Acostada sobre el valle apacible de los cuatro ríos se integra orgánicamente al paisaje de la compacta sortija de montañas que le hace de marco.
Su historia aborigen se remonta a cientos de años, otros tantos como los de la búsqueda de su identidad mestiza. Nació sobre las cenizas de los aposentos cañari e inca de los cuales tomó sus ejes para implantar la red cuadricular de la ciudad renacentista europea. Por ello la direccionalidad de sus calles a cordel, adoquinadas con sillares de piedra andesita que evoca en sentido horizontal los muros de Inga Pirca y Tomebamba, están orientadas a los cuatro puntos cardinales y organizan el espacio urbano en forma lógica, racional y sencilla.
En línea de fábrica sobre la traza colonial se levantan las edificaciones conformando un conjunto homogéneo de volúmenes que no rebasan en su mayoría una altura más allá de la escala humana. Existe la preeminencia de manzanas llenas sobre las vacías lo que produce una sensación más de una ciudad de fachadas planas que de espacios abiertos.
La arquitectura colonial doméstica ha sido reemplazada por otra del periodo republicano de buena calidad. En torno al cuadrilátero de la plaza central y sus calles ortogonales se desarrolla la vida febril en sus dimensiones política, cívica, religiosa, económica y residencial. Es aquí en donde existen casas de comienzos del siglo 20 que en base a su planta típicamente andaluza han levantado sus frontis con estilos neoclásicos, neobarrocos, neogóticos y hasta de gusto oriental. La quinta fachada, o si se prefiere decir más directamente las cubiertas de los edificios, en buena parte están recubiertas con tejas de tipo español de barro cocido, remate característico que desde el aire se otea una imagen cálida de color anaranjado fuerte contrastante con el fondo oscuro gris de la cuadrícula urbana.
Experimentamos el Centro Histórico como un complejo urbano en el que se destacan varios componentes principalmente los edificios públicos y religiosos. Entre ellos la Catedral Nueva es el hito arquitectónico más sugerente de la ciudad, un crisol de estilos que se remonta al románico, pasando por el gótico, renacimiento, barroco, hasta terminar con el neoclásico de factura cuencana.
La forma del Centro Histórico es la forma de sus tiempos. Y tiene varios tiempos y por tanto varias persistencias que han venido siendo construidas por la historia y el arte, por el ser y la memoria. Las huellas humanas tangibles más profundas de este singular proceso son: el plano español, las calles coloniales de piedra andesita, los monumentos religiosos, el Barranco del río Tomebamba y las edificaciones republicanas levantadas hasta mediados del siglo 20.
Si se alteraran sin criterios motivados sus huellas indelebles con el argumento de “modernizar” el Centro Histórico se arrancarían los símbolos más auténticos de la singular manera de ser de la ciudad de Cuenca.
Los historiadores suelen coincidir que el siglo 20 ha sido “el siglo de la ciencia”. Su desarrollo tuvo dos dimensiones: el infinito del cosmos y la infinitesimal del átomo. En los años 60, mientras tanto, se dieron apasionados debates ideológicos que motivaron una profunda reforma del pensamiento y la cultura: en el mundo del arte las vanguardias se desbordaron en múltiples tendencias que oscilaron entre la provocación, el humor y la denuncia, en una constante y vertiginosa búsqueda de nuevas formas expresivas. El cine devino en arte, negocio y espectáculo; la música en aventura; la literatura encontró una de las cajas de resonancia más sensibles para todas las pasiones; y la arquitectura, con los grandes maestros en Europa y Norteamérica, hizo la apuesta por la ética y la estética con realizaciones arquitectónicas que afianzaban su universalidad a través de la profundización de su inconfundible identidad.
Paralelamente nuestra pequeña ciudad se despertaba del letargo centenario de la pre-modernidad para mirar con esperanza el horizonte que ofrecía la modernidad. Cuenca, a finales de los años 50, rondaba apenas los 100.000 habitantes, los ciudadanos se movilizaban a pie, había poco más de 1.000 vehículos de uso particular, el servicio de transporte público era casi inexistente y el área urbana habitada excedía apenas el Centro Histórico.
Hasta la primera mitad del siglo 20 las edificaciones pre-modernas eran concebidas por arquitectos foráneos y hábiles albañiles y artesanos. En los años 50 y 60 la “arquitectura de las líneas rectas” era pensada y construida por ingenieros. Los ingenieros civiles del Ecuador graduados hasta 1.967, además de realizar sus propias labores, estaban facultados legalmente para ejercer la profesión de arquitectura.
En el año de 1.957 el Arquitecto Jorge Roura Cevallos, funcionario municipal en aquel tiempo, fue llamado por la Escuela Superior de Ingeniería Civil para que ejerza la cátedra de Arquitectura. Esta asignatura despertó el interés de los estudiantes para organizar un “cursillo vocacional” del que surgió la decisión de abrir una Escuela de Arquitectura.
Fue el 8 de Julio de 1958 cuando la Universidad de Cuenca, guiada por el pulso claro y visionario de uno de sus más renombrados rectores, el Doctor Carlos Cueva Tamariz, acordó fundar la Escuela de Arquitectura adscrita a la Facultad de Ciencias Matemáticas y Físicas, – hoy Facultad de Ingeniería-, para atender la demanda del acelerado proceso de urbanización y de los conceptos generales de la urbanística moderna consignados en el Plan Regulador de Cuenca planificado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral en 1947.
La naciente Escuela organizó su pensum con una matriz técnica con la dirección de Roura Cevallos y el concurso de los arquitectos Cesar Burbano Moscoso, Gastón Ramírez Salcedo, Darwin Torres Castillo y el artista Oswaldo Moreno Heredia, y algunos ingenieros profesores de la Escuela deIngeniería, entre otros, José Pérez Carrión, Jorge Burbano Moscoso, Vladimiro Cordero Ordoñez, Hernán Vintimilla Ordóñez y Marco Erazo Vallejo.
En un periodo relativamente breve como Escuela le siguió su transformación a la categoría de Facultad decretada en el año 1961.
