100 Claraboyas

El número es un símbolo abstracto que indica cuantos objetos hay en una colección. Pero los números también tienen significados ajenos a las matemáticas. Cuando esto sucede los números se convierten en símbolos metafísicos de los que la historia nos ha dejado un buen muestrario.

Por ejemplo, el número 100 es contundente y redondo. Alude a la importancia de la decena de decenas en el sistema de numeración. Por eso 100, en determinados contextos, equivale a muchos, como cuando decimos que había cientos de personas en un lugar. Y por eso mismo expresamos las proporciones, los intereses y las probabilidades en tantos por ciento. Y el hecho de que los humanos rara vez vivamos más de 100 años le da a este número un significado muy especial. La celebración del centésimo cumpleaños de un@ abuelit@ es un acontecimiento y se recuerda con cientos de emociones.

Este es el centésimo artículo de Claraboya con todo lo que ello significa. 100 textos escritos en los tres últimos años con temas diversos, argumentados, con una nutrida referencia bibliográfica, a veces polémicos y con ironía, para que los amables lectores reaccionen con opiniones y críticas muy útiles. El formato seleccionado corresponde a la “tribuna corta”, de página y media, con un aproximado de 620 palabras por texto.          

Una claraboya es la apertura en el techo o en la parte alta de las paredes por donde se filtra la luz. Es satisfacción del deseo de cielo, vía de acceso al mundo de afuera y confirmación de la continuidad de la casa y el universo. Es posibilidad de movimiento hacia arriba y hacia abajo, hacia afuera y hacia dentro. Delata un anhelo de apertura y una actitud receptiva.

Y puede constituirse en un símbolo de apertura y primera vía de acceso al mundo y al universo. También en un viaje que implique desplazamiento y registro en los planos espacial, temporal y humano en el que coexistimos.

En el ámbito de la arquitectura y la ciudad, Claraboya con más de 60 artículos, escudriñó sobre el creativo trabajo de Francis Kéré, Anna Heringer, Paulo Mendes de Rocha, Lacaton y Vassal, Carme Pinós, etc., que con su estrategia diametralmente opuesta a la de los “arquitectos estrella” del panorama internacional, diseñan y construyen con los recursos locales, con sostenibilidad paisajística, respeto climatológico y reelaboración de los tipos arquitectónicos existentes.  

Y también se puso el dedo sobre la llaga de la arquitectura del lujo y la extravagancia de los proyectos faraónicos de la urbe posmoderna que acumula en sus edificios desproporción, efectos de poder y clase y, sobre todo, espacios manifiestamente destinados a la apología del derroche. Mar-a-Lago de Trump es un ejemplo paradigmático.

El patrimonio lo hemos comprendido como una auténtica herencia que se concreta en la selección y apropiación de un conjunto de bienes y manifestaciones culturales de una sociedad determinada y en un tiempo específico. Narramos en varios artículos la experiencia poética de la ciudad y la arquitectura como una de las fuentes de conocimiento: la Iglesia de San Francisco de Quito y la leyenda de Cantuña, el Barranco del Río Tomebamba, la Calle de la Condamine, la Avenida Solano, la Iglesia de la Virgen de Bronce, la Casa Azul, el Pase del Niño Viajero…        

La verdad científica y la belleza de la naturaleza, las simples cosas y las realidades cotidianas también han apelado a nuestras reflexiones con 30 artículos. Porque lo simple y lo pequeño, la miniatura, e inclusive los seres feos no son necesariamente incompatibles con la experiencia estética y pueden constituirse en otras tantas cifras de la clave del universo.

El jardín y las utopías, la aromática voz de las plantas, la corona armónica de las espigas del coronavirus, el tomate, una tajada de sandía, el bendito trigo, la jugosa mandarina, la música de las arañas, las abejas que pierden su norte, los patitos a la deriva, ser una gallina… se han expuesto a la luz, como pequeños organismos vivientes maravillosos, a través de nuestra Claraboya.

El coronavirus se expandía en el año 2020 de Este a Oeste de igual modo que el movimiento del sol ya observado hace milenios por las culturas más antiguas de la Tierra. Y desde las ventanas de la casa mirábamos, como en una película de ciencia ficción, a la fauna salvaje que salía de sus refugios a visitar las ciudades hasta entonces dominadas solo por los humanos.

A mediados de aquel año escribimos el artículo con el título “Que Dios y la OMS no lo permitan” que contenía dos preguntas para cuando la vacuna estuviese lista: ¿Quiénes deben recibirla de manera prioritaria? y ¿Cuál debe ser la estrategia de asignación de la vacuna? Y al término del año 2020 el texto “Trinca Vacuna” para denunciar el acaparamiento del fármaco que beneficiaba solo a los gobiernos poderosos y a una pandilla reducida de amigos de los países pobres, entre estos a nuestro atribulado Ecuador.    

Las 100 Claraboyas se convierte en una excelente ocasión para dar las gracias a todos los amigos que, por sus comentarios, tan interesantes como numerosos, han hecho de este Blog algo más que una simple colección de textos. También quiero expresar mi gratitud especial a mi hermana Olga. Con su paciente trabajo revisó y corrigió los ensayos originales con el fin de darles claridad, concisión y sentido, agregando valor y volviéndolos inteligibles para nuestros amables lectores.

Que nuestra Claraboya, con su río de aire y luz, nos permita continuar en el viaje de la búsqueda de la belleza prístina de las cosas sencillas del mundo y la naturaleza, y también interpretar la ciudad y la arquitectura como relatos que se conjugan en el pasado, el presente y el futuro.  

Ser una gallina

¿Primero fue el huevo o la gallina? Este eterno dilema ya aparece en la obra de Aristóteles que afirmaba que la gallina precede al huevo. En 2006 The Guardian reunió en un panel a un científico, un filósofo y un avicultor para intentar resolver tan duradero enigma.

Brookfield dio su respuesta: “el primer pollo probablemente no nació de otro pollo, sino que evolucionó de otras razas con características levemente distintas”. Papineau fue muy concreto: “un huevo de gallina lo es si contiene una gallina”, por lo que, con este razonamiento, la gallina tuvo que salir de un huevo de gallina, incluso aunque ese huevo no saliese de una gallina. Y Bourns, presidente de un organismo avícola contribuyó al debate: “los huevos existían ya antes de que naciera el primer polluelo, claro que tal vez no tuviesen el aspecto de los de hoy”.

 Y usted, estimado lector, qué piensa que fue antes, ¿el huevo o la gallina?

Sin embargo, todos conocemos a las gallinas como aves domésticas no voladoras, que tienen patas, pico y plumas, que ponen huevos y además que las sacrificamos muy a menudo para preparar una sabrosa sopa con las presas de nuestra preferencia.

