Música y arquitectura

Apolo, hijo de Júpiter y Latona, era el Dios del Sol y de la Luz. También se lo representa en el Parnaso rodeado de 9 musas que figuran las artes liberales, una de las cuales es Euterpe que preside la música.

Diversos escritores clásicos personifican a Dédalo, hijo de Eupálamo y Alcipe,  como innovador de la arquitectura y constructor del laberinto de Creta para encerrar a Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad toro.

El gran hallazgo de los pitagóricos, dentro de la tradición occidental, fue encontrar la relación matemática con la música, al descubrir con la cuerda monocorde que la octava obedece a la proporción ½ y que toda escala podía representarse con números enteros. Y también que existe una relación armónica entre los números y las formas geométricas, incluida la arquitectura, apoyada en el estudio de los secretos del número de oro: la razón entre la altura de una cara y la mitad del lado de la base es 1.618… 

“La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas”,  dice Platón.  Y Le Corbusier afirma: “El ojo se mueve en un lugar compuesto por calles y casas. Recibe el impacto de volúmenes que se mueven en torno a él (…) si las relaciones de volúmenes y el espacio tienen proporciones justas, el ojo transmite al cerebro sensaciones coordinadas, y el espíritu obtiene de ellas satisfacciones de un orden elevado: esto es arquitectura”.

Y en la misma línea de pensamiento el maestro colombiano Alberto Saldarriaga sostiene que cualquier obra de arte, incluidas la música y la arquitectura,  se obtiene por medio de la estructura o de la forma. Ambas requieren ser vividas para ser apreciadas, de ahí el carácter existencial primario de su experiencia. Lo racional y lo emotivo, lo inmediato y lo recordado hacen parte de esa vivencia.   

La música, según Nietzsche, alcanza un valor artístico supremo. La arquitectura también crea valores, en donde los mortales instalan su morada, para lo que el espacio debe cubrirse de significación y memoria.

La música es “la escultura del tiempo”; la arquitectura es “la escultura del espacio”. La música se sostiene en la ejecución y luego desaparece en el silencio; el tiempo vivo permite la existencia de la música. Beethoven dijo: “La arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos”.

La música expresa pasiones, refleja temperamentos y responde a la armonía de los microcosmos, es decir, del cuerpo de los mortales. La arquitectura expresa también sentimientos y responde a la armonía de los microcosmos, de los que moran los lugares.

La arquitectura para existir, por ejemplo, la Catedral de Brasilia de Niemeyer, debe estar configurada con ciertos materiales físicos. La música para disfrutarla, por ejemplo, una sinfonía de Mozart, debe estar configurada en el tiempo mediante sonidos no lingüísticos. La arquitectura adquiere su aspecto definitivo y se instala en la tierra, mientras que la música renace a la vida sólo mientras dura su ejecución. Ambas inundan y cargan de emoción y sentido a un lugar. Es aquí donde se encuentra la clave de esta conjunción, tan extraña como fascinante. ¿Acaso no es estremecedor ver y escuchar al unísono un paisaje andino tan hierofánico como las ruinas de Machu Picchu con la solemnidad evocativa e instrumentación característica de la música indígena de Los Andes?

Hay innumerables definiciones que se han dado a través de los siglos para la música y la arquitectura. Sin embargo, quedan dos proposiciones definitivas: las que indican que ambas son arte y ciencia. Para apreciar sus valores artísticos es suficiente disponerse a escuchar la música y a experimentar la arquitectura. Y para disfrutarlas sólo se necesita buen gusto y una fina sensibilidad.

Referencias:

  • Pedro Baliña, Blog; “La arquitectura según Le Corbusier”.
  • Esteban Ariaudo, Clarín, Arq.; “El fascinante vínculo entre música y arquitectura”, 2019.
  • Pablo Apolinar Salanova; “Aquí el espacio nace del tiempo”, Tesis doctoral de Arquitectura, Universidad Politécnica de Valencia, 2016.
  • Alberto Saldarriaga; “La arquitectura como experiencia. Espacio, cuerpo y sensibilidad”, 2002.
  • Marguerite Yourcenar; “El Tiempo, Gran Escultor”, 2002.
  • Félix de Azúa; “Diccionario de las Artes”, 1996.
  • Ediciones del Prado; “Los Grandes Clásicos, guía de apreciación musical”, 1994.
  • Varias páginas de Internet.

Patrimonio, – arquitectónico -, y Academia

El patrimonio puede definirse como la afirmación de una auténtica herencia que se concreta en la selección y apropiación de un conjunto de bienes y manifestaciones culturales de una sociedad determinada y en un tiempo específico.

Solo hay una auténtica herencia cuando con argumentos y sentimientos se criba y se selecciona el patrimonio que interesa. Por este motivo heredar es reafirmar una conminación y no un simple recibir dado.

Bajo esta perspectiva la arquitectura patrimonial que heredamos será herencia. Heredamos la arquitectura que nos sirve para atestiguar el hecho de que somos lo que heredamos.

De este modo se puede plantear esta hipótesis inicial: que heredar arquitectura patrimonial no es en esencia recibir algo, una construcción o un conjunto urbano que se pueden poseer. Heredar arquitectura patrimonial en sentido profundo significa tener una afirmación activa y responder a un compromiso. Supone también iniciativa, firma o refrendación de una selección.