Un profesor, con tono sardónico, dijo: “nuestra Facultad vive en reformas”. Y no le faltaba razón. Se elaboraron en los siguientes lustros un cúmulo de planes de estudio influenciados por las obras de los grandes maestros de la arquitectura y luego por las tendencias regionalistas de América Latina. Influencias y tendencias que tuvieron eco a través de la enseñanza de la cátedra de Proyectos como eje vertebrador para realizar una búsqueda incesante y abierta, de una Arquitectura Moderna Apropiada que supere no sólo las tradiciones vernáculas sino también la Arquitectura de las Líneas Rectas de los Ingenieros.
También estas propuestas tuvieron influencia en nuestra propia casa: monumentalidad, construcción reflexiva de los espacios, materialidad y luz, sencillez y pulcritud del hormigón visto y el bermejo ladrillo artesanal acentúan el carácter monolítico y las cualidades de la obra de nuestra Escuela. Fue diseñada por el Arquitecto Álvaro Malo Cordero, epígono de Louis Kahn, uno de los primeros y brillantes graduados. Desde finales de 1.975 estudiantes y profesores aprenden y enseñan arquitectura sintiendo el alma del edificio y dejándose seducir por la voluntad de sus materiales.
Los planes de estudio elaborados en los últimos cuatro lustros reflexionan sobre la enseñanza a la luz de la comprensión de la Arquitectura como una práctica cultural compleja y generadora de sentido en el contexto de la sociedad red y del espacio de los flujos que pulveriza tiempos y uniformiza culturas.
Ayer con estudiantes de la era de la regla de cálculo, la mesa de dibujo, el tiralíneas y el rapidógrafo. Hoy con estudiantes de la era de la información, el computador, el Internet, iPad, CADs y las maquetas con impresiones 3D. Este salto tecnológico no impedirá que nuestra querida Facultad siga ejerciendo su labor de formación de los futuros arquitectos que la sociedad demanda.
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Referencias:
Copias de Actas del Consejo Universitario de la Universidad de Cuenca.
Testimonio Oral del Arquitecto Honorato Carvallo Cordero.
Universidad de Cuenca; “Memoria, Actualidad y Perspectivas”, “Historia de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo”, Carlos Jaramillo Medina, Septiembre 2018.
Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca; “CONAR y la Arquitectura Moderna Apropiada”, Carlos Jaramillo Medina, Junio 2016.
Ibíd.; Tesis Profesional de Arquitectura, “Arquitectura de las Líneas Rectas”, Mónica Rivera y María Gabriela Moyano, 2002.
Historia del Pensamiento; Volumen IV, “Los tiempos modernos”; Ed. Orbis, S.A.1983.
El Premio Pritzker de Arquitectura es un reconocimiento concedido anualmente y patrocinado por la fundación estadounidense Hyatt. Es el Premio de mayor prestigio internacional y el primer galardón concedido para honrar a un arquitecto en el mundo, mencionado comúnmente como el “Nobel de Arquitectura”.
Su primera edición fue en 1979 donde se premió al arquitecto estadounidense Philip Johnson ícono de la arquitectura del Movimiento Moderno. Hasta la fecha el Premio acumula 42 ediciones ininterrumpidas y 22 son los países con al menos un arquitecto o arquitecta ganador (a). En términos de género, 5 mujeres han ganado el galardón. (*)
El Premio 2021 fue otorgado a Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, un dúo francés reconocido por su larga trayectoria de tres décadas en Europa y África Occidental y de un rosario de premios internacionales, siempre priorizando el “enriquecimiento de la vida humana”, beneficiando a la vivienda, las instituciones culturales y apoyando la evolución de la ciudad.
Los seleccionados como los 49° y 50° galardonados definen de este modo el quehacer de la arquitectura contemporánea: “La buena arquitectura es abierta, abierta a la vida, abierta para mejorar la libertad de cualquiera, donde cualquiera pueda hacer lo que tenga que hacer. No debe ser demostrativa ni imponente, sino que debe ser algo familiar, útil y bello, con la capacidad de sostener tranquilamente la vida que tendrá lugar ahí”.
Al repensar la noción de sostenibilidad, hoy tan vulgarizada, el estudio francés genera intervenciones que “responden a las emergencias climáticas y ecológicas de nuestro tiempo, así como a las urgencias sociales, particularmente en el ámbito de la vivienda urbana”. Y para hacer realidad esta noción en la arquitectura el dúo cree firmemente en el principio de “nunca demoler”, aprovechando y transformando el patrimonio construido con el propósito de que se potencien las propiedades duraderas de un edificio.
Los galardonados amplían las huellas del edificio existente de forma económica para formar nuevos espacios bioclimáticos, diseñando desde adentro hacia afuera para priorizar el bienestar de los habitantes y para alcanzar una reinvención visual de la expresión arquitectónica de los complejos de viviendas sociales.
“La transformación es la oportunidad de hacer más y mejor con lo que ya existe. El derribo es una decisión de facilidad y de corto plazo. Es un desperdicio de muchas cosas: es un desperdicio de energía, un desperdicio de material y un desperdicio de historia… Para nosotros es un acto de violencia”. Se enfrentan a cada proyecto, – sea un edifico, un predio, el contexto urbanístico -, convencidos de que tiene valor y que su rol es apreciar, entender y aceptar lo que existe, para agregar respetuosamente valor a cada intervención.
Para materializar esta delicada operación arquitectónica la oficina materializa las llamadas 4 R de la sustentabilidad: repensar, reducir, reutilizar y reciclar. Repensar para crear nuevas arquitecturas, reducir significativamente el impacto de sus construcciones en una industria que genera enormes cantidades de residuos, reutilizar estructuras explorando su potencial y reciclar materiales siempre que sea posible.
Alejandro Aravena, presidente del Jurado y Premio Pritzker 2016, en la entrega del Premio reveló, entre otras, estas cualidades de la obra de Lacaton y Vassal:
Es radical en su delicadeza y audaz en su sutileza, equilibrando un enfoque respetuoso pero directo con el entorno construido.
Refleja el espíritu democrático de la arquitectura, particularmente en el ámbito de las urgencias sociales de la vivienda urbana.