Pero los científicos y los arqueólogos han ido mucho más lejos que nosotros. Han estudiado a profundidad para conocer sus secretos desde los orígenes muy lejanos.

La gallina y el gallo doméstico (Gallus gallus domesticus) proviene de un ave tropical, el gallo rojo (Gallus gallus), que habita libremente los bosques del Sureste Asiático. Se han realizado estudios genéticos que confirman que la domesticación pudo haberse producido hace unos 58.000 años, decenas de miles de años antes de que el hombre se sedentarice, en la Edad del Neolítico, para realizar las labores de la ganadería y agricultura.

Se ha descubierto además que si copulasen estas dos aves tendrían descendencia fértil por lo que la variedad doméstica se considera una subespecie de la salvaje.

La gallina tiene un sentido muy particular a pesar de no ser voladora: la magnetorrecepción. En su cuerpo incorpora una precaria brújula que no tiene nada que ver con los GPS de precisión de las aves migratorias que viajan miles de kilómetros. ¿Para qué iba a necesitarla al ser un ave no voladora con un área de campeo de pocos metros? Esta limitada herencia viene precisamente del gallo rojo que vuela con pericia en su tupido hábitat natural: el bosque tropical con una vegetación tan densa que no deja ver el sol.

El mundo sensorial de la gallina es muy completo. Es un ser sintiente. Utiliza el ojo derecho para los detalles pequeños y el izquierdo para advertir depredadores. El oído, cuando los pollitos aún están en el huevo, es un sentido para comunicarse mediante sonidos con el objetivo de que la eclosión se produzca simultáneamente. El olfato y el gusto, de igual modo, se activan para detectar intrusos. Y el tacto, que se encuentra en el pico, para manipular el entorno.      

Posee una memoria tan buena como muchos primates y sus hemisferios cerebrales están especializados para tener una compleja vida social, sexual y comunicacional con más de 24 vocalizaciones diferentes. Ambos sexos son promiscuos. El gallo desea copular con el mayor número de hembras posibles, en cambio la gallina es bastante más selectiva y si se la corteja con suficiente comida mucho mejor. Y además tiene un as en la manga: puede almacenar el esperma de distintas parejas durante dos semanas y a menudo expulsa de su interior el semen de los gallos menos dominantes y se guardan solo el de sus preferidos.

Así que una criatura tan versátil y útil tenía que ser aprovechada al máximo. Lo hicieron los primeros sedentarios y los siguientes habitantes del planeta que incrementaron el número de esta ave hasta llegar a la industrialización de la especie.

La avicultura tomó impulso una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Una empresa de EEUU patrocinó un concurso para crear la gallina más gorda y carnosa: el híbrido ganador. Los criadores actuales usan avances de la genómica para afinar sus técnicas de crianza selectiva. Modifican el ADN para insertar genes ventajosos que mejoran todavía más su productividad.

Hoy en día el número de gallinas casi triplica la población de los humanos. ¡Existen 20.000 millones y cada año se sacrifican 6.000 millones para satisfacer el apetito mundial! En las macrogranjas conviven hasta 10.000 ejemplares en espacios reducidos, hacinados, con frecuentes casos de canibalismo y autolesión. Su enjaulada vida dista mucho de la de sus parientes salvajes que, en grupos pequeños, revolotean libremente los bosques del Sureste Asiático.   

Para el bien de la humanidad, – a excepción de vegetarianos y veganos -, que la gallina clueca, con su instinto maternal, siga empollando al margen de que haya sido fecundada o no por un gallo. Y que la llamada de la generosa naturaleza le siga recogiendo en el nido, sentadita, poniendo huevos (si son runas mucho mejor) y empollando, sin apenas descanso, por los siglos de los siglos… Cloc – cloc – cloc.   

Referencias:

  • El País, Laura Camón; “Hemos criado gallinas durante milenios, pero ¿qué sabemos de ellas aparte de que nos dan huevos?, 30-10-2022.
  • Pozo de Vilane; Galicia; “Gallina Clueca: ¿Qué es y cómo se maneja este instinto?, 4-10-2022.
  • RTV. Es; “¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?”, 11-03-2021.
  • Algunos ajustes de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina.
  • Varias páginas de Internet.

Recrear el paisaje rural de Cuenca

A. La lánguida supervivencia del paisaje rural

Imaginemos como se pintaba el paisaje rural de nuestro terruño en centurias pasadas.

Los siempre azules macizos de El Cajas saturados de manchas boscosas iban ganando en formas y en color según el movimiento de la mirada. Y los perfiles circundantes de las montañas más cercanas cortaban nítidamente el cielo azul matizado por nubes que se movían sigilosamente hasta abrirse frente al estupendo valle.

Aquí, más abierto, el verdor borboteaba por doquier. Mientras caudales distintos de aguas cristalinas cruzaban el valle salpicado de flores, totoras y viejos troncos de árboles. Son los caminos sonoros de sus cuatro ríos: el Tomebamba, Yanuncay, Tarqui y Machángara. 

Algunos animales se dejaban entrever de cuando en cuando: un venado, una llama, unas liebres rompían cautelosamente la solemne quietud del telúrico paisaje andino. Y el sol, en estupendo juego cromático, con sus cálidos rayos inclinados doraba las praderas y proyectaba sombras enigmáticas en los volúmenes de su sagrada geografía.

En este paraje de ensueño un día los hombres europeos quisieron quedarse a vivir.  Y lo hicieron sometiendo con la cruz y la espada a las culturas originarias. Modificaron el barro para construir paredes, recogieron las piedras arrastradas por los ríos para patios y colocaron la teja para que la lluvia se deslice por ella.

El paisaje rural de Cuenca mantuvo una personalidad construida a partir de remotas experiencias, con muros de piedra acomodada, cercos vegetales, delicados senderos y pequeñas manchas boscosas que pigmentaban las suaves laderas.

La campiña por su parte se consolidaba en torno a otros esquemas. Las casas de hacienda y las casitas campesinas armaban su propia relación que dejaba descifrar sutilmente las estructuras de la sociedad agraria. Un cierto equilibrio era manifiesto.

A partir de los años 50 del siglo pasado fuertes vientos de transformación llegan a la ciudad y consecuentemente al campo. En el área rural este fenómeno generalizado e inexorable de transformación recibió un estímulo singular por parte de la migración.  A la expansión urbana de los bordes de la ciudad se sumó la transformación enajenada de los centros parroquiales y sus anejos así como también de su paisaje rural con una arquitectura impersonal e híbrida que lejos de mantener una relación cultural con el lugar transparentaba las aspiraciones “estéticas” del propietario, o presumía del dinero para exhibir un nuevo status social: el del residente exitoso que alcanzó a conquistar el nuevo Dorado. Una patética olimpiada edilicia rural se jugaba, – y se juega todavía -, para ganar las medallas al mal gusto y a quién despilfarra más dinero.

