simbólica de 100.000 fallecidos y el país se encuentra envuelto en las protestas raciales contra la violencia policial después de la muerte de George Floyd en Minneapolis.

Dos veteranos astronautas llegaron por una pasarela elevada a 70 metros del suelo, vestidos con sus estilosos trajes espaciales diseñados por la misma empresa  del jefe de Space X. Con la clásica sonrisa americana abordaron la cápsula Crew Dragon colocada encima del cohete Falcon 9, bautizado así en honor del Halcón milenario de Han Solo.

 Después de superar varios obstáculos, el Falcon 9 ha subido por el cielo, como una jabalina incandescente lanzada por la Diosa Griega Antigua Atenea, para poner  en órbita a los astronautas. Una nueva era del espacio, la carrera espacial privada, o más precisamente,  la era de la monetización del espacio.

Elon Musk, el multimillonario dueño de PayPal  y Tesla, entra en la exclusiva liga de entidades que han enviado astronautas al espacio. Creció consumiendo ciencia-ficción y comprendió que la misma tecnología que le hizo rico le permitiría cumplir sus sueños infantiles alimentados por la hazañas de la NASA. Si la misión concluye con éxito, se consumará el cambio en la relación del ser humano con el espacio. Los planes de las compañías privadas concretarán los viajes de turistas y además inyectará confianza en los próximos objetivos de negocios espaciales. Primero, volver a la Luna, después llegar a Marte y en unas décadas viajar a las profundidades de nuestro Sistema Solar.

Este acontecimiento es también un signo de nuestros tiempos privatizadores que trae una pregunta sobre los nuevos “robber barons”, ese término utilizado en Alemania para nombrar a los primeros nobles  que se enriquecían ilícitamente y luego a mediados del siglo 19 para quienes amasaban grandes fortunas manipulando mercados y corrompiendo  gobiernos,  gracias a los desarrollos tecnológicos o industriales de la época. Vanderbilt, Morgan, Astor, Stanford, Rockefeller, Rosthschild, entre otros, manejaron de este modo industrias que moldearon el mundo del acero, ferrocarriles, petróleo, finanzas y medios.

En esta nueva época de innovación tecnológica digital ese término está de vuelta. Musk es uno de ellos. Existen otros “barones”: Bezos, Zuckerberg, Kalanick que se han convertido en multibillonarios y poderosos gracias al manejo de los datos a través de algoritmos para solucionar problemas cotidianos. Uber, Airbnb y Facebook han desbaratado negocios mundiales enteros, pero a diferencia de hace un siglo y medio, sus negocios utilizan nuestros datos, ven cómo navegamos Internet, reconocen nuestros gustos y saben antes que nosotros qué queremos comprar. Su control sobre nuestras vidas es espeluznante, se aprovechan de que todavía no hay leyes universales para imponer sus condiciones y chantajes laborales.

Es probable que cuando Elon Musk colonice Marte en 2022 pronuncie esta frase: un pequeño paso para Space X, un gran salto para la monetización del espacio.

El Tren de la Memoria

Una carambola que despidió mucho vapor

La azarosa historia del ferrocarril ecuatoriano se inicia como un sueño en los primeros años de la República en la presidencia de García Moreno. Pero después, quien quería hablar del ferrocarril, era tachado como resucitador de malos negocios y de gobiernos que habían construido un elefante blanco que solo rodaba en las planicies de la Costa, desde Durán hasta Yaguachi y que continuaba sin rumbo definido hasta el río Chimbo, al filo de la cordillera.

Transcurrían los últimos años del siglo 19, en un café de Nueva York en una tarde de billar, de un extremo a otro de la sala uno de los hombres de negocios ecuatorianos en misión junto a un ministro del presidente  Alfaro, estruendosamente exclamó:

  • ¿Hey, Harman, quieres hacer un ferrocarril?
  • Paró la jugada, el taco levantado y preguntó:
  • ¿A dónde?
  • Abajo.

Harman tenía experiencia fresca en este tipo de aventuras y era eso precisamente lo que le atrajo venir al Ecuador, al centro del mundo, ignorando que el trópico no sería su único adversario, sino también los Andes y sobre todo la opinión pública conservadora y ciertos intereses oscurantistas de la época. Sin embargo, la empresa había nacido. Se firmó el contrato en Abril de 1897 por un monto de 17.532.000 dólares para una extensión de 390 millas.  Para muchos el empréstito era muy caro y para el Poder Legislativo: “el pretexto para saquear la nación, sin perjuicio de calificar al Presidente Alfaro, de traidor a la Patria”. La compañía tenía que explotar el ferrocarril durante 75 años y la obra se debía terminar en un lustro.

“El Tren más difícil del mundo”

Uno de esos días visitaba Míster Harman en su despacho al Presidente y le preguntaba desconsolado:

  • ¿…. Y ahora qué vamos a hacer?
  • Alfaro respondió:
  • Primero, don Archer, bebamos un whisky para espantar al diablo.