Demuestra un compromiso con una arquitectura restauradora que renueva el legado recibido, de técnica depurada, innovadora y ecológicamente sensible.
Diseña una arquitectura tan fuerte en sus formas como en sus convicciones, tan trasparente en su estética como en su ética, tan hermosa y práctica a su vez.
Conjunta en sus intervenciones la habitabilidad, la luminosidad y armoniza el flujo fácil entre el interior y el exterior.
El potente mensaje estético que comunica esta pareja profesional francesa tiene también pertinencia para los desafíos arquitectónicos de nuestra realidad: utilizar lo que se tiene a la mano; abrazar el aire y honrar la luz, la libertad y el buen gusto; usar materiales sencillos y económicos de la mejor forma posible; pensar que el edificio debe ser más un marco para la vida y menos un protagonista; y reflexionar que la buena arquitectura contribuye a recrear la cultura a través de la construcción de espacios significativos con una diversidad de usos y una amplia gama de funciones y expresiones.
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(*) 5 mujeres han ganado el galardón en los 42 años de historia del Premio. Se resalta con negrita los nombres de las arquitectas laureadas:
2021. Anne Lacaton y Jean Vassal. Francia
2020. Yvonne Farrel y Shelley McNamara. Irlanda
2017. Ramón Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda. España
2010. Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa. Japón.
Referencias:
Félix de la Iglesia-José Ramón Moreno, www.diariodesevilla.es/ocio/; “Lacaton & Vassal, a tal señor tal honor”, 21/3/2021.
Eduardo Souza, www.archdaily.mx/mx; “Translucidez y materiales expuestos: Breve análisis de las soluciones de Lacaton & Vassal”, 19/3/2021.
Christele Harrouk, Plataforma Arquitectura; “Anne Lacaton y Vassal y Jean-Philippe Vassal, ganadores del Premio Pritzker de Arquitectura 2021”, 16/3/2021.
La representación de la realidad en la historia del arte tiene continuidad en el tiempo, entendiéndose la representación de la realidad no solo como el dibujo de la apariencia de las cosas tal como son, sino como una representación más amplia a través del dibujo simbólico.
En el mundo clásico ya se trató de representar la naturaleza. Plinio el Joven hace referencia al entorno, la profundidad del espacio y los detalles. También se pueden observar paisajes en los muros de la ciudad de Pompeya. En el Medioevo en cambio se pierde el interés por representar la realidad tal como se ve, el aquí y el ahora, porque se concibe al mundo material solo como de tránsito, o algo pasajero, hacia el mundo del más allá.
En los siglos 14 y 15 se retoma, de modo tenue todavía, la representación de la naturaleza y de lo real. Petrarca (1304-1374), el precursor del humanismo, describe en sus cartas que la naturaleza que lo rodea influye para entender el mundo de lo real. La Escuela Renacentista de Amberes con influencias de Van der Weyden (1400-1464) y el Bosco (1450-1516) se pone de moda: pintar las escenas naturales como fondos de los cuadros es sinónimo de ser modernos en la pintura.
En el siglo 16 la percepción artística cambia. Los pintores conocen y representan la naturaleza a través del dibujo como un instrumento del pensamiento proto-racionalista científico. Aparecen la “tecnología de la observación”, los estudios sistemáticos botánicos y los dibujos de las plantas cuyo fin es conocer la naturaleza. Todo lo anterior, con el avance extraordinario del estudio de la perspectiva aplicada a la composición del cuadro. Durero (1471-1528) en los escritos teóricos y sus acuarelas representa el campo, y Leonardo da Vinci (1452-1519) indaga los principios de la hidráulica a través del dibujo detallado del agua en la naturaleza.
En ese ambiente cultural y de clima intelectual humanista aparece el pintor flamenco Joachim Patinir. Contemporáneo, entre otros, de Rafael, Miguel Ángel, Martín Lutero, el Papa Julio II y Carlos V. Posteriormente Felipe II adquirió obras del artista para llevarlas a sus colecciones particulares que formarían el núcleo del Museo del Prado y la colección del Escorial. Nace en 1480 junto al río Mosa en la zona Sur de la actual Bélgica, tierra de parajes con ríos y formaciones calcáreas y muere en Amberes en 1524. Pintó poco, tal vez por su condición económica holgada y/o por su corta vida.
En 1515 ingresa al Taller de Pintura de Amberes que ya se había constituido en potencia artística y exportadora de obras de arte, muy diferente a la práctica pictórica del resto de Europa en donde el arte se trabajaba por “comisiones” o encargos al servicio del señor o la iglesia. Su influencia fue tan importante que Italia solicitaba obras con las figuras de sus santos pero con fondos de paisajes flamencos.
En la visita del célebre artista Durero a Amberes en 1521 acompañó a la boda de la hija de Patinir, conoció su obra y la calificó como “El buen pintor de paisajes”, acuñando de esta manera un neologismo que, traducido más tarde al francés, alumbraría el término Paisajista.
Se le cataloga como el primer romántico que deja fluir los sentimientos y las emociones del observador. Se le llama también “el inventor de paisajes” y es considerado el precursor del paisajismo como género independiente.
Paradójicamente sus cuadros han sido poco conocidos pero en los últimos años se han descubierto en sus obras perlas exquisitas: perspectiva aérea, simbolismo, emoción, color y detalle. Son composiciones de horizonte alto, mapas o cartografías que permiten descubrir la simbología que está detrás. Sus inmensas vistas combinan observación del detalle naturalista con la fantasía lírica.
Las obras ofrecen una mirada telescópica que va mucho más allá de las llamadas leyes de la primera perspectiva lineal renacentista: la línea de horizonte suele estar situada en la zona más alta del cuadro, – “horizonte alto” – , se elimina el único punto de fuga percibiéndose de esta manera la profundidad de modo diferente. El ojo por este motivo puede moverse con toda libertad por el espacio de la escena.
Los elementos un tanto ocultos, que hay que descubrirlos con esmero, se distribuyen estratégicamente en los cuadros. Es el trabajo de un artista que registra en actas pictóricas lo que existe en el mundo. Son pequeñas figuras del mundo grecorromano y cristiano, una dicotomía que el pintor intenta aunar en una visión simbólica entre lo pagano y lo religioso, la tensión entre lo real y lo simbólico, que están dispuestas en el “Paisaje del Mundo” como se califica a las obras de Patinir.