La arremetida contra el paisaje rural y el patrimonio arquitectónico vernáculo vino desde varios frentes: las empresas industriales, la incuria oficial y privada, la iglesia, el teniente político, el director de escuela, el mal gusto de muchos arquitectos y propietarios, e impropios modelos arquitectónicos importados.

En el área rural se dio la inevitable segmentación del suelo. Los cercos poblados de plantas autóctonas y de una fauna de pequeños seres se derribaron como castillos de naipes. La arquitectura sufrió los mismos males. La lánguida imagen de la “nueva arquitectura de los migrantes” tomó posesión del territorio modificándolo drásticamente. Así agoniza uno de los lugares paisajísticos que poseía Cuenca y que le daba sentido y organicidad a la comarca.

Además, las heridas dejadas en el paisaje por insulsas construcciones levantadas en orillas de ríos y quebradas y en zonas de riesgo, como los trazados viales sin mitigación ambiental, son comparables a burdas cicatrices en el bello rostro de un ser humano.  Es cierto que la misma naturaleza con el paso del tiempo suele sanar sus heridas, disimular cicatrices, pero el mal ha sido hecho.

B. Recreación del paisaje rural

Pese a todo, el paisaje rural del cantón Cuenca tiene la virtud de mantener un cierto carácter y personalidad. El paisaje es todavía reconocible. Y puede ser sometido a terapia intensiva y a un proceso de recreación.

¿Qué carácter debe tener el paisaje rural para que se recree en el plano de la experiencia estética y la apropiación colectiva?

El carácter del paisaje rural de Cuenca podría estar marcado, entre otras, por las siguientes determinaciones de tipo general que le otorguen una re-encantada personalidad: 

  1. El cuidado de las garras de la erosión natural y de la fiebre especulativa edilicia en el cinturón de collados y en las orillas de ríos y quebradas que son los regalos telúricos que han marcado el modo de ser, pensar y hacer de los cuencanos.
  2. Una organización sistémica de polígonos que sean orgánicos a la configuración de las sub-cuencas de la geográfica del Cantón, con un sentido de estructura formal y acoplamiento de las partes;
  3. La asignación de la vocación pertinente de cada polígono rural; 
  4. La dotación de equipamientos jerarquizados, suficientes y apropiados;
  5. Un sistema de “caminos rurales ecológicos” y una articulación expedita polígonos – ciudad;
  6. Acciones varias para incidir en la disminución de la especulación del suelo;
  7. Normas ambientales, paisajísticas y estéticas rigurosas;
  8. Nuevos patrones de vivienda que fomenten la vecindad y comunidad y que atiendan al derecho de transferencia de la tierra para transmitirla a los sucesores mediante herencia;  
  9. Normas arquitectónicas rigurosas para la vivienda y las instalaciones necesarias y pertinentes al contexto paisajístico, social y cultural rural, con alusiones poéticas de la arquitectura vernácula, volumetrías, materialidades, color, sistemas constructivos, etc.; y
  10. Las 3 últimas determinaciones otorgarán un sentido de identidad y por tanto un “sentido de lugar”.   

Una previa caracterización del paisaje será necesaria para entender mejor el patrimonio que poseemos y también para diagnosticar su delicado estado de salud. Luego vendrán las determinaciones específicas y detalladas, para finalmente dibujar una curva de inflexión positiva en el tratamiento del paisaje rural.

C. El paisaje y la utopía

El paisaje es un lugar utópico. Mantiene el ideal de un mundo mejor como naturaleza domesticada, obra de arte viva, imagen del mundo y mundo de una imagen. Muestra las ideas de cada etapa histórica y expresa no solo una cosmovisión y un proyecto de sociedad, sino también un ideal de vida y un modelo ético y estético.

No hay mejor lugar para vivir, sin estrés, que en el campo. Es un remedio para los conflictos, para acallar el ego y renovar la conciencia. Estar en al campo supone, más que un simple romanticismo, entrar en nosotros mismos para abrirnos a los demás.

En estos tiempos de incertidumbre pensar el paisaje y ajardinar las ideas permite sembrar en nuestros paisajes interiores utopías realizables.

Cuidar el paisaje rural de Cuenca con la recreación de su memoria histórica, ambiental – arquitectónica y cultural que aún guarda es una utopía realizable. En esta perspectiva, recrear nuestro paisaje rural debe ser un deber ético y estético y además un medio para alcanzar ciertos objetivos colectivos en la permanente construcción de una Cuenca ecológica, planificada y territorialmente ordenada.

Referencias:

El presente texto ha sido redactado con el gentil consentimiento de Fausto Cardoso. Se transcriben, casi literalmente, varios párrafos de su ensayo titulado: «La lánguida supervivencia del paisaje azuayo». 2005.

Algunos ajustes de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina

Colegio de Arquitectos, Núcleo del Azuay; “Seminario Taller PDOT – PUGS, Cuenca”, 09 – 2021.

La imagen que acompaña al texto corresponde al Parque Nacional Cajas.

El Hermano Juan Bautista Stiehle

El diseñador y constructor de iglesias, escuelas, casas, puentes y acueductos, además de extraordinario artesano, escultor, jardinero y dibujante llegó a Cuenca en 1874. El religioso redentorista alemán, nacido en 1829, recreó una y otra vez en la ciudad la cultura y la arquitectura neoclásica europea. Sus vastos conocimientos los aplicó en una urbe todavía pequeña, de corazón colonial pero que quería despertar a la modernidad cosmopolita.

Su inmenso aporte a la historia cuencana de finales del siglo 19 tiene tres dimensiones: arquitectónica, técnica y artesanal.

Su propuesta de nueva arquitectura de fines del siglo 19 contribuye a concebir la ciudad como vista, como panorama, como teatralidad pública de múltiples rostros que dan relevancia a la representación.  

Es una simbiosis de la arquitectura de la casa tradicional de patio interior con las fachadas neoclásicas y románticas rítmicamente compuestas y ornamentadas. A este estilo arquitectónico corresponden sus obras de carácter civil. Entre las más importantes se pueden citar: la antigua Gobernación, la Casa de Temperancia, la Escuela Central de la Inmaculada y de los Hermanos Cristianos, el antiguo Hospital y el Colegio de las religiosas de Santo Domingo de Gualaceo, el Colegio de las Madres de la Providencia de Azogues, y varias viviendas particulares ubicadas en el Centro Histórico de Cuenca.