Heredar arquitectura patrimonial significará en consecuencia clasificar, escoger, reclasificar y hacer memoria pero únicamente de lo significativo. Solo se evaluará la arquitectura que interesa, conmueve y tiene sentido profundo para la vida de una comunidad.

En el momento en que una construcción o un conjunto urbano son considerados como patrimoniales se está emitiendo un mensaje determinado que tiene que ver con una forma de cultura la cual se pretende visualizar en un tiempo concreto.

¿Pero quién define y cómo debe ser definido el patrimonio arquitectónico? Las comunidades y los colectivos definen sus elementos representativos en su acción diaria; mientras que el poder político y su brazo ejecutor, – los técnicos -, convierten en categorías supuestamente representativas algunos de esos elementos en virtud de necesidades específicas, retroalimentado el valor de los bienes patrimoniales que se presumen significativos.

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo en su dilatada vida de más de seis décadas ha abierto un amplio camino académico en sus tres dimensiones (docencia, investigación, extensión) para pensar y actuar con responsabilidad en el patrimonio arquitectónico:

  • En la docencia con la oferta de la Opción de Restauración Arquitectónica en los dos últimos ciclos lectivos de la Carrera y varias cohortes de la Maestría de Conservación de Monumentos y Sitios; y,
  • El Proyecto “Ciudad Patrimonio Mundial”, desde 2007, es el mayor aporte académico que forma parte del programa de investigación de la Universidad con el proyecto VLIR-USO de Bélgica. Se han realizado investigaciones y publicaciones, colaboración interdisciplinaria, pasantías internacionales, campañas de mantenimiento del patrimonio con la comunidad, mingas comunitarias, consultorías, opinión pública, etc. Todo esto contiene un enfoque hacia la gestión del patrimonio, el paisaje y el aprovechamiento inteligente de sus potencialidades como recursos para el desarrollo.

Se dice que en el frontispicio del recinto de la Academia de Platón en Atenas se podía leer esta inscripción: “nadie entre aquí sin saber Geometría”. La Facultad de Arquitectura y Urbanismo, por su aporte sostenido y de alta calidad a la ciudad de Cuenca Patrimonio de la Humanidad, tendría el derecho de grabar en el frontispicio de sus dominios académicos esta inscripción: nadie entre aquí que no ame el patrimonio”.

Referencias:

  • José María Valcuende del Río; “Cultura, Patrimonio y Turismo”; en Cuadernos Docentes, Programa de Turismo y Gastronomía, Universidad de Cuenca, 2007.
  • Carlos Jaramillo Medina; “Breve historia de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo”, 29-10-2021.
  • La imagen que acompaña al texto es una mirada furtiva desde el mundo interior del Monasterio del Carmen de la Asunción.

La difícil modernización de Cuenca en la década de los 70

A veces el tiempo de la memoria nos invade interiormente y entonces es conveniente ser fieles a él y rescatar la fugacidad de los instantes pasados. Mis amables lectores me van  a permitir bucear en mis recuerdos de juventud, esta vez centrados en los 70, mis años universitarios, para con cierta nostalgia y un poco de visión crítica hablarles de una época en la que cambios importantes tuvieron lugar en lo personal y en lo social.

Años marcados por una revolución cultural que ejemplifica tan bien el impacto de lo que luego se llamó el “boom de la narrativa latinoamericana”, cuya cúspide fue la publicación y difusión de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.

Mundo mágico de estudiantes, en la “ciudad posmoderna en ciernes”, de los que aspirábamos a ser arquitectos. Y para serlo debíamos parecernos a los profesores, es decir, lucir un aspecto físico consecuente con los dictados de la época: fumar pipa con hojas de tabaco con olor a chocolate, presentar estampa de hombre poco convencional, tener barba bien cuidada, enfundar buzo de cuello que levante un poco más de lo normal la cabeza, y llevar saco de cuero bruñido, reluciente y aceitunado.

En esa época la ciudad se expandió por la economía de los escasos petrodólares que llegaban a la provincia en medio de una marcada inestabilidad social. Todavía con el ritmo musical del “Paso 70” las panaderas de los barrios tradicionales de El Vado y Todos Santos exhibían en sus inmensas y flexibles canastas las aromáticas palanquetas y guaguas de pan; pero al mismo tiempo se inauguraban nuevos mini mercados que vendían panes industriales en fundas de plástico, embutidos, conservas y chocolates finos. El cine “Candilejas”, al norte de Cuenca, poseía una reputación diabólica y de perdición; mientras la pionera “Tele Cuenca, Canal 3” ofrecía día a día novelas venezolanas en blanco y negro, como en blanco y negro fue lo que sucedió en la clausura de la Universidad en1970. A las matinées de los domingos de los teatros Cuenca y Sucre los jóvenes íbamos a cumplir con los ritos de las miradas furtivas, los roces efímeros y las masticadas crocantes de las papas fritas. Y cuando en la pantalla aparecía a todo color una cómplice escena el tímido pretendiente universitario se transformaba en Richard Burton para dar el primer beso a su Liz Taylor emulando a ese héroe romántico.  