El uso progresivo de los colores se gradúan siguiendo la disposición de los planos. Esto permite acentuar la sensación de distancia. En el primer plano predominan el marrón y el pardo, luego el verde y en las zonas más lejanas el azul. Por encima de la línea del horizonte se pinta parte del cielo con un blanco brillante que hace intuir que el espacio prosigue detrás sugiriendo la curvatura de la Tierra.
Las plantas del “Paraíso y del Infierno”, según las etapas de las cuatro estaciones, están presentes con un grado increíble de detalle. Árboles de su comarca natal y de otros países: robles, abedules, cipreses y fresnos. Arbustos como los gordolobos, celidonias, fresas, azucenas, arándonos verdes, llantén menor, cardo común, retama negra, diente de león, violetas, lirio amarillo y azul, flor de lis, parras, rosales, rosa de boticario y escaramujos. Y zonas acuáticas con el saúco, sauce, carrizo, algas verdes filamentosas y cancel de las ninfas.
No faltan los animales, aves, ángeles y las tentaciones de demonios y diablas. Un personaje especial agachado, que hay que buscarlo con lupa en la obra Paisaje con San Cristóbal (1524), podría ser un precedente de lo que hoy se conoce como la figura caganer. (*)
Casi siempre están presentes las representaciones de las inmensas rocas de su tierra natal, como una suerte de identidad de su comarca de nacimiento. Según los eruditos son representaciones evocadoras de los peñascos que Patinir pudo conocer en su infancia y juventud.
Se le han atribuido muchas obras, pero sólo existen 5 cuadros firmados por el artista: Paisaje conSan Jerónimo (1515, Museo del Prado); El Bautismo de Cristo (1515, Museo de Historia del Arte de Viena), Paisaje con Huida a Egipto (1524, Museo del Hermitage, San Petersburgo), Paisaje con San Cristóbal (1524, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial) y Las tentaciones de San Antonio Abad (1520, Museo del Prado).La obra más reconocida, no firmada, pero unánimemente considerada suya, es El paso de la laguna Estigia (1520, Museo del Prado).
Para resumir la visión el arte de Patinir lo condensaríamos en este decálogo pictórico.
El paisaje se presenta como un género independiente en la pintura.
Existe una visión estereoscópica con una línea de horizonte al nivel de vista del observador.
El paisaje es el protagonista de la obra mientras que las figuras tienen escalas menores.
Se narra siempre una historia religiosa.
Hay aportaciones al estudio del campo y a la nueva ciencia de la botánica.
Coexisten las referencias simbólicas antagónicas: la lucha entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, los ángeles y los demonios.
El “realismo de los detalles” reinventa los paisajes naturales.
Algunas obras representan la tectónica de los parajes de origen del artista.
Los colores se gradúan según los planos: pardos, verdes, “azules Patinir” y al final los fogonazos de blanco representan el mundo del más allá.
La síntesis de la obra se traduce en un nivel más elevado de la realidad que no copia la naturaleza tal como se ve. En el taller el artista compone y combina libremente los elementos que configuran su obra.
Su marca estará presente en la pintura paisajística temprana de finales del siglo 16 de la Escuela de Amberes, en la que se introdujo un punto de vista más natural en lugar del paisaje universal popularizado por Patinir. De igual modo su influencia alcanzará a los grandes maestros flamencos de la pintura barroca del 17, hogar de destacados artistas como Rubens, van Dyck y Jordaens.
(*) El caganer fue conocido en los gremios durante los siglos 16, 17 y 18. Hoy es una de las figuras que caracteriza a los belenes de Cataluña. Es el agricultor que usa una barretina (gorro), fuma una pipa o un cigarrillo mientras cumple con su deber natural. A veces tiene un trozo de papel o un diario abierto en la mano para animar la tarea de leer y usarlo para su posterior limpieza. Su representación confirma la esperanza que elexcretar fertilizará el suelo para obtener una buena cosecha el próximo año.
Referencias:
El tema, algunas precisiones conceptuales e históricas son de Olga Jaramillo Medina.
Museo Nacional del Prado; “La realidad trascendente de Patinir”, (2015)
Ibíd.; “Paisaje con San Jerónimo de Patinir”, (2014)
Id; “Patinir y la invención del paisaje”, marzo, (2010)
Wikipedia; Joachim Patinir, varias páginas.
Edward Hall; “La dimensión oculta, Enfoque antropológico del uso del espacio”, (1973)
HT18PP Landscape with Saint Christopher, ca 1524. Artist: Patinir, Joachim (ca. 1480-1524)
El Plan Cerdà de Barcelona de 1859 se consolidó como una estructura urbana moderna que ha tenido continuidad histórica y ha generado una referencia clara en varios países.
Se define como una estructura regular y precisa dejando que la arquitectura interprete en cada caso el modo concreto en que esa estructura debe materializarse. Es como un tablero de juego en el que se pueden realizar una variedad de jugadas para obtener un partido urbano arquitectónico de calidad.
La unidad urbana es la manzana de la tradición de la cuadrícula clásica romana que actúa como una forma de mediación entre la ciudad y la casa. La repetición de esta unidad crea una estructura rítmica, sólida y potente, en la que se levanta la arquitectura y se diseñan los espacios públicos para el disfrute de los vecinos de la ciudad.
El territorio, el paisaje, la montaña de Montjuic y la ciudad amurallada de Barcelona son los referentes del modelo de la nueva ciudad. De este modo la cultura y la geografía son los ingredientes básicos del Plan Cerdà elaborado como un proyecto moderno de abstracción que se constituye como la base de su estructura urbana.
Los arquitectos modernistas de finales del siglo 19 y comienzos del 20, entre ellos Antonio Gaudí, jugaron creativamente en este tablero urbano liberándose de los cánones neoclasicistas respetando la alineación de las fachadas y la regularidad de los perfiles de coronación de los edificios.