Ese whisky era en parte el culpable de que la vía ferroviaria trasandina ecuatoriana entrase al fondo del turbulento río Chanchán. Y también que ese tren que parecía imposible se sobrepusiese a territorios hostiles aunque de desbordante belleza, con riscos, quebradas infinitas y cumbres empinadas, para llevarlo hasta las nubes. “El Tren más difícil del mundo”, como lo calificó el ingeniero Sigvald Müller, comisionado del Presidente, cuando completaba los estudios para el trazado del ferrocarril hasta la parte alta de Sibambe.

Mientras tanto, al borde de las paralelas se cavó más de un cementerio.  Sobre el hombro las miradas tristes contemplaban a sus muertos peones nacionales y jamaiquinos en Naranjapata, Chanchán y Huigra. Y otros menos afortunados fueron sepultados en aludes, ríos, despeñaderos.

El ferrocarril no avanzaba más allá del campamento de Pistichi, porque obstaculizaba un formidable peñón bautizado, no con poca imaginación, “La Nariz del Diablo”. La necesidad y el ingenio volvieron a derrotar la adversidad: la construcción con pico y pala de la línea en zig-zag  para que la máquina retroceda y avance sin dar curvas fue el atajo ferroviario ideal para avanzar.

“Avanza el monstruo” decían los periodistas de la época, a pesar de las dificultades, las polémicas y los reclamos de los hacendados. El propietario de la hacienda “Mancheno” en Chimborazo, no vaciló en disparar contra el ingeniero americano John Daze, hiriéndole en una pierna.

Llegó a Alausí en Septiembre de 1902, bordeó las faldas del volcán Chimborazo, jadeando surcó hasta las nubes  en la estación de Urbina a 3.600 metros de altitud y arribó a Riobamba en julio de 1905. Pero la fecha gloriosa se dio el 25 de junio de 1908 con la entrada triunfal  de la locomotora N° 8 a la estación Chimbacalle de Quito. El  contratista Harman y Don Eloy fueron recibidos por 30.000 almas y por damas de alta costura con largos faldones acompañados por elegantes caballeros de bastón y bigote engomado; con arcos de palmas, laurel y flores, tañido de campanas, banquetes, danzas y festivales populares que duraron cuatro días. Los 3 personajes tuvieron su día de gloria y después de luto: Harman murió en Brooklyn en 1911 aplastado por un caballo, Alfaro  terminó su vida en la “Hoguera Bárbara” en Enero de 1912 y el “Tren más difícil del mundo” quiere  ser vendido por unas cuantas monedas según los planes del actual presidente.

El Ramal del Sur inició su construcción a partir de 1915 desde Sibambe. La ruta trazada contempló: Sibambe, Chunchi, Cañar, El Tambo, Biblián y Azogues que recibió la primera locomotora en 1948. El 6 de Enero de 1965, a las 4 de la tarde, se escuchó el primer pitazo de la locomotora en los cuatro puntos cardinales de la conventual ciudad de Cuenca, a los 104 años de la expedición del Decreto de García Moreno que autorizaba la construcción de carreteras y ferrocarriles y a los 50 años que la compañía alemana Oreinstein Kopper, representada por Eduardo Morley, suscribiera el contrato para su construcción.

El éxito del ferrocarril facilitó que otros gobiernos construyeran varios ramales. Quito-Ibarra-San Lorenzo,  Guayaquil-Salinas y Machala –Pasaje fueron parte del sistema nacional.

Para seguir con el sueño del tren imposible, Harman había presentado un proyecto a Alfaro para integrar el océano Pacífico con el Atlántico a través de la Ruta Trasandina. “¡Un ferrocarril a la Amazonía que podría llegar hasta la desembocadura del río Napo, partiendo desde Ambato!” El proyecto tenía la inspiración de una leyenda, pero esta vez no para expoliar sus áureas riquezas, sino para convertirse en la redención del Oriente y el desarrollo del País.

La agonía y muerte del Monstruo de los Andes

Las noticias de las últimas décadas del pasado siglo y los primeros años del presente relataban la tragedia y destino del ferrocarril: viejas locomotoras con desperfectos, fallas geológicas en varios tramos, hurto de rieles, falta de durmientes, puentes  semidestruidos, el mantenimiento de los viejos equipos caro y difícil por falta de repuestos…. Además, el tren ha perdido competitividad frente a las carreteras por falta de seguridad y rapidez.

La Cámara de la Construcción de Quito en 1991, lamentó la inexistencia de estudios serios de un proyecto gubernamental del presidente  Rodrigo Borja para rehabilitar el ferrocarril. Se demandó a las autoridades cancelar el crédito francés y español, porque la obra significaba una competencia desleal al sistema de carreteras existentes. Mientras tanto, los secretarios de los sindicatos ferroviarios descarrilaron al poder económico, relacionándolo con los contratos de carreteras  y por ser el sepulturero del tren de Alfaro.