El aporte más importante es su obra religiosa: las iglesias de San Alfonso y el Cenáculo, el Seminario Diocesano con sus dos claustros y la fachada hacia la calle Bolívar, la Capilla del Hospital San Vicente de Paúl, el Monasterio de las religiosas del Buen Pastor, la Capilla de los Sagrados Corazones, – demolida en 1978 -, y la Catedral de la Inmaculada Concepción diseñada en 1885 cuya supervisión realizó hasta su muerte. Esta obra, la más conocida, es un crisol arquitectónico porque reúne en una síntesis equilibrada el románico de su contextura, el gótico de la escala, el renacentista de la espacialidad y el barroco de la escenografía.

Luego del fuerte sismo del 29 de junio de 1887 que destruyó una tercera parte de las modestas viviendas de la ciudad inspeccionó la tragedia durante una semana y cuando terminó el trabajo expresó: “confrontado con tanta miseria me puse enfermo, al final tuve una hepatitis, – los médicos ven como causa de esta enfermedad el susto -, y casi todos en Cuenca la tenían al mismo tiempo”. Desde entonces se lo conoció como “el médico de casas”.

La escuela arquitectónica y artesanal que dejó a sus sucesores es la más importante contribución a la cultura cuencana. La producción arquitectónica de finales del siglo 19 y de comienzos del 20 y que se encuentra catalogada como Patrimonio de la Humanidad corresponde a su estilo clásico. El maestro Luis Lupercio es su epígono más brillante.

Los alumnos de su taller de escultura trabajaron con los cánones del maestro alemán. Sobresalieron Filoromo Idrovo, Manual Quipisaca, José María Figueroa y Miguel Vélez. Una leyenda religiosa cuenta que Vélez esculpió el Cristo de la Congregación después de crucificarse una semana frente a un espejo. De este modo quiso representar el Cuerpo de Cristo con una teatralidad absoluta para facilitar en el creyente la comprensión de la pasión en la imaginación y su recomposición en la memoria.

Desde el silencio del claustro el extraordinario artesano dialogó además con la madera, el mármol fino, el granito, el bronce, la plata y el oro. Sus estudios morfológicos realizados con dibujos hechos a mano forman una colección incomparable que permitió la elaboración de elementos ornamentales para embellecer sus obras de arquitectura religiosa. Son modelos vegetales de la Región y del Ecuador para tapices, capiteles, cenefas, cornisas y canecillos; apliques para paredes, muebles para relojes, comulgatorios, confesionarios y retablos; bordados religiosos y alfabetos; artesanías religiosas, escultura y pintura; cruces y pedestales; puertas, ventanas y vidrieras…           

Esta ciudad de corazón colonial, tecnología mestiza y de piel clásica-romántica, ha sido construida en su momento más sobresaliente por el hermano redentorista y sus discípulos. Aplicó sus conocimientos con sabiduría en Cuenca, en la Región y además en algunos países de América Latina. Se destaca la Basílica Menor del Señor de los Milagros en la ciudad colombiana de Buga.

Se hizo cuencano de corazón. En una carta enviada a su hermano Chriosostomus le confesó: “Cuenca ya significa para mi tanta patria que no tengo otro deseo más que morirme aquí”. Fallece el 20 de enero de 1899, a los 70 años de edad, en medio de la consternación de la ciudad.

Referencias:

  • Algunos datos históricos han sido proporcionados gentilmente por el arquitecto restaurador Gustavo Lloret Orellana.
  • Varias recomendaciones y la revisión de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina.
  • Claudio Carvajal, Carlos Jaramillo y Marcelo Zúñiga; “Estudios de Restauración y Adaptación a Nuevo Uso del Inmueble de la Escuela Central”, 2006.
  • Pedro Espinoza y María Isabel Calle; “La Cité Cuencana”, Tesis Profesional de Arquitectura, Universidad de Cuenca, 2000.
  • Gonzalo Cobos Merchán; “Hermano Juan B. Stiehle C. Ss. R. Arquitecto Redentorista. Su vida y obra en Ecuador y Sud América”, 1998.
  • Carlos E. Fernández de Córdova; “Cuerpo, visión e imagen en la religiosidad barroca”, s/f.
  • La imagen que acompaña al texto corresponde a la “Escuela Central de Niñas de la Parroquia El Sagrario” diseñada por Juan Bautista Stiehle. Las obras comenzaron en 1892.

Un Señor Alcalde de Cuenca

Asumió la Alcaldía de Cuenca, respaldado por el voto popular, desde el 15 de septiembre de 1978 hasta el 14 de abril de 1984. 

Anteriormente había cumplido las funciones de legislador de la República, Prefecto y Gobernador del Azuay. Continuó en la docencia universitaria con la cátedra de Filosofía del Derecho, clases que las dictaba de 7 a 8 de la mañana “para no interferir con mis labores de burgomaestre”, como el mismo lo repetía, medio en serio, medio en broma, por su innata vocación de maestro.

Y por esta razón, porque no se puede explicar de otra manera, sus discursos de orden en las sesiones del Concejo Cantonal se convertían en cátedras magistrales abiertas de historia de  Cuenca y de cómo debe ser administrada con moral y ética una ciudad.           

Le tocó gobernar la ciudad en el devenir de la cotidianidad del “boom petrolero”. En los primeros años de la década del 70 se había derruido una parte del patrimonio arquitectónico del Centro Histórico para ser sustituido con edificios modernos. El resultado de esta actuación edilicia especulativa fue la de una arquitectura bastarda, descontextualizada y de ninguna significación.

Para preservar la ciudad heredada de la vorágine de los entontecidos por el dinero que derruían sus casas tradicionales para reemplazarlas por armatostes de hormigón armado obtuvo del Estado, en 1982, la Declaración del Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Nación. Y al año siguiente rubricó la promulgación de la Ordenanza para su gestión y conservación.

Después, en diciembre de 1999, desde Marruecos, el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO reconocía el extraordinario valor de la Cuenca de los Andes y la declaraba Patrimonio de la Humanidad.

“Con la profunda satisfacción que trae la culminación de un empeño, ponemos hoy a consideración de la ciudadanía, una breve reseña del estudio del Plan del Área Metropolitana (…) obra con la cual pretendemos encausar el desarrollo de la ciudad en forma armónica, hasta el año 2000…”. Con estas palabras el Señor Alcalde entregaba a Cuenca, en la Sesión Solemne del Cabildo del 12 de abril de 1982, el primer plan integral para el área urbana y de influencia inmediata realizado por un equipo interdisciplinario que abordaba una propuesta constituida por un conjunto de componentes que se entrelazan entre sí: el Plan Integral, Programas y Proyectos y un Catastro Urbano de carácter multifinalitario.