Con la manzana tipo el Plan de Barcelona planteó una combinación en distintas versiones para alcanzar una rica variación geométrica según las demandas sociales de la ciudad. Cerdà llegó a estudiar 25 soluciones con la definición del jardín público en el interior de la manzana y el diseño detallado de calles, pasajes, cruces y mobiliario urbano.
El modelo más conocido del Plan como precursor de la urbanística moderna es la Supermanzana formada por 4 unidades dibujando cuadrángulos con centros de manzana y calles internas para el dominio del peatón.
Es un proyecto moderno que se caracteriza por definir reglas de ocupación del suelo, la utilización racional de la malla geométrica existente, la relación equilibrada entre edificación y espacio libre asegurando a los residentes condiciones de habitabilidad. Y añadiendo a todo lo anterior, la apropiación del espacio público sin agresiones del vehículo y sin contaminación para que en cada Supermanzana delimitada por vías arteriales se reconozca un pequeño mundo urbano articulado a la ciudad.
La actual administración de la Municipalidad de Cuenca, al igual que lo han hecho varias ciudades de América Latina, ha aplicado de modo apropiado algunos ensayos que corresponden al modelo de Supermanzana. Las encuestas a los residentes evidencian más ventajas que impedimentos, tales como: seguridad para peatones y ciclistas, reapropiación del espacio público y más integración entre los vecinos.
Si mis pacientes lectores amablemente han llegado hasta aquí, solo me resta esperar que el proyecto cuencano de las Supermanzanas se ejecute con éxito y que los ciudadanos disfruten de los beneficios derivados de él.
Referencias:
Grupo 2C; “La Barcelona de Cerdà; (2009).
Diario EL MERCURIO; “Nuevo ensayo de supermanzanas se cumple esta semana”, 23/02/2021.
En marzo del 2014 el azar me reunió en profesión y amistad con el catedrático español Josep García Cors. Esa colaboración nos permitió divertirnos, aprender y pensar en los principios de nuestra labor docente e investigadora. Como resultado de esa cooperación publicamos un opúsculo titulado Mano a Mano, hablando de Arquitectura.
En ese ensayo hacíamos referencia a tres arquitectos catalanes del siglo 20 cuyas ideas y obras guían todavía buena parte de la arquitectura contemporánea española y que tienen una necesaria actualidad.
A José Antonio Corderch (1913-1984), Alejandro de la Sota (1913-1996) y Miguel Fisac (1913-2006), les llamamos: Los3 tenores. (*)
Argumentaban los 3 tenores que la mejor arquitectura no nace por decidirse por un estilo, sino por saber manejar cualquier recurso como los escasos existentes en el oscuro período franquista español. Con invención y osadía se pueden plantear soluciones inteligentes. Además afirmaban que la buena arquitectura no se expresa de cualquier forma ni tiene por objetivo inmortalizar al arquitecto. Fisac sentenciaba: “La verdadera arquitectura sobrepasa a su autor”.
Los 3 tenores también ejercieron la cátedra en la Escuela del Vallés de Barcelona que cautivó a muchos alumn@s y arquitect@s. La herencia de la Escuela se manifiesta hoy en una serie de ecos y resonancias arquitectónicas que definen la sensibilidad con la que abordan sus obras varias arquitectas catalanas.
Entre ellas se destacan Carme Pinós, Carme Pigem y Victoria Garriga, a las que llamaremos por su agudeza arquitectónica: “Las 3 sopranos”.(**)
Carme Pinós (Barcelona, 1954): “Trabajo mucho en equipo, pero los primeros momentos son desoledad”. Sobresale la obra, diseñada con su esposo Enric Miralles, del Cementerio de Igualada como uno de los tres hitos más importantes de la arquitectura española del último siglo. El propio Miralles fue enterrado en el camposanto en el año 2000 cuando falleció a los 45 años. Después de su muerte, ella continúo su obra creativa con edificios emblemáticos como el Centro Social La Mina, la Escuela Hogar en Morella, el Paseo Marítimo en Torrevieja provincia de Alicante, el CaixaForum de Zaragoza y el Campus WU de Viena.
Carme Pigem (Olot, Gerona, 1962): Fundadora del estudio RCR Arquitectes, junto a Ramón Vilalta y Rafael Aranda. Con su galardón más importante, el Premio Pritzker (2017) y la Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura Francesa (2015), sus obras están marcadas por la interrelación que establecen con el paisaje y la cultura. Para ella “La arquitectura debe evolucionar hacia la belleza, ya que la funcionalidad es efímera”. Sus obras más destacadas son: la Biblioteca Sant Antoni-Joan Oller, que junto al Hogar de Jubilados y Jardines Cándida Pérez forman una unidad en el barrio tradicional del Raval de Barcelona.
Victoria Garriga (Barcelona, 1969):En el estudio que comparte con su pareja no se proyectan grandes obras para alcaldes en busca de un párrafo en los libros de historia. Lo suyo tiene que ver con otros conceptos que viven alejados tanto de la masificación del ladrillo como del edificio trofeo. Lo realmente importante es el lugar en donde se vive, la manera en la que se integra en el contexto y cómo hace la vida mejor. Aunar la estética y la ética, lo práctico con la felicidad. Entre sus proyectos más premiados están: la Biblioteca de Sant Boi, el Auditorio de Almansa, el Museo Nacional de Afganistán en Kabul, la revitalización del emblemático barrio de Adhamiya en Bagdad y un barrio sostenible en Brasilia.
Las obras de “las 3 sopranos” dejan entrever una arquitectura vibrante, directa, tensa, recorrida por una continua agitación que dominan. Trayectorias impredecibles, gestos más cercanos a la repetición de movimientos casi naturales. Espacios generados que se experimentan con los sentidos, con pasión e instinto más que con racionalidad, donde no caben rígidas teorías de referencia sino unas pocas reglas e infinitas maneras de aplicación.
Son arquitectas que imparten cátedra en Escuelas de Arquitectura de España, Europa y Estados Unidos y son consideradas además urbanistas de prestigio internacional. Arquitectas capaces de generar pequeñas historias y rituales urbanos con ética y estética que son la fórmula de mediación entre el ser humano y la ciudad.