Luego de algunas décadas de agonía murió el símbolo de la unidad nacional entre la Sierra y la Costa. Sus maquinistas, “brekeros”  (castellanización del término brake, frenar en inglés), areneros y vagones abandonados a su suerte, ya no traen ni llevan a nadie, tampoco arrancan sentimientos de emoción, ni son cómplices de amoríos secretos, intrigas y pasiones. Es solo un recuerdo melancólico el bullicio de los vendedores que ofrecían queso de hoja, coco helado, pescado fresco, jugos de alfalfa-mora-tomate de árbol, malta con huevos como afrodisiaco, huevos duros, una cerveza para el chuchaqui y todas las delicias diferentes y propias de cada región y estación, alternado este jolgorio realista mágico, con las cansinas esperas por los continuos descarrilamientos y el abastecimiento de agua para el tren de vapor.

El Tren de la Memoria

El presidente Eloy Alfaro dio vida al tren, posteriores gobiernos lo entubaron en sus años de emergencia, Rodrigo Borja quiso rehabilitarlo, los neoliberales cavaron su tumba y Rafael Correa revivió el pasado a bordo de un auténtico tren de vapor.

El pasado se transformó en presente y futuro. Parecía que maquinistas, ruinosas estaciones, paralelas destartaladas y máquinas carcomidas por el virus del tiempo serían olvidados para siempre con la mayor indiferencia, pero ocurrió lo contrario.

Las viejas estaciones con estructuras de madera de chanul y de mangle y paredes de pino importado de Oregón, USA, se restauraron con primor. Los andenes recobraron la congregación de viajeros y los balcones, como los de la patrimonial estación de Durán que sirvieron de escenario para que Velasco Ibarra ofreciera sus famosos discursos, volvieron a engalanar el encantadador mundo ferroviario.

Los trenes con memoria han mostrado que su paso brioso marca identidad a las naciones. Siempre han ejercido una particular fascinación, especialmente cuando nuestras alegrías y nostalgias reciben y despiden a estas enormes bestias de humo y acero.

Por estas razones, las sociedades civilizadas cuidan sus redes ferroviarias históricas, las custodian por sus propiedades simbólicas, las declaran patrimonio nacional  y las promueven para el desarrollo sustentable de sus pueblos.

Chacachá -Chacachá – Huuuu – Huuuu…. El Tren de la Memoria de Alfaro, el pito y el vapor que avizoran la llegada y la partida con su fuerza  metálica, las locomotoras al frente y los sueños atrás son patrimonio cultural vivo del pueblo ecuatoriano.  Con la fuerza de la dignidad y la resistencia, ni el arrebato de un gobierno insensible podrá venderlo ni la codicia de los tempranos aspirantes a compradores podrá arrebatarlo.

Bibliografia consultada: 

  • Cuadernos Docentes, Universidad de Cuenca, Programa de Turismo  y Gastronomía, 2006.
  • “Tren al Sol”; TRAMA, 2006.
  • Hemeroteca, Carlos Jaramillo Medina.

Figura y Fondo

Las pinturas clásicas desde el siglo 14 hasta la mitad del 19, a diferencia de las obras del Medioevo, se trabajaron con una nueva teoría y sensibilidad: la noción de la verdad óptica, la geometría y la matemática, la armonía y belleza idealizada y su aplicación a través del uso metódico de la perspectiva y la composición.

Estas pinturas tienen a la figura humana como el centro y medida de todas las cosas y el fondo está representado por paisajes naturales  y/o arquitectónicos recreados de la antigüedad clásica y que sirven como temas  para desarrollar los alardes creativos de la perspectiva.

La teoría alemana de la Gestalt de principios del siglo 20, cuya  axioma principal, “el todo es diferente a la suma de las partes”, enuncia que lo que percibimos no es la suma de las piezas de información que nos llegan a través de la mirada, sino que las “formas” se crean en nuestra mente para alcanzar una comprensión estructural nueva de lo que ocurre. El otro principio clave se refiere a la relación “figura –fondo”: cuando se mira un cuadro aparece en la mente del observador un elemento como figura y el otro como el fondo de la figura o viceversa.

En la pantalla partida de la nueva ágora virtual contemporánea, nuestros inefables políticos se  presentan como importantes figuras con fondos de pantalla que les sirven de marco, para representar de este modo el signo de su específica personalidad. La figura y el fondo se constituyen en formas comunicacionales que tratan de influir en nuestras conciencias.

Por ejemplo, la figura del “experto” tiene como fondo una abigarrada biblioteca, con lomos de libros de vivos colores que solo hacen juego con las cortinas del estudio;  el “exitoso empresario”que no ha previsto un capital de contingencia para salvar su negocio, ahora venido a menos por la pandemia, se presenta en primer plano en un salón adornado con obras de los artistas más cotizados; y los ministros demagogos acuden con desfachatez al set de la televisión pública, con el fondo del bellísimo Panecillo, para “informar” sobre la situación nacional del Covid-19.

Es la vivaracha utilización de la antigua técnica “figura – fondo”  en este nuevo escenario virtual, que no puede causar más que, como lo define con mucho acierto mi entrañable amigo Diego Jaramillo: agorafobia.  

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