El primer plan regulador había sido elaborado en 1947 en la alcaldía de Luis Moreno Mora, y el segundo, en 1971, en la de Alejandro Serrano Aguilar.

La entrega a Cuenca y al País, en 1982, con la invaluable ayuda del Banco Central, del Museo de Arte Moderno en el tradicional barrio de San Sebastián, fue la concreción arquitectónica restaurada de su amor por la cultura. Pero, además, no faltaron las innumerables obras y equipamientos urbanos que favorecieron especialmente a los barrios periféricos de la ciudad.

La forma de la ciudad es la forma de los tiempos y Cuenca tiene varias persistencias y formas que se han venido haciendo por el ser y la historia, por el tiempo y la memoria. Según Spengler, “lo que distingue la ciudad de la aldea no es la extensión, no es el tamaño, sino la presencia de un alma ciudadana…”

Pedro Córdova Álvarez contribuyó para que ese milagro siga latiendo en el alma morlaca de nuestra ciudad. Fue un Señor Alcalde: Paz en su tumba, 30 de agosto de 2022.       

Arquitectura y poder

La obsesión arquitectónica de religiones, estados, reyes, dictadores, presidentes, magnates y otros personajes poderosos la han convertido en una representación del poder y en un arma propagandística para alimentar su ego y dejar marcas indelebles en el tiempo. Octavio Paz pronunció esta frase muy apreciada por los arquitectos: “la arquitectura es el testigo insobornable de la historia”.

Mis amables e inteligentes lectores me van a permitir bajar de las alturas teóricas y aterrizar en las anécdotas que ilustran con claridad la interrelación entre arquitectura y poder.    

Primera: Cuenta la leyenda que la ciudad griega de Caria, ciudad del Peloponeso, famosa por la belleza de sus mujeres, se coligó con los persas enemigos de todos los pueblos griegos durante la II Guerra Médica. Como castigo, los griegos vencedores tomaron y arrasaron la ciudad, pasaron a cuchillo a los hombres y se llevaron como botín de guerra a sus mujeres. Esclavizadas y humilladas con el espectáculo de su eterna servidumbre, debieron soportar una dura y pesada carga para expiar la culpa de su ciudad: sostener los arquitrabes de los templos. Las cariátides más famosas, en substitución de las columnas, representando mujeres ataviadas con manto y ropaje hasta los pies, son las del templo jónico Erecteón de la Acrópolis de Atenas, esculpidas por Alcamenes, discípulo de Fidias.

Segunda: El estilo Barroco recogió el guante del Manierismo, que había roto con la pureza del clasicismo renacentista para hacer de la exageración, la expresión, lo curvilíneo, las luces y sombras, el drama, su lenguaje.

La iglesia Madre Jesuita, El Gesú, consagrada en 1584 que fue construida por Vignola y otros arquitectos en un lugar estratégico de Roma, es la expresión arquitectónica de las exigencias de la Contrareforma impulsada por el Concilio de Trento. Su planta longitudinal, con una sola nave, tipo aula, y pequeñas capillas laterales, que evoca la basílica clásica, recrea el espacio interior para que el mayor número de fieles sean proyectados con el cuerpo al fondo de la iglesia para participar de modo directo y pedagógico con la Palabra. De esta manera el espacio interior puede calificarse de liberación espacial y mental de las normas de los tratadistas, de la geometría elemental, lo estático, la simetría y de la antítesis entre los espacios interior y exterior.

El paradigma barroco jesuita traspasó fronteras en muchas cortes europeas y luego, con ciertos rasgos específicos, se instaló en América. La iglesia de la Compañía de Jesús de Quito, terminada en el año de 1765, considerada como una de las más importantes expresiones de la arquitectura en el continente, obedece a este tipo arquitectónico.  

Tercera: El presidente de Bacardi encargó la sede de la compañía a Mies van der Rohe después de que la empresa dejara Cuba tras la revolución de 1959. El afamado arquitecto había diseñado el Pabellón de Alemania en Barcelona en 1929, considerado por la crítica como su obra maestra; dirigido la Bauhaus, la escuela alemana que fundó las bases del diseño moderno; y construido la ‘Casa Farnsworth’, la vivienda más prestigiosa del siglo 20 y sin embargo inhabitable.

Las oficinas de la compañía en México es su único edificio construido en Latinoamérica. Se trata de un proyecto en dos plantas hecho de acero, vidrio y mármol travertino mexicano. Un espacio inmaculado, limpio y geométrico, que pide silencio y distancia, para buscar expandir internacionalmente la marca del reconocido y muy sabroso licor.

Cuarta: Construir rascacielos ha sido el destino de la arrogancia humana. Hoy se sabe que, de no ser por el colapso del mercado inmobiliario en Arabia Saudita, ya se hubiese hecho realidad la terminación de la Kihgdom Tower de Yeda rebasando el babélico kilómetro de altura para convertirse en la estructura humana más alta del planeta. Mil metros, la distancia que separa el eje urbano de Cuenca desde el Puente del Centenario hasta la Iglesia de la Virgen de Bronce. Un andinista de alto nivel necesitaría varias horas para trepar a la cúspide de un muro vertical de esa longitud; en cambio El Hombre Araña, con la agilidad y flexibilidad sobrehumana y su sentido arácnido ultra desarrollado, podría sortear esa altura de vértigo solo en pocos minutos.

Las Torres Gemelas fueron inauguradas en 1973 como un complejo dedicado a ser el centro financiero del mundo. Tenían 110 pisos y su mástil coronaba una altura simbólica de 1776 pies (541 metros), aludiendo así al año de la firma de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Su derrumbe causado por el atentado terrorista supuso un golpe mortal al prestigio del modo de vida americano.

El arquitecto británico Peter Cook ha manifestado que proyectos de esa naturaleza nacen por la  vieja pulsión de explorar nuestros límites, algo que ya está en el mito fundacional judío cristiano de la Torre de Babel, uno de los edificios históricos más enigmáticos hasta el día de hoy, que representa el pecado de la soberbia y la creación de las diferentes lenguas que se dispersaron por toda la Tierra. Se levantan estos edificios, remarca Cook, igualmente en el siglo 21, por la competencia entre los arquitectos posmodernos de élite al servicio de economías emergentes o de las satrapías petroleras del Medio Oriente y regímenes asiáticos.