Las festividades tenían un simbolismo especial porque la población disfrutaba en los espacios públicos de la ciudad : la elección de la Reina de Cuenca era un ritual para las familias de abolengo, que concluía con el baile de gala en el club del Azuay, un edificio moderno diseñado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral; en la sesión solemne del Concejo Cantonal el Gobierno de turno prometía toda clase de obras urbanísticas y de ingeniería que hasta la presente fecha no se han cumplido; en el sector del Ejido, en el Centro Agrícola, hacendados maduros y jóvenes vestidos como vaqueros se mezclaban con el pueblo llano para disfrutar del humor de don Evaristo y Sarzosa y la elección de la Chola Cuencana.

Por otro lado, nosotros, presumiendo de conciencia de clase, hacíamos nuestra propia cabalgata de la revolución social apedreando la Gobernación y el Centro Abraham Lincoln, emplazados en el corazón mismo de Cuenca.

Inmersos en el devenir de la cotidianidad y de las festividades morlacas llegó el “boom petrolero” y en forma concomitante la debacle de buena parte del patrimonio arquitectónico del Centro Histórico. La construcción de edificios modernos en altura con fachadas “curtain wall” y elementos artesanales neocoloniales añadidos, fue el resultado de una arquitectura bastarda, intrascendente y de muy poca significación.

Esta fue la década en la que se inició el difícil y complejo proceso de urbanización de la ciudad: reptil urbano, máxima cinta métrica con que mide el valle la ciudad; tugurización en el centro, urbanización excluyente en la periferia; regalías petroleras y remesas de dólares transmutadas en lomos fríos de hormigón y cristal, pero también en códigos vernaculares que querían instaurar una escritura arquitectónica regional con sentido e identidad.

Esta cambiante década, reflexionada desde la distancia, coincidió con mi formación en Cuenca y en el extranjero. Época que a todos los que ya peinamos canas nos suscita sentimientos encontrados: una cierta frustración por lo que no se pudo evitar hacer y también algo de orgullo por lo que sí se consiguió para el bien de la ciudad y sus habitantes.

Referencias:

  • La mejora de estilo y algunas precisiones conceptuales corresponden a Olga Jaramillo Medina.
  • Simón Estrella Vintimilla; “La nueva arquitectura de Cuenca. Una crónica de la modernidad a la contemporaneidad”, 06-2000.
  • Universidad de Cuenca (1867-2017); “Memoria, Actualidad y Perspectivas”, 09-2018.
  • Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca; “CONAR y la Arquitectura Moderna Apropiada”, 06-2016.
  • Varias páginas de Internet.

La difícil modernización de Cuenca en las décadas de los 50 y 60

Los habitantes de la ciudad en la década de los 50 y 60 se enfrentaron a un cambio importante: la trasformación de una sociedad tradicional en su estructura social y económica hacia una incipiente modernidad. De los valores ligados a la religión y al conservadurismo político y social se pasó a adoptar valores unidos a la creciente industrialización y a la paulatina aceptación de las ideas de planificación y desarrollo moderno.

Los primeros pasos para el desarrollo se dieron en la industria del caucho, la madera, el cemento y la cerámica.

La base económica tuvo su respaldo en la nueva ideología que correspondía  a la concepción modernizadora con su contenido industrializante y renovador de la sociedad. La nueva intelectualidad elaboró una ideología de recambio, de apertura al mundo del trabajo industrial y a la cultura capitalista universal. El cuencano se convirtió en “moderno”, quería el progreso, porque salió de la tradición y de los convencionalismos de tiempos pasados heredados de la vieja aristocracia criolla.  

Se creó un nuevo gusto para la sociedad cuencana y se amplió un grupo social que antes no existía: los sectores medios. Con la aparición de este nuevo sujeto histórico la cultura comenzó a bajar del artificial “parnaso” perdiendo sus moldes de inspiración clásica y su afrancesamiento de los siglos 18 y 19 para llegar a las masas con un tinte más acorde con las exigencias de una sociedad que se modernizaba cada día más.

El cuencano culto se imaginó tener un pensamiento crítico que pugnaba  por salir de su condición provinciana. Sin embargo, todavía existían los representantes de la ideología de la tradición que mantenían los mitos bucólicos del paisaje, la religiosidad y la creencia de poseer la inteligencia privilegiada de los hombres clásicos.

Una parte de aquella intelectualidad progresista se plasmó en la Universidad de Cuenca con la reinauguración en 1952 de la Facultad de Filosofía y la creación de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo al final de la década del 50.

La urbe se expresó espacialmente hacia afuera, porque los señores que vivían en el centro abandonaron sus viejas casonas y se fueron a vivir en la periferia.

En esta época el oficio del diseño y la construcción edilicia estaba a cargo de los ingenieros civiles, los escasos arquitectos titulados en la ciudad de Quito y en el exterior, y los graduados en las primeras promociones de la Escuela de Arquitectura.  

Se importó el estilo arquitectónico “Moderno” con poca asimilación de la élite intelectual y del ciudadano común: eran las casas y los edificios de hormigón de líneas rectas y techos planos. En contrapartida, la arquitectura burguesa retomó los códigos vernaculares propios del “espíritu del lugar” en contestación a la postura funcionalista y racionalista de los ingenieros.

Dos ideologías arquitectónicas que no pudieron dialogar. La neovernacular, sin embargo, se  arraigó y fue llamada pronto “arquitectura cuencana” para orgullo de arquitectos y propietarios, quienes retomaron literalmente los sempiternos códigos locales de las cubiertas inclinadas de teja,  los arcos de medio punto, lo canecillos de madera y en ciertos casos el patio para organizar los distintos ambientes de la “casa colonial”.

