Muchas de las empresas de Silicon Valley nacieron en un garaje en los años 90 del siglo pasado. Los jóvenes emprendedores crearon primero un chip que permitiera el procesamiento gráfico 3D realista de ordenadores personales y consolas de videojuego. Luego, para tener imágenes cada vez mejores, aumentaron exponencialmente la potencia de los ordenadores que funcionan gracias a decenas de miles de microprocesadores con capacidades para la robótica, computación en la nube, industria aeroespacial, fabricación de armamento, biotecnología, metaverso, criptomonedas, conducción autónoma, el reconocimiento de imágenes imposible de distinguir entre ficción y realidad, y la inteligencia artificial (IA).
A partir de ahora la aceleración computacional y la IA generativa han alcanzado un punto de inflexión. El mensaje de esta nueva realidad es claro: estamos al comienzo de una nueva ola del conocimiento en la que las fortalezas de la IA son su capacidad para acumular, procesar y aprender a partir de grandes cantidades de información. A través de algoritmos y modelos se puede analizar datos a una escala que supera las capacidades humanas, identificando patrones, tendencias y relaciones complejas.
Los campus de las empresas de la IA lucen en todo su esplendor con diseños futuristas. Las instalaciones arquitectónicas parecen escenarios de película, con edificios parecidos a grandes naves espaciales bautizadas con nombres estelares que hacen un guiño a la saga de Star Trek. Las estructuras se diseñan a base de triángulos, la misma forma geométrica en que se basan los gráficos en 3D. Disponen de abundante vegetación interior, áreas de esparcimiento, enormes naves transparentes para los miles de jóvenes científicos que trabajan denodadamente, y también zonas de laboratorios cerrados donde se investigan en secreto nuevos diseños y prototipos para el futuro.
Y como el negocio va viento en popa, estas empresas ya están pensando en construir más campus con estética espacial. Pero, más allá de este rasgo superficial que salta a la vista, es posible identificar una serie de nuevos conceptos y métodos, diferentes del repertorio tanto de la arquitectura tradicional como de la moderna y posmoderna, que podría hablarse de un nuevo paradigma de la arquitectura vanguardista de la época contemporánea: el Parametricismo, término acuñado en 2008 por Patrik Schumacher, con conceptos y prácticas compartidas, repertorios formales, lógicas tectónicas y técnicas computacionales, usando los diseños, por supuesto, de la IA.
Las nuevas herramientas computacionales ofrecen un potencial extraordinario para simular entornos y formas arquitectónicas complejas. Utilizan algoritmos y programación para la construcción de edificios con geometrías que evocan a la naturaleza, nuevos materiales más eficientes y sostenibles imposibles de realizar de manera tradicional. Merced a esta revolución asistida por el ordenador se ha hecho posible lo imposible.
Entre las ventajas de la IA en la arquitectura se pueden citar: la optimización y generación automática del diseño, la toma de decisiones informadas, simulación y visualizaciones con realidad virtual y aumentada, modelado de precisión, simulaciones estructurales, gestión inteligente de recursos y materiales, evaluación de riesgos, interacción comprensible con el usuario, etc. En síntesis, la IA en la arquitectura cambia las reglas de juego y crea soluciones sostenibles que resisten el paso del tiempo.
Algunos arquitectos que han vivido tanto el periodo analógico como el de la revolución informática y la IA han constatado que su proceso de diseño y dibujos manuales guardan una gran similitud con el diseño asistido por computador, confirmación que podría ser una especie de profecía autocumplida. Arquitectos de prestigio y grandes estudios como Zaha Hadid Architects, Foster + Partners, Bjarke Ingels Group (BIG), utilizan la IA para mejorar sus procesos de exploración del proyecto y toma de decisiones.
¡Cuidado! No se puede caer en la tentación de recibir sin beneficio de inventario la enorme información computacional y la modelación arquitectónica que facilita la IA. El partido arquitectónico que se adopte a través del dibujo a mano debe preceder al ordenador. Esta elección en los órdenes planimétrico, volumétrico y expresivo debe orientar el software de la arquitectura que genera. De este modo, con la aplicación de la IA el arquitecto puede reivindicar y reforzar la resolución apropiada y coherente de su proyecto.
Por las razones expuestas debemos estar atentos para moderar la imposición del consumo tecnológico innecesario por encima de las reales demandas de la sociedad. Los debates en torno a la aplicación de la IA en la arquitectura deben superar la simple “metodología” de diseño sin contexto por una “epistemología del proyecto” que permita otorgar sentidos culturales y creativos a la práctica proyectual.
Referencias:
- El País, Economía, Miguel Jiménez; “En el museo del futuro de Nvidia”, 03-03-2024.
- ZIGURAT, Blog / Disruptive Technologies; “Inteligencia Artificial en la Arquitectura: ¿Qué es y cómo se aplica?, 05-12-2023.
- Diego Jaramillo; “En torno a la enseñanza de proyectos en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca (FAUC)”, 2017.
- Zaha Hadid; “La explosión que reforma el espacio”, 2012.
- Varias páginas de Internet.
- La imagen que se acompaña corresponde al Interior de Voyager, uno de los edificios de Nvidia en Santa Clara (Silicon Valley), facilitada por la compañía al Diario El País de España, 03-03-2024.