Estados Unidos lideró en la primera mitad del siglo 20 esta carrera inmobiliaria con los ascensores y la ingeniería del acero, levantando sus icónicos rascacielos, como el edificio Chrysler, en 1930, obra maestra art decó, con 77 pisos de altura, que se convirtió en la estructura más alta del mundo. Pero ahora China, Malasia, Emiratos Árabes, Catar o Dubái, son los que con más denuedo compiten en la estratosférica liga de los 1000 metros y también en los puentes más largos del mundo. La torre Burj Khalifa e Dubai, mide ‘apenas’ 828 metros; la torre Shanghái 632 y la Abraj Al Bait, de La Meca, 601 metros.

Quinta: Frente a la playa Brava de Punta del Este, Uruguay, se construyó una torre circular de 20 pisos que se diferencia de las vecinas. En el frente, mirando hacia el Atlántico, cinco letras doradas de unos 5 metros de alto forman la palabra Trump. El edifico tiene un costo promedio de  5.500 dólares por metro, que sumados los dos pent-house  de 8 millones cada uno, el negocio redondo alcanza a 192 millones de dólares. Los residentes reciben grandes dosis del estilo ultra exclusivo residencial Trump Corporation: servicios repartidos en cuatro subsuelos, helipuerto, cancha de tenis cubierta, dos piscinas, aire acondicionado central y más comodidades.

Es la  arquitectura supermoderna relacionada con el proceso de globalización. Una arquitectura que prioriza la experiencia sensorial del espacio y la gran escala. En una era en la que nadie se sorprende ya de nada, lo deseable es satisfacer los estímulos más fuertes para despertar los sentidos, las sensaciones extremas que se manifiestan a través del poderío de los volúmenes esculturales de los edificios.

Georges Bataille en un texto titulado Arquitectura escribió: “La arquitectura es la expresión del ser mismo de las sociedades, de la misma manera como la fisonomía humana es la expresión del ser de los individuos. Sin embargo, es sobre todo la fisonomía de los personajes oficiales (…) a la que se debe referir esta comparación. En efecto, sólo el ser ideal de la sociedad, aquél que ordena y prohíbe con autoridad, se expresa en las composiciones arquitectónicas propiamente dichas”.

Referencias:

  • Algunas precisiones históricas y de estilo corresponden a Olga Jaramillo Medina.
  • MaléficaReturs, @AliciaMimundo, 21-08-2022.
  • Miquel Echarri, El País; “El imparable ascenso de los edificios de madera: un ahorro equivalente a retirar 2100 automóviles de la circulación”, 17-08-2022.
  • Constanza Lambertucci, El País; “Dentro del único edificio de Mies van der Rohe en Latinoamérica”, 14-08-2022.
  • Alejandro Hernández Gálvez, Arquine; “El poder de la arquitectura”, 2-09-2019.
  • Cipriano García Hidalgo; “El Barroco del Poder: arquitectura y urbanismo al servicio de papas y reyes”, 7-12-2018.
  • Lonely Planet, El País; “Los rascacielos más bellos de Nueva York”, 21-2-2017.
  • Carlos Jaramillo Medina; “El espacio arquitectónico en el bucle del tiempo”, 2010.
  • Fernando Chueca Goitia; “Breve historia del urbanismo”, 1979.
  • Marco Lucio Vitruvio; “Los Diez Libros de Arquitectura”, 1970.
  • Bruno Zevi; “Saber ver la arquitectura”, 1951.

Música y arquitectura

Apolo, hijo de Júpiter y Latona, era el Dios del Sol y de la Luz. También se lo representa en el Parnaso rodeado de 9 musas que figuran las artes liberales, una de las cuales es Euterpe que preside la música.

Diversos escritores clásicos personifican a Dédalo, hijo de Eupálamo y Alcipe,  como innovador de la arquitectura y constructor del laberinto de Creta para encerrar a Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad toro.

El gran hallazgo de los pitagóricos, dentro de la tradición occidental, fue encontrar la relación matemática con la música, al descubrir con la cuerda monocorde que la octava obedece a la proporción ½ y que toda escala podía representarse con números enteros. Y también que existe una relación armónica entre los números y las formas geométricas, incluida la arquitectura, apoyada en el estudio de los secretos del número de oro: la razón entre la altura de una cara y la mitad del lado de la base es 1.618… 

“La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas”,  dice Platón.  Y Le Corbusier afirma: “El ojo se mueve en un lugar compuesto por calles y casas. Recibe el impacto de volúmenes que se mueven en torno a él (…) si las relaciones de volúmenes y el espacio tienen proporciones justas, el ojo transmite al cerebro sensaciones coordinadas, y el espíritu obtiene de ellas satisfacciones de un orden elevado: esto es arquitectura”.

Y en la misma línea de pensamiento el maestro colombiano Alberto Saldarriaga sostiene que cualquier obra de arte, incluidas la música y la arquitectura,  se obtiene por medio de la estructura o de la forma. Ambas requieren ser vividas para ser apreciadas, de ahí el carácter existencial primario de su experiencia. Lo racional y lo emotivo, lo inmediato y lo recordado hacen parte de esa vivencia.   

La música, según Nietzsche, alcanza un valor artístico supremo. La arquitectura también crea valores, en donde los mortales instalan su morada, para lo que el espacio debe cubrirse de significación y memoria.

La música es “la escultura del tiempo”; la arquitectura es “la escultura del espacio”. La música se sostiene en la ejecución y luego desaparece en el silencio; el tiempo vivo permite la existencia de la música. Beethoven dijo: “La arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos”.

La música expresa pasiones, refleja temperamentos y responde a la armonía de los microcosmos, es decir, del cuerpo de los mortales. La arquitectura expresa también sentimientos y responde a la armonía de los microcosmos, de los que moran los lugares.

La arquitectura para existir, por ejemplo, la Catedral de Brasilia de Niemeyer, debe estar configurada con ciertos materiales físicos. La música para disfrutarla, por ejemplo, una sinfonía de Mozart, debe estar configurada en el tiempo mediante sonidos no lingüísticos. La arquitectura adquiere su aspecto definitivo y se instala en la tierra, mientras que la música renace a la vida sólo mientras dura su ejecución. Ambas inundan y cargan de emoción y sentido a un lugar. Es aquí donde se encuentra la clave de esta conjunción, tan extraña como fascinante. ¿Acaso no es estremecedor ver y escuchar al unísono un paisaje andino tan hierofánico como las ruinas de Machu Picchu con la solemnidad evocativa e instrumentación característica de la música indígena de Los Andes?