De este modo se llega al final de la década de los 60 y la siguiente es ya harina de otro…..articulo.

Referencias:

  • Universidad de Cuenca (1867-2017); “Memoria, Actualidad y Perspectivas”, 09-2018.
  • Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca; “CONAR y la Arquitectura Moderna Apropiada”, 06-2016.
  • Mónica Rivera y María Gabriela Moyano, “Arquitectura de las Líneas Rectas”, Tesis Profesional de Arquitectura, Universidad de Cuenca, 05-2002.

Cuenca del siglo 21: ideas básicas y estrategias

Para el estudio y la imaginación de la ciudad del ayer, del presente y del futuro se debe tomar en cuenta este decálogo de ideas básicas:

  1. Entender la ciudad como archivo de la historia y del alma ciudadana, siempre la misma y nunca lo mismo, como lo pensó Spengler.
  2. Asimilar la idea de que la ciudad no es simple soporte de funciones urbanas, sino que también tiene una relación y representación cósmica, por lo que su geografía y paisaje se han transmutado en locus, patria chica, como lo entendieron La Blanche, Bergson, Ortega y Gasset, Heidegger y Chueca Goitia.
  3. No olvidar que es centro condensador de economías, como lo advirtió Pirenne.
  4. Que es un hecho político por excelencia, como lo planteó Aristóteles.
  5. Que la ciudad es la forma y el símbolo de una relación social integrada, como lo describió Munford.
  6. Que la grandeza de la arquitectura está unida al espacio público y la solidez de las instituciones se suele medir por la solidez de los muros que las cobijan, como narró Alberti.
  7. Que hay que disfrutarla como escenario de obras literarias, leyendo los escritos de Balzac para París, Galdós para Madrid, Pamuk para Estambul y Jara Idrovo para Cuenca.
  8. Tener siempre presente que es una construcción simbólica, continua, artística y poética, como lo han intuido bellamente Rossi y Saldarriaga.
  9. No descuidar que la ciudad es un hecho estructural, en tanto sistema constituido por objetos y relaciones urbanas, muchas veces contradictorias, como lo han estudiado con rigurosidad Lefebvre y Castells.
  10.  Y que la ciudad no es más que una parte del conjunto económico, social y político que constituye la región y el país, ya advertido por Le Corbusier en la Carta de Atenas.

Estas ideas fuerza impulsarán la imaginación para construir colectivamente  ciudades alternativas y más bellas para los hombres, mujeres, niños, ancianos, discapacitados y para los distintitos grupos étnicos.

Las ciudades humanas y bellas más que simples construcciones físicas serán también construcciones simbólicas, lugares de uso e interiorización de los espacios, de comunicación e intersubjetividad de los ciudadanos, escenarios para la comunicación, las evocaciones y sueños, de imágenes e imaginarios, de infinitas lecturas y escrituras.

De esta manera se podría decir que las ciudades buenas, justas  y bellas han sido, son y serán imágenes de mundo y también su contrario, mundos de imágenes que histórica y colectivamente se van planificando, constituyendo y volviendo a construir, incesantemente.

Las ciudades bajo esta perspectiva múltiple serán acontecimientos culturales y escenarios de los efectos imaginarios. Nos imaginamos como era la ciudad, cómo es ahora, y cómo debe cambiar para ser la ciudad del futuro.

Pero esas imaginaciones deben tener referencias físicas. Por ejemplo, para el caso de Cuenca, las montañas de Turi, el Cabogana y el Cajas, a más de su impetuosa presencia telúrica, marcan recuerdos, referencias, evocaciones y emociones.

También esos imaginarios de la ciudad pueden jugar con las analogías y por tanto entrar en  el mundo mágico de la poesía y la pintura. Cuando los visitantes llegan a Cuenca en avión y miran los tejados de las casas del Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad,  les evoca el colorido de las obras de arte donde el rojo y el verde musgo son predominantes.

¿Qué ciudad queremos a la luz del recorrido histórico que ha vivido Cuenca? ¿Qué tipo de relación con su entorno natural único bañado por sus cuatro ríos que marcan el carácter del ser y del hacer morlaco? ¿Cómo Cuenca debe insertarse en la realidad nacional y mundial en el contexto de la globalización – localización del mundo y que tanta incidencia tiene en la grandeza o decadencia de las ciudades del presente siglo? Estas son las preguntas que permitirán plantear los fundamentos para una “Cuenca Justa, democrática, inclusiva, planificada y territorialmente ordenada”.

Y un decálogo de estrategias que aseguren las repuestas correctas podría ser:

  1. Re-inventar el Centro Histórico como un Bien simbólico-cultural-ambiental y económico-social, fruto de una manifestación histórica concreta, con la dosificación equilibrada de los usos urbanos de vivienda, equipamientos y servicios.    
  2. Recuperar le geografía, actuando en una dimensión amplia del concepto espacial (microescala – macroescala – megaescala) desde la localización focal y el paisaje, pasando por las relaciones locales e interregionales, hasta llegar a la ubicación territorial a nivel de nación y mundo.
  3. Pensar estéticamente la ciudad en busca de una real calidad sensible de vida que haga de la Planificación un sueño de múltiples órdenes, respeto a identidades y diversidad, alcanzando una dimensión ambiental, urbanística, arquitectónica  y social bien resueltas.
  4. El límite urbano actual dispone de un número considerable de lotes vacantes con todos los servicios básicos que deben asimilar el futuro crecimiento (por lo menos hasta el año 2035) sin hacer uso extensivo de su territorio periurbano y rural. Esto se enmarca en la idea actual de que el urbanismo de hoy es reurbanizar para economizar.
  5. Incrementar la oferta de vivienda de manera especial para los más pobres mediante procesos de renovación urbana que incluyan responsablemente la reparcelación a fin de adecuar la nueva estructura urbana en concordancia con los objetivos de desarrollo.
  6. Previo estudios de ingenierías, impactos urbanos, morfología y visualidades, permitir alturas mayores de edificación para garantizar un menor costo de suelo por familia. Se propiciará de este modo un adecuado y justo reparto de cargas y beneficios entre los dueños de terrenos y que las familias accedan a nuevas viviendas individuales o soluciones multifamiliares. Esta estrategia ayudará a regular la especulación del suelo que se constituye en el “gran desordenador urbano”.
  7. En el área rural que rodea el área urbana impedir la afectación, por cualquier concepto, de las zonas de recarga hídrica (ríos Tarqui, Yanuncay, Tomebamba, Machángara y Norcay); regular las áreas de valor ambiental y agrícola, estableciendo usos de suelo, densidades, tamaños apropiados de parcelas, actividades compatibles e incompatibles y tipos de construcción pertinentes con el paisaje y la cultura rural; y, reforzar los centros parroquiales como núcleos autosuficientes.
  8. Contar con un sistema vial y de transporte de carácter interno, que canalice el transporte de paso, como de nivel regional y nacional hacia la Costa, el Oriente y hacia la Capital.
  9. Ni el patrimonio natural y cultural heredado, ni la importancia política y los medios financieros que el Estado atribuya a la ciudad serán suficientes si no se produce la movilización de sus propias fuerzas. Se requiere que Cuenca disponga de una fuerte identidad socio-cultural y de un liderazgo político autónomo y representativo y, sobre esta base, que se generen proyectos participativos que proporcionen a la ciudad la ilusión movilizadora de todos sus recursos.
  10. La planificación participativa y democrática será un proceso continuo que acompañe a la ciudad en su desarrollo sustentable. En el contexto actual puede y debe constituirse en una forma de ejercicio de poder ciudadano.

La ciudad siempre ha sido y será, por la índole de su esencia, artísticamente fragmentaria, tumultuosa e inacabada. Debemos recuperar para Cuenca utopías realizables con una retroalimentación activa y actualísima de sus objetivos y estrategias de desarrollo sostenible, pasando de una ciudad para sí aletargada y decadente, a una ciudad en sí convertida en un modo de vida.      

Referencias:

  • Colegio de Arquitectos del Azuay; “Seminario Taller, Cuenca: justa, democrática, inclusiva, planificada y territorialmente ordenada”, 13-08 al 7- 09-2021.
  • Fernando Cordero Cueva, Memorias del IX Simposio Nacional de Desarrollo Urbano y Planificación Territorial;  “El gran desordenador urbano: la especulación”, 2016.
  • Ángel Medina Molina; “Algunas consideraciones sobre Cuenca del Siglo XXI”, 5-1996.
  • Municipalidad de Cuenca, Dirección de Planificación; “Cuenca del siglo XXI, Fundamentos para un desarrollo alternativo de la Ciudad de los Cuatro Ríos”, 04-1996.
  • Fernando Chueca Goitia: “Breve historia del Urbanismo”, 1968.
  • Le Corbusier; “Principios de Urbanismo (La Carta de Atenas)”, 1933.

La ciudad y los perros

La amistad entre el perro y el hombre nació en Europa hace unos 20.000 años. Fueron los cazadores recolectores los que amaestraron a las especies de lobos salvajes de las que descienden los perros actuales. De este modo durante milenios empezaron a seleccionarse genéticamente los rasgos generales que definen a todos los canes: la docilidad, la sociabilidad con las personas, la capacidad de interactuar recogiendo un objeto o mirando hacia donde indica el dueño.  

Pronto los perros se hicieron urbanos. En el vestíbulo de la casa de Próculo, en la ciudad romana de Pompeya, se observa un mosaico con el dibujo de un can encadenado como guardián del hogar con la leyenda “Cave canem” que significa ¡Cuidado con el perro!

Demos un salto temporal desde  la antigüedad al mundo moderno con respecto al trato al mejor amigo del hombre.

Los perros urbanos de Atenas, capital de Grecia, forman parte del paisaje de la ciudad. Los canes son de propiedad de la municipalidad y están identificados, desparasitados y con todos los cuidados de salud.  Los alimentos corren por cuenta de los ciudadanos, los protegen en invierno y por la noche los restaurantes acogen a los perros callejeros para que duerman en los sillones de estos locales.

En Moscú conviven animales y ciudadanos, inclusive los perros urbanos son capaces de tomar el metro para dirigirse a lugares donde pueden ser alimentados. Se ha contabilizado 500 canes que salen de la periferia para acudir al centro histórico compartiendo los asientos del metro con las personas. Ellos prefieren viajar en los últimos vagones para ir más cómodos ya que en ellos van menos pasajeros. Al caer la noche retornan a los suburbios, su lugar de descanso preferido.

En Alemania las municipalidades ofrecen cursos de adiestramiento y ayuda económica a los dueños pobres de perros. Mientras que a los dueños ricos que tienen canes pelucones los cargan con impuestos para la limpieza urbana de la caca de perro.