“Las 3 sopranos” han creado estudios interdisciplinarios para abordar con pasiones y razones la complejidad de la arquitectura y la ciudad.
La arquitectura en femenino ha sufrido, como en otras profesiones, un permanente olvido y exclusión. La invisibilidad de la contribución de las arquitectas es aún palpable por lo que es necesario una labor consciente de reconocimiento y valoración.
(*)Los 3 tenores es una alusión al grupo vocal formado por los cantantes de ópera Luciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo.
(**) “Las 3 sopranos” es otra alusión de las famosas cantantes de ópera Yma Sumac (peruana), María Callas (griega) y Montserrat Caballé (española). Esta elección responde a mi subjetividad y habrá amantes de la ópera que la discutan. Además, al contrario que los 3 tenores, estas “3 sopranos” nunca cantaron juntas en un escenario.
Referencias:
El País; Xavi Sancho, 28/10/2007.
EMO; Teresa González, 18/11/2016.
Blog de Núñez i Navarro; 08/3/2018.
Plataforma Arquitectura; Borja Fernández, 14/3/2019.
Las pandemias europeas que diezmaron a la población, como la peste negra y la gran peste de Londres, generaron el avance de ciertas áreas de las matemáticas que hoy son claves para la modelización de las enfermedades infecciosas: el crecimiento exponencial, el cálculo diferencial y la estadística.
El crecimiento exponencial se produce cuando algo aumenta de forma multiplicativa. Esto ocurre en una pandemia con las personas contagiadas o en un cultivo de bacterias.
El cálculo diferencial desarrollado por el joven Isaac Newton, que abandonó la Universidad de Cambridge para refugiarse en el campo de la gran peste inglesa, sirvió para diseñar los actuales modelos matemáticos de epidemias que dictan la evolución de los contingentes de susceptibles, infectados y recuperados desde la noción de derivada.
Para llegar a los modelos epidemiológicos hizo falta también el nacimiento de la estadística de la mano de los ingleses Francis Galton y Karl Pearson.
Todos estos avances matemáticos, más los recientes de los últimos siglos, han permitido entender la vida e identificar a los virus como principales agentes de las pandemias. Los actuales desarrollos tecnológicos como los microscopios ópticos y electrónicos y los ordenadores han sido igualmente claves para el avance de la ciencia.
La ciencia del 2020 ha aprendido de la larga historia de las matemáticas y de las pandemias. Una de las disciplinas esenciales para la gestión pandémica ha sido la epidemiología, la ciencia que se ocupa de la propagación de las enfermedades y de cómo evitarla. Los modelos matemáticos de propagación del virus y las recomendaciones sobre las medidas óptimas han guiado la acción de los gobiernos de todo el planeta. En un sentido no trivial, el 2020 ha sido el año de la epidemiología.
Los epidemiólogos construyeron a inicios del año pasado el modelo matemático RO (ritmo reproductivo básico): una persona infectada contagia en promedio a más de una sana, entre 2 y 4, y por tanto la curva crece exponencialmente. Calcularon también otros indicadores, como el periodo medio de incubación, la fracción de contagios que mueren y la forma drástica en que la edad afecta a ese parámetro, y además que las personas asintomáticas transmiten el SARS- CoV-2.
La velocidad a la que se han desarrollado las primeras vacunas ha sido un hito científico y biotecnológico. Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra y divulgador científico, lo resume así:
“En tan solo unos días se identificó al causante, un coronavirus. El 13 de enero ya estaba disponible en la web de la OMS el protocolo para la técnica de la PCR para detectar el virus y en mayo ya había 270 test diagnósticos distintos. En unos meses, científicos de todo el planeta secuenciaron más de 90.000 genomas de pacientes repartidos por todo el mundo, para así conocer mejor el patógeno y ver cómo y en qué circunstancias muta. En seis meses se publicaron 40.000 artículos científicos sobre el SARS-CoV-2, cuando sobre el primer coronavirus, el SARS, se escribieron unos 1.000. Se han probado decenas de tratamientos distintos y la OMS puso en marcha un programa, Solidaridad, por el que 400 hospitales, de 35 países han compartido los datos sobre la eficacia de todos esos medicamentos…”
La esperanza de la sociedad en la ciencia y en los científicos para combatir la pandemia ha estado presente el año 2020. Pero, contrariamente, la ceguera política de algunos gobernantes populistas ha generado falsas noticias, movimientos antivacunas, e inclusive la creencia de que pseudo fármacos curan la enfermedad.
La lucha contra la pandemia del coronavirus debe ser la prioridad científica de los gobiernos, porque la ciencia es una inversión estratégica, inteligente y, al mismo tiempo, de sentido común. Aunque la ciencia es solo una parte de nuestras vidas, nos preparará para un futuro mejor.
Habermas, el filósofo alemán, recientemente afirmó que lo excepcional de la Covid es que nunca hemos sabido tanto y a la vez ahora somos tan conscientes de nuestra ignorancia. Esta paradoja debería llevarnos a la convicción de que la ciencia es la única esperanza para despejar la oscuridad de lo desconocido: los avances meteóricos sobre este virus así nos lo demuestran.
Indiano fue la denominación coloquial para el emigrante español que retornaba de América con fortuna. La mayor parte de los contingentes jóvenes provenían de las regiones con fácil salida al mar: Asturias, Galicia, Cantabria, el País Vasco y Canarias, y en menor medida desde Cataluña, el Levante y Andalucía.
El flujo migratorio se debió a las guerras coloniales africanas, las transformaciones económicas y el cambio en la estructura de la propiedad agraria, la pobreza, la revolución de los transportes, el abaratamiento de los viajes ultramarinos y la incapacidad de los centros urbanos de actuar como focos de atracción debido al retraso de la industrialización. España vio partir 400.000 personas entre 1860 y 1881, la mayoría asturianos, a República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, EE.UU, México, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil y Uruguay.
El perfil del indiano se caracterizó por ser varón, entre 20 y 40 años, de origen humilde, soltero y alfabetizado. Tenían un familiar o un conocido que habían emigrado a América y que podían serles de ayuda en su aventura americana.