Hay innumerables definiciones que se han dado a través de los siglos para la música y la arquitectura. Sin embargo, quedan dos proposiciones definitivas: las que indican que ambas son arte y ciencia. Para apreciar sus valores artísticos es suficiente disponerse a escuchar la música y a experimentar la arquitectura. Y para disfrutarlas sólo se necesita buen gusto y una fina sensibilidad.

Referencias:

  • Pedro Baliña, Blog; “La arquitectura según Le Corbusier”.
  • Esteban Ariaudo, Clarín, Arq.; “El fascinante vínculo entre música y arquitectura”, 2019.
  • Pablo Apolinar Salanova; “Aquí el espacio nace del tiempo”, Tesis doctoral de Arquitectura, Universidad Politécnica de Valencia, 2016.
  • Alberto Saldarriaga; “La arquitectura como experiencia. Espacio, cuerpo y sensibilidad”, 2002.
  • Marguerite Yourcenar; “El Tiempo, Gran Escultor”, 2002.
  • Félix de Azúa; “Diccionario de las Artes”, 1996.
  • Ediciones del Prado; “Los Grandes Clásicos, guía de apreciación musical”, 1994.
  • Varias páginas de Internet.

Patrimonio, – arquitectónico -, y Academia

El patrimonio puede definirse como la afirmación de una auténtica herencia que se concreta en la selección y apropiación de un conjunto de bienes y manifestaciones culturales de una sociedad determinada y en un tiempo específico.

Solo hay una auténtica herencia cuando con argumentos y sentimientos se criba y se selecciona el patrimonio que interesa. Por este motivo heredar es reafirmar una conminación y no un simple recibir dado.

Bajo esta perspectiva la arquitectura patrimonial que heredamos será herencia. Heredamos la arquitectura que nos sirve para atestiguar el hecho de que somos lo que heredamos.

De este modo se puede plantear esta hipótesis inicial: que heredar arquitectura patrimonial no es en esencia recibir algo, una construcción o un conjunto urbano que se pueden poseer. Heredar arquitectura patrimonial en sentido profundo significa tener una afirmación activa y responder a un compromiso. Supone también iniciativa, firma o refrendación de una selección.

Heredar arquitectura patrimonial significará en consecuencia clasificar, escoger, reclasificar y hacer memoria pero únicamente de lo significativo. Solo se evaluará la arquitectura que interesa, conmueve y tiene sentido profundo para la vida de una comunidad.

En el momento en que una construcción o un conjunto urbano son considerados como patrimoniales se está emitiendo un mensaje determinado que tiene que ver con una forma de cultura la cual se pretende visualizar en un tiempo concreto.

¿Pero quién define y cómo debe ser definido el patrimonio arquitectónico? Las comunidades y los colectivos definen sus elementos representativos en su acción diaria; mientras que el poder político y su brazo ejecutor, – los técnicos -, convierten en categorías supuestamente representativas algunos de esos elementos en virtud de necesidades específicas, retroalimentado el valor de los bienes patrimoniales que se presumen significativos.

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo en su dilatada vida de más de seis décadas ha abierto un amplio camino académico en sus tres dimensiones (docencia, investigación, extensión) para pensar y actuar con responsabilidad en el patrimonio arquitectónico:

  • En la docencia con la oferta de la Opción de Restauración Arquitectónica en los dos últimos ciclos lectivos de la Carrera y varias cohortes de la Maestría de Conservación de Monumentos y Sitios; y,
  • El Proyecto “Ciudad Patrimonio Mundial”, desde 2007, es el mayor aporte académico que forma parte del programa de investigación de la Universidad con el proyecto VLIR-USO de Bélgica. Se han realizado investigaciones y publicaciones, colaboración interdisciplinaria, pasantías internacionales, campañas de mantenimiento del patrimonio con la comunidad, mingas comunitarias, consultorías, opinión pública, etc. Todo esto contiene un enfoque hacia la gestión del patrimonio, el paisaje y el aprovechamiento inteligente de sus potencialidades como recursos para el desarrollo.

Se dice que en el frontispicio del recinto de la Academia de Platón en Atenas se podía leer esta inscripción: “nadie entre aquí sin saber Geometría”. La Facultad de Arquitectura y Urbanismo, por su aporte sostenido y de alta calidad a la ciudad de Cuenca Patrimonio de la Humanidad, tendría el derecho de grabar en el frontispicio de sus dominios académicos esta inscripción: nadie entre aquí que no ame el patrimonio”.

Referencias:

  • José María Valcuende del Río; “Cultura, Patrimonio y Turismo”; en Cuadernos Docentes, Programa de Turismo y Gastronomía, Universidad de Cuenca, 2007.
  • Carlos Jaramillo Medina; “Breve historia de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo”, 29-10-2021.
  • La imagen que acompaña al texto es una mirada furtiva desde el mundo interior del Monasterio del Carmen de la Asunción.

La difícil modernización de Cuenca en la década de los 70

A veces el tiempo de la memoria nos invade interiormente y entonces es conveniente ser fieles a él y rescatar la fugacidad de los instantes pasados. Mis amables lectores me van  a permitir bucear en mis recuerdos de juventud, esta vez centrados en los 70, mis años universitarios, para con cierta nostalgia y un poco de visión crítica hablarles de una época en la que cambios importantes tuvieron lugar en lo personal y en lo social.

Años marcados por una revolución cultural que ejemplifica tan bien el impacto de lo que luego se llamó el “boom de la narrativa latinoamericana”, cuya cúspide fue la publicación y difusión de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.

Mundo mágico de estudiantes, en la “ciudad posmoderna en ciernes”, de los que aspirábamos a ser arquitectos. Y para serlo debíamos parecernos a los profesores, es decir, lucir un aspecto físico consecuente con los dictados de la época: fumar pipa con hojas de tabaco con olor a chocolate, presentar estampa de hombre poco convencional, tener barba bien cuidada, enfundar buzo de cuello que levante un poco más de lo normal la cabeza, y llevar saco de cuero bruñido, reluciente y aceitunado.

En esa época la ciudad se expandió por la economía de los escasos petrodólares que llegaban a la provincia en medio de una marcada inestabilidad social. Todavía con el ritmo musical del “Paso 70” las panaderas de los barrios tradicionales de El Vado y Todos Santos exhibían en sus inmensas y flexibles canastas las aromáticas palanquetas y guaguas de pan; pero al mismo tiempo se inauguraban nuevos mini mercados que vendían panes industriales en fundas de plástico, embutidos, conservas y chocolates finos. El cine “Candilejas”, al norte de Cuenca, poseía una reputación diabólica y de perdición; mientras la pionera “Tele Cuenca, Canal 3” ofrecía día a día novelas venezolanas en blanco y negro, como en blanco y negro fue lo que sucedió en la clausura de la Universidad en1970. A las matinées de los domingos de los teatros Cuenca y Sucre los jóvenes íbamos a cumplir con los ritos de las miradas furtivas, los roces efímeros y las masticadas crocantes de las papas fritas. Y cuando en la pantalla aparecía a todo color una cómplice escena el tímido pretendiente universitario se transformaba en Richard Burton para dar el primer beso a su Liz Taylor emulando a ese héroe romántico.  