Holanda tiene cero población canina urbana. Las leyes, campañas de esterilización y la acción pro-defensa animal, han desarrollado una cultura de derechos de los animales similar al de los humanos. El can pertenece a una familia y debe ser tratado como un integrante más del hogar y no solo como mascota. Si alguien atenta contra su integridad las autoridades le muerden el bolsillo con multas de hasta 19.000 euros y además le castigan con penas de hasta 3 años de prisión sin derecho a reclamo. Un perro extraviado estará de inmediato en un refugio, ya sea para esperar al dueño, o para ser adoptado.

Siguiendo los ejemplos antes descritos, en la ciudad de Caruaru del Estado de Pernambuco, Brasil, un cura retira perros abandonados de las calles, los alimenta, baña y luego se los presenta a los fieles durante la misa para que puedan ser adoptados.  

¿Es posible emular algunas buenas prácticas de otras ciudades del mundo hacia nuestras mascotas para adaptarlas a nuestra realidad morlaca? ¿Sería lícito ruralizar a una parte de la superpoblación canina retornándola a su lugar primigenio, al campo, sin contaminación y lejos del mundanal ruido?   Empecemos a pensar en ello. ¡GUAU-GUAU-GUAU!

Referencias:

  • La mejora de estilo al presente texto corresponde a Olga Jaramillo Medina.
  • El País, Javier Salas; “La raza de los perros no determina su personalidad”, 28-04-2022.
  • Sébastien Méliéres, Twitter, 15-04-2022.
  • National Geographic; “3 estudios sobre el origen, la evolución y el comportamiento de los perros”, 24-7-2017.
  • Varias páginas de Internet.

La forma sigue al medioambiente

Hoy un número importante de oficinas de arquitectura mira con ojos analíticos las zonas rurales en donde se emplea materiales y mano de obra local como antídoto a la construcción industrial y poco eficiente. La entrega de los recientes premios Pritzker así lo confirma.

También existe una fuerte tendencia de reproche a las falsas estrategias de camuflaje vegetal que creen que la sostenibilidad arquitectónica significa solo cubrir un edificio con arbustos y plantas. Un jardín vertical no significa en ningún caso tener responsabilidad ecológica porque por lo general se trata de cubrir una mala arquitectura que está detrás. Ya advirtió con lucidez el maestro de la arquitectura moderna Frank Lloyd Wright el recurso para tapar los errores de los arquitectos: “Un médico puede enterrar sus errores pero un arquitecto apenas puede aconsejar a sus clientes que planten enredaderas”.

Proyectar arquitectura sostenible y respetuosa con el planeta es un desafío que exige soluciones más complejas. En este sentido los profesionales están entendiendo que “ser verde” consiste en superar una moda pasajera y meramente superficial para plantear soluciones que aporten de modo efectivo a una verdadera cruzada medioambiental. 

Y un valioso aliado que puede ayudar en este sentido es precisamente la arquitectura vernácula de nuestras zonas rurales. La clave está en aprender a trabajar con los recursos locales y estudiar con cuidado cómo funciona un sitio en concreto: su sostenibilidad paisajística, climatología, materiales empleados en el medio y los tipos arquitectónicos existentes.

La estrategia creativa de estas oficinas es diametralmente opuesta a la de los “arquitectos estrella” del panorama internacional que fundamentan sus proyectos en la utilización de materiales industrializados fabricados en grandes centros de producción y distribuidos para su utilización a escala planetaria. Esta es la vía menos sostenible y además promociona una arquitectura mercantilista sin identidad que se puede levantar  en cualquier parte.

La sostenibilidad económica es otro factor importante que desafía a estos proyectos. Las limitaciones presupuestarias pueden derivar en ideas creativas que respondan a las demandas de los grupos más desprotegidos. Recordemos que los ganadores del Premio Pritzker 2021, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, acuñaron esta máxima arquitectónica que debe ser siempre tomada en cuenta: “Nunca demoler, eliminar o sustituir; siempre añadir, transformar y reutilizar”.  

De este modo se debe entender la sostenibilidad paisajística y económica. No pueden ser solo argumentos agregados al proyecto sino que deben pensarse como una característica intrínseca de la arquitectura misma. Para un arquitecto hacer un edificio bonito ya no será suficiente. Deberá superar aquella máxima funcionalista de “la forma sigue a la función” por el fundamento sostenible la forma sigue al medioambiente.

Daniel Díez Martínez, catedrático español,  argumenta que la arquitectura sostenible de verdad es la que se ajusta a las particularidades climáticas y paisajísticas de cada lugar y que se construye con materiales elegidos atendiendo a su comportamiento térmico, a su procedencia y al costo energético empleado para su fabricación.

Moraleja: No “sembrar” plantitas trepadoras en las paredes y en las terrazas de los edificios para tapar la fea arquitectura. Para “ser verde” y sostenible se requiere respeto a la naturaleza, práctica de la ética y la estética y por supuesto sentido común.  

Referencias:

  • El País, Daniel Díez Martínez; “Mies van der Rohe hoy se asaría de calor”: los arquitectos españoles buscan en los pueblos un futuro sin aire acondicionado ni calefacción, 14-04-2022.
  • Revista Digital de Arquitectura Online, “Cosas de arquitectos”, 23-06-2010.
  • El gráfico que acompaña al texto corresponde a la Escuela “Nueva Esperanza”, Cabuyal, Esmeraldas, obra de la Firma de Arquitectura AL BORDE, Ecuador.  