Muchos no tuvieron suerte y no encontraron mejor destino en América que la pobreza de la que huían. La literatura, el arte y la música hicieron referencia a la historia de la emigración y al retorno de los indianos. En la zarzuela, – género musical semejante a la opereta -, interpretada por muchos famosos cantantes, entre ellos Manuel Ausensi, Plácido Domingo y el mejicano Rolando Villazón, se oye reflejada la nostalgia del indiano que ha regresado a su pueblo:
“¡Mi aldea!…
¡Cuanto el alma se recrea
al volverte a contemplar!…
¡Mis lares,
después de cruzar los mares,
otra vez vuelvo a mirar!…
No importa
mi lucha por lograr el oro,
si al cabo
hoy vuelvo rico y poderoso.
No importa
lo que tuve que penar,
lo que importa es que ya vuelvo
para no marchar jamás”.
Algunos regresaron con riqueza por el trabajo realizado en la industria, agricultura y ganadería para morir en la tierra que los vio nacer. Regresaron triunfantes, con una ingenua ostentación ante la reticencia de la burguesía local. La limpieza del origen de algunas fortunas siempre estuvo en cuestión, especialmente los que se enriquecieron con la trata de esclavos.
Construyeron barrios enteros y la arquitectura de los indianos se convirtió en escaparate de lo cosmopolita, de lo exótico o simplemente de lo raro a ojos de quienes jamás pudieron salir de sus comarcas o ciudades provincianas.
Las construcciones de los indianos mostraron una mezcla vigorosa de rasgos españoles y de otros venidos de América Latina. Cada comarca, según la procedencia de los indianos, se nutrió de un género arquitectónico propio.
Este género arquitectónico presenta teatralidad y significados. El indiano trata de crear en su entorno, una y otra vez, un trozo de la tierra y el paisaje que dejó atrás.
Se dice que la arquitectura de los indianos tiene hasta 9 estilos, desde el mudéjar, árabe, neoclásico, ecléctico de toda clase y también el modernista propio… Casas construidas a gusto y capricho del propietario, sin cánones y unidad arquitectónica, con varios colores que desentonan con las sencillas y auténticas viviendas de piedra del norte español. Obras elitistas y burguesas, forzadas muchas veces, incomprendidas construcciones ensimismadas en aldeas aisladas y en campos desolados.
El indiano pedía al arquitecto que su casatenga una torre desde donde se pueda contemplar el mar, – la vía de comunicación entre su terruño y América y viceversa -, galerías de cristal, escudos, profusas ornamentaciones y extensos jardines incorporando palmeras y plantas exóticas como símbolo de su lance extraño en las tierras tropicales.
En la capital de Asturias, Oviedo, pasaron de ser pueblerinos de mal gusto a reconocidos por la sociedad como señores prósperos y embajadores de la modernidad por sus triunfos logrados en América. En esta ciudad crearon industrias de textiles y licores, bancos y adquirieron tierras rurales para construir casonas para segunda residencia.
Con los capitales de origen americano, conseguidos especialmente en Cuba, México y Argentina, construyeron además capillas, cines, palacios, castillos, bancos, hoteles, teatros, obras públicas, escuelas y universidades para educar a sus hijos y a los chicos pobres. También compraron antiguos palacios y los adornaron a su gusto. Un tipo especial de construcción fue el panteón para honrar a sus padres que habían sido enterrados en cementerios pobres.
Se convirtieron en rentistas de la emigración impulsados especialmente por las ganancias del tabaco, el azúcar y las maderas coloniales. Nuevos ricos, fundadores de bancos, industrias alimentarias y textiles, benefactores y actores importantes de su tierra natal. Algunos de los bancos y grandes corporaciones y gigantes alimentarios de la España de hoy comenzaron su andadura en América, y basta mencionar el apellido Bacardi, o buscar la historia del ron Habana Club, para ser conscientes de la pervivencia de las empresas indianas.
Los ayuntamientos erigieron monumentos en su honor y en la casa de un indiano importante se trabaja en el “Archivo del Indiano” que dispondrá de jardines con especies naturales americanas, biblioteca, exposiciones y una sala de información física y digital de la aventura indiana en los órdenes social, económico, cultural y arquitectónico.
Los indianos trajeron de América además el gusto por el color, las recetas e ingredientes de los platos americanos, la música y el espíritu aventurero. Eso solo ocurre cuando se mira desde lejos, más allá del mar.
Amable lector: ¿Usted encuentra un paralelismo entre las historias de la arquitectura de los indianos y la arquitectura de nuestros migrantes?
El tema, la sugerencia de las referencias y algunas precisiones al texto corresponden a Olga Jaramillo Medina y Juan Sanmartín Grau.
La “Quinta Guadalupe” de propiedad del indiano Iñigo Noriega Laso que emigró a México albergará el “Archivo del Indiano”. Fue construida en 1906 y está situada en la Villa de Colombres, capital del Concejo de Ribadedeva, limítrofe con Cantabria.
A mis lectores habituales les recuerdo que el 26 de julio del 2020 escribimos el artículo “Que Dios y la OMS no lo permitan”.
Hacíamos dos preguntas para cuando la vacuna estuviese lista: ¿Quiénes deben recibirla de manera prioritaria? ¿Cuál debe ser la estrategia de asignación de la vacuna?
Sosteníamos además que los gobiernos ricos impondrían políticas de proteccionismo para asegurarse sus dosis de los fármacos anti-virus y que el acaparamiento sería un fenómeno del que se hablaría en los próximos años.
Se conocía a esa fecha que la Casa Blanca y la Unión Europea financiaba a las multinacionales farmacéuticas la urgente elaboración del fármaco a cambio de un trato preferente de su entrega en una espiral de sálvese quien pueda y que de este modo se inauguraría una suerte de nacionalismo vacunal y que este nuevo nacionalismo beneficiaria a su propia población aun a costa de la salud de los países pobres.
Nos preguntábamos: ¿Sufriremos en el inmediato futuro los efectos del nacionalismo vacunal? Y afirmábamos: Que Dios y la OMS no lo permitan.