Las festividades tenían un simbolismo especial porque la población disfrutaba en los espacios públicos de la ciudad : la elección de la Reina de Cuenca era un ritual para las familias de abolengo, que concluía con el baile de gala en el club del Azuay, un edificio moderno diseñado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral; en la sesión solemne del Concejo Cantonal el Gobierno de turno prometía toda clase de obras urbanísticas y de ingeniería que hasta la presente fecha no se han cumplido; en el sector del Ejido, en el Centro Agrícola, hacendados maduros y jóvenes vestidos como vaqueros se mezclaban con el pueblo llano para disfrutar del humor de don Evaristo y Sarzosa y la elección de la Chola Cuencana.

Por otro lado, nosotros, presumiendo de conciencia de clase, hacíamos nuestra propia cabalgata de la revolución social apedreando la Gobernación y el Centro Abraham Lincoln, emplazados en el corazón mismo de Cuenca.

Inmersos en el devenir de la cotidianidad y de las festividades morlacas llegó el “boom petrolero” y en forma concomitante la debacle de buena parte del patrimonio arquitectónico del Centro Histórico. La construcción de edificios modernos en altura con fachadas “curtain wall” y elementos artesanales neocoloniales añadidos, fue el resultado de una arquitectura bastarda, intrascendente y de muy poca significación.

Esta fue la década en la que se inició el difícil y complejo proceso de urbanización de la ciudad: reptil urbano, máxima cinta métrica con que mide el valle la ciudad; tugurización en el centro, urbanización excluyente en la periferia; regalías petroleras y remesas de dólares transmutadas en lomos fríos de hormigón y cristal, pero también en códigos vernaculares que querían instaurar una escritura arquitectónica regional con sentido e identidad.

Esta cambiante década, reflexionada desde la distancia, coincidió con mi formación en Cuenca y en el extranjero. Época que a todos los que ya peinamos canas nos suscita sentimientos encontrados: una cierta frustración por lo que no se pudo evitar hacer y también algo de orgullo por lo que sí se consiguió para el bien de la ciudad y sus habitantes.

Referencias:

  • La mejora de estilo y algunas precisiones conceptuales corresponden a Olga Jaramillo Medina.
  • Simón Estrella Vintimilla; “La nueva arquitectura de Cuenca. Una crónica de la modernidad a la contemporaneidad”, 06-2000.
  • Universidad de Cuenca (1867-2017); “Memoria, Actualidad y Perspectivas”, 09-2018.
  • Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca; “CONAR y la Arquitectura Moderna Apropiada”, 06-2016.
  • Varias páginas de Internet.

La difícil modernización de Cuenca en las décadas de los 50 y 60

Los habitantes de la ciudad en la década de los 50 y 60 se enfrentaron a un cambio importante: la trasformación de una sociedad tradicional en su estructura social y económica hacia una incipiente modernidad. De los valores ligados a la religión y al conservadurismo político y social se pasó a adoptar valores unidos a la creciente industrialización y a la paulatina aceptación de las ideas de planificación y desarrollo moderno.

Los primeros pasos para el desarrollo se dieron en la industria del caucho, la madera, el cemento y la cerámica.

La base económica tuvo su respaldo en la nueva ideología que correspondía  a la concepción modernizadora con su contenido industrializante y renovador de la sociedad. La nueva intelectualidad elaboró una ideología de recambio, de apertura al mundo del trabajo industrial y a la cultura capitalista universal. El cuencano se convirtió en “moderno”, quería el progreso, porque salió de la tradición y de los convencionalismos de tiempos pasados heredados de la vieja aristocracia criolla.  

Se creó un nuevo gusto para la sociedad cuencana y se amplió un grupo social que antes no existía: los sectores medios. Con la aparición de este nuevo sujeto histórico la cultura comenzó a bajar del artificial “parnaso” perdiendo sus moldes de inspiración clásica y su afrancesamiento de los siglos 18 y 19 para llegar a las masas con un tinte más acorde con las exigencias de una sociedad que se modernizaba cada día más.

El cuencano culto se imaginó tener un pensamiento crítico que pugnaba  por salir de su condición provinciana. Sin embargo, todavía existían los representantes de la ideología de la tradición que mantenían los mitos bucólicos del paisaje, la religiosidad y la creencia de poseer la inteligencia privilegiada de los hombres clásicos.

Una parte de aquella intelectualidad progresista se plasmó en la Universidad de Cuenca con la reinauguración en 1952 de la Facultad de Filosofía y la creación de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo al final de la década del 50.

La urbe se expresó espacialmente hacia afuera, porque los señores que vivían en el centro abandonaron sus viejas casonas y se fueron a vivir en la periferia.

En esta época el oficio del diseño y la construcción edilicia estaba a cargo de los ingenieros civiles, los escasos arquitectos titulados en la ciudad de Quito y en el exterior, y los graduados en las primeras promociones de la Escuela de Arquitectura.  

Se importó el estilo arquitectónico “Moderno” con poca asimilación de la élite intelectual y del ciudadano común: eran las casas y los edificios de hormigón de líneas rectas y techos planos. En contrapartida, la arquitectura burguesa retomó los códigos vernaculares propios del “espíritu del lugar” en contestación a la postura funcionalista y racionalista de los ingenieros.

Dos ideologías arquitectónicas que no pudieron dialogar. La neovernacular, sin embargo, se  arraigó y fue llamada pronto “arquitectura cuencana” para orgullo de arquitectos y propietarios, quienes retomaron literalmente los sempiternos códigos locales de las cubiertas inclinadas de teja,  los arcos de medio punto, lo canecillos de madera y en ciertos casos el patio para organizar los distintos ambientes de la “casa colonial”.

De este modo se llega al final de la década de los 60 y la siguiente es ya harina de otro…..articulo.

Referencias:

  • Universidad de Cuenca (1867-2017); “Memoria, Actualidad y Perspectivas”, 09-2018.
  • Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca; “CONAR y la Arquitectura Moderna Apropiada”, 06-2016.
  • Mónica Rivera y María Gabriela Moyano, “Arquitectura de las Líneas Rectas”, Tesis Profesional de Arquitectura, Universidad de Cuenca, 05-2002.
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