¿Por qué a Francis Kéré?

Recibió el premio el 15 de marzo de este año convirtiéndose en el primer africano en ganar el galardón de mayor importancia en el mundo de la arquitectura.

Esta designación confirma el reciente giro del jurado del Premio Pritzker. Desde su primera edición en 1979 hasta mediados de los años 90 el galardón fue entendido como un premio a la brillante trayectoria de los arquitectos: Philip Johnson, Oscar Niemeyer, Aldo Rossi… Luego el criterio mutó para entregárselo a los denominados arquitectos estrella: Norman Foster, Rem Koolhaas o Zaha Hadid. Mientras que en la última década el codiciado premio ha sido recibido por figuras menos mediáticas y que han enfrentado con calidad y calidez el compromiso social: Shigeru Ban (2014), Alejandro Aravena (2016), Lacaton & Vassal (2021) y Francis Kéré (2022).

El premio para Kéré es un galardón a una filosofía y principios arquitectónicos que han sido influenciados de modo determinante por su biografía.

Nació en 1965 en un pueblito llamado Gando, Burkina Faso, África, hijo mayor del jefe de su comunidad y el primero en asistir a un colegio. Gracias a becas estudió arquitectura en Berlín en donde promocionó una fundación, “Ladrillos para Gando”, para financiar su primer proyecto: una escuela primaria en su pueblo natal.

Esta obra le valió el premio Aga Khan y los principios arquitectónicos allí aplicados serán el sello en sus proyectos posteriores de Burkina Faso, Mali y Mozambique. Aprovechó los materiales locales para conseguir una aleación extraordinaria de imaginación y sentido común. Sus obras conjugan poéticamente las necesidades básicas, los presupuestos acotados, la participación comunitaria y una definición de sustentabilidad basada en revalorizar y adaptar las técnicas vernáculas para su propio beneficio.

Utiliza paredes de arcilla con una alta inercia térmica fáciles de producir y de buen rendimiento en un clima excesivamente cálido, cubiertas de metal corrugado sobredimensionado para que los espacios no absorban el calor retenido por la techumbre, estructuras de barras de refuerzo como principio rector que caracteriza su trabajo, madera de eucalipto para innovadoras soluciones estructurales, y vasijas de barro, – hechas a mano por mujeres del pueblo -, como moldes de claraboyas para filtrar luz natural y crear una sombra tamizada para permitir la circulación de la brisa fresca y crear una hermosa experiencia sensorial.

Kéré de este modo logra un delicado equilibrio entre la reformulación de técnicas locales y un excelente diseño evitando el lado romántico de la precariedad. No plantea institucionalizar ni exportar las técnicas constructivas logradas, sino que da un mensaje potente en el sentido de que estas estrategias funcionan únicamente en el lugar al cual pertenecen y que en su construcción se puede transferir conocimiento.

Y el jurado, presidido por el chileno Alejandro Aravena, premiando a Kéré también premia a una buena forma de ejercer la arquitectura de impacto social en distintas latitudes del mundo: la adaptación poética de las técnicas locales que estimulan la economía local, fortalecen la identidad cultural e involucran habilidades que son fáciles de enseñar, como una respuesta efectiva a la crisis climática y a la escasez de recursos.

En este sentido, a través de una comprensión profunda de la cultura de las comunidades, del clima y los recursos del contexto, las obras de Kéré, como lo describe el jurado del Premio Pritzker, están “atados al suelo sobre el que se asientan y a las personas que los pisan”.

Como mis atentos lectores recordarán, esta buena práctica de los principios arquitectónicos arriba descritos, fue objeto de análisis de mi anterior CLARABOYA dedicada al trabajo de la arquitecta alemana Anna Heringer.

Referencias:

  • Plataformaarquitectura. Cl, Valeria Montjoy y Eduardo Souza; “Cómo utiliza Francis Kéré los materiales para responder a las condiciones climáticas locales?”; 1-04-2022.
  • Plataformaarquitectura. Cl, Nicolás Valencia; “¿Por qué Francis Kéré ganó el Premio Pritzker 2022?”, 21-03-2022.
  • Varias páginas de Internet.
  • El gráfico que acompaña al texto corresponde a la Escuela Secundaria Lycée Schorge, Kougoudou, Burkina Faso (2016).

Anna Heringer y la estrategia de la dignidad

Su obra es algo muy parecido a lo que ha hecho siempre la arquitectura popular: aprovechar los materiales locales para de este modo conseguir una aleación extraordinaria de imaginación y sentido común.

En los tiempos en los que los arquitectos casi han abandonado el dibujo manual para aplicar mecánicamente los programas de ordenador, Anna Heringer crea sus proyectos modelando el barro con sus propias manos, en un proceso que ella llama “claystorming” (tormenta de arcilla).

En una reciente exposición en Madrid ha presentado las maquetas de sus obras que parecen esculturas de barro. Luis Fernández-Galeano, comisario del evento, ha descrito de este modo su propuesta arquitectónica: “La belleza esencial de la obra es una belleza punzante, porque no tranquiliza sino inquieta, hiriendo las conciencias y removiendo el paisaje plácido de la conformidad…”.