Han pasado 6 meses y ha corrido mucha agua bajo del puente de la pandemia. A finales de año las principales farmacéuticas produjeron la tan ansiada vacuna. A comienzos del presente año 3 de cada 4 dosis de vacunas de Pfizer (1.500 millones de 2.000 millones) están comprometidas mediante acuerdos confidenciales por los países ricos. Solo se ha dejado una parte muy pequeña de las dosis para los países pobres y las organizaciones humanitarias.
La investigación desarrollada por estas compañías farmacéuticas ha sido financiada por los gobiernos de los países poderosos. A pesar de dicha ayuda, esas multinacionales han patentado las vacunas y se han reservado el derecho de su distribución, lo cual les garantiza unos beneficios seguros, y sospechamos, desmesurados.
Israel hasta la fecha es supuestamente el país más exitoso porque ha logrado vacunar a cerca del 50% de su población. Ha recibido 10 millones de dosis elaboradas por Pfizar-BioNtech, otras seis millones de Moderna y una cantidad desconocida de AstraZeneca, a cambio de pagar a las empresas casi el doble del costo por dosis.
El acaparamiento de vacunas solo para los más ricos prolongará esta calamidad y retrasará la recuperación de los países pobres. Este tipo de egoísmo no sirve en una pandemia, que es por definición propia un fenómeno mundial. Nosotros primero, no yo primero, es la única forma de poner fin a la pandemia.
Ecuador no se ha quedado atrás en la injusta repartición del fármaco. No están garantizadas las dosis necesarias para la población y el gobierno se ha limitado a importar tan solo 8.000 vacunas, que no se sabe para qué sector están destinadas. De las pocas dosis que llegaron el Ministro de Salud desvió la vacuna a la presidencia de la república, a sí mismo y a una residencia privada de altos ingresos donde se aloja su madre y más familiares.
Hasta ahora los gobiernos ricos han vacunado a sus habitantes. Pero por desgracia, Dios y la OMS no han podido controlar los nefastos efectos de la trinca-vacuna que ha beneficiado solo a los países poderosos y a una pandilla reducida de amigos de los países pobres, entre estos a nuestro atribulado Ecuador.
La denominación de los lugares de la ciudad tiene una larga historia, tal vez, casi como la vida misma de las urbes.
La ciudad pública griega de Hipodamo de Mileto ya definía el ágora y las calles principales de norte a sur y las secundarias de este a oeste. Luego las civitas romana, heredera de la helenística, de la que tomó sus rasgos más importantes, adicionando el carácter de campamento militar y la magnificencia dada por los monumentos arquitectónicos, se configuró con la cuadrícula y se cortaba interiormente con dos grandes ejes o calles principales denominadas cardo para el brazo norte-sur y decumanos para el este-oeste. En el centro de aquellas se abría el foro con los templos y la basílica como el lugar más significativo de la ciudad.
La ciudad privada y religiosa del islam español, que es más la suma de creyentes que de ciudadanos, es un amasijo de casas y callejones sin trazado regular, a manera de laberintos imposibles de descifrar, incluso con un mapa en la mano. No tiene un plan preconcebido y puede ser considerada un producto de una vida nómada cristalizada en forma de urbe. Por este motivo la calle morisca, tiene su rol de espacio privado que conecta a los otros componentes urbanos, el zoco y la mezquita, pero siempre en forma descontinuada y sorpresiva y por ende no tiene por qué disponer de una denominación, de una nomenclatura. Los barrios y los arrabales en cambio se agrupan de acuerdo con los oficios y medios de vida de sus residentes: barberos, curtidores, alfareros, carpinteros….
La ciudad latinoamericana, heredera de la renacentista y fundada sobre los asentamientos aborígenes, es un lugar dividido en clases sociales. Y para satisfacer las necesidades de evolución se hizo necesaria la división económica y social del espacio en diferentes barrios: de burócratas y finqueros, comerciantes, tejedores, artesanos, alfareros, herreros, plateros, panaderos, de indios….
La urbe norteamericana emplea un sistema totalmente cartesiano racionalizado en el que las calles cortan perpendicularmente a las avenidas, y las dos están simplemente numeradas.
La ciudad de Cuenca, como heredera de la tradición de la ciudad romana y con el respaldo ideológico y la presencia física de la iglesia, se estructuró en barrios por ramas de actividad, asumiendo de este modo nombres que los diferenciaba e identificaba.
La denominación de sus calles igualmente ha respondido a factores de orden geográfico, histórico, social, económico y cultural y siempre dentro de la lógica de la división socio-espacial.
Revisemos la nomenclatura de algunas calles dada en el siglo 20 en sentido norte-sur:
Originalmente llamada Calle Real del Vecino; Arturo Sandes, después; Rafael María Arizaga, hoy.
Ayacucho; Tomás de Heres, después; Pio Bravo, hoy.
El Arrabal; Junín y Ayacucho, después; Antonio Vega Muñoz, hoy.
Sangurima; Plaza, después; Gaspar Sangurima, hoy.
La Ronda; Rivas, 3 de Noviembre y Rivas, después; Mariscal Lamar, hoy.
La Corte; Santander y Colombia, después; Gran Colombia, hoy.
Sagrario; Simón Bolívar, hoy.
Águila; L. Malo, después; Mariscal Sucre, hoy.
Hércules; Pola y Vázquez de Novoa, después; Presidente Córdova, hoy.
Secretas; Zea, después; Juan Jaramillo, Hoy.
Merced; Girardot y General Flores, después; Honorato Vázquez, hoy.
Calle Larga; San Carlos; Cedeño, 5 de Junio, Cedeño, Presidente Córdova, después; Calle Larga, hoy.
Los sistemas de signos no lingüísticos son claves para la ubicación y experiencia social y afectiva, -estética- , de la comunidad. La nomenclatura urbana es uno de ellos porque cumple funciones básicas de orientación, difusión de ideas, símbolos y calificación ambiental, especialmente en las zonas consideradas por los ciudadanos como su patrimonio histórico y cultural.
Referencias:
Fernando Chueca Goitia, “Breve Historia del Urbanismo”, (Sexta Edición, 1979).
Municipalidad de Cuenca, “Planos e Imágenes de Cuenca” (2008).