Ella disiente del racionalismo en la práctica arquitectónica del siglo 20 y de su aforismo: “La forma sigue a la función”. Lo sustituye con la bella frase: “la forma sigue al amor”, aclarando, eso sí,  que la “belleza es la expresión formal del amor”. Concepto que está en línea con la teoría platónica expresada en El Banquete.

Los atributos de su arquitectura son la belleza y el amor. La belleza de un edificio no es el resultado de la inspiración solitaria y genial de un arquitecto. Surge del encuentro entre las necesidades que los moradores han de satisfacer, los materiales que se encuentren más a mamo para construirlo, el modo en que la idea primera va siendo puesta en práctica, modificada, ajustada y alterada. Considerando además las condiciones naturales y culturales locales y el trabajo de los constructores y la intervención directa de la comunidad.

Así, cada obra arquitectónica es un esfuerzo compartido con la comunidad. Es un trabajo colectivo que se expresa en una bella forma. Se vuelve de este modo en una expresión de amor.

Ha trabajado en China, Zimbabue, Bangladés, Ghana, Marruecos, Alemania, Austria y España, un periplo por tres continentes guiado por la tenacidad de sus convicciones. Siempre practica lo que sostiene: pensar y hacer algo parecido a lo que ha hecho la arquitectura popular, aprovechar los materiales locales que son los más económicos y sostenibles, adaptar el proceso de diseño y constructivo a las posibilidades que esos materiales ofrecen y a las condiciones ambientales del lugar, teniendo en cuenta las reales necesidades y valores simbólicos de la comunidad en cuyo tejido el edificio tiene que integrarse.

La belleza de sus edificios se arraiga en la elementalidad de los materiales locales sin renunciar al uso apropiado de la alta tecnología. Una estremecedora afirmación expresiva de la tradición y la modernidad.

“La ausencia de belleza es la miseria. No tiene nada que ver con el dinero, sino con la dignidad”. Es una de las joyas que la arquitecta alemana siempre recita en sus conferencias y exposiciones.

Referencias:

  • El País, Babelia, Antonio Muñoz Molina; “Las manos en la tierra”, 11-03-2022.
  • Fundación ICO; “Anna Heringer. La belleza esencial”, 9-02-2022.
  • Varias páginas de Internet.
  • El gráfico que acompaña al texto corresponde a la Escuela Rural METI en Rudrapur, Bangladesh.  

Premio Mies van der Rohe 2022

El epígono de Berlage y Behrens no perdió de vista a Viollet-le-Duc y su precepto que “toda forma que no es ordenada por la estructura debe ser rechazada”.

Sigfried Giedion, en Espacio, Tiempo y Arquitectura, lo califica como “saga insoslayable del Movimiento Moderno”. En tanto que los más locuaces verdugos de este movimiento verán en la obra del arquitecto un “enterrador de la tradición y de la cultura, la arquitectura del gran capital”.

Los monolitos de acero y vidrio, las casas rurales como revelación del lugar y el Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional, Barcelona, 1929, reflejan su preocupación por el orden y para alcanzar un construir concentrado en un conjunto limitado de formas desprovistas de voluntad estética que buscan servir más que interpretar.  

Su andadura arquitectónica por Alemania y Estados Unidos y sus dos famosas frases: “menos es más” y “Dios está en los detalles”, proyectaron acertadas, polémicas  e incorrectas interpretaciones. Al final de su vida se reafirmó en el slogan escrito en su manifiesto de 1924: “no es posible avanzar mirando atrás”.

A esta figura solitaria, irreductible, cuya producción está enraizada en los medios técnicos y los programas de la segunda edad de la máquina, se rinde honor con la entrega del Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea a los proyectos que incentivan y se convierten en modelos y referentes para las políticas locales de la ciudad. Este galardón es el más importante concedido por un jurado internacional cada dos años desde 1988.

La lista inicial de nominados tenía 532 proyectos con participantes de 41 países que “destacan las oportunidades y las tendencias de la arquitectura actual en el territorio europeo”. Las propuestas abordan la inclusión social, sostenibilidad, circularidad y la investigación estética. De esa lista se anunciaron 7 proyectos finalistas que se inscriben en las categorías de vivienda colectiva, equipamiento, planificación urbana, construcciones y paisaje.

Los ganadores en esta ocasión se anunciarán en abril y la ceremonia de entrega de premios tendrá lugar en mayo de 2022.

Francesca Ferguson, miembro del jurado, reflexiona  de este modo sobre el rol que debe cumplir la arquitectura en estos tiempos de incertidumbre y crisis medioambiental: “Más que nunca, necesitamos transmitir la forma en que queremos vivir en nuestras ciudades y discutirla con los tomadores de decisiones de una manera transdisciplinaria que incluya el compromiso cívico de la sociedad y de quienes participarán en el diseño y pensamiento de las comunidades”.

Referencias:

  • Plataforma Arquitectura, Dima Stouhi; “7 finalistas anunciados para el premio Mies de la Unión Europea 2022”, 16-2-2022.
  • Jean Louis Cohen; “Mies van der Rohe”, 2007.
  • Cristina Gastón; “Mies: el proyecto como revelación del lugar”, 2005.
  • arq.com.mx; “Mies van der Rohe: padre ilegítimo del minimalismo”, s/f.
  • El gráfico que acompaña al texto corresponde al Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional, Barcelona, 1929.   
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